Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


sábado, 8 de septiembre de 2018

344.-Reina Victoria Eugenia de Batenberg

  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán

Reina en Londres



 Doña Victoria Eugenia, la verdadera Reina Castiza
reina leyendo

"Era rubia como el trigo a la salida del sol..." Lo dijo Rafael de León en el hermoso verso de una sevillana, y no seremos precisamente nosotros quienes nos atrevamos a contradecir a quien, aparte del mejor poeta popular español de todo el siglo, era Marqués del Valle de la Reina y Conde de Gómara, monárquico hasta los florones y las perlas de sus coronas nobiliarias y más sevillano que los naranjos en flor. Así que digamos que era rubia como el trigo a la salida del sol, y que era inglesa, pero no inglesa de cualquier manera: era bastante inglesa, inglesa por los cuatro costados, Battemberg puro. La Reina más guapa que ha tenido España, mejorando las presentes...

-- Y sin mejorarlas, Burgos, y sin mejorarlas...

Bueno, pues eso. La Reina más guapa que ha tenido España. Anda que Don Alfonso XIII elegía malamente a las novias en la Corte de San Jaime, entre las descendientes de la Reina Victoria... Doña Victoria Eugenia era en verdad la Reina Castiza. A los efectos de Madrid, la Reina Castiza es Isabel II, por obra y gracia de la farsa histórica y la licencia literaria de Valle Inclán. A los efectos de Sevilla, la Reina Castiza no es otra que Doña Victoria Eugenia. Que, además, era más guapa que Isabel II durmiendo, y no se le conocían batallas de amor en campos de pluma con capitanes de alabarderos y otras debilidades de la carne, ¿sería por carne de la oronda Isabelona? Comparanza hecha, advertimos la enorme arbitrariedad de Sevilla para quienes se acercan a ella como amantes.
Isabel II vino una vez por aquí de visita, a ver la fábrica de loza de la Cartuja con un extranjero, Mister Pickmann, y a cosas de cofradías, de la Hermandad de Montserrat, movida por su cuñado el Duque de Montpensier, que era muy populista, y por su hermana la Infanta Doña María Luisa, que era muy beatona. Pero Isabel I hizo en Sevilla lo que se dice una entrada por una salida. Una entrada, eso sí, con arcos triunfales en la calle de Gradas y una salida a escobazos cuando la Revolución del 68, a la que cuentan que no era ajeno el cuñadito de la hermandad de Montserrat y de La Carretería.
Bueno, pues viniendo a Sevilla de visita, en plan Infanta Doña Elena, a Isabel II hasta le dedicaron el nombre de un puente. Y no un puente cualquiera, no el Puente de Tablas o el Puente de San Bernardo, sino el puente de Triana nada menos. Y en cambio a Doña Victoria Eugenia, que se pasó el primer tercio del siglo XX que voy y que vengo de Madrid a Sevilla y de Palacio al Alcázar, no le dedicaron ni una mala plazoleta.
 Un grupo escolar es lo más que llegó a merecer en la difícil Sevilla, que se entrega a los que llegan a pintar la mona a su costa, como Isabel II, y desprecia a los que de verdad la aman, como la Reina Victoria. La cual tuvo tan mala pata con Sevilla, que cuando le iban a dedicar un teatro, plas, vino la República y le pusieron Coliseo España, que era un cine con nombre de acorazado de la Armada.
reina tejiendo
El mérito de Doña Victoria es que, por inglesa, no le gustaban los toros, y el mismo día de su boda con Don Alfonso, hala, allá que estaba por la tarde, en una corrida en la plaza de Madrid, y no como otras... Vamos a quitarnos las caretas, que estamos en Feria y no en Carnaval. Doña Victoria era tan extranjera como Doña Sofía, pero iba a los toros, y venía a la Feria. Para ir a la fiesta nacional las princesas extranjeras que se casan con un Rey de España, cogen y se ponen unas gafas de sol, y cuando hay sangre, pues cierran los ojos y nadie las ve. Pero no se olvidan que son Reinas de España y no de Merimée.
Doña Victoria, en cuanto llegaba la primavera, sabía que en Madrid no se le había perdido nada, y cogía el portante y la media manta de la Corte y se venía con Don Alfonso XIII a Sevilla. Al Alcázar. ¿Qué mejor Corte que el Palacio Real más antiguo de Occidente y que la primavera más hermosa del mundo? Y eso Doña Victoria, aunque fuese tan extranjera como Doña Sofía, lo sabía divinamente. Y se ponía de mantilla negra el Jueves Santo y se iba a los palcos de la Plaza, y se ponía de mantilla blanca el martes de feria y se iba al otro palco de la otra plaza, la de los toros, y por las mañanas, se vestía de amazona y paseaba por la feria, como lo que era: como una señora.

--- Y no como otras...

Pues dice usted bien, mi querido amigo, y no como otras, que ésta es la hora en que la está esperando un recinto de fiesta que tiene Sevilla que se llama precisamente Real. Claro, que si en vez del Real de la Feria fuese el Republicano de la Feria, el que estaba aquí todos los años para meterse a los republicanos en el bolsillo era el esposo de la Reina con un clavel y un sombrero de alancha, vamos que si estaba...

Cuanto le ocurrió a Doña Victoria Eugenia con Sevilla es que faltaron pintores para pintarla. De haber estado por aquí Velázquez en vez de irse a trepar a Madrid, a la Corte de Felipe IV, seguro que la hubiera pintado de amazona, como con sus gafas de ver la verdad de la Historia nos han hecho comprender Idígoras y Pachi.

Fotos de su niñez









Pulseras Gemelas - Casa Real de España

Las conocidas como las "Pulseras Gemelas", son dos pulseras iguales de diamantes que fueron incluidas por la Reina Victoria Eugenia entre las llamadas "joyas de pasar".
El origen de estas pulseras es una pequeña corona real que el Rey Alfonso XIII regalaría a su futura esposa, la Princesa Victoria Eugenia de Battenberg con motivo de su boda.

 La corona, realizada por Cartier, en la parte baja alternaba esmeraldas y rubíes con unos adornos de diamantes. Sobre esta base se apoyaban ocho florones de diamantes de los que salían las ocho diademas que se unían en un orbe con una cruz también de diamantes.
En los años posteriores a su boda, la Reina Victoria Eugenia luciría la coronita en las ceremonias de apertura de las Cortes. Con el transcurrir del tiempo y el cambio de modas, los peinados evolucionaron de forma que la sujeción de la corona se hacía cada vez más complicada.





Diseñada por el famoso joyero Cartier para la Reina Victoria Eugenia de España.
Inspirada en motivos egipcios, muy de moda en la época, está realizada con perlas y brillantes La primera transformación de la tiara, sucedió al recibir la Reina Victoria Eugenia, como legado de su madrina, la Emperatriz Eugenia de Francia, unas esmeraldas, que serían montadas primero por Ansorena y después por Cartier.
Para hacer juego con este aderezo, la tiara fué reformada por Cartier. Se le quitó la perla superior y el resto de las perlas serían sustituidas por esmeraldas. También se la acabaría añadiendo una voluta más haciendola un poco más larga.
Ya en el exilio, la Reina terminaría vendiendo las esmeraldas, y la tiara recuperaría de nuevo las perlas, volviendo a su aspeto original, pero sin la perla superior. Al fallecer la Reina, la tiara pasaría a manos de su hija, la Infanta Mª Cristina de Borbón y Battenberg.
La Reina Victoria Eugenia y su hija, la Infanta Mª Cristina con la tiara Cartier con las perlas. El Rey Juan Carlos, llegaría a un acuerdo con su tia, la Infanta Mª Cristina, y le compraría la tiara Cartier. Desde entonces, ha sido una de las tiaras más usada por la Reina Sofía, parece ser que le resulta muy comoda, pues no pesa demasiado.



La diadema con brillantes conocida como la diadema de las lises o de las flores de lis, es una de las joyas más importantes con que cuenta la familia real española. No es una joya de Estado, sino propiedad privada de la familia real y por ello la llevaron consigo al exilio en 1931. Su diseño lo forman tres flores de lis, correspondientes a las armas de la casa de Borbón, realizadas en diamantes engastados en platino. Una gran flor de lis, con los diamantes más grandes, aparece en la parte central, con las otras dos, más pequeñas, a cada lado de esta. El resto de la diadema está decorado con formas vegetales. Fue un regalo personal de bodas a la reina Victoria Eugenia de Battenberg, por su esposo el rey Alfonso XIII en mayo de 1906, luciéndola el día del enlace. Fue encargada a la casa de joyería Ansorena de Madrid. Se amplió en 1910, añadiéndole nuevos elementos y unas charnelas que permitían agrandar su base. La reina Victoria Eugenia la lució en numerosas ocasiones hasta 1967, en que, con motivo de la cena de gala previa a la boda de su nieta la infanta Pilar, la lució por última vez, pasando entonces a su nuera María de las Mercedes de Borbón y Orleans, ya que forma parte de las denominadas «joyas de pasar», pues pasan de generación en generación al heredero de la dinastía. Con ella asistió doña María de las Mercedes a la coronación de Isabel II del Reino Unido en 1953. Posteriormente doña María se la entregaría a su nuera la Reina Sofía. La Reina la utiliza en ocasiones excepcionales, sobre todo en visitas de Estado de monarcas extranjeros. Esta diadema está reservada al uso de las reinas de España. No ha sido lucida en ninguna ocasión por las hijas del rey, las infantas Elena y Cristina o por su nuera antes de convertirse en Reina, pues aunque se barajó esa opción para la boda de la princesa Letizia, al final se optó por la diadema de Victoria Luisa de Prusia,5​7​ abuela de doña Sofía, quien la había recibido el día de su matrimonio como regalo de su padre, el káiser Guillermo II de Alemania y que fue aportada por la reina Sofía a la familia de su esposo al momento de su matrimonio el 14 de mayo de 1962, habiéndola lucido doña Sofía en tal día.




La Reina, ya en el exilio, encargaría de nuevo a Cartier desmontar la pequeña corona real. Victoria Eugenia, aficionada a modificar sus joyas, estaba convencida que la pequeña corona real no la volvería a usar en el exilio y además estaba pasada de moda. Con los diamantes Cartier fabricó dos pulseras.Las pulseras de diamantes, al ser exactactamente iguales, se conocen como las pulseras gemelas.










Victoria Eugenia de Battenberg


Victoria Eugenia de Battenberg. Castillo de Balmoral (Reino Unido), 24.X.1887 – Lausana (Suiza), 15.IV.1969. Esposa de Alfonso XIII, Reina de España.

Era hija de la princesa Beatriz del Reino Unido —la hija menor de la reina Victoria— y de Enrique de Battenberg —cuyo padre era el príncipe Alejandro de Hesse—. Tuvo tres hermanos, Alejandro, el primogénito, y Leopoldo y Mauricio, que nacieron después que ella. Sus dos primeros nombres le fueron impuestos en honor a su abuela materna, que el año del nacimiento de la futura reina de España, cumplía el cincuenta aniversario de su acceso al trono británico, y a su madrina de bautismo, Eugenia de Montijo, viuda ya del emperador de Francia Napoleón III, a quien unía una estrecha amistad con la reina Victoria desde que comenzara su exilio en Inglaterra, en 1870. Entre los nombres que recibió Victoria Eugenia también estaban los de Julia, como homenaje a su abuela materna —la condesa polaca Julia von Hauke—, y el de Ena, de origen gaélico, para celebrar que fuera el primer miembro de la familia real, desde Carlos I, en 1600, que nacía en Escocia; este último fue el nombre utilizado familiarmente y por el que siempre se la conoció en Gran Bretaña, al contrario que en España. A través de su ascendencia materna —fueron treinta y nueve los nietos de la reina Victoria— estuvo emparentada próximamente con numerosos monarcas europeos, además del británico; por ejemplo, era prima hermana del kaiser Guillermo II de Alemania y de la zarina Alejandra, esposa de Nicolás II de Rusia.

Fue educada en la Corte británica —una corte itinerante por los palacios de Buckingham, Windsor, Sandringham, Balmoral y Osborne, en la isla de Wight— ya que su madre acompañó siempre a la reina Victoria.

Si ésta dio el consentimiento de la boda de su hija menor y preferida, en 1885, fue precisamente con la condición de que el matrimonio viviera con ella y no tuviera una residencia propia. La austeridad y el carácter estricto de la Reina y de la Corte influyeron en la futura reina de España. Ella misma destacó la disciplina y la puntualidad adquiridas entonces. Y, paradójicamente, también se inició entonces una de las grandes aficiones de su vida, el gusto por las joyas, al contemplar las alhajas de su abuela y asistir a los últimos preparativos de la presentación de ésta en público. En su educación intervino personalmente su padre, que apenas tenía otras obligaciones que las domésticas; por indicación de éste, durante la infancia y hasta la llegada de tutores varones para sus hermanos, recibió las mismas enseñanzas que éstos, adquiriendo el gusto por diversos deportes, especialmente la equitación. Desde los siete años, acompañó a su abuela en las estancias que en primavera hacía en el sur de Francia. En 1896, su padre murió a consecuencia de unas fiebres contraídas en el curso de una expedición militar al África Occidental.

Las cosas cambiaron completamente para Victoria Eugenia tras la muerte de la reina Victoria, en 1901, y el traslado de la familia al palacio de Kensington, en Londres. En la capital británica pudo llevar una vida mucho más libre. En los años siguientes, visitó a su madrina en Biarritz y realizó un largo viaje por Egipto.

Aunque con motivo de las fiestas de coronación de su tío, Eduardo VII, se le había permitido aparecer en público, su presentación en sociedad no tuvo lugar hasta 1905 mediante un espléndido baile que el Rey dio en el palacio de Buckhingham. Aquel mismo año había de producirse el acontecimiento fundamental de su vida: el encuentro con el rey Alfonso XIII de España.

Alfonso XIII era un joven de diecinueve años, que desde hacía tres reinaba efectivamente en España. El 27 de mayo de 1905 había emprendido su primer viaje al extranjero, a París y Londres, con objeto de refrendar la adhesión de España a la Entente suscrita por Francia y el Reino Unido en 1904. Esta adhesión venía a sacar a España del peligroso aislamiento internacional en que había quedado después de 1898, y suponía un cambio fundamental en la orientación de su política exterior: de la alianza con Alemania, mantenida en los últimos decenios del siglo XIX, a la amistad con Francia e Inglaterra. Pero el viaje a Inglaterra de un rey joven, soltero, de quien se esperaba que pronto contrajera matrimonio y diera herederos a la Corona, tenía también otra finalidad: que pudiera conocer a jóvenes de la familia real británica.

Concretamente, entre los gobiernos inglés y español, se había hablado de la posibilidad de un enlace con la princesa Patricia de Connaught, nieta de la reina Victoria. La reina madre, María Cristina de Austria —que seguía ejerciendo una gran influencia sobre su hijo— hubiera preferido que la elegida fuera católica y centroeuropea, con el fin de reforzar los lazos tradicionales de España con Alemania y Austria. El Rey, por su parte, había manifestado que sólo se casaría con una mujer de la que estuviera enamorado. Personalmente, Alfonso XIII sentía una gran atracción por Inglaterra, aunque no conociera bien su idioma.

Como ha escrito José María Jover, “en la persona de Alfonso XIII había muchos factores que convergían en favor de una britanización de España: desde el clima intelectual del momento [...], las lecciones del profesor Santamaría de Paredes, y la admiración del joven Rey por la Corte británica y por el rey Eduardo VII; desde su afición a formas de vida muy siglo XX —deporte, automovilismo— y esa preferencia como ‘hombre de negocios’ por el capital mobiliario que choca con la tradicional preferencia estamental por la propiedad territorial, hasta la racional convicción de que sólo contando con la marina británica sería posible dotar de seguridad a las costas y las islas españolas de la región del Estrecho”.

Tras su estancia en París, el Rey llegó a Londres el 5 de junio de 1905. La visita a la capital británica duró cinco días. La relación con Patricia de Connaught se mostró inviable por decisión de ésta, que ya estaba sentimentalmente comprometida, pero en el curso de las celebraciones y fiestas oficiales, Alfonso XIII conoció y se enamoró de otra de las nietas de la reina Victoria, la joven de diecisiete años Victoria Eugenia, de quien Azorín, corresponsal de ABC en la capital británica, escribió que era imposible “imaginar una muchacha más linda, más delicada y espiritual, que esta princesa rubia”.

Los jóvenes mantuvieron en los siguientes meses una relación epistolar, en la que se declararon su amor.

En noviembre de 1905, Alfonso XIII realizó un viaje a Berlín y a Viena, donde tuvo ocasión de conocer a otras jóvenes princesas, pero su elección ya estaba hecha.

Victoria Eugenia, después de obtener la aprobación de Eduardo VII y de su madre, se mostró encantada con la posibilidad de convertirse en reina de España. Después de un encuentro de los jóvenes, junto con sus respectivas madres, en la villa Mouriscot de Biarritz y en el palacio de Miramar de San Sebastián, en enero de 1906, se anunció oficialmente el compromiso. Antes del enlace, la novia tuvo que pasar por un duro trance: abjurar del protestantismo y recibir el bautismo católico, ceremonia celebrada en la intimidad del palacio de Miramar.

La boda real se celebró en el madrileño templo de San Jerónimo, el 31 de mayo de 1906. Alfonso XIII tenía veinte años y Victoria Eugenia, dieciocho. Al volver a palacio, en carroza descubierta, los Reyes fueron objeto de un atentado del que asombrosamente salieron ilesos pero en el que murieron unas veinticinco personas y otras cien resultaron heridas. El autor fue un anarquista, Mateo Morral, que arrojó sobre la comitiva una bomba envuelta en un ramo de flores desde un balcón de la casa número 88 de la calle Mayor, casi enfrente del palacio de Capitanía. La carroza real quedó destrozada; los reyes, manchados de sangre, tuvieron que seguir el trayecto en uno de los coches de respeto. El baile que había de celebrarse quedó cancelado, pero no así la cena con los invitados, aquella misma noche. También tuvo lugar la recepción oficial al día siguiente.

La llegada de Victoria Eugenia al Palacio Real de Madrid fue, de acuerdo con el testimonio de la tía del Rey, la infanta Eulalia de Borbón, “como un florecer de juventud, gracia y sonrisa en la adusta corte madrileña”.

La Reina suavizó las costumbres y el protocolo que durante la regencia de María Cristina de Haugsburgo se habían hecho cada vez más severos y rígidos. La reina madre siguió viviendo en palacio pero supo colocarse en un discreto segundo plano, retirada en dependencias particulares. La tía mayor del Rey, la infanta Isabel, la Chata, sí se mudó a un palacete próximo, en la calle Quintana. Victoria Eugenia hizo instalar calefacción central en palacio y mandó montar un cinematógrafo en la llamada sala de columnas, donde por las noches se proyectaban películas para toda la familia. Instituyó la costumbre de tomar el té a las cinco, lo que hacía a solas con el Rey. A diferencia de la época anterior, la Corte madrileña se hizo “risueña y ligera, bailarina y frívola, moderna y lujosa”. La influencia de la Reina trascendió los límites de palacio. “Desde que Victoria llegó a España —continúa diciendo la infanta Eulalia— ella fue la guía de la moda madrileña [...]. Victoria Eugenia hizo en la moda y en la vida de la mujer española, lo que Ganivet pedía para nuestra política: la europeizó”.

Respecto a la política exterior, la boda del Rey vino a reforzar la orientación franco-británica adoptada en 1904, como pudo comprobarse en la Conferencia de Algeciras, en 1906, y en la firma de los Acuerdos de Cartagena de 1907. Sin embargo, España mantuvo su neutralidad en la Primera Guerra Mundial.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia tuvieron seis hijos: Alfonso, príncipe de Asturias (1907), Jaime (1908), Beatriz (1910), Cristina (1911), Juan (1913) y Gonzalo (1914). El primogénito, Alfonso, y el último de los varones, Gonzalo, nacieron enfermos de hemofilia, una enfermedad transmitida por las mujeres y padecida por los hombres. El infante don Jaime, libre de la enfermedad, padeció, sin embargo, una sordomudez consecuencia de una mastoiditis mal operada que, a pesar de una esmerada educación, limitaba considerablemente sus actuaciones. Los infantes Alfonso y Jaime terminaron renunciando a sus derechos dinásticos en favor de don Juan de Borbón y Battenberg, que aseguró la continuidad sucesoria.

Aunque se ha escrito que Alfonso XIII fue claramente advertido, antes de la boda, de la existencia de la enfermedad hemofílica y de su posible transmisión, no parece que fuera así. Las relaciones entre los regios esposos se deterioraron gravemente al comprobarse que Victoria Eugenia era portadora de la hemofilia. El distanciamiento entre ellos se convirtió en una separación en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, que se materializaría años más tarde, en 1931, ya en el exilio, aunque sin llegar a formalizarla. El Rey mantuvo diversas relaciones extramatrimoniales, ampliamente conocidas.

La Reina, por su parte, actuó siempre con gran dignidad y prudencia.

Victoria Eugenia dedicó gran parte de su actividad en España a labores asistenciales. Entre ellas destaca la reorganización de la Cruz Roja Española, con la fundación del Hospital de San José y Santa Adela en la avenida madrileña que lleva el nombre de la Reina, y de otros semejantes en Sevilla y Barcelona; la creación de una Escuela de Enfermeras, donde también se formaron las damas auxiliares de Sanidad Militar que llevaron a cabo una destacada labor en la atención de los heridos en la guerra de Marruecos. También son de citar la Liga Antituberculosa, reorganizada bajo su presidencia en Patronato Antituberculoso y la creación de la Liga contra el Cáncer. Colaboró asimismo ampliamente en la oficina de información y ayuda a las poblaciones afectadas por la Primera Guerra Mundial, que el Rey organizó en el mismo palacio, y que llevó a cabo una importantísima labor humanitaria, reconocida internacionalmente.

A partir de 1912, los Reyes residieron durante el verano en el palacio de la Magdalena, en Santander. A la Reina le gustaba mucho aquel lugar que le recordaba el paisaje y el clima de su país de origen, y también el edificio de estilo inglés. Allí pudieron practicar los deportes a los que tanto el Rey como ella eran aficionados: el golf —en el club de Pedreña, al otro lado de la bahía—, la vela, el tenis y la equitación.

La reina Victoria Eugenia se mantuvo siempre al margen de toda actividad política. Como ella misma le dijo a Pedro Sainz Rodríguez, en Fontainebleau, en 1931: “yo tengo la conciencia tranquila de haber permanecido siempre ajena a las divisiones políticas, de haber tratado a todo el mundo con la misma cortesía y haber dedicado todos los esfuerzos que he podido a la organización de la beneficencia y de la caridad en España”. A pesar de ello, en esta misma ocasión —sin duda, bajo la impresión de la caída de la Monarquía tras las elecciones municipales de abril de 1931— la Reina afirmaba tener la sensación de no haber “sido nunca verdaderamente querida, de no haber llegado a ser popular”. Victoria Eugenia abandonó España un día después que su esposo, el 15 de abril de 1931. En la mañana de aquel día, junto con los infantes, salió en coche del Palacio Real para tomar el tren en la estación de El Escorial, con destino a Irún y, más tarde, a París, donde se reunió con Alfonso XIII.

Tras la separación material —que no formal— de su esposo, que ya se ha mencionado, Victoria Eugenia volvió a vivir principalmente en Londres. En 1935, se celebraron en Roma las bodas de sus hijos, los infantes Jaime, Beatriz y Juan, a las que no asistió. Pero sí al bautizo, en enero de 1938, también en la capital italiana, del hijo varón del infante don Juan, el futuro rey Juan Carlos I, del que fue madrina. En aquel año, trató de acompañar a su hijo primogénito, Alfonso, en los últimos momentos de su desgraciada vida, tras el accidente que sufrió en Miami. La Reina viajó inmediatamente desde la isla de Wight, donde se encontraba, pero cuando llegó, Alfonso ya había muerto. Con Alfonso XIII llegó a reunirse alguna vez. La última en los días anteriores a la muerte de éste, en febrero de 1941.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Victoria Eugenia se trasladó a vivir a Lausana (Suiza), donde adquirió la villa “Vieille Fontaine”, en la que transcurrió el resto de su vida. En 1962 asistió, en Atenas, a la boda de su nieto don Juan Carlos con la princesa Sofía de Grecia. En 1968 volvió brevemente a España con motivo del bautizo del hijo varón de éstos, el príncipe Felipe de Borbón, del que también fue madrina. En esta ocasión, se entrevistó con el general Franco y su esposa, de quienes Alfonso XIII y ella habían sido padrinos de boda, en 1923. Murió en 1969, en su casa de Lausana, acompañada de su numerosa familia. Los restos mortales de la reina Victoria Eugenia fueron trasladados a San Lorenzo de El Escorial en 1985.

 

Obras de ~: Correspondencia epistolar de la princesa Victoria Eugenia de Battenberg al rey Alfonso XIII, [ed. facs. de M. Gómez Santos de una selección de 67 postales conservadas en el Archivo del Palacio Real de Madrid], Madrid, Correos y Telégrafos/ Patrimonio Nacional, 1993.

 

Bibl.: E. Graham, The Queen of Spain: an authorised life-history from material supplied personally by Her Majesty to the author in audience at the Royal Palace at Madrid, Londres, Hutchinson, c. 1930; E. de Borbón, Memorias, Barcelona, Juventud, 1935; M. Almagro San Martín, Crónica de Alfonso XIII y su linaje, Madrid, Atlas, 1946; Ocaso y fin de un reinado (Alfonso XIII): los reyes en el destierro, Madrid, Afrodisio Aguado, 1947; G. Noel, Ena, Spain’s English Queen, Londres, Constable, 1984 (reimpr. 1999, trad. esp., Victoria Eugenia, reina de España, Buenos Aires, Javier Vergara, 1984); L. Rodríguez Alcalde, Crónica del veraneo regio, Santander, Estudio, 1991; M. Gómez Santos, La reina Victoria Eugenia, Madrid, Espasa, 1993; C. Seco Serrano, La España de Alfonso XIII. El Estado y la política (1902-1931). Vol. I: De los comienzos del reinado a los problemas de la posguerra (1902-1922), intr. de J. M.ª Jover Zamora, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. XXXVIII/I, Madrid, Espasa Calpe, 1996; M. T. Puga y E. Ferrer, Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, Barcelona, Juventud, 1999; Á. Hijano Pérez, Victoria Eugenia. Una reina exiliada, Madrid, Aldebarán, 2000; C. Seco Serrano, Alfonso XIII, Madrid, Arlanza, 2000; R. de la Cierva, Alfonso y Victoria. Las tramas íntimas secretas y europeas de un reinado desconocido, Madrid, Fénix, 2001.


Reina y sus hijos
























Biografía

Nació el 24 de octubre de 1887 en el Castillo de Balmoral, Escocia.Hija de la Princesa Beatriz de Gran Bretaña y del Príncipe Enrique de Battemberg. Nieta de la reina británica Victoria I.
El rey de España Alfonso XIII la conoció en Londres en la primavera de 1905. Los acontecimientos no se hicieron esperar y a los pocos meses se anunció oficialmente el compromiso.
El 31 de mayo de 1906 se celebró el enlace en la madrileña iglesia de San Jerónimo el Real en Madrid y sufrió en el mismo día del atentado anarquista de Mateo Morral del que ambos resultaron ilesos.
Alfonso XIII, hijo de la segunda esposa de Alfonso XII, se enamoró de Victoria aún a sabiendas que era portadora del gen de la hemofilia. Cuando varios hijos de sus hijos salieron hemofílicos, la pasión del rey se apagó y le reprochó a la reina la herencia. El matrimonio tuvo un total de siete hijos, cinco varones y dos mujeres. Su primer hijo, Alfonso Pío, Príncipe de Asturias, nació en 1907 afectado por la enfermedad, y lo mismo ocurrió con el menor de sus vástagos, Gonzalo Manuel, nacido en 1914.
Su hijo Juan (Juan Carlos Teresa Silvestre Alfonso) (1913-1993) infante de España y conde de Barcelona, fue pretendiente al trono desde 1941 hasta 1977. Contrajo matrimonio en Italia con su prima la princesa María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Orleans. Heredero de los derechos dinásticos, se los traspasó a su hijo Juan Carlos I.
Cuando se proclamó la II República el 14 de abril de 1931, se exilió con su esposo en Roma, donde permaneció hasta el fallecimiento del rey en 1941. Posteriormente se radicó en Lausana (Suiza), donde vivió hasta su muerte.
Con motivo del nacimiento en 1968 de su biznieto, Felipe de Borbón y Grecia, hijo del entonces futuro rey Juan Carlos I, regresó por primera vez a España, tras treinta y siete años de exilio, para asistir al bautizo.
Los restos mortales Alfonso XIII, fueron trasladados desde Roma, lugar donde murió, a San Lorenzo de el Escorial al Panteón de los Reyes en 1980. Los de u esposa, Victoria Eugenia de Battenberg fueron trasladados desde Lausana en 1985 y depositados en el pudridero de reyes, donde permanecerán largo tiempo, hasta que, una vez reducidos, puedan ser depositados en la tumba que tiene asignada, junto a la de su esposo, Alfonso XIII. 



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