El Señorío de Meirás. |
El Señorío de Meirás es un título nobiliario español creado, el 26 de noviembre de 1975 con Grandeza de España para María del Carmen Polo Martínez-Valdés por el rey Juan Carlos I de España. El nombre proviene por "el pazo" (Castillo) que fue residencia privada de Jefe de Estado don Francisco Franco. |
María del Carmen Polo Martínez-Valdés. Biografía Polo Martínez-Valdés, María del Carmen. Señora de Meirás (I). Oviedo (Asturias), 11.VI.1900 – Madrid, 6.II.1988. Consorte. Primogénita de una familia de la clase media ovetense, su padre, Felipe Polo Flórez, abogado y propietario, pertenecía a una familia oriunda de Palencia —los Polo-Vereterra—, y la madre, Ramona Martínez- Valdés y Martínez-Valdés, a una ilustre familia de San Cucao, localidad muy próxima a la capital asturiana. Además de Carmen, el matrimonio tuvo tres hijos más: Felipe, Isabel y Ramona (conocida en el círculo íntimo y familiar como Zita). Ramona Martínez-Valdés falleció en 1914 y los hijos quedaron al cuidado de varias institutrices y de su tía paterna, Isabel Polo Flórez de Vereterra. Llegada la adolescencia, Carmen Polo ingresó en los mejores colegios de religiosas de la capital del Principado, pasando, sucesivamente, por las ursulinas y las salesianas. En el verano de 1917 conoció a Francisco Franco Bahamonde, y tuvo la oportunidad de conversar con el joven militar en una romería típica asturiana. Comenzó así un largo noviazgo que debió vencer varios obstáculos: las reticencias familiares al enlace, la juventud de la novia y las continuas idas de Franco hasta el teatro de operaciones africano. A pesar de todos los contratiempos, la boda se celebró en la céntrica iglesia de San Juan el Real de Oviedo, el 22 de octubre de 1923, tras seis años de noviazgo. Tras una breve luna de miel que incluyó una audiencia con el rey Alfonso XIII para agradecerle su padrinazgo, el matrimonio se instaló en Ceuta, donde pasó tres años. Llegó el ascenso de Franco al generalato en febrero de 1926. En el mes de junio falleció el padre de Carmen Polo, Felipe Polo, y el 14 de septiembre vino al mundo la única hija del entonces joven matrimonio: María del Carmen Franco Polo. Los traslados del general Franco imponían a su familia sucesivas residencias a lo largo y ancho de España: Madrid, Zaragoza, La Coruña, Baleares, Canarias... Con la incorporación de Franco al levantamiento militar contra la República, Carmen Polo y su hija se embarcaron en un crucero alemán que les llevó hasta La Haya, tras una breve estancia en Bayona; el 23 de septiembre de 1936 se reunió toda la familia en Cáceres. Apenas una semana más tarde, Franco ascendió a la máxima jefatura de la rebelión. El matrimonio residió a lo largo de la Guerra en Salamanca y en Burgos. Finalizada la Guerra, el matrimonio Franco se asentó en Madrid, primero en el palacio de Viñuelas y, desde marzo de 1940, en el palacio de El Pardo, que será hogar de la familia durante treinta y cinco años. El 10 de abril de 1950, María del Carmen, la única hija del matrimonio, se casó con Cristóbal Martínez- Bordíu. El joven matrimonio, acompañado de Carmen Polo, fue recibido en audiencia por el papa Pío XII el 7 de mayo de 1950. Apenas pasado un año, el 26 de febrero de 1951, la joven pareja dio su primer nieto al matrimonio Franco: era una niña y recibió el nombre de María del Carmen. La vida familiar de los Franco volvió al primer plano social cuando la nieta casó con Alfonso de Borbón- Dampierre el 8 de marzo de 1972. Durante estos años, Carmen Polo asistió al deterioro físico y mental de su marido, quien, tras varios achaques y operaciones, falleció la madrugada del 20 de noviembre de 1975. Con la máxima jefatura del Estado en manos de Juan Carlos I, la viuda de Franco recibió una merced real al concedérsele el señorío de Meirás, con carácter de Grandeza de España, título que recuerda el nombre del palacio coruñés que por suscripción popular fue regalado al matrimonio Franco en 1938. El 31 de enero de 1976, la señora de Meirás abandonó definitivamente el palacio de El Pardo, instalándose en la madrileña calle Hermanos Bécquer de Madrid. El último trauma en la vida de Carmen Polo llegó el 7 de febrero de 1984, con la muerte en accidente de tráfico de su bisnieto Francisco de Borbón Martínez- Bordiú, hijo de su nieta María del Carmen. El entierro fue uno de los últimos actos públicos en los que la señora de Meirás se dejó ver ante las cámaras. Celosa de su privacidad, el estado de salud de la señora de Meirás se fue agravando, hasta que finalmente, a causa de una neumonía y mientras dormía, la muerte la sorprendió la mañana del 6 de febrero de 1988. Su entierro tuvo lugar en el panteón que la familia Franco tiene en el cementerio de El Pardo. Bibl.: F. Franco Salgado-Araujo, Mis conversaciones privadas con Franco, Barcelona, Planeta, 1976; R. Garriga, La Señora del Pardo. España a sus pies, Barcelona, Planeta, 1977; J. Navarro, Señora presidenta, Barcelona, Plaza y Janés, 1999; P. Franco, Nosotros los Franco, Barcelona, Planeta, 1980; J. Pardo, Las damas del franquismo, Madrid, Temas de Hoy, 2000; P. Preston, Palomas de guerra. Cinco mujeres marcadas por el enfrentamiento bélico, Barcelona, Plaza y Janés, 2001, págs. 353, 428, 470 y 479. Biografía de Real Academia de Historia. |
Antepasados Los linajes María del Carmen Polo son Polo, Flores y Martínez-Valdés. |
Martínez-Valdés. |
Los antecedentes remotos de Carmen Polo indican que a finales del siglo XVI María de Valdés, de San Cucao de Llanera, descendiente directa del constructor de la Torre de San Cucao, Diego Menéndez Valdés, el Valiente, se casó con Pedro Martínez de Caraviés, natural del pueblo de Caraviés, en la parroquia de Lugo de Llanera. Crean el linaje Martínez-Valdés, con casa en la Piniella, en San Cucao de Llanera. En los padrones del siglo XVII tienen consideración de hijosdalgo notorios y, más tarde, conforme se hacen más poderosos, pasan a ser hijosdalgo de solar conocido y armas pintar. En los registros los nombres van precedidos de la consideración de don, algo poco frecuente en la época y que denota alcurnia. El abuelo de Carmen Polo, Ramón Martínez Valdés, fue alcalde de Llanera entre 1861 y 1865. |
Apellido Martinez
Una de las familias hidalgas más antiguas radicó en la feligresía de San Millano, en el Concejo de Allande (Asturias), del que procedió Antolín Martínez, Ricohombre, a quien sucedió el Conde Rodrigo Martínez, hijo de la Condesa doña Mayor Pérez; descendiente de éstos fue Diego Martínez, Maestre de la Orden de Alcántara y Comendador Mayor de la misma. Otros muchos caballeros apellidados Martínez probaron su hidalguía y limpieza de sangre, ante las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada, así como para ingresar en las Órdenes Militares. |
Valdés
Linaje asturiano, una rama paso a Sevilla. Probó su nobleza numerosas veces en la Orden de Santiago y en las de Calatrava, en la de Alcántara, además en las Ordenes de Montesa, Carlos III, y San Juan de Jerusalén, en la Real Audiencia de Oviedo, y en la Real Compañía de Guardias Marinas.
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Polo Flores. |
Polo
Los Polo procedían de Castilla. Felipe Polo, abuelo de la esposa de Franco, era un médico palentino que llegó a Oviedo en 1840. Una persona inquieta que pertenecía a la Sociedad Económica de Amigos del País, lo que apunta a un talante avanzado sobre una formación ilustrada. Su hijo, del mismo nombre, Felipe Polo y Flores se casó con Ramona Martínez-Valdés y tuvieron cuatro hijos.
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Flores
El apellido flores tiene su origen en Asturias, es de tipo patronímico de Fruela, Froyla(n) y Flórez, el tronco proviene del infante Aznar Fruela, el hijo bastaro de Fruela II rey de Asturias, más tarde se extiende por toda la península durante la reconquista.
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Ancestros. |
1).-Felipe Polo y Flórez. Nacido en 1860 - Palencia, España; Fallecido el 21 de junio 1926 - Oviedo, España, a la edad de 66 años. Enterrado el 22 de junio 1926 en la Basílica San Juan el Real de Oviedo. Abogado natural de Palencia, con propiedades considerables y ascendencia carlista. Poseedor de grandes propiedades agrícolas en la provincia de Palencia. 2).- Claudio Polo y Astudillo. (1834-1906), natural de Palencia, catedrático de la Universidad de Oviedo, y su esposa Bonifacia Flórez de Prado (1836-1863), fallecida en Oviedo en 1863. Nacido - Palencia, España. 3).-Telesforo Polo Briz. (1800-1867) , médico del Pretendiente "Carlos VI", e Isabel Astudillo (1805-1852), quienes —además de Claudio— tuvieron por hijo a Felipe Polo y Astudillo (1837-1912), que siguió la profesión de su padre pero sirvió a la dinastía «liberal», como médico de cámara de la Reina Gobernadora. Línea Femenina 1).-Ramona Martínez-Valdés y Martínez-Valdés. Nacida en 1870 - San Cucao, Llanera, Asturias, España Fallecida el 8 de febrero de 1914 (domingo) - Oviedo, España, a la edad de 44 años. San Cucufate de Llanera (en asturiano y oficialmente, San Cucao) es una parroquia del concejo de Llanera en Asturias (España). Llanera es un concejo de la comunidad autónoma del Principado de Asturias, España. Limita al norte con Gijón y Corvera de Asturias, al sur con Oviedo, al este con Gijón y Siero y al oeste con Illas y Las Regueras. Su capital, Posada de Llanera, está situada a 11 km de Oviedo, 20 de Avilés y 22 de Gijón, siendo Lugo de Llanera el núcleo más poblado y extenso. |
Barrios populares de Santiago. |
El barrio Meiggs. |
El barrio Meiggs está ubicado en el límite de las comunas de Santiago y Estación Central, a un costado de la Estación Central de Ferrocarriles, en la ciudad de Santiago, Chile. Se caracteriza por ser un barrio comercial mayorista, cuyos productos se adaptan a cada festividad del año como útiles escolares, o adornos de Navidad. Debe su nombre al empresario estadounidense Henry Meiggs, que participó en la construcción de líneas férreas, y que donó los terrenos para la creación del barrio en 1872. Sus construcciones se distinguen por ser conjuntos habitacionales que albergaron la gran población rural que llegó a Santiago hacia fines del siglo xix. Barrio Chino de Santiago.
Desde fines del siglo XX la llegada de comerciantes y restaurantes de inmigrantes chinos le ha cambiado la apariencia al sector hacia un estilo asiático. A diferencia de otros barrios chinos como el de Nueva York o San Francisco, el barrio chino de Santiago no se formó en un comienzo como una zona residencial sino que comercial, con diferentes bodegas y locales de diferentes artículos, sin embargo desde mediados de la década de 2010 la presencia de los inmigrantes asiáticos en el barrio comenzó a crecer exponencialmente, este auge ha generado la construcción de galerías comerciales a semejanza de las que existen en China, departamentos de viviendas, supermercados con productos asiáticos y diversos restaurantes de gastronomía china que se espera en un futuro se convierta en un polo gastronómico de la ciudad de Santiago de Chile.
La ubicación del barrio chino de Santiago se encuentra en la Comuna de Santiago Centro, entre las calles Exposición, Avenida del Libertador General Bernardo O'Higgins, Unión Latinoamericana y Avenida Blanco Encalada. La entrada principal se encuentra en la calle San Alfonso en donde desde 2022 se instalaron unos Leones de Fu, cerca se encuentra la estación de Metro Estación Central de la línea 1. Además a pocos metros se ubica la Estación Central y el Terminal de Buses San Borja. El barrio tiene calles o paseos principales el Paseo Meiggs -que le da su nombre- y las calles Campbell, Garland y Salvador Sanfuentes. La evolución del barrio Meiggs, la meca del comercio navideño. La Tercera 17 dic 2010 La calle Meiggs fue bautizada en honor al potentado estadounidense Henry Meiggs, quien estructuró gran parte del ferrocarril de Chile y donó su quinta ubicada junto a la Estación Central en 1872 para lotearla. En estos terrenos, al costado oriente de la estación, comenzó a surgir un pequeño comercio incipiente asociado al tren, ya que era la principal ruta de las mercaderías desde y hacia el sur. El primer local importante que se instaló en calle Meiggs fue el del sirio Jorge Naser Kaba en 1937. Comenzó vendiendo textiles y con el tiempo su negocio se transformó en Dimeiggs, el principal local del barrio, con un holding de artículos de librería y escritorio. En la calle Meiggs se comercializaban entre los años 20 y 60 artículos de bazar, juguetes, paquetería, ropa y comida. "El flujo de público en forma comparativa a la población de entonces era parecida a la actual. Meiggs desde el comienzo fue un sector donde mucha gente aprovechaba de hacer sus compras, especialmente la que llegaba en tren o en los buses interprovinciales de la calle San Alfonso", afirma Hernán Cáceres, director de la Corporación de Desarrollo de Santiago (Cordesan). En esta época, además se instaló en la calle Conferencia un mercadillo donde vendían frutos del país (semillas, legumbres, frutos secos) y todo tipo de animales vivos como gallinas, patos, gansos y conejos. "Hasta los 60 venían en los vagones de tercera clase, agricultores de provincia con sus aves vivas a liquidarlas en el sector", cuenta Carlos Azagra, jefe de proyectos comerciales de Cordesan. Fue en los años 70 y 80 que en Meiggs surgió el comercio de útiles escolares y artículos estacionales (según la temporada: adornos en Navidad, útiles en marzo, etc.). El plano regulador de Santiago en los 80 permitió establecer bodegaje sin ninguna restricción. Las mercaderías llegaban por transporte ferroviario y rápidamente ya estaban en sus tiendas, por lo que podían vender mucho más barato. Además, comenzaron a llegar una gran variedad de importaciones desde China y otros países. Meiggs ganó su fama como el lugar de Santiago donde se vendían los productos más baratos. Durante los 90 este carácter se consolidó y, además llegaron en masa los comerciantes y distribuidores chinos y coreanos que desplazaron a la comunidad árabe establecida en el sector, que ahora arrienda sus locales. Imposible competir con los precios chinos. Ahora los chilenos son minoría. Actualmente, los inversionistas del barrio siguen apostando por la zona, como es el caso de Segundo Antúnez, que compró las propiedades de la antigua barraca de fierros Lecaros, en Blanco Encalada con Exposición y tiene proyectos residenciales y comerciales para ese sector. "No creo que pase más de tres años antes de que lleguemos hasta la calle Blanco y con eso el barrio comercial va a duplicar prácticamente su extensión y el volumen de transacciones", pronostica Cáceres. En esta temporada unas 150 mil personas llegan diariamente a hacer sus compras navideñas al bullicioso barrio Meiggs, que reúne alrededor de 3.000 patentes comerciales en las típicas calles detrás de la Estación Central . El crecimiento ha sido explosivo: el comercio se triplicó en los últimos 10 años. Incluso se han establecido grandes comercios en el sector: el mall de tres pisos Portal Exposición, entre Exposición y Salvador Sanfuentes. "Por otra parte, Dimeiggs ha crecido en forma gigantesca y tiene unos 20 locales en el barrio, además de sus tiendas en el resto del país. y ahora se está construyendo un mall chino en calle San Alfonso con Gorbea", finaliza Cáceres. En los últimos 8 años se han invertido 7 millones de dólares para dotar de iluminación, seguridad, enrejar de noche y transformar en peatonales y semipeatonales los espacios públicos del barrio. La mitad fue financiado por la Municipalidad de Santiago y la otra mitad por los comerciantes establecidos y de vía pública del sector. |
El sector del Mapocho es, además de un barrio histórico con calles que se remontan a épocas coloniales, un espacio clave de la cultura popular de la ciudad. Los límites del barrio se definió como el sector ubicado entre Plaza de Armas y Avenida Santa María. Hacia el lado sur del Mapocho confluye un menjunje de edificios históricos, establecimientos de entretenimiento popular, tiendas y comercio ambulante. Es uno de los barrios más importantes de la cultura popular capitalina. Barrio arrabalero, suele ser pasado por alto, sin embargo guarda una rica tradición, como espacio de refugio de los migrantes del campo a la ciudad, portadores de nuevas costumbres y nuevas formas de habitar la urbe. Estos rasgos han dejado su legado hasta hoy y viven en sus habitantes: las dinámicas del mercado y las relaciones que se forman en torno a este, las ferias y puestos callejeros, los vendedores ambulantes, y los vecinos, quienes conviven en un colorido y vivaz caos. Historia del Barrio Durante el siglo XVI, se establecieron guangualíes, poblaciones de indios y mestizos, quienes establecieron sus ranchos y talleres en el cauce del Mapocho. Fueron los primeros asentamientos en las riberas del río, espontáneos y sin regulación. Con el pasar del tiempo estos se masificaron pese a la persecución de las autoridades, para quienes tales comunidades no eran dignas del lugar y las declararon ilegales. Durante siglos XVIII y XIX, los mismos vecinos construyeron al sur del río calles situadas en las rampas de acceso y salida de los puentes de Cal y Canto, especialmente la vía de las Ramadas -hoy calle Esmeralda-, calle Puente y calle Sama -hoy General Mackenna-. Durante 1820, las autoridades destruyeron la mayoría de los ranchos construidos en las riberas, trasladando de forma masiva a los pobres al sur y poniente de la ciudad. En paralelo, en las riberas del río se constituyeron espacios de intercambio comercial. En parte, por los diversos molinos que se construyeron en sus orillas. Más importante, por la Plaza de Abastos, donde se concentraban los vendedores ambulantes y tenderos, y por la Vega del Mapocho. Estos dos espacios comerciales abastecían de alimentos a la ciudad, y en ellos convergían bodegueros, carretilleros, mercaderes y consumidores. Esto propició el desarrollo de locales comerciales en sus calles. Como la calle Puente, así llamada porque conducía al Puente Cal y Canto, que se especializaba en talabarterías (trabajo en cuero).
De acuerdo con el intendente Benjamín Vicuña Mackenna, el sector siempre fue plebeyo. Decía que mantuvo un desarrollo autónomo del resto de la ciudad, marcado fuertemente por los riesgos del río sin canalizar y por la apropiación de lo popular como elemento que definía a los habitantes, de forma antagónica a los aristócratas. A inicios del siglo XIX, comenzaron a aumentar las viviendas y el hacinamiento, así como ramadas, almacenes, bares y prostíbulos. Surgieron también, pese a la alta tasa de analfabetismo, imprentas y talleres tipográficos donde se publicaban periódicos. En 1872, Vicuña Mackenna propuso su proyecto de Transformación de Santiago. Uno de los principales puntos era la canalización del río con el objetivo de generar una sola ciudad, incluyendo al relegado sector del Mapocho. Mackenna creía que existían dos ciudades: la ciudad propia de la gente de bien, opulenta, ilustrada y cristiana, y la ciudad bárbara de los arrabales. Este proyecto ponía en valor el poder civilizatorio del espacio público, creando nuevas calles, estaciones ferroviarias y un nuevo paseo público donde yacían los basurales del lecho del río. Tras un incendio que afectó la Plaza de Abastos esta se clausuró, y se erigió en su lugar el Mercado Central a fin de rehabilitar el sector y de regular el comercio. Para desembocar en esta ciudad única se requería de mejores puentes. De este modo emergió el sacrilegio: cuestionar la idoneidad del viejo y vapuleado Cal y Canto. Además de deteriorado carecía de anchura suficiente, y formaba un dique que retenía las aguas y propiciaba inundaciones. Hacia mediados de siglo la migración campo ciudad -que trajo numerosos peones y sus familias, en situación de pobreza- y una serie de epidemias impulsaron reformas sanitarias. Se definió finalmente la canalización del Mapocho, con el objetivo de transformar una zona “pestilente y sucia” en un paseo atractivo y salubre. En 1857 se aprobó la ley que autorizó la canalización, pero era muy oneroso y hubo que esperar. De las obras públicas planteadas por Vicuña Mackenna e 1872 era quizás la más cara y tampoco se abordó de inmediato. Recién en 1888, con los ingentes ingresos salitreros generados por las tierras capturadas en la Guerra del Pacífico, comenzaron las obras. El diseño se basó en el proyecto del ingeniero Valentín Martínez. Fue la lápida definitiva para el maltrecho puente Cal y Canto. El barrio abandonó sus ropajes coloniales a cambio de otros modernos: se buscaba crear un “nuevo barrio”, a la altura de los mejores barrios de París y Londres. Habría alcantarillado, se expropiarían los terrenos de las riberas donde existían viviendas populares, y se pondría punto final a los basurales. A esto se sumó el desarrollo de vías de tranvías y el advenimiento del ferrocarril urbano, con núcleos en torno al mercado. En 1880, se añadió al mercado una línea férrea circunvalatoria, que conectaba este espacio con el resto de la ciudad. En 1890 se erigieron tres puentes metálicos a lo largo del río, de modo que el puente “de los Carros” quedó como conector entre el lado sur y norte del río, y aumentó aún más el tráfico del sector. Eran habituales los desórdenes y escándalos callejeros, ya que existían no menos de 20 hoteles parejeros o cafes chinos, asociados al comercio sexual y regentados habitualmente por asiáticos, origen del nombre. La prostitución en el sector alcanzó proporciones enormes para la época, junto a las cantinas clandestinas. Finalmente, la inauguración de la Estación Mapocho' en 1912, propició la última explosión de bares, hoteles y boliches. Medraban también restaurantes, boîtes, cafés, salones de baile, cabarets y fuentes de soda. En las calles abundaba el comercio de sopaipillas, tortillas, huevos duros y pan amasado hasta la madrugada. Un sinnúmero de artistas, pintores, poetas y literatos reconocidos pasaron por estos lugares: Neruda, Plath, Paschín, de La Vega, Recabarren, Rojas Jiménez, Nicómedes Guzmán, de Rokha, Mundt y tantos otros, que compartieron espacios con maleantes, cuidadores de carros, copetineras y prostitutas. El sector está conectado al metro de Santiago, a través de las estaciones: Estación Central; y Cal y Canto. Calle Veintiuno de Mayo.
Esta calle, continuación del Paseo Estado, se extiende desde Plaza de Armas hasta el Río Mapocho, donde desemboca junto al Mercado Central. Es peatonal entre Monjitas y Rosas, de alma decididamente comercial. En sus orígenes coloniales fue llamada la Calle de la Pescadería, ya que los jueves los mercaderes se instalaban a vender productos del mar. Posteriormente pasó a llamarse Calle de la Caridad, debido a la construcción del Cementerio de la Caridad, donde eran enterrados los reos fallecidos. En el siglo XIX cambió su nombre a Calle de la Nevería, debido a los múltiples vendedores de nieve establecidos en el lugar, que la traían durante el verano desde la Cordillera, arriba de Las Condes, a lomo de mula. Un producto preciado en la era pre-refrigerador, utilizado para la elaboración de helados y la conservación de alimentos (recomendado el documental sobre la última persona que aún practica esta actividad en Ecuador). Su actual nombre tiene homenajea el Combate Naval de Iquique, ocurrido el 21 de Mayo de 1879, durante la Guerra del Pacífico, en el que murió en forma heroica Arturo Prat. Calle de las Lanas El triángulo conformado por las calles 21 de Mayo y Diagonal Cervantes es un tradicional núcleo de lanerías y cordonerías. No solo acuden los santiaguinos, sino también habitantes de regiones por su gran variedad y precios. Se puede adquirir lanas de distintos tipos y artículos para el bordado y costura, así como círculos de tejido y talleres. En fin, carretes para el mundo. El año 2016 los locatarios fueron informados que tendrían que desalojar antes de fin de año para dar paso a la construcción de un centro comercial. Ya se imagina la grande que se armó, dada la tradición del rubro y el hecho de ser históricos negocios familiares. La comunidad de tejedoras se movilizó con talleres de tejido gratuitos en el barrio y se organizaron con locatarios y vecinos. Finalmente, la congregación dueña del predio (las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul) desistieron de vender los locales a la inmobiliaria interesada y se logró preservar este tradicional rincón de la ciudad. Donde Golpea el Monito Esta tienda, ubicada en el Nº707 de la calle 21 de Mayo, es una de las sombrererías más antiguas de la capital. La tienda-taller fue fundada por el asturiano José González Noriega y familia en 1915 como Fábricas Unidas Americanas de Sombreros. Conserva hasta hoy el estilo de tiendas de principio de siglo, con altas repisas, lámparas colgantes, espejos de elaborados marcos, mostradores de atención y dos vitrinas de vidrios biselados. El nombre se debe a una marioneta mecánica parisina que los dueños adquirieron en 1922. Era un pequeño muñeco vestido de “botones”, que golpea con su bastón el vidrio del escaparate. Al parecer representaba una figura afroamericana, lo que explicaría el grueso de sus labios y sus orejas. Ya se ve, en esa época la sensibilidad racial no estaba de moda. El personaje fue toda una novedad y rasgo distintivo del barrio. La gente comenzó a referirse al lugar como aquel “donde golpea el monito”. En una maniobra publicitaria, la tienda fue redenominada a Aquí Golpea el Monito", que más tarde derivó a Donde Golpea el Monito. La tienda se jacta de una inimaginable variedad de sombreros. Se mide la cabeza del cliente, y rápidamente los vendedores se dejan caer como moscas a la miel, con un sombrero o gorro a la medida exacta. A esto se suman vestimentas de tipo folclórico, como mantas huasas, cinturones, ponchos, suspensores, etc. Plazoleta de Santo Domingo
La pequeña plazoleta de la calle 21 de Mayo esquina Santo Domingo, guarda una historia mucho más interesante de lo que se podría conjeturar a primera vista. Fue uno de los primeros puntos precisados en el mapa del campamento semi-militar establecido en el siglo XVI, que hoy conocemos como Santiago. En 1565 se estableció en este sitio uno de los compañeros de expedición de Pedro de Valdivia, don Juan Hurtado, quien construyó una casa en el sitio de la plazuela, frente a la cual se instaló circa 1552 el convento de los frailes dominicos. La casona fue luego traspasada a su yerno, Andrés Hernández de la Serna. Durante la Colonia y la República, funcionó en el lugar la histórica Posada de Santo Domingo. La casona fue reconstruida múltiples veces, debido a los terremotos y a la inundación de 1783, una de las varias veces en que el Mapocho se desbordó sobre la ciudad. Es tras este último evento que se edificó el edificio tal y como aparece en las fotografías de archivo. Durante la reconquista española (1814-1817), las fondas y casas de jolgorio cerraron de súbito, ante el miedo a la represión de las autoridades realistas. Solo la Posada de Santo Domingo se mantuvo abierta, recibiendo a los patriotas que oraban por el país en la vecina iglesia y luego entraban al establecimiento. Tras la independencia, la casa volvió a ser sede de grandes celebraciones, centro de recreación y hospedaje. La Posada de Santo Domingo es mencionada por Alberto Blest Gana en su novela Martín Rivas. Es donde el protagonista se aloja en Santiago. Lentamente la posada fue decayendo, y alrededor de los 1900 derivó en taller industrial, además de locales comerciales. El conjunto existió hasta 1931, cuando finalmente fue demolido para construir una pequeña explanada que sirviera como plaza para la iglesia. Posteriormente con la instalación del tranvía, se ensanchó la calle de Santo Domingo, y se adoquinó la plaza. Se instaló una fuente de agua decorada con niños con aspecto de querubines, fue fundida en la compañía francesa J.J Ducel et fils, una antigua firma de metalurgia artística. La pieza posee características clásicas y renacentistas francesas. A sus pies se lee J.J Ducel, maître de forges à Paris. Actualmente, el lugar es conocido por sus locales de comida rápida y comerciales, además de su ubicación frente a la Iglesia de Santo Domingo. Posee asientos de roca, por lo que pueden verse trabajadores del centro descansando al horario de almuerzo, a la sombra de los edificios aledaños. Por las noches vagabundos suelen dormir allí, además de ser usada para transacciones medias turbias y prostitución. Pese a todo esto, sigue siendo un rincón de enorme valor histórico para la ciudad. Iglesia de Santo Domingo.
Este templo se encuentra dedicado a la Virgen del Rosario, y pertenece a la Orden de los Dominicos. Estos fueron la tercera congregación en llegar a Chile, tras los Mercedarios y los Franciscanos, y se instalaron en terrenos otorgados por el Rey de España, en los cuales llegaron a edificar un total de cuatro iglesias, como consecuencia de los terremotos. El primer templo fue construido en 1557 en ladrillo y cal. Quedó totalmente destruido tras el terremoto de 1575. El segundo templo fue construido en 1606 por Juan González en estilo colonial. Poseía tres naves separadas por arcos de ladrillo, muros de piedra y techumbre de madera, pero se derrumbó tras el terremoto magno de 1647. El tercer templo corrió la misma suerte: fue inaugurado en 1677 y destruido por el terremoto de 1730. La cuarta y definitiva iglesia inició su construcción en 1747, con el diseño del maestro en cantería Juan de los Santos Vasconcellos junto a Manuel Caballero y un grupo de canteros portugueses, contratados especialmente para trabajar las piedras del Cerro Blanco (en base a las cuales se construyó el templo). Aun cuando fue inaugurada en 1771 las obras prosiguieron por el arquitecto Joaquín Toesca entre 1795 y 1796, quien se hizo cargo de fachadas e interiores. Toesca, con sus propias manos, entabló el cielo de la iglesia, manteniendo el diseño original del edificio y respetando la idea del proyecto inicial. Tras el levantamiento de las dos torres de ladrillo estucado, las obras se dieron por finalizadas en 1808, con el levantamiento de sus dos torres. La iglesia posee un estilo neoclásico con detalles neobarrocos, y arquivoltas con un claro sello americano. La construcción es de bloques de piedra sin recubrimiento. La planta es de tipo basilical (es decir alargada, con una nave principal y dos laterales menores). La central, construida con una bóveda de cañón, es más amplia y cuenta con un ábside y crucero. Las naves laterales están construidas con dinteles de madera a la vista, y poseen ventanas abocinadas para facilitar la iluminación. Algo más de ocho décadas después y luego de un incendio, fue modificado el interior del edificio con la instalación de una bóveda falsa de tablas bajo los envigados de la nave. En 1963, un nuevo incendio afectó al templo, siniestro que destruyó las reliquias históricas y artísticas del interior. La obra gruesa de la iglesia se salvó gracias a sus gruesos muros de piedra. El templo fue declarado Monumento Nacional en 1951. Su fachada principal posee molduras y pilastras, con cuatro esculturas que representan a los domínicos Pío V, Santa Catalina de Siena, Tomás de Aquino y Santa Rosa de Lima. Posee también una inscripción que dice Hic est domus Domini firmiter aedificata. Anno Domini 1808 (Esta es la casa del Señor sólidamente edificada. Año del Señor 1808). El ático presenta tres esculturas; al centro una de la Virgen del Rosario, y a los costados las de San Francisco de Asís y Domingo de Guzmán. Todas estas esculturas fueron realizadas por el escultor italiano Carlucci en 1878. En la nave lateral izquierda se encuentran las figuras de la Virgen del Carmen y San Martín de Porres. En la nave lateral derecha se encuentran las figuras de la Crucifixión, Pancracio de Roma y Teresa de los Andes. En el altar mayor se encuentra una figura de Nuestra Señora del Rosario. Junto al altar mayor se encuentran las figuras de San Francisco, Santa Rosa de Lima y Santo Domingo. Calle Rosas.
Esta calle debe su nombre a un beaterío. Alrededor de 1680 un grupos de mujeres piadosas reunidas en oración eran apodadas rosas. Su lugar de residencia era, por tanto, conocido como la Calle de las Rosas. El beaterío dio origen a un monasterio en 1754, cuando llegaron del monasterio de Santa Rosa de Lima, monjas dominicas. A principios del siglo XX, producto de un fraude, la comunidad perdió su casa, y finalmente se establecieron en la comuna de las Las Condes. Es desde ese momento que comienza a modificarse el uso de los predios, hasta llegar al uso comercial que se conoce hoy. Desde hace varias décadas, esta calle es conocida como el distrito de las manualidades de Santiago. Se pueden encontrar botonerías, bisutería, pintura, librerías, papelerías, encintados, telas y bordado, entre otros. Desde la calle se puede acceder a las Galerías Las Rosas (más conocida como la de los botones) y Las Flores, que cobijan una multiplicidad de pequeñas tiendas en su interior. Un paraíso para cachurear. Mercado Central. El Mercado Central concentran 241 locales de casi cualquier cosa que termine en "ía": marisquerías, pescaderías, fruterías, yerberías, carnicerías, botillerías, fiambrerías, panaderías y queserías. Para dar variablidad fonética hay también farmacias, una joyería, y restaurantes. Estos últimos son reconocidos por sus recetas tradicionales criollas. Entre las especialidades destacan platos típicos basados en productos del mar, como el mariscal, la paila marina y el pescado frito. Un lugar clave del patrimonio culinario chileno (y de quienes necesitan de un lugar abierto al amanecer para pasar la resaca). La manzana donde se encuentra emplazado fue durante la colonia una cancha de desperdicios llamada Basural de los Domínicos. De hecho, se escogió como lugar para edificar el Palacio de La Moneda hasta que descubrieron que los siglos de desechos habían vuelto del terreno un flan. Es por orden de Bernardo O’Higgins en 1817 que el terreno fue limpiado y acondicionado para trasladar al mercado original de la Plaza de Armas, debido al desorden y suciedad que los vendedores generaban en el sector. La explanada fue destruida en un incendio en 1864, lo que condujo a las autoridades a levantar un proyecto definitivo: la Plaza de Abastos de Santiago. El nuevo proyecto consistía en dos partes: una plaza interior, diseñada por el arquitecto Manuel Aldunate, y el diseño del edificio que la contenía, por Edward Woods y Charles Henry Driver. El edificio fue proyectado en base a hierro y acero, recientemente introducidos en el país. Así, se define un núcleo central techado, con una compleja armazón metálica -forjada en el Reino Unido- y sustentada en albañilería de ladrillo y arcos de medio punto, que permitía el ingreso de luz interior y un sistema de ventilación cruzada. Definía en su centro un cuadrilátero con una fuente de agua. En 1868 comenzaron las obras a cargo del arquitecto Fermín Vivaceta y el contratista Juan Stefani. Fue inaugurado el año 1872 por el presidente Federico Errázuriz Zañartu. Se lo consideró en el momento como uno de los edificios públicos más hermosos, por su escala, uso y aplicación tecnológica. En 1884, la Municipalidad inició la construcción de un anillo perimetral con nuevos locales, siguiendo la línea de edificación de la manzana. En ese anillo se encuentran los locales de pescados y mariscos. Alrededor del 1900 se instaló luz eléctrica, servicios higiénicos y lavadores para las pescaderías. Entre 1927 y 1930 se demolió el frente norte del segundo anillo, según la ley de canalización del Mapocho. En 1983, se llevó a cabo una restauración general del edificio, y fue declarado Monumento Nacional el año siguiente. En 1990 fue vendido por la Municipalidad a los locatarios, quienes organizaron una copropiedad obligada a respetar el estatus de Monumento Nacional, estatus que demanda especial cuidado con el mantenimiento, uso e intervenciones. En 2004 el entorno del Mercado Central fue intervenido a fin de realzar su valor patrimonial y revitalizar la vida urbana del sector. No se pierda las empanadas chilenas del Emporio Zunino, fábrica de dos hermanos inmigrantes italianos que data de 1930, ubicada en la esquina suroeste del mercado (Puente 801). Han sido ya varias veces premiadas por el Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile con el galardón de las “5 mejores empanadas chilenas”. Encontrar un espacio en la barra en la hora de almuerzo es toda una hazaña, pero vale toda la sangre, sudor y lágrimas. También se puede dañar al hígado con pastas y quesos. La Tostaduría Puerto Rico es la más antigua de Santiago, con más de 90 años de funcionamiento. Deléitese con una amplia variedad de hierbas, condimentos, té, café, mate y frutos secos, entre otros. Estación 6: La Piojera
Este afamado local de Aillavilú 1030 se ha establecido como la tradicional chichería-restaurante de Barrio Mapocho. Sus dueños, la familia Benedetti, lo ha conservado por más de tres generaciones.Dentro de este tugurio hay tragos y comida criolla, y un look' que pareciera extractado de una ramada o chingana, con banderas y escarapelas patriotas entre pipas y barriles, así como letreros pintados a mano. En años recientes se volvió un atractivo turístico y buque insignia de la puesta en valor de la cultura guachaca, con lo que cambió el público y sus características originales de picada tipo antro.
La historia del establecimiento esta fuertemente enlazada a la de la calle Aillavilú, llamada antiguamente "Calle de Zañartu" porque en el siglo XVIII precisamente frente a la chichería se emplazaba la casa de vigilancia de las obras del Puente de Cal y Canto del corregidor Luis Manuel de Zañartu. No hay cómo saber si este local sería el que después ocupase la piojera, pero da a entender que esta calle desde sus inicios fue dominada por los bares y cantinas, además de casas de remolienda. Oreste Plath en El Santiago que se Fue indica que los orígenes de la cantina se remontan a la Guerra del Pacífico, y que el restaurante actual nace hacia 1916, sobre un boliche que ya llevaba 60 años de vida. La versión más aceptada sobre el nombre del local, y que es la que registra la web oficial del tugurio, remite a un berriche del presidente Arturo Alessandri Palma. En 1922, al ser llevado a ese local tras una ceremonia en la Escuela de Detectives rugió iracundo apenas entró ¡¡Y a esta piojera me trajeron!. Otra versión sugiere que en la chichería picaban piojos grandes y chicos
El trago más famoso del local es el terremoto, copete nacional extraoficial. Esta bomba gastrointestinal está conformada por vino pipeño, helado de piña, fernet o granadina. A esto se ha sumado la versión con menta o maremoto. Antes del boom del terremoto y sus variedades, se vendían vinos y chichas de San Javier, así como pipeños blancos, borgoñas, colas de mono y ponches de culén. Esta última, tradicional bebida campesina muy popular en las picadas de barrio de los mercados santiaguinos. Por muchos años los locales del barrio no poseían cocinerías propias, por lo que el callejón se llenaba de comerciantes que ofrecían tortillas, pequenes, pan amasado y huevos duros. Otra opción era comprar mariscos en el Mercado Central, y llevarlos al local para desconcharlos y comerlos con limón. Posteriormente La Piojera incorporaría una cocinería, por lo que hoy abundan en el menú preparaciones como el pernil, prietas y longanizas, huevos duros, empanadas de horno y bifes a lo pobre. Además de Alessandri Palma, otros jefes de estado pasaron por el lugar, como Juan Antonio Ríos, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende Gossens y Eduardo Frei Ruiz-Tagle. A esa lista se suman el cantante de ópera Ramón Vinay, el pintor Arturo Pacheco Altamirano, el escritor Francisco Coloane, y diversos clubes como la Hermandad de los Patos, conjuntos musicales y agrupaciones deportivas. Estas visitas están capturadas en fotografías que decoran el muro tras la barra. La Piojera ha logrado sobrevivir pese a los cambios de su entorno y al acoso de proyectos inmobiliarios. Tal fue el caso del intento de cierre en 2003, para demolerlo y construir un centro comercial. El piojicidio fue repelido por las organizaciones vecinales y los dueños. En ese momento el Movimiento Guachaca, en una parodia a Monumentos Históricos Nacionales tituló al sitio como Monumento de los Sentimientos de la Nación Ex - Hotel Bristol. La construcción de este edificio data de 1913, cuando fue encargado por el comerciante Humberto Quennette al arquitecto español José Forteza Ubach, reconocido por el diseño del desaparecido Palacio Undurraga, mansión neogótica proyectada a semejanza del City Hall de Múnich, demolida en 1975 y reemplazada por una mole borrosa y fome. Este inmueble hunde sus raíces en el furor comercial y hotelero que trajo consigo la revolución ferroviaria de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Estas obras fueron a su vez resultado del proyecto Circunvalación de Santiago, impulsadas por el programa para "La transformación de Santiago" del antiguo intendente Vicuña Mackenna. El espacio se consolidó con la construcción y posterior inauguración de la Estación Mapocho en 1914. El edificio proyectado se caracteriza tanto por su emplazamiento como por su volumetría,. Actúa como un "edificio rótula", que articula la trama geométrica del damero en su encuentro con el Río Mapocho y el Parque Forestal. Su estilo es representativo de la arquitectura chilena Neoclásica de comienzos del siglo XX. Logra integrar a la Estación Mapocho a través de su escala, el tratamiento de su fachada y el ritmo de sus vanos, estableciendo en conjunto un umbral para los inicios de la Avenida Presidente Balmaceda. En 1934 el edificio cambió de propietario y quedó en manos del empresario León Durandin, quien lo reinauguró bajo el nombre de Hotel Bristol. Era un elegante recinto donde culminaban los viajes de pasajeros y turistas del tren que provenía desde Valparaíso. Sus reconocidos bar y restaurante chileno-italiano eran una invitación a pasar, tal como lo eran los influyentes locales comerciales del primer piso que atendían a los transeúntes a través de los vanos de su fachada. La proximidad del edificio a la Estación Mapocho, fueron la clave del éxito, que lo convirtió en uno de los hoteles más reconocidos de la capital, receptor de una flujo constante de clientes nacionales e internacionales. Sin embargo, con el cese de funciones de la Estación Mapocho en 1987 perdió clientela en forma brusca. El comercio del primer piso migró y sus vanos se convirtieron en ventanas exteriores. Las actividades hoteleras finalizaron cuatro años más tarde, año en que el edificio fue adquirido por la Ilustre Municipalidad de Santiago. Fantasma de la Ex-Garita Mapocho.
En la época en la que el tranvía atravesaba el río Mapocho por el puente de los Carros, la estación era un punto central en el intercambio de pasajeros. La Compañía de Ferrocarril Urbano estableció corrales y talleres para sus tranvías. En la plaza, de cara a la imponente fachada de la estación, se hizo instalar una casa techada que se volvió símbolo del barrio: la Garita Mapocho. Era una especie de cobertizo con kiosko interior para informaciones. Los pasajeros esperaban aquí los tranvías, que seguían por avenida Cardenal Caro o hacia la Chimba. Alrededor del paradero carteles luminosos anunciaban: Venga, tome aquí su tranvía. Juan Luis Espejo en sus Relatos del Santiago de Entonces narra la existencia de un enorme cartel de neón con una langosta promocionando el restaurant “El Martini”, de calle Bandera. Se vendían cervezas, bocadillos y hot dogs al paso, la versión de la época de los chocolates y helados que sazonan el transporte público hoy.
La garita comenzó a deteriorarse pasada la edad dorada del tranvía, incapaz de enfrentarse a la locomoción movida por motores. La convivencia con los autos la volvió un punto peligroso para los pasajeros. Acabó retirada a mediados de siglo. Por desgracia no existe huella alguna de su ajetreada presencia, ni de la vida que se generó en torno a ella. Estación Mapocho.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, durante la intendencia de Benjamín Vicuña Mackenna, Santiago vivió un complejo cambio urbanístico. Era necesario mejorar la infraestructura y equipamiento de las emergente población periférica que trajo consigo el proceso de industrialización. Se estableció un programa llamado “La transformación de Santiago” que fijó una “cintura de hierro" (o "camino de cintura") que ceñía a la capital. El trazado de la línea de ferrocarril de la Circunvalación de Santiago definió los límites de la ciudad de la época y estableció las líneas de conectividad a través de las cuales se distribuían los insumos y se desplazaba la mano de obra para la actividad productiva. Se volvió un elemento clave para el desarrollo periférico y económico de la urbe. La inauguración del Ferrocarril Santiago-Valparaíso en 1863 en conjunto con las obras de la Circunvalación de Santiago impulsaron vigorosamente el comercio periférico. Si bien el ferrocarril llegaba solo hasta Estación Central, los bienes que transportaba eran repartidos desde esta y desde su estación anexa en el Barrio Yungay. La estación de Yungay alimentaba a su vez al antiguo Mercado de Abastos ubicado al norte de Santiago, en la ribera del Río Mapocho. En 1872 se edificó sobre ese viejo recinto el Mercado Central de Santiago, y en sus alrededores se asentó una zona libre de comercio y mercaderes. La actividad impulsó la construcción de una nueva estación, más cercana a este nodo comercial, que se concretó en 1888 bajo el nombre de Estación Mercado. Era un ramal de la Estación Yungay, localizada entre Teatinos y Avenida Presidente Balmaceda, a cuatro cuadras del mercado. Junto a las obras de transformación de Santiago impulsadas por el incansable Mackenna tuvo lugar la canalización del Río Mapocho (1886 - 1891), desarrolladas por el ingeniero Valentín Martínez. El trabajo involucró el espacio entre el camino de cintura oriente -hoy Plaza Italia- y el puente de Ovalle-Hornillas, hoy Vivaceta. Las quintas y peladeros en los que se desarrollaban robos y otros delitos se convirtieron en un terreno apto y razonablemente seguro para la construcción de futuro equipamiento para la ciudad. Esto dio pie, entre otras cosas, al Parque Forestal, originado a partir de los jardines del Museo de Bellas Artes diseñado por Emile Jecquier e inaugurado en 1910. En 1904, favorecido por la canalización del Mapocho y el embrionario Parque Forestal, se decidió remodelar el antiguo ramal ferroviario de la Estación Mercado trasladándose hacia unos nuevos terrenos frente a la calle Bandera. Esta nueva estación estuvo a cargo del arquitecto Emile Jecquier, quien inició la construcción en 1905 con el propósito de inaugurarla con motivo del Centenario de la Independencia en 1910. Se comisionaron estructuras metálicas diseñadas por el arquitecto a la Compagnie Centrale de Construcciones Hayne Saint Pierre en Bélgica. Fueron necesarias para el levantamiento de las bóvedas interiores del hall de distribución y las marquesinas laterales. En diciembre de 1976, la Estación Mapocho fue declarada Monumento Nacional. En febrero de 1986 se cerró como estación de ferrocarriles. Hoy la Estación Mapocho es uno de los centros de eventos más importantes de Santiago. Aloja toda clase de eventos y exposiciones, desde programas arquitectónicos, literarios, deportivos, de diseño y geeks, entre otros. Puente de Cal y Canto.
El puente de Calicanto, o de Cal y Canto, fue un puente construído sobre el río Mapocho, con la finalidad de conectar ambas laderas e integrar el sector de La Chimba (ladera norte, actuales comunas de Recoleta e Independencia) a la ciudad de forma segura, ya que los puentes anteriormente construidos (uno de cal y ladrillo, y otro de madera) fueron destruidos con las crecidas del río. Obra del corregidor Luis Manuel de Zañartu, es considerada una de las mayoras obras arquitectónicas en la historia de Santiago, y fue un símbolo y paseo de esta hasta su demolición. El puente fue construido bajo el mando del corregidor, con la ayuda de los ingenieros José Antonio Birt, Juan Garland y Leandro Badarán y sus trabajos iniciaron en 1767.
Inaugurado en 1780, medía 202 metros de largo, elevándose más de 12 metros sobre la altura del río, y contando con nueve arcos de 9 metros de altura. Su estructura estaba hecha de cal y rocas traídas de las canteras del Cerro Blanco, y para pegarlos se utilizaron miles de claras de huevo. Con el paso del tiempo se volvió un símbolo para la ciudad, y conector de núcleos comerciales. A los costados del puente se instalaron garitas con tiendas, donde se podían encontrar frutas, baratijas, dulces y otras confecciones. Llegó a contar con cinco boticas, dos panaderías, bodegas de vinos, relojerías, sombrererías, talabarterías y hasta la imprenta del periódico La Estrella de Chile. El año 1888 fue minado y derrumbado, con la finalidad canalizar el río, y construir nuevos puentes que permitieran la construcción de vías de tranvía. El derrumbe de este impactó tanto a la sociedad de la época, que Joaquin Edwards Bello llegó a señalar la demolición del puente como una de las grandes catástrofes de nuestra historia. Hasta hoy se pueden encontrar vestigios de este puente, principalmente en la estación de Metro que lleva su nombre, ya que a mediados de los ‘80, durante la construcción de dicha estación, se encontraron restos de su estructura. |
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