Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


domingo, 5 de enero de 2014

102.-Oratoria forense o jurídica (I)


  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; 

El fin de la Oratoria es hablar bien en público, y el abogado/graduado social, en cualquiera de sus funciones, ya sea en reuniones de trabajo, exponiendo sus conclusiones a un cliente, realizando un dictamen, un asesoramiento laboral o defendiendo sus intereses ante los Tribunales, tiene que informar, convencer y persuadir. Aquí os explicamos cómo conseguirlo.

Diez ideas básicas sobre Oratoria Jurídica

1. Imagen personal

La imagen que vamos a dar a nuestros oyentes es básica. Debemos ir vestidos correctamente, con un aspecto agradable y cuidado.

2. Expresividad

Debemos ser expresivos, a veces incluso vehementes; gesticulemos, generemos sensaciones positivas en nuestro público.

3. Seguridad

Mostremos seguridad con nuestra voz (y también con nuestros gestos no verbales).

4. Improvisación con una buena preparación

El Orador Jurídico es aquel que maneja un Discurso Improvisado previamente esquematizado y sustentado en una profunda preparación y conocimiento del caso, en lo fáctico y en lo jurídico.

5. Planificación

Para planificar nuestra disertación, debemos tener en cuenta los siguientes aspectos:Búsqueda de información: Ley- Doctrina y JurisprudenciaOrdenar ideas e información.

6. Estructuración de la información

Estructurar y planificar esa información. Esquematizarla y desarrollarla mentalmente para fomentar la improvisación controlada que hemos de transmitir en estrados.

Ayuda, una vez esbozadas las ideas básicas que vamos a transmitir, leer en voz alta nuestro escrito, ampliándolo con los puntos que conocemos y controlamos, pero no vamos a memorizar; de este modo, modularemos la voz y seremos conscientes del énfasis y de las pausas que tendremos que realizar durante nuestra exposición.
No memorizar preguntas ni conclusiones. Conocimiento exhaustivo no es igual a memorizar, de ahí el desarrollo de un Discurso Improvisado.
Estructuremos coherentemente nuestras alegaciones: exposición, argumentación y conclusión.
Cuando valoremos documentos, remitámonos al número del mismo. Ayudaremos al Juzgador y a nosotros mismos.

7.  Modulación de la voz

Modulemos la voz para generar sensaciones en el auditorio.

8. No se puede leer.

Genera una impresión nefasta e impide que generemos emociones en el interlocutor y modulemos el tono.

9. Evitemos la monotonía en la voz.

Si queremos enfatizar algo concreto, elevemos ligeramente el tono, de este modo lograremos que el Juez preste atención a nuestro discurso.

10. Enfaticemos palabras clave para nuestra defensa.

No olvidemos vocalizar correctamente.



INTRODUCCIÓN

Si bien hemos titulado este trabajo como “El Discurso del Abogado”, debemos hacer presente que no sólo va dirigido a estos profesionales, sino que puede utilizarse por cualquier otra persona que por diversas razones deba enfrentar un auditorio.
Lo primero que debemos  tener presente cuando hablamos   sobre  el discurso,  es su objetivo. El objetivo del  discurso de un abogado, especialmente el del alegato ante las Cortes,  es persuadir a los jueces,  convencerlos de que nuestra versión sobre el asunto, que nuestra posición frente al tema debatido es la correcta y que ellos deben  resolver el caso  acogiendo  nuestras argumentaciones. Toda la puesta en escena posterior debe dirigirse a este  fin.
El contenido del discurso, son simplemente palabras. Todos los  discursos son, en esencia, un conjunto de  palabras, las cuales, dependiendo de la manera como se digan y del significado  propio de cada una de ellas, pueden o no llegar a obtener la finalidad del discurso, esto es, persuadir, convencer, hacer que un juez sienta que lo que nosotros decimos es la verdad y en consecuencia resolver el asunto a nuestro favor.
El profesor de la Facultad de Derecho de Tel Aviv, don  Roberto Aron, en una clase que dio a los alumnos  de las Clínicas Jurídicas de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile en agosto de 1991, refiriéndose a la importancia de la palabra en el alegato, nos decía: “las palabras pueden servir para bendecir o para maldecir, para crear o destruir,  producir  felicidad o desgracia. La  palabra es el lenguaje como el átomo a la materia.  El átomo puede servir para crear energía pero también para destruir a la humanidad. Las palabras  son como los remedios, en  dosis exactas sanan al enfermo, pero en  exceso pueden matarlo. Por ser la palabra una herramienta tan  peligrosa, los abogados tenemos que tener mucho cuidado en   su utilización. De ahí que los abogados debamos manejar muy bien las palabras y  con precisión. Debemos tener presente cuando alegamos, que cada palabra que decimos es como una bala que disparamos, esto es, una vez disparada, no podemos jamás retrotraerla”.

Capitulo Primero : Como hacer un Alegato.


I. Concepto de Discurso.


Según Víctor Hugo Alvarez, “el discurso o conferencia” es un acto de comunicación en que el orador o conferenciante establece una relación con los oyentes a través de las  palabras, la voz, la acción y otros recursos específicos con la finalidad de persuadir, instruir, convencer, informar o distraer”. (1)
Para Fernández, “discurso oratorio es la serie de argumentos lógicos y persuasivos, con el patético y la acción, cuyo fin es persuadir por la palabra oral”.  (2)


II.- Cuestiones Previas.

Como cuestión  previa y antes de entrar a estudiar el contenido  y forma del discurso propiamente tal, es conveniente  analizar  algunos aspectos de la puesta en escena de éste.
Toda la actividad externa del discurso, que consiste en aquellos movimientos desplegados por el orador tanto con su  propio cuerpo como el desplazamiento  en el escenario desde donde se dirige al auditorio, implica poseer una serie de  cualidades propias. Hablamos entonces del patético  o del llamado lenguaje de expresión.
El orador debe tener ciertas condiciones de actor, las  que todos tenemos desarrolladas en mayor o menor grado. Estas cualidades   implican que a través de los gestos, movimientos, desplazamiento  en el escenario, voz, etc., el orador debe lograr exaltar los sentimientos del auditorio, produciendo en ellos una reacción de miedo, dolor,  angustia,  alegría, risas, etc., dependiendo del  objeto de su discurso. Lograr esto  es un verdadero arte y se le conoce como el patético. Para otros se llama el lenguaje de expresión  y lo conceptualizan  como aquella comunicación que va  por sobre el contenido de las palabras y que en ocasiones es mucho más efectivo que estas mismas.
Quintiliano  dice: “el arte de mover las pasiones no se enseña en ningún libro, y si el orador mediocre puede por la práctica realizar bien las partes  del discurso, muy pocos son los que consiguen llegar al ánimo de los jueces  por el patético”. (3)
Se discute si en el discurso forense los abogados pueden o no utilizar el patético o lenguaje de expresión para intentar convencer a los jueces. Muchos sostienen que en los discursos forenses, en que el objetivo es enseñar la verdad, no se debe utilizar, ya que se puede  distorsionar ésta.
Un ejemplo nos puede llevar a concluir en favor de la utilización del patético o lenguaje de expresión, o a su  rechazo.
Nos encontramos en una sala de Corte de Apelaciones y se debe proceder a alegar una libertar provisional. El abogado del preso lleva a  toda la familia de éste al alegato y  la instruye  para que se siente detrás de él y para que en los momentos en que explique las  razones que tuvo el preso para cometer el delito y haga ademanes con sus brazos, ojalá   alguno de ellos, especialmente la madre  o la esposa, comiencen también a llorar en forma desconsolada, pero sin mucho ruido para que no se escuche con preponderancia el llanto al alegato.
Si bien el ejemplo parece un poco burdo, es de común ocurrencia en nuestros tribunales.
En nuestra opinión, el patético o lenguaje de expresión, debe utilizarse siempre. Dependerá del estilo de cada abogado la medida en que se utilice. En todo caso, situaciones como las del ejemplo, creemos que son exageradas y de muy mal gusto, pues producen incomodidad para el contendor y además para los ministros hacia quienes va dirigida la escena, los cuales, seguramente no se dejarán impresionar con estas demostraciones de pesar.
El patético o  lenguaje  de  expresión se debe utilizar discretamente, ya sea con el movimiento de los brazos y  manos, en  los gestos del rostro, en la dramatización de la voz, dándole a  esta mayor o menor intensidad o profundidad, produciendo en los momentos adecuados un silencio,  etc.  Toda exageración atenta contra el buen gusto y la  elegancia. Recordemos que los jueces,  en general, son de  gustos conservadores y que el discurso forense es más templado que el religioso, el político y otros,  en los cuales el patético tiene una mayor y exagerada utilización.
Alberto Vicente Fernández sostiene, en concordancia con lo dicho, que “cuando falta  la ley aplicable al caso, o  habiéndola padece de oscuridad o injusticia, y entonces la  justicia o la equidad reclama al juez, cuyo mejor consejero es su propio corazón, no diremos que mover las pasiones carece de seriedad, de decoro. El contenido científico del  discurso forense apoyado en la ley, la jurisprudencia, la doctrina, lejos de sufrir menoscabo, adquiere mas fuerza a causa de los procedimientos oratorios entre los cuales el patético del foro requiere elaboración y prudencia”. (4)
Por último, en relación a este punto, creemos que el patético o lenguaje de expresión es mucho más utilizado de los que nosotros mismos podemos imaginar. Su utilización comienza desde el momento mismo en que se ingresa a la sala a alegar. En efecto, si observamos la expresión de los rostros en los ministros que esperan a los abogados, veremos que es distinta si ven ingresar a la sala a una  persona  bien arreglada, con aire de triunfador, seguro de sí mismo, que a otro que ingresa como un mamarracho, descuidado y además mirando al suelo, apocado. En ese  momento ya el patético o lenguaje de expresión comenzó a funcionar beneficiando a uno y perjudicando al otro.
Luego, durante el discurso, el patético o lenguaje de expresión va  produciendo entre el orador y el auditorio una especie de retroalimentación. En la medida que el orador se expresa adecuadamente el auditorio recepciona, permanece en silencio, presta atención, participa y transmite  al orador esta sensación. Esto le da mayor confianza, le produce mayor soltura y en definitiva lo hace mejor.  Si por el contrario, vemos a los ministros  aburridos y que se  duermen, el mensaje que nos envían es muy claro. El  discurso es malo, modifíquelo, utilice bien el patético o lenguaje de expresión.

III. Partes del Discurso.

Este acto de comunicación que es el discurso  se ha dividido tradicionalmente en partes, comienza normalmente por el preámbulo, introducción o exordio, continúa con la parte expositiva llamada también proposición o nudo, finalizando con la peroración o epílogo.
A pesar de dividirse en partes, el discurso debe  conservar siempre la unidad y ésta se logra teniendo presente a lo largo de su desarrollo una idea  generadora o  idea madre, sin perjuicio de agregársele otras ideas accesorias.

a) El preámbulo, introducción o exordio:

Esta parte del discurso es de vital importancia en aquellos casos en que pretendemos obtener la máxima atención del auditorio para desarrollar posteriormente la idea central de nuestro tema.

En esta parte, el orador, desplegando su ingenio, introduce o toma a un público indiferente, llevándolo a sumirse en el tema, pero sólo insinuando el fondo  del discurso.

Según Quintiliano “el exordio es el rocío que prepara la tierra ablandándola para que penetre más suavemente el arado”. (5)
En el exordio, lo que  se pretende  es atraer  psicológicamente la atención del auditorio sobre lo que  será  el tema central del discurso. Normalmente se hace utilizando un ejemplo, que puede  consistir en un caso, una situación vivida o no por el orador y que diga relación con  el tema. Lo importante es que este caso, ejemplo o  situación se relate de una manera rápida, entretenida,  ágil, que en lo posible sea algo extraña o quizás simpática, incluso puede ser algo desconcertante y aparentemente sin conexión alguna con el tema de fondo. Puede ser algo impresionante, algo que produzca suspenso. Puede terminar con una pregunta o puede plantear una  interrogante indicando que el terminar el discurso cada   cual sacará su propia conclusión, etc.  Las parábolas son a  veces un buen ejemplo de la estructura del exordio, pudiendo adaptarse al tema de fondo.
En el discurso forense, la mayoría de los autores estiman que no es procedente el exordio, que se debe de inmediato comenzar con el nudo o problema de fondo. Otros piensan que sólo cabe  el exordio si el tema no es estrictamente de derecho, En lo personal, creemos que siempre hay lugar  para un exordio, pues esta es la mejor forma de atraer el interés del auditorio, sea cual fuere el tema de fondo.
Recordamos  el alegato de un  joven abogado ante  una de las salas de la Corte Suprema en marzo de 1989. Este abogado alegaba confirmando una resolución de la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago que había acogido un recurso de amparo en favor de su representado.
Comenzó de la siguiente manera: “Gracias Sr. Presidente. Hoy día en el arte no sabemos qué es una buena  pintura. Existen tantas interpretaciones, corrientes,  escuelas y movimientos, que lo que para unos es hermoso, produce a otros un verdadero golpe a la vista. A veces, en  un tela solo vemos líneas y manchones, pero al leer a un  crítico de arte, éste alaba dicho cuadro. En música, lo que para unos es un  agradable sonido o una obra maestra, para otros es tan solo ruido molesto. Es cosa de prender  la radio y cuando  escuchamos gritos y sonidos  extraños que nos desagradan, rápidamente cambiamos de emisora, pero si  vemos a los menores de la familia escuchando la misma emisión que acabamos de cambiar, podemos apreciar que éstos disfrutan. En la moda ocurre igual: vestimentas que para  unos son cómodas, bonitas y  elegantes, para otros es algo simplemente vulgar, indecente e incómodo. Pero en el  derecho,  S.S. Excma. las cosas no son tan relativas. Lo  que es delito  lo es para todos y no podemos admitir que lo sea sólo para algunos de los jueces ...” Luego comenzó su  defensa y fue al fondo del asunto explicando el delito  que se imputaba a su representado y que  no era tal.

Recordamos  que los ministros de la Sala  en cuanto comenzó el alegato pusieron de inmediato atención al abogado por lo extraño del exordio.
Es habitual escuchar alegatos en las cortes que comienzan siempre de la misma forma: primero los hechos, luego el derecho y al final las conclusiones y peticiones.  Pensamos que sería bueno innovar e introducir un pequeño exordio en cada alegato.
Muchas veces los exordios comienzan con una especie de elogio al auditorio. Si utilizamos esta formula, debemos hacerlo con mucho tacto, para no caer en exageraciones, de modo tal que no seamos creídos y nos ganemos, al  contrario de lo que perseguíamos, la antipatía de los que escuchan.  En todo caso,  parece ser siempre muy agradable para el  auditorio que se los alabe.
Otros exordios son típicamente emocionales y apelan a despertar sentimientos en  los oyentes. Un típico caso es de la persona que vuelve a su colegio, Universidad o empresa a dar un discurso y hace  una rememoranza de sus  tiempos de estudiante, señalando la emoción y satisfacción que le produce de nuevo encontrarse en ese lugar, etc.
En  nuestra opinión,  el mejor exordio es una anécdota relacionada con el tema de fondo, ojalá vivida por el propio orador o de  la cual ha tomado conocimiento muy cercanamente.
Pensamos que no  debe el exordio ser una especie de  etapa del discurso en la cual el orador de excusas de su ignorancia sobre el tema de fondo, o proceda a apocarse frente  al auditorio, señalando su inmerecida participación,  su falta de méritos frente a otros que sí los tienen, etc.
Recordamos al respecto un caso de un abogado de Valparaíso  que vino a alegar ante la Corte Suprema y comenzó diciendo: “S.S. Excma., un humilde abogado al borde del mar, se siente honrado de poder dirigirse al más alto tribunal de la República”, etc.  Estos exordios dan vergüenza ajena, nos  daba la  impresión de estar frente a un abogado marginal, representante de minorías  discriminadas.
La duración del exordio depende de cada orador. En  todo caso, no es conveniente, sobre todo tratándose de discursos forenses, extenderlo en demasía; nunca debe ser de mayor duración que la parte medular o nudo. Sin embargo, como es cuestión de gustos, hacemos presente  que  grandes oradores como Cicerón, en ocasiones, extendieron   sus exordios en forma tal que las otras partes del discurso pasaron a ser insignificantes.

En el discurso forense,  específicamente en los alegatos  ante las cortes, los abogados utilizamos por costumbre ciertas oraciones que se repiten en todos ellos, con muy pocas variaciones y por supuesto sin originalidad alguna,  las cuales no constituyen el exordio del discurso. Nos  referimos a la típica “Con la venía de su señoría ilustrísima (o excelentísima), alego por don ...”
Esta  oración  no es de carácter sacramental y bueno sería cambiarla o buscar nuevas fórmulas para iniciar el alegato. Los ministros no se sentirán ni halagados ni ofendidos si no se la utiliza  y si, por el contrario, usamos una más original, quedando a la imaginación de cada uno la forma de iniciar la  presentación.

Por último, en relación con el exordio, transcribiremos  algunos consejos prácticos que da Víctor Hugo Alvarez al  respecto:

“1) Las palabras del exordio se dirigirán  con seguridad y respetuosamente al público, expresando la satisfacción  de hablar ante ellos, así como el objetivo fundamental del discurso.

2) Debe procurarse la mayor expresividad,  cordialidad y sencillez en las palabras primeras.

3) Las Palabras del exordio deben encerrar un sentido  perfectamente comprensible y claro, excluyendo todo lo que no se refiera al tema.

4)  En el exordio deben evitarse las exaltaciones, las  altisonancias, a no  ser que la índole del discurso de cabida a una exclamación patética.

5) El exordio debe ser lo más oportuno que se pueda, debe aparecer espontáneo y natural, como si las ideas  se concibieran en  ese mismo momento.

6) Siendo el exordio la parte del discurso en la que el orador se pone en contacto con su público, debe  procurar captarse la benevolencia  del auditorio, procurando desvanecer toda  prevención de este, respecto al orador o al tema que les va a presentar.

7) El exordio debe corresponder al resto del discurso, tanto en duración como en género. Los especialistas aconsejan que la introducción ha de extenderse hasta en un diez por ciento del tiempo total del discurso”.  (6)

b) Parte expositiva, proposición o nudo:

Esta parte del discurso tiene por objeto presentar el tema, narrarlo, exponer la idea madre y las accesorias  a ellas; implica a veces hacer una proposición al auditorio. Luego, cumplido esto, se debe proceder a la confirmación. Aquella proposición que hicimos, debemos probarla, debemos demostrar la bondad, verdad  o certeza de su ocurrencia.

Esta parte expositiva, podemos a su vez  dividirla en:
1.- La narración.
2.- La argumentación.

1.- La narración: La narración es muy común en el discurso forense. Consiste en una exposición precisa y clara de los hechos en que se fundamenta la idea central del discurso. Normalmente es la parte más fácil del discurso para el orador, a quien sólo le basta tener un  poco de memoria para hacerlo relativamente bien. Pero a pesar de la memoria, un relato de hechos puede resultar verdaderamente agotador, especialmente cuando son muchos los acontecimientos y ello implica tener que hacer una verdadera cronología. En ocasiones el auditorio puede que escuche  atentamente una parte de la narración, pero si ésta es extensa, téngalo por seguro que al poco  rato se distraerán y lo demás que digamos nadie lo recordará.
 Por eso recomendamos no hacer cronologías extensas, agrupar los hechos en especie de series, no dar demasiadas fechas. Utilizar palabras o expresiones fáciles, no rebuscadas, sin  caer en la vulgaridad. Desde el punto de vista del patético o lenguaje de expresión, usarlo en la medida en que sea necesario y de acuerdo a la  extensión de la narración. Utilizar gestos, hacer pausas, dar emotividad a la narración es, a veces, muy conveniente. No demos excesivos detalles de los hechos, no los repitamos: básicamente seamos ordenados y sepamos sintetizar.
 Una  frase corta llama más la atención que una larga en la cual el auditorio se pierde. Al respecto el profesor Aron nos daba un ejemplo interesante: decía que cuando a una persona la están asaltando, no grita “conciudadanos estoy siendo víctima de un asalto, de un atropello a mi derecho de propiedad”, sino que simplemente grita “socorro”, lo cual resulta mucho más efectivo.
Hay que tener presente que narrar bien, como dice Fernández “da fuerza a unos argumentos poco convincentes o poco persuasivos”. (7)
Albalat dice: “El talento de narrar es el más seductor porque es la base del arte literario. Aunque todo el mundo lo practica, es más raro de lo que se  cree; y aunque es innato en algunos, exige en la mayoría mucha aplicación y cultura. Se escucha con gusto lo que está bien contado. No basta con tener un asunto atractivo; es preciso además presentarlo con encanto y que tenga interés”. (8)
Como la narración va a ser básicamente un cuento sobre hechos, al darle nosotros énfasis a algunos de ellos, al utilizar nuestros gestos y voz, debemos tratar de lograr crear la impresión en el auditorio de que se encuentran ante la realidad, o sea transportarlos al pasado y hacerlos ser verdaderos testigos de los acontecimientos que relatamos. Como nos decía el profesor Aron en la charla antes mencionada, la exposición debe ser clara, en forma tal que parezca un cuadro realista, una foto. Esto es muy exagerado, sin embargo, si el orador es bueno, los oyentes se compenetran más en la narración y siguen con mayor interés el asunto, de manera tal que a veces si el orador se detiene, se podrá apreciar que el auditorio permanece en silencio esperando que continúe luego, que exponga el resto de los hechos. Lograr esto es difícil, pero sin duda quien no lo intente, jamás lo va a lograr.

Los consejos que nos da Víctor Hugo Alvarez para hacer una buena narración son los siguientes:
“1) En la narración se deberá ir estableciendo todo aquello que más adelante trataremos de probar.

2) Deben omitirse todas las circunstancias inútiles y aun aquellos hechos cuyo conocimiento no sea necesario para  el fin que persigue el orador.

3) Los hechos que se citen deben referirse con toda  exactitud y puntualidad, con toda naturalidad  y sin desfigurarlos o alterarlos, pero siempre por  el lado más  favorable a los propósitos del orador.

4) La narración de los hechos puede glosarse con algunas reflexiones, pero siempre que sean muy importantes y  sugeridas por los hechos mismos.

5) Se puede seguir un orden cronológico, sin confundir los nombres, los lugares, las épocas y demás circunstancias que sea necesario distinguir.

6) La sencillez de la narración no está reñida con las galas oratorias, con tal que no sean afectadas o demasiado brillantes.

7) Debe procurarse en la  narración una absoluta verosimilitud,  esforzándose  por dar a las personas, cuyos hechos refiere, características que contribuyan a la  realidad; si se trata de hacer intervenir a los personajes en el discurso, hablando o actuando, deberá hacerlos hablar y obrar como se supone que hablaban y obraban, teniendo en  cuenta sus caracteres  y las  pasiones que en  aquellos momentos los  dominaban; al tratar de los hechos descubrirán las causas haciendo ver su naturalidad”. (9)

2.- La argumentación.  Si para el abogado una buena narración  es conveniente, la argumentación  es esencial. El discurso del  abogado es básicamente argumentos, y sus oyentes, su auditorio, espera de él más que bellas palabras, gestos y entretención, espera convencerse de la verdad de su proposición.
La argumentación consiste en fundamentar  la idea madre del discurso. Argumentar es elegir las pruebas  de cada uno de los hechos que se han  narrado  previamente y  presentarlas  al auditorio de manera tal  que éste se convenza de que los hechos o las proposiciones que se hicieron durante la narración son de la forma o han ocurrido como se ha  expresado. La oportunidad de una  prueba sobre otra, la  forma de presentarlas son importantísimas, pues dependiendo de ello se hace  más verosímil la proposición  o la ocurrencia del hecho.

¿Cuántas veces un hecho falso es aceptado por verdadero simplemente por haber argumentado bien el orador?

En el discurso del abogado debemos siempre, frente a cada hecho expuesto en la narración, indicar posteriormente en la argumentación la forma como  lo damos por probado. Nos referiremos entonces al proceso, a tal foja, a tal documento o a tal declaración. Elegiremos para acreditar los hechos expuestos las mejores pruebas. Obviaremos aquellas que nos parezcan ambiguas, o que se contradigan  con otras  que dan razón a nuestra proposición acerca  de su  ocurrencia.

Alberto Fernández aconseja presentar las pruebas  en forma tal de colocar los argumentos débiles en el medio y fuertes al principio y al final de la prueba. Si se tienen varios argumentos débiles, deben ser unidos estos  para que permanezcan  fuertes. Recomienda también que cuando  los argumentos  sean escasos, los débiles deben anudarse a los fuertes de modo que aquéllos queden ocultos  por éstos.
Si hay varias  pruebas fuertes, se deben presentar separadas   y dar énfasis a cada una. Si sucede que el  adversario nos  presentó argumentos  débiles, y el tipo de discurso nos  permite contestar, como en los alegatos, aunque en forma  muy restringida, debemos tratar de hacer desmerecer sus  pruebas. Esto lo lograremos separando y analizando cada  una. Al ser débiles y luego analizadas por separado, su falta de consistencia se hará aún más notoria.
Otro consejo importante que nos ofrece Fernández es el siguiente: “La prueba pide también razones contrarias para refutarlas, proceder  de  mucha relevancia sicóloga, ya   que, además de mostrar que no tememos las razones del adversario, adelantándonos ellas pierden fuerza por  asociarlas  el auditorio  con nuestra refutación. Pero hemos de impugnar sólo las más fuertes. Como el adversario se  afirma en ellas o en un argumento principal,  nuestro ataque irá dirigido contra esos argumentos, porque si quedan   demolidos  caerán los subordinados”. (10)

En cuanto al patético en la argumentación. Se  recomienda utilizarlo, pues sin duda “vigoriza” la prueba, pero se debe cuidar de no exagerar, ya que es el  adorno para el argumento y no el argumento  para el adorno. Al respecto, Quintiliano señala “Y cuanto más desagradable sea de suyo la materia, tanto más convendrá sazonarla con el  deleite, y cuando la argumentación sea sospechosa, disimular con el adorno el artificio, puesto que el ánimo abraza mejor lo que oye con gusto”. (11)

Alvarez en relación al uso del patético nos aconseja:
“1.- No todos los asuntos son propios para despertar pasiones; en los de poca importancia, resultará ridículo el  orador que trate de hacerlo.
2.- En el caso de  que  un  asunto permita o requiera excitar las pasiones, no se ha de intentar eso separadamente, sino donde sea oportuno por los hechos de que se trata.
3.- Sólo se pueden excitar las pasiones sobre cosas conocidas o confirmadas; si se trata de  introducir alguna pasión, ha de ser en  una sola proposición que incluya el  principio en que se funda.
4.- El pasaje en que se intenta excitar alguna pasión, no debe contener cosas o pensamientos extraños; toda la atención se debe concentrar en el efecto que se quiere causar; cualquier otra cosa distraerá la atención del auditorio.
5.- Los pasajes en que se pretenda excitar una pasión no deben prolongarse, pues los estados emocionales son  siempre de corta duración, y si el orador los prolonga, tal vez la emoción  habrá pasado en el auditorio”. (12)

c.- La Peroración o epílogo:

Es aquella parte final del discurso  donde el orador hace una breve recapitulación  o conclusión, dando especial énfasis a la idea que quiere o pretende que acepte el auditorio.
En esta parte es importante el uso del patético, ya que la última impresión es la que mejor queda grabada en el auditorio. Muchos discursos se salvan no obstante tener una mala presentación, narración o argumentación, porque la peroración  es buena e impactante.
Muchos oradores confunden y en vez de  utilizar bien el patético en esta parte del discurso, hacen el ridículo alzando en forma desmesurada la voz o gesticulando en  demasía. Otros golpean las mesas, etc.  Insistimos, los abogados  debemos siempre ser un poco más conservadores y no exagerar, incluso en la peroración.
La peroración debe ser breve.  Las cosas breves quedan  en el auditorio, las largas se olvidan pues  decae el ánimo.
Blair de un modo muy gráfico aconseja “Se ha de cuidar no sólo de que sea natural la peroración, sino de que convenga al tono que ha dominado en todo el  discurso. No se introduzca en la conclusión objeto alguno nuevo, distrayendo  la atención, pues sería como las excrecencias en los cuerpos, que están  de más”.  (13)
Por  su parte, Sainz de Andino, en relación con esta parte del discurso y refiriéndose a la oratoria de los abogados, dice:  “En las cuestiones de derecho, en las controversias sobre intereses pecuniarios, y en las discusiones de rigurosa dialéctica, la  peroración no debe ser más que la recapitulación sencilla de los medios de la  defensa; pero en las causas que interesan a la integridad de las costumbres, los derechos sociales, las regalías del  soberano, el bien general de Estado o el decoro de la  religión, tienen   lugar muy oportuno en el final del informe los movimientos oratorios”.(14)
Por su parte, Fernández  aconseja con sabiduría “La mejor peroración, según la oratoria clásica, nace del  asunto y expone por última vez la idea madre del discurso,  adornada con una cita, imagen, anécdota o un pensamiento filosófico. Como en la peroración es donde menos tienen cabidas las abstracciones, se evitarán vaguedades y  palabras más o menos sonoras que ahoguen la idea motivo del  discurso”.(15)
Agregaríamos como consejo, que si en el exordio se utilizó para llamar la  atención del auditorio un pensamiento, una frase célebre, o se leyó un párrafo de un libro, no es conveniente utilizar otros durante la  peroración,   ya que termina por aparecer muy artificioso el discurso, muy ajeno al orador.  Además debemos cuidar, si utilizamos estos elementos, que la frase célebre o pensamiento  corresponda exactamente a lo que pretendemos concluir, ya que no podemos pedir al auditorio que haga operaciones mentales para llegar a dicha conclusión.
Tampoco debe  el orador indicar al auditorio que ha llegado a la etapa de la peroración, a ella se introduce suavemente y sin que sus escuchas se den cuenta.  Sólo por el patético podemos  apreciar desde fuera que se esta llegando al fin del discurso.
Por último, un ejemplo de peroración, que reproduce en su libro ya citado Alberto Vicente Fernández “Un catedrático, José Manuel Estrada habló ante una comunidad sin principios más relevantes que la noción utilitaria de  la ley. La idea central de su discurso era  que la vida del jurista es una lucha continua y que la historia también  es  una verdadera lucha de los hombres. En la última parte de  su discurso dijo: Todas las sendas parecen suaves, risueñas de todas las perspectivas, larga y segura  la vida cuando la encaramos desde la juventud, henchidos de esperanza. La vida es ruda como los riscos y fugaz como las sombras; nada hay fecundo sino el dolor.  Intérpretes de la justicia y  del derecho en  una sociedad doliente, vuestra misión será espinosa si  le sois fieles sin cobardía ni capitulación. Evolución tan grandiosa como cimentar las condiciones de la  libertad civil, demanda hombres nuevos y de extraordinaria potencia. Revestidla  vosotros.
Las grandes obras exigen vivir, como pintan los Libros  Santos a los hebreos en la reconstrucción del templo: allegando con una mano las piedras del edificio y blandiendo con otra la espada de los combates”. (16)
El profesor Aron concluyó la charla a que nos hemos referido anteriormente de la siguiente manera: Extrajo de su maletín una bolsa plástica pequeña. En su interior había un traje de baño de mujer, un bikini muy pequeño. Lo exhibió al auditorio y preguntó. ¿Qué es esto? Un alumno respondió. Un bikini. Muy bien, dijo el profesor, un bikini, a mi no me importa, agregó, si en  un tiempo más Uds.  no recuerdan esta charla, ni mi nombre, pero lo que Uds. nunca van a olvidar y siempre recordarán es este bikini y la idea asociada  a él, cual es que el discurso es como un traje de baño bikini, o sea debe ser lo más corto posible y  debe cubrir las partes esenciales del caso.

Capitulo segundo: Aspectos legales del alegato.

Las disposiciones legales contenidas en los Códigos orgánico de tribunales, de procedimiento civil y procedimiento penal en relación con los alegatos se deben en gran medida a las reformas que introdujo en dichos cuerpos legales la Ley 19.317.

La idea central de esta ley contenida en la moción se fundamentaba en:

a) Que la modernización de la Justicia  reclamaba una modificación del sistema de las vistas de  las causas.

b) Las relaciones se practicaban en forma reservada, no pudiendo conocer las partes su contenido lo que perjudicaba el derecho de defensa.

c) Los abogados debían perder muchas horas y semanas esperando alegatos que en ocasiones no se producían.

De ahí que se propusieron  las modificaciones que esencialmente se referían a la relación, la que debiera ser pública, salvo en los procesos penales  que se encuentren   en etapa de sumario. Los relatores deberán conversar con los abogados antes de la audiencia para saber la extensión de sus alegatos y darán a conocer las causas que se verán en la audiencia y cuyos alegatos serán escuchados, pudiendo las partes dejar  una minuta  con el resumen de los alegatos a fin de facilitar el acuerdo de  los ministros.

En la discusión en la Cámara de Diputados, los planteamientos  fueron en síntesis los siguientes:

a) La conveniencia  de que la relación fuera pública, ya que, si bien la ley  no la hace privada, la costumbre lo ha hecho.

b) La necesidad de fijar día y hora para los alegatos de los abogados. En relación a este aspecto, se  hizo ver que  no podía compatibilizarse un sistema de día y hora  para la vista  de la  causa con el de que existan causas agregadas  y radicadas.

c) Ampliar el horario de audiencia de las Cortes, trabajando en las mañanas en las vistas y una audiencia breve en la tarde  en funciones de carácter administrativo.

El representante del gobierno, Ministro de Justicia Sr. Cumplido, manifestó el consentimiento del gobierno con el proyecto haciendo ver que  la idea  de modernizar  la justicia en Chile involucra otros aspectos, pero que si era necesario hacerlo aprobando leyes como la propuesta, el gobierno también estaba de acuerdo.

Por unanimidad fue aprobado el proyecto, pero como se hicieron  indicaciones  (audiencia previa de los abogados con los relatores para fijar  la duración de los alegatos, reducción en las causales de suspensión de la vista de las causas, y aumento del horario de funcionamiento de los Tribunales) pasó éste a segundo informe de la Comisión.

En este nuevo informe de la Comisión de Constitución Legislación y  Justicia, en segundo trámite constitucional, se dejó constancia que había  participado  en las sesiones el Senador Miguel Otero  L., el Ministro de la  Corte Suprema don Roberto Dávila, el Pdte. del Colegio de Abogados Sergio Urrejola, el Pdte. del Instituto Chileno de Derecho Procesal don Waldo Ortúzar  y la asesora jurídica del Ministerio de Justicia doña Consuelo Gazmuri.
Es interesante conocer la opinión del representante de la Corte  Suprema en sus intervenciones ante la Comisión, especialmente en relación con el cambio de horario propuesto para el funcionamiento de las Cortes de Apelaciones y de la Corte Suprema que en esta parte no se convirtió en ley.
El Ministro Sr. Dávila señaló  que no era necesario un cambio en el  horario de funcionamiento de los tribunales, ya que con ello se perjudicaría  a los funcionarios que eran estudiantes de Derecho. Además, los Ministros destinaban horas fuera de la audiencia para el estudio de las causas y para efectuar las visitas ordinarias y extraordinarias, y para ejercer la docencia  lo cual era muy útil para el Poder Judicial. Que no era conveniente fijarle  a los Ministros un horario de trabajo, ya que sería al único poder del Estado que se le fija por ley un horario, lo cual atenta contra su rango, capacidad  y jerarquía. Que además, era una facultad privativa de  la Corte fijar el horario de funcionamiento de los Tribunales y que de imponer un  horario por ley se vulneraría la norma del artículo 79 de la Carta Fundamental que  otorga a este tribunal la superintendencia económica de todos los tribunales del país en cuyo ejercicio precisamente la Corte determina  el funcionamiento estableciendo los días y horas en que los tribunales ejercerán sus  funciones. Por último, señaló que la mayoría de las sentencias se redactan   fuera de las horas de funcionamiento del Tribunal.
En el senado, las opiniones de los senadores Zaldívar (Andrés y Adolfo), Otero y Fernández estuvieron por dejar a la Corte Suprema que estableciera el horario de funcionamiento de los Tribunales. Se tuvo en consideración para ello, el perjuicio que acarrearía a los estudiantes de derecho el funcionamiento de los tribunales en las mañanas, lo que  haría incompatible el estudio con el trabajo de procurador.
La Comisión en definitiva optó por acoger la indicación  y dejar a la Corte Suprema la facultad  de fijar el horario  de funcionamiento de los  Tribunales.
palacio de justicia de santiago en 1920

I.- LA LEY 19.317

La Ley 13.317 publicada en el Diario Oficial del 8 de agosto de 1994, vino a modificar  los Códigos  de Procedimiento Civil y Penal y además  el Código Orgánico de Tribunales en algunos aspectos relativos a la vista de las causas, la relación y los alegatos de las mismas.
Esta Ley se debe complementar con los Auto Acordados de la Corte de  Apelaciones  de Santiago y de la Corte Suprema, de fechas 9 de agosto y 2  de septiembre de 1994, publicados  en el Diario Oficial de los días 19 de agosto y 16 de septiembre de mismo año, respectivamente.
Se debe tener  en cuenta que el Auto Acordado de la Corte Suprema  derogó expresamente los Auto acordados   que ya habían  dictado las Cortes de Apelaciones del país (incluyendo la de Santiago).
Esta derogación  al parecer  es parcial. En lo no modificado cada Corte  de Apelaciones puede tener su propia reglamentación. No obstante, puede sostenerse que la derogación fue expresa y  total, por lo tanto,  el único Auto acordado que rige actualmente en todas las Cortes del país es el de la Corte Suprema. El texto parece así indicarlo en su número 10º, al señalar: “El presente Auto acordado será  de general aplicación, por lo que se deja sin  efecto los acuerdos que en relación a la materia hayan  adoptado las Cortes de Apelaciones del país.”
En todo caso, ambos Auto Acordados son muy similares, quizás más amplio el dictado por la Corte Suprema.


Nosotros analizaremos la Ley  y además, los dos Auto Acordados.

CONTINUACIÓN

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