Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


martes, 20 de junio de 2017

284.-Sergio Miranda Carrington y el caso homicidio de Alice Meyer II


Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;Nelson gonzalez Urra ; Ricardo Matias Heredia Sanchez; alamiro fernandez acevedo;  Soledad García Nannig; Paula Flores Vargas;

CAPÍTULO 4

LAS VERSIONES

El abogado de la familia Santander inmediatamente asumió sus funciones y realizó un exhaustivo estudio de la situación, dando a conocer tanto a la justicia como a la prensa las actividades y horarios que, según ellos, realizó Mario Santander el día del asesinato de Alice Meyer.

Lo que a su juicio realizó el empresario aquel día fue resumido de la siguiente manera:

9.30-14.30: Santander se habría encontrado en un campeonato de golf en el sector de la Dehesa.

14:30-15.30: Ya llegando a su hogar ubicado en el condominio familiar de calle Raúl Labbé 14000, habría dormido una siesta alrededor de una hora.

15:30-18:30: Posteriormente, luego de aquel corto descanso se habría levantado para aprontarse a jugar con sus niños hasta que a las 18.30.

18:30-23:30: Habría detenido el juego con sus hijos para proyectar una película que verían los invitados a un asado que se realizaba en la casa de sus padres, colindante a la suya, y del mismo condominio que compartían exclusivamente los Santander.

El asado se habría prolongado hasta las 23.30 horas y Mario Santander habría compartido aquel momento de relajo junto a sus más cercanos.

El abogado insistía tajantemente en la absoluta inocencia de su defendido y recalcaba que él no pudo haber salido en ningún momento de la casa sin ser visto ya que los invitados tenían amplia visión hacia el portón metálico que era la única salida posible hacia el exterior. Apoyaba su afirmación en que por lo menos una veintena de personas podían acreditar tal versión.

Para muchos, fue a lo menos curioso que la mayoría de estos entusiastas testigos fuesen familiares muy cercanos, tales como; su esposa, hermanos, padres, primos, cuñados, etc. Además Miranda Carrington alegaba que quienes reconocían a Santander como culpable lo hacían tan solo por el hecho de que el empresario tenía un prototipo físico común y desestimaba la docena de testimonios que lo sindicaban como el misterioso compañero de Alice aquel fatídico 15 de diciembre.
En tanto, los testigos que presentaba la familia Meyer como la parte querellante era gente humilde que en su mayoría no tenía relación con Alice o entre ellos. De estos numerosos testimonios, se hallaban el del cuidador de una parcela, el portero del Santuario de la Naturaleza, la propietaria de un pequeño quiosco, los ocupantes de un jeep Toyota que paseaban por el lugar, un cadete militar y su novia, una dueña de casa, un auxiliar de escuela, entre otros, quienes unánimemente aseguraban haber visto a Alice esa tarde en su moto acompañada de un hombre, al que reconocían como Mario Santander.


4.1 Los abogados

Los testimonios que apuntaban a la culpabilidad del empresario tomaban cada vez más fuerza y a nivel social ya se hacía imposible no verlo como el asesino de la joven de ascendencia alemana. Mientras tanto, y coincidentemente con el primer aniversario de la muerte de Alice, en diciembre de 1986, el juez Fernando Soto Arenas dictó trece órdenes de detención por perjurio y falso testimonio en contra de las personas, del círculo más cercano de los Santander, que declararon haber compartido con el empresario el día del crimen, insistiendo en la total inocencia del inculpado.
El dictamen del juez causó un enorme revuelo, sobre todo por la alta posición social de los acusados, entre los que se hallaban médicos, la gerente del Banco Central, la vicepresidenta de una asociación de ahorro y préstamo, entre otros. Ellos, por su parte, recurrieron para su defensa a renombrados penalistas que inmediatamente interpusieron recursos de amparo en su favor, buscando cualquier resquicio legal para apelar a la inocencia de sus representados.
Los cuñados de Mario Santander Infante, Jaime Didier y Carlos Sepúlveda Seaman, se encontraban en aquel grupo de personas que eran acusadas de falso testimonio, siendo representados por el abogado Luis Ortiz Quiroga, que más tarde, durante el gobierno de
Eduardo Frei Ruiz-Tagle, sería elegido Presidente del Directorio de Televisión Nacional de Chile y entre los trabajos que realizaría más adelante se encontraban importantes casos judiciales, como por ejemplo:

–   Caso Chispas, donde fue defensor de Endesa Chile

–   Caso Corfo, actuó como defensor de Enzo Bertinelli

–   Caso Cura “Tato”, fue defensor de los sacerdotes José Andrés Aguirre, cura “Tato” y Fernando Karadima, ambos acusados de pederastia.

–     Caso Guzmán, fue defensor del Ministerio del Interior y del subsecretario Jorge Burgos; fue defensor de los ex dirigentes de la Unidad Popular Luis Corvalán y José Cademártori durante el Régimen Militar.

–   Caso Colonia Dignidad, como representante de la comunidad alemana.

–   Defensor de funcionarios del Ministerio de Obras Públicas en los casos de sobresueldos.

–   En 2010 defiende al sacerdote Fernando Karadima


Mientras tanto, su tía política, Teresa Campbell junto con su esposo Pablo Infante Vergara buscaban el apoyo legal en el renombrado abogado Luis Bates, quien en el 2003 fue nombrado Ministro de Justicia en el gobierno de Ricardo Lagos, ministerio que se vio fuertemente marcado en sus inicios por los escándalos de corrupción que involucraban a personeros de Gobierno. Además, entre sus trabajos más relevantes estuvo el haber integrado el Consejo de Defensa del Estado por 35 años donde fue su presidente entre los años 1993 y 1996.
Por su parte, Sonia Kreft, amiga de la familia contrató los servicios del abogado Davor Harasic, que sería reconocido por hacerse cargo del caso “Pinocheques” como abogado del Consejo de Defensa del Estado, pero debió dejarlo a petición del entonces Presidente Frei, quien cerró el sumario en 1995 “por razones de Estado”. Luego, fue duramente cuestionado por su estrecha relación con Pablo Rodríguez Grez, el entonces abogado del General Pinochet, siendo su más férreo aliado en la candidatura a decano, en la que Harasic se presentó en la Pontificia Universidad de Chile.


4.2 Presiones

Así el tiempo transcurría, los testigos aparecían, las declaraciones que apoyaban al empresario eran fuertemente cuestionadas, la opinión pública sacaba sus propias conclusiones y Mario Santander continuaba detenido.
Rosa Jara mantenía sus dichos y estaba segura de lo que había visto, cuando una tarde de forma inesperada golpearon enérgicamente su puerta, ella abrió un tanto exaltada encontrando en la mampara de la puerta a una mujer que claramente no era de su entorno social. Rosa la saludó en espera curiosa por saber a qué se debía aquella extraña visita. La mujer se identificó como hermana de Mario Santander y le rogó amablemente que se dirigiera donde el juez de la causa para retractarse de sus dichos. Rosa sorprendida por la petición se negó a ir contra sus principios y mentir, aun cuando en ese momento sentía un tanto de empatía por el desesperado estado de la mujer.

La amabilidad de la mujer empezó a mutar en agresividad, debido a la negativa de Rosa, y con un tono de soberbia, segura de no ser rechazada, le ofreció quinientos mil pesos. Rosita se mantenía firme en su postura, incluso al escuchar esa cifra que el aquel tiempo, y debido a su precaria situación económica, le resultaba una fuerte suma. La mujer, frente al rechazo, se retiró indignada propinando todo tipo de amenazas. Fue justo ahí, cuando recién Rosa entendió que su tranquilidad se vería amenazada, temiendo por su integridad y la de su familia.
Ruth Molina, en tanto, desde su vereda vivía una situación parecida. Comenzaba a recibir llamados telefónicos un tanto extraños. Como su casa fue una de las primeras que tenía teléfono, cuando sonaba todos los niños salían corriendo a contestar, sin embargo nunca hablaban y sólo cortaban.   Luego empezaron extrañas visitas en la noche, automóviles sacaban fotos a la casa y las llamadas no paraban.
La situación se complicó aún más cuando un día la profesora jefe de su hijo Víctor, Elizabeth Rojas, del colegio Diego Aracena, habló con Ruth para decirle que temía por él y por sus hermanas, ya que frecuentemente veía como misteriosos automóviles estacionados afuera del colegio que los esperaban y observaban cuando salían, no sabía si era para seguirlos o tan solo intimidarlos.

Una noche una llamada despertó a la familia Cabrera, solo se encontraba Ruth con sus hijos puesto que su esposo, como trabajaba de camionero, pasaba más tiempo viajando que en casa. Al otro lado de la línea solo se sentían ruidos como de disparos, lo que alertó definitivamente a Ruth, pidiendo vigilancia policial. Y así estuvieron; con un carabinero de punto fijo las 24 horas en su casa.
La situación no parecía auspiciosa, no obstante, pasado un tiempo las cosas se calmaron, se acabó la vigilancia policial y todo siguió como si nada, con la salvedad que Ruth debía ir a declarar con regularidad.
Ruth no podía obviar que el miedo ya se estaba apoderando de ella, pensaba en su pequeño hijo Víctor, el mismo que tanto había disfrutado de montar aquella Kawasaki roja el día en que Alice desapareció y sentía como aquellos métodos de intimidación, ya iban causando efecto.
Rosa, por su parte, trataba de continuar su vida de manera normal, trabajando, llevando a sus hijos a la escuela, yendo de compras, o cualquier otra actividad que le hiciera olvidar aquel miedo que aún la acompañaba. Ya no era solo una visita, eran varias y cada vez más frecuentes, pero frente a la rotunda negativa de Rosa la mujer ya no apareció más en su puerta.
Pensó que lo peor ya había pasado, que tal vez aquellas amenazas eran infundadas producto de la desesperación y trató de olvidar, aunque debía seguir yendo a declarar cada vez que era requerida, para mantener celosamente su versión de los hechos.
Los Meyer, mantenían su más férreo apoyo a todas las pericias que realizaba la OS7 con el convencimiento absoluto de la culpabilidad de Mario Santander Infante, sensación que se corroboraba al ser también presa de continuos hostigamientos telefónicos, en el que eran amenazados incluso de muerte si mantenían la postura de acusar al empresario que se encontraba detenido.

Esto no lograría intimidarlos, para los Meyer era una prueba más de que iban por el camino correcto. Para ellos, no había duda alguna de quien era el culpable. Tenían todas sus esperanzas cifradas en el juez Fernando Soto Arenas y en quienes él había designado para llegar a la verdad, el OS7.
Fue así, como un día José Meyer contestó el teléfono, esperando encontrarse nuevamente con amenazas, pero la voz era distinta, hasta amable, se trataba de una mujer que se identificaba como María Angélica Vargas, esposa de Mario Santander. Ella le pedía que se reunieran porque necesitaba conversar con él. José Meyer sólo escuchaba y la voz le parecía de una persona profundamente acongojada.
José tuvo la impresión de que la mujer por fin confesaría que la versión del asado familiar era tan solo un montaje para proteger a su esposo y terminaría aclarándose todo, así que accedió, sin antes aceptar la única y encarecida condición que María Angélica le solicitaba, asistir solo a aquel hotel que ella le especificaba.
Tras la llamada telefónica, el padre de Alice le contó al instante a la familia lo que acababa de suceder para posteriormente llamar al OS7 y decidir conjuntamente de qué forma proceder.
El OS7, junto con su familia, equipó a José Meyer con toda la tecnología disponible de ese entonces para poder grabar la conversación y despacharlo hasta el punto de encuentro donde debía ir solo. José iba incómodo con tanto aparataje en su cuerpo y los nervios no le permitían pensar tan claro como necesitaba hacerlo en tal importante ocasión. Al llegar, saludó brevemente a la mujer, quien lo invitó a tomar asiento para conversar.
El padre de Alice, nervioso por no ser descubierto portando las grabadoras y los cables que lo cubrían, no lograba prestar la suficiente atención a lo que María Angélica le quería decir. Por una parte, le pedía que desistieran con las acciones judiciales y, por otra, parecía reconocer la culpabilidad, pero siempre siendo meticulosa en el uso de sus palabras por lo que José no lograba descifrar exactamente a qué apuntaba la conversación.
Hasta que repentinamente, tras mucho preámbulo, la mujer le insinuó que arreglaran el asunto extrajudicialmente. Tal proposición, molestó de tal forma al progenitor de Alice que se retiró indignado y ofendido por lo que acababa de escuchar sin siquiera haber finalizado aquel encuentro.
Paralelamente en la casa de los Meyer la histeria se hacía generalizada, ya que no podían contener lo que sentían, pensaban que, tal vez, esta conversación sería el inicio de la justicia. Con aquello se acabaría la tortura que llevaban tantos meses soportando y sería la pieza clave para llegar a la anhelada verdad.
José retornaba a su hogar con una sensación amarga de no haber escuchado algo que permitirá explícitamente dilucidar el caso, pero confiaba en que con lo que ya se tenía en las grabadoras pudiera haber alguna frase que llevara a reafirmar la culpabilidad de quien él estaba seguro había asesinado a su hija.
Lamentablemente, eso nunca se concretó, ya que debido a la precaria tecnología que contaba el OS7 las grabadoras no funcionaron correctamente cuando debían hacerlo y los peritos fueron incapaces de reproducir la conversación.
En tanto, las ruedas de reconocimiento se volvían cada vez más complejas debido a los cambios físicos que Mario Santander experimentaba en cada una. De ser un joven corpulento, con bigotes gruesos y cabello oscuro frondoso, pasaba a estar mucho más delgado, sin bigotes, en incluso pelo corto haciendo complicado el reconocimiento de aquellos que lo vieron con su apariencia habitual. De esto fue testigo el Juez Fernando Soto Arenas, que veía como antes sus ojos Mario Santander cambiaba intencionalmente en cada reconocimiento y se presentaba silencioso, inmutable y frío en sus tratos. Aún así los testigos lo sindicaban indudablemente como el joven que habían visto.


3 La acusación

Mientras todo transcurría entre acusaciones de falso testimonio, hostigamientos y amenazas, ahora las miradas giraban desde Mario Santander al juez de la causa Fernando Soto Arenas. Esto puesto que, desde la defensa del acusado, comenzaron a surgir serias críticas a la idoneidad del magistrado como instructor de la causa hasta el grado de ser acusado formalmente de prevaricación, es decir, del delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta.
Esta acusación se realizó, a pesar que en la prensa se lo catalogaba como un juez acucioso y se le atribuía un importante celo profesional para resguardar el expediente de las filtraciones públicas, con el objetivo de mantener la rigurosidad de la causa.
Así, habiendo transcurrido un año y medio de la apertura del caso el juez ya era una figura controvertida.
La acusación de la defensa que pedía la inhabilitación del magistrado atribuyéndole haber tomado partido abiertamente por la culpabilidad de Mario Santander, empezó a tomar mayor fuerza cuando el director de Investigaciones, Fernando Paredes, presentó, paralelamente con la defensa, una queja disciplinaria en su contra por sacar a su institución del caso y poner en su reemplazo al OS7.
Toda esta batahola concluyó abruptamente cuando el 15 de junio de 1987 Soto Arenas es removido del proceso Meyer y se designada como ministra en visita extraordinaria a la magistrada Raquel Camposano, reconocida por ser una denodada defensora del General Pinochet.
El juez, relegado del caso negaba absolutamente todo tipo de acusación y nunca se pudo demostrar su participación en los temas que se le responsabilizaba, incluso la Corte Suprema, posteriormente, negaría las acusaciones que se le hacían ratificando su inocencia.
Aún así, con todo esto a su favor, no fue reintegrado a la causa dejando todo su trabajo en las manos de la jueza Camposano.
Raquel Camposano era conocida como la jueza de hierro, con una personalidad que intimidaba incluso a sus más cercanos hacía augurar que llevaría   al caso con profesionalismo y pulcritud.




CAPÍTULO 5
COMIENZA EL DESENLACE

Ya con 19 meses como reo, Mario Santander vislumbraba una salida, cuando la jueza Camposano al mando del caso decide retirar de las pericias al OS7 para instalar nuevamente a Policía de Investigaciones. Es en este escenario que los testigos que aseguraban haber visto al empresario iban echando pie atrás uno a uno y declarando sin justificación alguna haber mentido. Hasta “Topo Gigio” que siempre aseguró haber sido testigo ocular del asesinato, ahora se retractaba de sus dichos.
Una de las tantas personas que se retractó fue precisamente Ruth Molina. Todo empezó una vez que estando en su casa y atendiendo el negocio recibió una llamada telefónica amenazando de muerte si mantenía sus declaraciones. El llamado logró su cometido y Ruth se desdijo cambiando su versión. Declaró que todo era mentira, añadiendo que jamás nadie estuvo ese día en la casa y que no existía ninguna moto ni hombre alto de bigotes.
Todo esto para proteger a su familia y a su propia integridad física.
No parecía haber una respuesta clara para lo que estaba ocurriendo, pero el panorama repentinamente se transformaba para inclinarse a la inocencia de Mario Santander y con ello favorecer a los testigos de éste que ya se encontraban impune de la acusación de falso testimonio que se les había presentado por el magistrado anterior.
La opinión pública se hallaba conmocionada por el inesperado vuelco, todos tenían su propio punto de vista y ya se trataba de un tema obligado en el que cada uno tenía elaborada su propia teoría.
Rosa Jara tampoco podía entender como tantas personas se iban retractando, dejando en el más extraño desamparo lo que ella misma había visto. Tenía muchas preguntas y confiaba en entender un poco más cuando es llamada por la jueza Camposano para presentar nuevamente su declaración.
Tuvo nuevamente una rueda de reconocimiento, en la cual Rosa, a pesar del cambio físico de Mario Santander, no tuvo problema en reconocerlo tras lo cual es llamada por la jueza para conversar directamente con ella. Por supuesto, Rosa sin mayores aprehensiones, accedió.
Una vez en su oficina, Rosa pudo comprobar personalmente la seriedad y frialdad con la que se le reconocía a la magistrado, cuando tras haberle contado todo lo que ella había visto ese domingo de diciembre la jueza le habría ofrecido la suma de un millón de pesos con la condición de retractarse y decir que había mentido en la declaración anterior.

Impactada y algo incrédula, Rosa se negó a recibir el dinero por mentir, mientras que la jueza le habría preguntado sorprendida si no le tenía miedo a la familia. Rosa le respondió que sólo le temía a Dios. Con esas escuetas palabras, la breve reunión dio por finalizada.
Rosa no podía lograba asimilar como una autoridad pudiese estar haciendo este tipo de petición, pero al mismo tiempo sentía que en el entorno político y social que vivía el país no podría buscar amparo en otro lado u organización, así que prefirió callar y hasta olvidar aquel breve pero desagradable encuentro. Rosa de esta forma entendió que aquel joven que tantas veces reconoció como el acompañante de Alice no iba a pasar mucho tiempo más tras rejas.
Y no se equivocaba, durante el segundo semestre de ese año, la investigación del caso Meyer cambió continuamente de ministros y debido a que la magistrada Camposano salió con licencia médica, fue tres veces subrogada hasta que por fin reasumió el 16 octubre.
Para ese entonces, la defensa de Santander había solicitado en numerosas oportunidades la libertad bajo fianza que la Corte de Apelaciones había denegado. Sin embargo, el 17 de noviembre, a un mes de haber vuelto plenamente a sus labores, la jueza Raquel Camposano finalmente acoge la petición y decreta sorpresivamente la libertad para el entonces único imputado por el asesinato de Alice Meyer.
De esta manera, Mario Santander abandonaba ese mismo día la Penitenciaría.
A la mañana siguiente, desde su propio hogar el empresario, asesorado por sus abogados, decide citar a una conferencia de prensa, en esta llamaba la atención la extrema serenidad del procesado al responder cada pregunta.
En la conferencia, insistió categóricamente en que con él se cometió un atropello, que le pudo haber pasado a cualquiera pero que en su caso se equivocaron ya que poseía los recursos necesarios para poder defenderse. Además se refirió a la situación económica holgada de su familia, que se prestaba para especulaciones, acotando que mientras estuvo en la cárcel detenido, había aprendido la lección de que tener dinero en este país era un pecado.
Los Santander estaba felices celebrando, con gran algarabía, la salida del miembro de la familia acusado de asesinato, y que por tanto tiempo estuvo en el ojo del huracán. Sin embargo, este fervor duraría muy poco ya que la Corte Suprema acogió una orden de no innovar presentada por Marcelo Cibié, abogado de la familia Meyer, que lo obligó a regresar a la Penitenciaría, fue así como esta libertad duró tan sólo 22 horas.


5.1 El nuevo rumbo de los acontecimientos

Los abogados de los Santander, dejaron caer nuevamente toda su artillería para sacar de prisión al empresario que se encontraba otra vez tras las rejas. Hasta que algunas semanas más tarde, el 1 de diciembre de 1987 el procesado recibió el beneficio de la libertad provisional que le permitió abandonar la cárcel de Pedro Montt, a la que nunca más regresaría, alegando en varios medios de comunicación su más absoluta inocencia y haciendo énfasis de no sentir vergüenza por los meses que estuvo preso.
Aunque estaba en libertad, esta era bajo fianza por lo que Santander tuvo que esperar un año exacto, hasta el 1 de diciembre de 1988, para que la ministra Raquel Camposano emitiera el fallo de primera instancia, absolviéndolo de toda responsabilidad en el homicidio.

La magistrada estimó que los antecedentes que había no eran suficientes para acreditar su participación. Ahora los testigos que sostenían sus declaraciones iniciales eran muy pocos, entre ellos nuevamente “Topo Gigio”, quien anteriormente se había retractado.   Sin embargo, para la ministra Camposano, tales declaraciones no tenían valor probatorio calificándolas como falta de veracidad, provenientes de un hombre con bajo nivel intelectual. Esto, apoyada en las declaraciones que él mismo había realizado, donde reconocía abiertamente fumar marihuana, aspirar neoprén, ingerir bebidas alcohólicas y asistir frecuentemente al sitio eriazo donde apareció el cuerpo de Alice para mirar a las parejas teniendo relaciones sexuales.
Así, la jueza desestimó las declaraciones de José Contreras, que sostenían la culpabilidad de Santander, concluyendo que el hombre presentaba rasgos anormales de personalidad.
De esta manera, aumentaba el número de los que se iban retractando, y los pocos que quedaban manteniendo sus declaraciones iniciales iban siendo desestimados uno a uno por la magistrado de la causa por motivos a lo menos curiosos como: por bajo nivel educacional, poco confiable, no creíble, bajo nivel cultural, etc.
Entre estos casos estuvo el de Rosa Jara quien fue también desestimada, cuando la magistrado argumentó que la mujer había confundido a la pareja que vio aquel 15 de diciembre, esto a pesar que Rosa insistía en estar segura que se trataba de Mario Santander.
Para ese entonces, la vida de los Santander parecía continuar ajena a los procesos judiciales que se llevaban a cabo en el ámbito público y paralelamente María Angélica Vargas, la mujer de Santander, esperaba su tercer hijo. La normalidad parecía haber vuelto a sus vidas y ya no era raro ver nuevamente a Santander jugando golf en el Club de La Dehesa.
La tranquilidad que proyectaba la familia no era incongruente a lo que estaba por suceder, ni se trataba de una confianza desmedida, ya que el tiempo cerraría el caso con la balanza hacia el ahora ex-reo Mario Santander Infante.
Los sucesos posteriores que permitieron la total absolución del empresario en el caso y el más oscuro olvido para encontrar al culpable del asesinato de Alice Meyer, e incluso de Delfín Díaz, ocurrieron de la siguiente manera:

–     Septiembre de 1989, la tercera sala de la Corte de Apelaciones confirma por unanimidad la absolución de Santander dictaminada anteriormente por la ministra Raquel Camposano.

–     Enero de 1991, la Corte Suprema confirma las sentencias anteriores, y en otro pronunciamiento, esta vez dividido, resolvió que un juez sustanciara un nuevo proceso para investigar, de manera circunstancial, la participación y responsabilidad de José Contreras, alias “Topo Gigio”, en el homicidio de Alice Meyer.

–     El 26 de febrero del mismo año, en ese mismo proceso, “Topo Gigio” se retractó declarando que había mentido y que nunca presenció el crimen, contradiciendo las múltiples declaraciones que él mismo había mantenido firmemente durante casi cinco años.


Esta fue la sucesión de los hechos consecutivamente que desencadenó en que el juicio de Mario Santander, único inculpado en el asesinato de la joven deportista, quedara cerrado, no sólo eso, sino que además con sentencia ejecutoriada, lo que significa que no podía ser reabierto salvo que, con antecedentes nuevos, se intentara un recurso de revisión, que a esa altura y tras años de infructíferas diligencias terminaron por agotar a los cercanos de Alice.
La familia Meyer aseguraba que prefería dejar atrás las heridas del pasado y poder aspirar a algo de paz que les permitiera realizar el real duelo que no pudieron tener en todo aquel período y que esperaban que el tiempo pudiera al menos mitigar el terrible dolor de haber perdido a una hija y hermana en la más absoluta impunidad.
La misma suerte corrió la investigación de la muerte de Delfín Díaz, esta parte del proceso fue sobreseído temporalmente por la ministra Camposano. Período que resultó ser demasiado, dejándolo también en el más profundo de los olvidos con la única expectativa de esperar pacientemente su prescripción.
Así, sin encontrar respuestas, y sin siquiera haber podido limpiar el nombre de su hijo, Brígida Méndez, madre de Delfín, luego de los extenuantes y difíciles acontecimientos enfermó gravemente, según sus cercanos, ansiando demostrar que su hijo no había tenido nada que ver en el homicidio de Alice y que su muerte no había sido producto de un simple suicidio.
Ella, falleció con el enconado anhelo que la opinión pública supiera que aunque su familia era   pobre, en ningún caso era de asesinos, como se les hizo figurar. La tristeza e impotencia nunca le permitieron retomar su cotidianeidad, hasta el punto de que sus cercanos sienten que fueron estos desoladores sentimientos los que terminaron por apagar su vida.

Rosa Jara perpleja por la propuesta recibida y el desenlace inesperado del caso creyó que el asunto para ella había quedado hasta ahí, tan sólo podía sentir una profunda empatía con la familia Meyer que parecía estar destrozada por la impune situación que enfrentaban y que se había desencadenado aquel fatídico diciembre del ya tan lejano 1985. Sin embargo, Rosa no imaginaba que para ella las cosas no habían terminado en aquella oficina con la jueza Camposano, al poco tiempo se percató de que una presencia extraña parecía acompañarla para cualquier lado donde se dirigiera, desde la escuela de sus niños hasta su trabajo, o en cualquier otro lado donde estuviera. Ella terminó acostumbrándose a que durante décadas un individuo al que denominaba como “detective”, fuese su silencioso compañero que la miraba desde lejos.
Rosa, al principio, con pánico trataba de escabullirse de aquel hombre, pero al correr de los años se dio cuenta que aunque no era cómoda la situación al menos había resultado ser inofensivo así que logró convivir con ello, entendiendo que no le quedaba otra opción.
De alguna forma, los Meyer, ya sentían hace meses que el cúmulo de pruebas que con Soto Arenas parecía el inicio de las respuestas, se iba desmoronando en un fallo adverso. Agobiados con el acoso periodístico, y largas sesiones infructíferas de declaraciones que solo conseguían provocar más dolor, acataron el fallo con una dignidad y entereza que impresionaba a los observantes, entendiendo que aun si llegaran a dar con el real culpable. Alice ya no estaría ahí con ellos para abrazarlos como solía hacerlo.
El dolor no cesaría con una sentencia justa, quizás los tranquilizaría, pero ciertamente no les devolvería aquella alegría de vivir que perdieron tan dramáticamente el día de su desaparición.
Para los amigos de la joven, en tanto, lo que sucedía era irreal y aquella confianza ciega en la justicia, que en un principio abrazaban tenazmente, se disipó como si se hubiese tratado de un sueño que se interrumpe con el tenue comenzar de un nuevo amanecer.
No era fácil llevar aquel dolor, para nadie resultaba sencillo tan sólo imaginar cómo sería la vida sin Alice. Y no se equivocaban, los años venideros no serían mejores que los difíciles momentos por los que ya habían atravesado.
Dicen que el peor dolor en la vida es perder un hijo, José y Erika pasaron por ese sufrimiento, sintiendo como su corazón se desgarraba cada vez que algo les hacía recordar a su pequeña. Pero en su caso, el dolor cobraba más fuerza al haber sido acosados e intimidados constantemente durante aquel período.
Justo cuando sentían que el dolor ya no podía ser más fuerte, aparece la irrisoria sentencia que dejaba en libertad al único hombre, que más de una docena de individuos apuntaba como el responsable de aquellos aborrecibles hechos, terminando por destruir cualquier mínimo vestigio de paz para la familia.


CAPITULO 6
LOS PROTAGONISTAS


6.1 Los Santander

Mario Santander Infante continúa siendo un próspero empresario. Su residencia se encuentra en aquella misma fortaleza de hace casi treinta años, en Raúl Labbé 14000, comuna de Lo Barnechea, la diferencia es que ahora se encuentran varias casas en el mismo terreno, todas ellas lujosas, donde reside la familia Santander entera bajo el amparo del patriarca Mario Santander García.

A primera vista, el lugar no llama especialmente la atención. Se observa una larga reja verde que impide la visión para el interior y rodea casi una cuadra de aquella avenida. Pero al fijarse detenidamente, entre los frondosos árboles, se logra divisar una pequeña caseta de guardia donde un individuo entre las ramas tiene visión de la calle día y noche. De vez en cuando, solo si se tiene suerte, se puede encontrar algún lujoso automóvil que sale raudamente de aquella enorme reja, la que prontamente se cierra, para impedir el paso y las miradas intrusas.

Mario Santander Infante actualmente es parte del Grupo Incorp S.A, donde su padre, Mario Santander García, es el “past president”. El ex reo nunca ha emigrado del lado de su progenitor,   manteniéndose   siempre   bajo   su   alero   protector   y   desarrollándose profesionalmente como uno de los cuatro directores del holding empresarial creado en 1989 para inversiones, creación y desarrollo de nuevos negocios.

Mario Santander García, su padre, continúa siendo uno de los empresarios más destacado del país aún dedicándose casi por completo a Sigdo Koppers S.A, organización por la cual ha velado la mayor parte de su vida, y hasta hoy es un pilar fundamental, manteniéndose como uno de los cinco directores de la corporación y siendo principal partícipe de la explosiva expansión que ha mantenido desde 1960 hasta la fecha.
Es en gran parte, gracias a esto, que la familia Santander ha seguido gozando de prosperidad económica y se ha mantenido presente en las más altas esferas de influencia del país.
Continúa casado con María Angélica Vargas, matrimonio del cual nacieron sus tres hijos, la menor actualmente tiene la misma edad que tenía Alice cuando encontró su fatal final en aquel cerro de Lo Barnechea. Ella misma, Valentina, al ser consultada para realizar una entrevista manifestó que a su familia no les interesa remover el pasado, que lo mejor que les podría pasar es que se dejara de conversar del tema para que las personas se olvidaran del caso, e instó amablemente la elección de otro tema para la obtención de la Licenciatura.
Alice Meyer


6.2 Los Meyer

José Meyer, padre de Alice, hasta el último momento, aseveró su plena convicción de la culpabilidad de Santander. Pero cuando se cerró el proceso, en 1991, se sumió, al igual que su mujer Érika Abel, en un hermético silencio, que solo rompió cuando leyó un carta que representaba el sentir de la familia Meyer para el programa Informe Especial de Televisión Nacional el año 2005.
Sus cercanos cuentan que los acongojados padres perdieron esa alegría de vivir con la partida de Alice. José ya casi no toca el acordeón, el cual por tantos años fue su compañero más íntimo en aquellas alegres fiestas familiares.
José Meyer, conservó el restaurant München de El Bosque hasta el 2002, año en que decidieron vender el terreno a una inmobiliaria. Suelen viajar a visitar a sus parientes en Alemania, especialmente en las fechas que les traen tristes recuerdos.
Aunque han transcurrido 26 años del asesinato de su amada hija la herida sigue intacta. Para ellos, es un tema difícil de abordar y de alguna forma también es un tema tabú, quizás esa es la forma de auto protegerse y tratar de obviar el terrible hecho de sangre del cual la más pequeña de los Meyer Abel fue víctima. Y como si el destino quisiera avalar esta decisión ya casi no les quedan fotografías de Alice a causa de que, la prensa de la época hambrienta de información, solicitó material gráfico a la familia, la que amablemente accedió y facilitó sin pensar que nunca más les serían devueltas, tema que poco les preocupa ya que hasta el día de hoy prefieren no colgar sus fotografías debido a la tristeza de la cual inmediatamente resultan presa al revivir aquellos crueles momentos.

Erika Meyer Abel junto a su hermano mayor Joseph trabajaron en el restaurante familiar hasta que ella se casó y se dedicó al cuidado de sus dos hijos. Kika por su parte, como la llaman sus cercanos, ha rehusado en repetidas ocasiones a referirse al homicidio de su hermana para no reabrir tan dolorosas heridas. Para ella, así como para sus padres y hermano, el dolor que ha tenido que llevar consigo ha sido inmenso.

Frecuentemente se plantea cómo habría sido su vida con el apoyo de su hermana menor, y está segura que habría resultado ser una fuente de ánimo y coraje en los momentos más difíciles que ha tenido que enfrentar.
Para Kika su vida tuvo un giro radical tras el fallecimiento de su hermana, tuvo que apropiarse de un rol como contenedora del dolor de sus padres, postergando de alguna forma el suyo propio. Hubo incluso detalles como cuidarse más de lo necesario, evitando hasta viajar, porque sus padres no aguantarían otra pérdida, y al nacer su primer hijo hizo todo el esfuerzo posible para que, especialmente su padre, tuviese la mayor cercanía posible con el lactante y pudiera volver a sonreír.
Denise Ahrens, íntima amiga y confidente de Alice, hoy es periodista y propietaria de una tienda de ropa de navegación, dedica gran parte de su tiempo al entrenamiento de sus hijos quienes practican el mismo deporte.
La ausencia de su amiga la ha acompañado, como una gris sombra, en todos los momentos importantes de su vida, y en los que se suponían, Alice estaría ahí presente. Para ella, aún la herida sigue abierta, no es raro que hoy se quiebra al revivir los días felices que pasó junto a su ex compañera del Deutsche Schule, brutalmente asesinada.

Al reflexiona, siente que este fue un caso en que se le quebró la mano al destino. A casi 30 años todavía le parece una pesadilla irreal. Comenta segura que su amiga perdió la vida por defender su integridad de mujer frente a alguien que, a su juicio, la conocía y supuestamente la apreciaba. Enfatiza que el proceso que intentó esclarecer el crimen terminó siendo truculento, y truncó más de una vida.
Como único consuelo, espera que la justicia divina realice la labor que la terrenal no fue capaz de llevar a cabo. Se consuela además pensando que quien haya sido el culpable y sus encubridores vivan con una atormentada conciencia y esperan un tanto preocupada no tener repercusiones ni hostigamientos por dar sus opiniones.


6.3 Los abogados

Fernando Soto Arenas, juez de la causa tuvo una carrera descendente desde el caso Meyer. Aunque la Corte Suprema finalmente lo respaldó en las acusaciones y querellas que se le hicieron, sorpresivamente fue trasladado al 10º juzgado del Crimen de San Miguel, donde estuvo diez años, hasta que jubiló, y en 1994 abrió una oficina de abogados. Entre sus primeros defendidos estuvo el narcotraficante Manuel Fuentes Cancino, apodado “El Perilla”, inculpado como jefe del cartel de La Legua.
Una de sus únicas apariciones públicas fue en la investigación que la periodista Mirna Schindler realizó para el programa Informe Especial en 2005. Allí declaraba haber sentido que una mano negra actuó para sacarlo del caso debido a que estaba muy cerca de la verdad, al tener privado de libertad al empresario.
Tampoco se mostró dubitativo al ser consultado sobre quién era, a su juicio, el culpable pero prefirió no decir nombres aunque agregó su absoluta confianza en las pericias realizadas por el OS7 .

Hoy, reside solo en la Quinta Región, donde en una pequeña oficina presta sus servicios de abogacía en causas menores. Esporádicamente viaja a Santiago a algún trámite judicial propio de su profesión, donde a veces, algún informado colega lo reconoce y saluda amablemente, cosa que lo llena de gratificación.

Todavía recuerda cada detalle del caso mientras estuvo a su cargo, recuerda que cuando se le informó de la aparición del cuerpo de la joven se hizo presente raudamente en el lugar del suceso y pudo ser testigo presencial de aquella importante pieza clave, el reloj que efectivamente se hallaba en el brazo de Alice.
También cuenta detalles del supuesto suicidio de Delfín Díaz, comenta cómo el cuerpo inerte se encontraba con las rodillas a ras de piso, llamando inmediatamente la atención por su cercanía al suelo, y nuevamente la aparición de aquel reloj Swatch pero ahora en la muñeca del hombre, saltaba a la vista como si fuera lo más importante en aquella escena.
Tampoco olvida la frialdad e indiferencia que el empresario imputado manifestaba cada vez que se entrevistaban, y a nivel personal recuerda lo bien que siempre se comportaron los Meyer, confiando ciegamente en la labor de la justicia.
Aunque en algún momento Fernando Soto Arenas gozó de la reputación de ser un abogado de excelencia, acucioso y firme, hoy su reconocimiento pareció esfumarse. A pesar que legalmente, quien haya sido magistrado nunca pierde tal título, él no siente ningún reconocimiento profesional, al grado que le ha costado establecerse y mantener un nivel de ingreso relativamente estable.

Para el abogado, no han sido fácil de llevar los posteriores años tras el caso de Alice Meyer, paralelamente que se le acusaba de prevaricación, su matrimonio irremediablemente se desbarataba lo cual provocó que guardara un recuerdo agraz, tanto en el ámbito personal como profesional.

Sergio Miranda Carrington, defensor de los Santander actualmente hace clases en la universidad Bernardo O’Higgins. Desde su participación en la defensa del general Manuel Contreras, no ha tomado casos de relevancia pública.
Sus alumnos cuentan que dentro de las aulas es conocido como el abogado de las causas imposibles y que cuando conversa sobre su desempeño en el caso Alice Meyer lo hace con un tono de orgullo y soberbia, jactándose del fallo que terminó favoreciendo a su cliente, en un contexto en que todo estaba en su contra.
El abogado se niega rotundamente a dar entrevistas, debido a explícitas órdenes de la familia Santander, que todos estos años ha guardado el más profundo hermetismo y esperan que su entorno haga lo mismo.
Marcelo Cibié, abogado de la familia Meyer, ha tenido a su cargo la defensa de algunos militares procesados por casos de violaciones a los derechos humanos, como el general en retiro Odlanier Mena, ex Director de la CNI, y Ariosto Lapóstol, ex general.
Pasó varios años desempeñándose como abogado del Ejército de Chile y hoy cuenta con su propia oficina ubicada en calle Agustinas. Habla con un cariño especial de la familia Meyer y se emociona al recordar hechos que califica como injustos.
Cuando se le pregunta sobre su percepción de quién era el culpable sin dudarlo responde que aún cree que las pericias comandadas por el juez Fernando Soto Arenas eran las que apuntaban hacia el verdadero asesino, pero que el dinero e influencias lograron cambiar el sentido del proceso.
El defensor de la familia de Delfín Díaz, José Galiano, hoy es docente de la Universidad Arcis, dicta la cátedra de derecho penal y ética jurídica. Uno de sus trabajos más relevantes a nivel público, tras la defensa de Delfín Díaz, fue el del sociólogo Pablo Huneeus en la querella por injurias que interpusieron contra él los senadores de la UDI, Jovino Novoa y Carlos Bombal, después que Huneeus, en el marco del caso Spiniak, puso en su página web que lo dos congresistas eran políticos que asistían a las fiestas del pederasta. El caso finalizó con las disculpas públicas del sociólogo.

La jueza Raquel Camposano está retirada del Poder Judicial. Asumió en abril de 1996 la investigación por asesinato del senador y fundador de la UDI, Jaime Guzmán, cometido por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), luego que el ministro instructor Alfredo Pffeifer renunciara denunciando presiones políticas.
Raquel Camposano había procesado a varios funcionarios de “La Oficina” por obstruir la justicia, entre ellos el ex Director de Investigaciones, Nelson Mery, y el entonces subsecretario de Desarrollo Regional, Marcelo Schilling, quien había encabezado el Consejo de Seguridad Pública. Ellos fueron absueltos por la Corte Suprema y la ministra truncó su carrera judicial.
Fue una enconada defensora del general Augusto Pinochet frente a su detención en Londres, la cual calificó de injusta y se mostró en contra de su desafuero como Senador vitalicio. Públicamente se refería a él como un estadista, manifestando abiertamente su apoyo y admiración hacia el ex comandante en jefe del ejército.
A pesar de sus expectativas, no pudo transformarse en la primera mujer en llegar a la Corte Suprema, pues Eduardo Frei, en 2003, no la eligió cuando tuvo que proponer al Senado el siguiente candidato que integraría el máximo tribunal.
Su carrera estuvo marcada por su enconada defensa al gobierno militar y a las figuras emblemáticas que lo compusieron.
Hoy, ya jubilada, se niega a referirse al caso de la muerte de Alice Meyer argumentando que no tiene nada nuevo que aportar. No desea hacer ningún tipo de comentario o análisis y prefiere desvincularse del tema. Aún mantiene su personalidad fría, la que llamaba tanto la atención y con la misma seriedad que la caracterizó manifiesta sin preámbulos dar por cerrado el tema.

6.4 Los otros involucrados

José Contreras Araya, alias el “Topo Gigio”, quien fuera el principal testigo en las acusaciones contra Mario Santander, se casó y tuvo dos hijos. Falleció el 2010 con un deplorable estado de salud debido a su mal vivir, producto del consumo excesivo de alcohol y drogas. Era común, durante todos estos años, verlo deambular por el pueblito de Lo Barnechea en estado de ebriedad, parado al costado de la panadería pidiendo alguna moneda a los transeúntes que por ahí circulaban.

Era un fiel seguidor de Universidad de Chile, camiseta que vestía cada vez que había un partido para verlo en el local de pollos con papas fritas frente a la panadería en la que solía hallarse. Eran tan solo en estas contadas ocasiones donde hacía un esfuerzo sobrehumano para mantenerse sobrio, esto para no perderse ningún detalle del partido, al menos hasta que éste finalizara.

Según sus cercanos, fueron muchas las ocasiones en las que intentaba rehabilitarse, sin embargo, hasta los últimos momentos de su vida se le vio merodeando por las calles borracho, cesante y sólo realizando trabajos esporádicos de jardinero.
Tras cerrarse el caso confesó que había mentido y dijo en un programa de televisión en 2005 que agradecía que el empresario no lo demandara, para cerrar el diálogo contradiciéndose a sí mismo afirmando que todo Chile sabía quién era el culpable y que el dinero lo puede hacer todo.
Brígida Díaz, hermana de Delfín Díaz actualmente es paramédico y desempeña sus labores en la posta de Lo Barnechea. Para ella, hablar del tema resulta vergonzoso y siente que nunca ha podido tener un real duelo debido a el estigma de asesino y suicida en que su hermano se encuentra frente a la opinión pública. Al igual que su madre que falleció esperando el esclarecimiento, ella siente que se debe limpiar el nombre de su difunto hermano aunque cree que debido a su nivel económico precario eso está lejos de convertirse en una realidad, siendo solo un sueño que probablemente nunca se llegue a cumplir.
Rosa Jara, sintió el acoso del sujeto que la seguía durante años y cuando por fin pudo descansar de este, le sobrevino una pesadilla aun peor, un cáncer que la ha mantenido enferma y en algunas ocasiones postrada en cama. Ha tenido que transitar de acá para allá y en los últimos meses se refugió en la casa de su madre para recibir los cuidados correspondientes debido a su grave enfermedad.
Ruth Molina, tras desdecirse frente a la justicia fue detenida por Investigaciones, por orden de la jueza Camposano. Una tarde, llegaron a su casa, pistola en mano, y le dijeron a sus hijos que llevarían a su madre a almorzar, todo esto frente a sus vecinos. El almuerzo resultó ser una detención en el Centro de Orientación Femenino por un mes y medio aproximadamente, dejando en la más absoluta desprotección a sus hijos, aunque recibió el beneficio de pasar la reclusión junto a su hija menor, Jocelyn, una pequeña lactante de casi un año de edad, que al igual que su madre estuvo privada de libertad durante todo aquel período.
Luego, al salir en libertad intentó seguir con su vida normal y actualmente reside en Rancagua, pero constantemente viaja a Santiago para visitar a sus hijos y nietos. En entrevistas posteriores, siempre manifestó su arrepentimiento de haber cambiado la versión y reconoce que lo hizo por miedo

CONCLUSIONES


Santiago de 1985 fue el marco para uno de los asesinatos más famoso que tenga recuerdo el país, la muerte de Alice Meyer. Fue un caso marcado por extraños hechos, irregularidades en el proceso, destituciones, fuertes presiones, amenazas e intentos de soborno que terminaron por cerrar un emblemático caso sin hallar al culpable.

2 comentarios:

  1. El suicidio de santander Infante pone fin a la historia de este importante crimen.

    ResponderEliminar
  2. Falta informacion y hay hechos incorrectos

    ResponderEliminar