Patrimonio Nacional. |
Bienes administrados por Patrimonio Nacional. Reales Sitios
Conventos y monasterios de patronato real
Museo
Otros reales patronato
Otras residencias reales Algunas residencias reales utilizadas en tiempos recientes o que aún utilizan los reyes de España son muy conocidas pero no están administradas por Patrimonio Nacional, sino que dependen de administraciones locales:
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El Patrimonio de la Corona. |
Historia El Patrimonio de la Corona (también llamado Real Patrimonio) es el nombre que recibió, en el siglo XIX y hasta 1931, la institución que gestionaba todas las propiedades pertenecientes a la Corona de España. Dichas propiedades incluían palacios, monasterios, fincas diversas y bienes muebles como pinturas, objetos de arte o mobiliario. Se englobaba dentro de la Real Casa y Patrimonio de la Corona de España y es el antecedente directo del actual Patrimonio Nacional.
Hasta finales de la Edad Moderna, en la mayoría de las monarquías europeas, la separación entre los bienes de la corona y los bienes privados del rey era bastante difusa, a fin y al cabo, el soberano, aparte de ser jefe del estado también era un señor feudal. Sin embargo, a principios del siglo XIX fue apareciendo la noción de patrimonio cultural, y la percepción de que el Estado debía hacerse cargo de su conservación y gestión. En 1812, siguiendo la estela de la Revolución francesa, la Constitución de Cádiz estableció que los bienes del soberano eran propiedad del Estado. Dicha percepción contrastaba con la realidad, José Bonaparte había dispuesto de los bienes de la Corona como si fueran suyos propios, decidiendo fundar el Museo Josefino o vendiendo algunas joyas y objetos sagrados situados en el Palacio Real de Madrid. Como soberano absoluto que fue, Fernando VII gozó de plena disposición de los bienes, solo sujetos a su voluntad, sin embargo, a él se debe una de las decisiones más trascendentes de toda la historia cultural de España. A instancias de su segunda esposa, María Isabel de Braganza, dispuso la fundación del Real Museo de Pintura y Escultura en 1819. Las obras del nuevo establecimiento eran todas aquellas que, dada su antigüedad, no encajaban con las nuevas tendencias estilo Imperio con las que Fernando VII redecoró sus residencias, en especial el Palacio Real de Madrid. El museo se instaló en el Real Gabinete de Ciencias del Buen Retiro, edificio también propiedad de la Corona. La primitiva sede del museo debía haber sido el palacio de Buenavista, sin embargo, éste había sido vendido al Ejército en 1816. El público podía acceder al museo cada miércoles de nueve a dos. El rey y la familia real disponían para su uso particular un Salón de Descanso (actual Sala 39) y un Retrete. A finales del mismo reinado, sin embargo, varias instituciones reales fueron desvinculándose progresivamente del patrimonio de la Corona, pasando a ser administradas por el ministerio de Instrucción Pública, como las reales academias, el Real Conservatorio de Arte y Música o los archivos reales de Barcelona, Sevilla, Simancas y Valencia. Durante las primeras décadas del reinado de Isabel II, y especialmente durante la revolución liberal (1836-1838), la tendencia iniciada a finales del reinado de su padre se afianzó y varias instituciones dejaron de ser "reales" para convertirse en "nacionales", desvinculándose, por lo tanto, completamente de la Corona. Así, por ejemplo, la Real Librería Pública se convirtió en Biblioteca Nacional en 1836 en oposición a la Real Biblioteca que seguía siendo propiedad del soberano. Lo mismo ocurrió con el Real Museo de Ciencias Naturales, que en 1847 se convirtió en el Museo de Historia Natural. Asimismo, en 1838 también tuvo lugar la fundación de otro importante museo en Madrid, el Museo de la Trinidad, donde se expusieron pinturas y esculturas provenientes de las desamortizaciones. La propiedad de dicho museo era estatal, en oposición al Museo del Prado, cuyas obras pertenecían a la Corona. Otro de los museos propiedad de la monarquía era la Real Armería situada delante de la fachada sur, o de mediodía, del Palacio Real y dependiente del Caballerizo Mayor de Palacio. En 1849, el museo fue abierto por primera vez al público que podía visitarlo todos los sábados de una a tres. El asunto de los inventarios A falta de una ley específica sobre el Patrimonio de la Corona, dichas propiedades continuaban encontrándose en un limbo entre la propiedad estatal y la propiedad privada. Esta ambigüedad se haría especialmente patente durante la regencia de la reina María Cristina (1833-1840). La regente consideraba que el Patrimonio de la Corona tenía una dimensión más personal y señorial, mientras el nuevo gobierno liberal opinaba que éste debía tener un valor más público y nacional. Tal conflicto quedaría ejemplificado con el llamado "asunto de los inventarios". Antes de fallecer, Fernando VII había ordenado hacer unos inventarios con todos los muebles, enseres y joyas contenidos en los palacios reales; en dichos inventarios se especificaban aquellos bienes que permanecerían vinculados a la Corona y aquellos de libre disposición, o sea vendibles. Sin embargo, los inventarios, que habían sido anexados al testamento del difunto rey, nunca aparecieron. Las investigaciones subsiguientes apuntaron a la intervención de la propia reina regente en su desaparición. Cuando la regente tuvo que partir al exilio a París en 1840 y el general Espartero subió al poder, el nuevo intendente del Patrimonio se encontró con que varios objetos habían desaparecido, presuntamente se los había llevado María Cristina, entre ellos habían joyas (sí se encontraron los setecientos estuches vacíos) o muebles renacentistas del viejo Real Alcázar que luego se vendieron en Londres y París. El asunto de los inventarios muestra hasta que punto entraban en conflicto dos percepciones del Patrimonio de la Cornoa, una absolutista y personalista y la otra liberal y pública. Tal conflicto también tuvo sus ramifica ciones respecto al Museo del Prado, ya que Fernando VII había dejado en herencia a sus hijas, Isabel II y la infanta Luisa Fernanda, la propiedad de todos los bienes muebles, lo que incluía las colecciones del Prado. Para evitar que la colección pudiera dispersarse, el duque de Híjar, director del museo, propuso que la soberana pagara a su hermana por la compra de su mitad, cosa que se produjo en 1843, una vez alcanzada la mayoría de edad. La Ley del Patrimonio de la Corona de 1865 Desde 1845, el duque de Híjar había propuesto la creación de una ley que regulara el patrimonio de la Corona y que estableciera que todos los bienes inmuebles así como los muebles y pinturas contenidos en los reales palacios y museos fueran inalienables. El Patrimonio de la Corona debía pasar, por lo tanto, de un soberano a otro, sin que ningún monarca pudiera vender o alienar alguna de sus partes a capricho. La nueva ley excluía definitivamente diversas academias, bibliotecas y museos, antes vinculados a la Corona y ahora propiedad del ministerio de Instrucción Pública en virtud de la Ley Moyano de 1857. También se desvinculaba del patrimonio real el Casino de la Reina, que se convirtió en la sede del nuevo Museo Arqueológico Nacional, los reales sitios de La Isabela y San Fernando de Henares y varios edificios que eran usados por el Ejército, como las Reales Caballerizas de Córdoba, el Alcázar de Toledo o la Montaña del Príncipe Pío. La nueva ley listaban las siguientes propiedades como parte del Patrimonio de la Corona: En Madrid
En otros lugares del territorio
Los monasterios de patronato real
La nueva ley establecía que todos los bienes muebles situados en el interior de las propiedades también integrarían en Patrimonio de la Corona. Asimismo se constituía, aparte, un patrimonio privado del soberano, que era todo aquello comprado con su dinero, de libre disposición y sujeto, al contrario que el Patrimonio de la Corona, al pago de impuestos y a las regulaciones de la propiedad privada. Por último, el texto disponía que varias propiedades (predios rústicos y urbanos) serían vendidos, del total de esta venta el 75% iría a parar al Estado y un 25% a la reina. Tal disposición causó una amplia polémica entre los progresistas y los republicanos y su consecuencia directa fue la llamada Noche de San Daniel. Una vez más, se ponía a debate a quien pertenecían los bienes de la Corona: al soberano que los cedía a la nación o viceversa. Este polémica eclipsaría el importante avance que suponía esta ley, al dotar al patrimonio real de una legislación propia por primera vez. El Sexenio Revolucionario Después del derrocamiento de la reina Isabel II, el nuevo gobierno provisional procedió al secuestro de los bienes del Patrimonio de la Corona. Más de un año después, en diciembre de 1869, se aprobó una ley según la cual el patrimonio "que fue de la Corona" pasaba a ser propiedad del Estado, siendo administrado por el Ministerio de Hacienda. Parte de ellos se dedicarían al "uso y servicio del Rey" (Amadeo I de 1870 a 1872), el resto se vendería o se cedería a otras administraciones. El soberano también percibiría, por primera vez, de una asignación atribuida y controlada por el Estado. Entre las propiedades desvinculadas por completo del "uso y servicio" del nuevo soberano había:
También hubo varios proyectos que no se llevaron a cabo: en El Escorial se quiso abrir un Museo de Tapices con aquellos más representativos provenientes de las colecciones reales, se decretó que las bibliotecas del monasterio y del Palacio Real de Madrid deberían abrirse al público y se nombró un conservador de los carruajes de las Caballerizas Reales, cosa que anunciaba una futura musealización. |
La restauración borbónica y la monarquía alfonsina La nueva ley de 1876 Tras el fin de la Primera República y el ascenso de Alfonso XII al trono, la gestión de los bienes de la Corona fue devuelta al soberano. Los bienes reales fueron dotados, una vez más, de un régimen jurídico especifico, se optó por un compromiso: el nuevo Patrimonio de la Corona estaría integrado por los bienes descritos en la Ley de 1865 menos aquellos "enajenados ó dedicados a servicios públicos" durante el Sexenio (descritos más arriba). Del mismo modo, en la nueva ley de junio de 1876, se aprobaba la ampliación de los monasterios bajo patronato real:
La nuevas musealizaciones Como consecuencia del la segregación del Museo del Prado de los bienes de la Corona durante el Sexenio revolucionario, a la monarquía solo le quedaron dos museos después de 1875: la Real Armería (abierta en 1849) y el Museo de Tapices de El Escorial (proyectado en 1869 pero jamás abierto). Estos dos museos concentrarían la mayor parte de las actuaciones en las décadas venideras. En 1878, el rey, impresionado por otras armerías europeas, encargó al conde de Valencia de Don Juan la reforma y reorganización de la Vieja Real Armería situada delante del Palacio Real, sin embargo, en 1884, pocos días antes de su inauguración, un incendio destruyó la techumbre del edificio y dañó parte de las colecciones. El incendio coincidió con un época de grandes transformaciones urbanísticas alrededor de la Plaza de la Armería o de Armas, como el inicio de la construcción de la catedral de la Almudena o la prolongación de la calle de Bailén. Se decidió entonces derribar el viejo edificio de los Austrias e instalar la nueva armería en el ala oeste de la plaza homónima. El espacio de la Vieja Armería fue ocupado por una nueva verja diseñada por Enrique Repullés y terminada en 1893. La nueva Real Armería fue inaugurada, por su parte, en 1898, ya bajo la regencia de la reina María Cristina de Habsburgo. Paralelamente, José Florit, ayudante del conde de Valencia de San Juan, había empezado a gestionar la musealización de ciertas zonas del monasterio de El Escorial: en la Sacristía se instalaron vestidos y ajuares y en las Salas Capitulares distintas pinturas. A partir de 1902, Florit empezó la recreación de las estancias de Felipe II en el Palacio de los Austrias, eliminando toda la decoración posterior de los siglos XVIII y XIX. Dichas restauraciones y musealizaciones no estaban exentas de simbolismo, pues en las décadas posteriores al desastre de 1898, se trataba de ofrecer un rememoración del Imperio español y un modelo a seguir (Felipe II) para el joven soberano Alfonso XIII. A finales del siglo XIX y en los albores del XX, además de la Real Armería y El Escorial, diversos Reales Sitios podían ser visitados cuando la corte no se encontraba en ellos y previa solicitud a la administración del Patrimonio de la Corona. Este era el caso de los palacios de La Granja o El Pardo. En 1926 se produjo la única alteración en la lista de propiedades del Patrimonio de la Corona, con la incorporación del Palacio Real de Pedralbes de Barcelona. |
Epílogo: el Patrimonio de la República Con la caída de la monarquía alfonsina, se repitieron los procesos que en 1868: el Patrimonio de la Corona fue puesto bajo la tutela del ministerio de Hacienda y renombrado "Patrimonio de la República" mientras que todos los antiguos reales patronatos pasaron a estar bajo la administración del ministerio de Gobernación. También en 1931 se procedió a la cesión de propiedades: I).-El Real Sitio de la Casa de Campo, coto de caza, finca agrícola y vivero, se cedió la ayuntamiento de Madrid que lo convirtió en parque abierto al público. II).-Los jardines del Palacio Real o del Campo del Moro también fueron cedidos al ayuntamiento y abiertos al público. III).-El Palacio Real de Pedralbes fue donado al ayuntamiento de Barcelona que instaló en él el Museo de las Artes Decorativas. IV).-El Real Alcázar de Sevilla y sus jardines se transfirieron al ayuntamiento de Sevilla. V).-el Castillo de Bellver y su bosque adyacente fueron cedidos al ayuntamiento de Palma de Mallorca y convertidos en Museo de Historia de la Ciudad y parque público, respectivamente.
El resto de propiedades del Patrimonio de la República fueron reguladas por una ley de marzo de 1932 que establecía que su principal uso sería "científico, artístico, sanitario, docente, social y de turismo". Bajo la égida de Ricardo de Orueta, director General del Bellas Artes, se procedió a una reorganización, como la del Archivo de Palacio y la de los instrumentos y partituras de la Capilla Real. También se buscó un conservador especializado para gestionar los palacios y sus colecciones, la plaza de "Conservador Artístico de Museos y Palacios de Patrimonio de la República", sin embargo, nunca fue cubierta. A causa de la inestabilidad política, tampoco se llegaron a realizar nunca los previstos Museo de Colecciones Reales, Museo Nacional del Coche o el Museo de Armas y Tapices. Una de las actuaciones más polémicas de la nueva administración fue, posiblemente, el derribo de las Caballerizas Reales construidas por Sabatini durante el reinado de Carlos III. Si el Palacio Real ganaba una nueva perspectiva (la norte) y unos nuevos jardines, también se perdía un importante edificio histórico.
El Patrimonio de la República también compaginó su uso museístico con el institucional. El Palacio Real, renombrado "Palacio Nacional", se destinó a actos oficiales del presidente de la República, como los consejos de ministros o las credenciales de embajadores. Por su parte, La Granja se convirtió, al menos sobre el papel, en residencia estival del presidente y El Pardo se destinó, también, a un uso residencial y a la recepción de jefes de estado extranjeros. Manuel Azaña usó considerablemente la Quinta del Duque del Arco durante su presidencia. Tras el estallido de la Guerra Civil y durante el Sitio de Madrid, se procedió a la evacuación de parte de los tesoros del Patrimonio de la República a Valencia y a otras ciudades de España. No obstante, el Palacio Real sufrió importantes daños en sus fachadas a causa de los bombardeos del bando sublevado, también las placas de porcelana del "Salón del fumar oriental" fueron seriamente dañadas. Una vez terminada la contienda, el general Franco promulgó una ley en abril de 1939 en la que el Patrimonio de la República se convertía en Patrimonio Nacional, sin que nadie cayera en la cuenta de la posible confusión de nombres que podría haber con el patrimonio histórico-nacional. El nuevo nombre, sin embargo, eliminaba cualquier referencia monárquica o republicana. La nueva institución mantenía gran parte de la estructura establecida en 1932 y seguía dependiendo directamente del Estado, pero reincorporaba los monasterios de patronato real. |
Guía de los Reales Sitios de Madrid donde conocer la realeza de primera mano. Por Clara Valles 16 de enero de 2024 |
REAL SITIO.
Los Reales Sitios están ordenados del más lejano al más cercano de la villa de Madrid, además fuera de Provincia Madrileña. A pesar de que hay muchos lugares fundados por la familia real en diferentes puntos del país, la mayoría se concentran en el centro de la Península por una cuestión práctica: estar cerca de los reyes para cubrir sus necesidades. 1. PALACIO REAL DE LA GRANJA DE SAN ILDEFONSO. El rey Felipe V de España, de apodo “el animoso”, se enamoró del bosque que rodeaba Segovia, más en concreto, del Valle de Valsaín. Los reyes anteriores a Felipe utilizaron estos pinares como zona de caza y de recreo hasta que él, en 1720, decidió comprarle los terrenos de la granja a los jerónimos para poder tener un sitio donde retirarse. Hoy en día este lugar ha sido nombrado Conjunto Histórico Monumental y es de los Reales Sitios que más visitas recibe debido a su gran parecido con los palacios franceses. Este parecido tiene un por qué: Felipe encargó al arquitecto español Teodoro Ardemans que se inspirara en los palacetes franceses donde transcurrió su infancia en el país vecino, en la corte de su abuelo Luis XIV, conocido como “Rey Sol”. Para los jardines contrató al francés René Carlier, que fue discípulo de los arquitectos de Luis XIV. Esta colaboración dio como resultado un palacio de estilo francés con toques españoles, que era la moda del momento. Con el paso de los años, el palacio fue ampliado, los jardines aún más decorados y extendidos y, a la muerte de Felipe, Real Sitio oficial de descanso de los monarcas. 2. REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DEL ESCORIAL Y EL BOSQUE DE LA HERRERÍA. El Escorial cuenta con una superficie de, más o menos, 3.000 hectáreas, se encuentra a 1.080 metros sobre el nivel del mar y forma parte, desde 1984, de la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. El rey Felipe II ideó este sitio para que aunaran en su interior los movimientos artísticos e ideológicos del conocido como Siglo de Oro español. En 1584 se dio por terminada la construcción, aunque las tareas decorativas se alargaron algunos años más. Si por algo es conocido este Real Sitio es por su multifuncionalidad, ya que tiene espacios dedicados a las residencias reales, otros para alojar a las diferentes congregaciones que han pasado por él, biblioteca, panteones, un seminario y numerosos patios. En la actualidad, son los monjes agustinos los que ocupan los pasillos del monasterio y se encargan de dirigir el colegio que se encuentra en el interior del mismo, pero en origen fueron los monjes jerónimos los que regentaban el lugar. Dados los orígenes religiosos del monasterio, es importante mencionar la curiosidad más conocida del sitio: tiene forma de parrilla. Esta estructura tan única se atribuye al mártir San Lorenzo, que murió “cocinado” en una parrilla. Debido a esto, se ganó el título de santo de los asadores y cocineros. Otra joya que se puede visitar a la vez que El Escorial es el bosque que lo rodea, el Bosque de la Herrería. Casi 500 hectáreas de bosque mediterráneo atravesado por el río Ausencia y donde animales como el corzo, el jabalí o el zorro campan a sus anchas por las colinas, además de águilas reales y milanos, entre otros muchos pájaros. En 1961 fue declarado Paisaje Pintoresco y, en la actualidad, forma parte de la Red Natura 2000 al ser una zona de interés y protección de aves. 3. COLEGIO DE LAS DONCELLAS NOBLES. Nos acercamos a Toledo para conocer la escuela donde iban las jóvenes de familias desdichadas (pobres) para recibir una formación cristiana, edificada durante el reinado de Felipe II bajo la protección del mismo. A día de hoy es una residencia universitaria, pero funcionó con los estatutos originales hasta 1988 y fue considerado uno de los mejores colegios de Europa hasta entonces. En 1900 se realizó un edificio adjunto debido al auge en importancia de la institución a finales de siglo XIX. Los encargados del diseño del edificio fueron el afamado arquitecto Ventura Rodríguez y el toledano José Hernández Sierra, designados por el arzobispo de Toledo del momento, Juan Martínez Silíceo, que está enterrado en el mausoleo del colegio. En el interior del edificio se guarda una riqueza inconmensurable con numerosos tapices de la Real Fábrica, espejos barrocos y un increíble artesonado, que contrastan con la austeridad de la sala de visitas. Es el ejemplo perfecto de que lo verdaderamente importante se encuentra en el interior. El Cardenal Silíceo fundó el Colegio de Doncellas Nobles con la visión revolucionaria de ofrecer educación de alta distinción a las clases inferiores. El co-patronazgo de Felipe II, mantenido hoy por Felipe V, lo convirtió en uno de los mejores colegios de Europa. Aunque desconocido para muchos, abrió sus puertas al público en 2015. Su ambiente colegial y tesoros arquitectónicos cautivan a los visitantes. El Cardenal Silíceo, enterrado aquí, dejó un imponente sepulcro, testimonio de su cariño por este gran proyecto, que es único en Toledo. El Colegio acogía a jóvenes de pocos recursos de la archidiócesis de Toledo, ofreciéndoles formación cristiana y humana. Felipe II aceptó el co-patronazgo, ampliando el acceso a doncellas de otras regiones. Operó bajo sus estatutos originales hasta 1988, llegando a convertirse en uno de los centros escolares más prestigiosos de Europa. Instalado en las casas de don Diego Hurtado de Mendoza, fue reformado en el siglo XVIII por Ventura Rodríguez. Adaptado en los años 90 como residencia universitaria, conserva elementos históricos y el sepulcro del Cardenal Silíceo, un destacado humanista y matemático. La capilla-iglesia el monumento es de estilo renacentista y barroco temprano, tiene planta de cruz latina y bóveda de cañón. El retablo principal, obra de Alejandro Sémino, muestra a la Virgen con el Niño, las doncellas y el fundador. También destacan los retablos barrocos de la Virgen del Pozo y San Jerónimo. El coro de colegialas, decorado con rejas que contienen el escudo del cardenal, y los medallones de santos toledanos son notables. El sepulcro del Cardenal Silíceo, esculpido por Ricardo Bellver, presenta detalles litúrgicos y virtudes cristianas. El patio, diseñado por Ventura Rodríguez, es un espacio artístico y histórico de gran valor.
Obras de ~: Liber Aritmetice practice Astrologia, Phisicis el calculatoribus admodum utilis, Parisiis, 1513; Ars arithmetica [...] in theoricen et praxim scissa, omni hominum conditionis perque utilis et necesaria, Parisiis, 1514 (ed. Ars arithmetica, dividida en teórica y práctica, utilísima y necesaria para hombres de toda condición, intr., trad. y notas de E. Sánchez Salor y J. Cobos Bueno, Cáceres, Universidad de Extremadura-Editora Regional de Extremadura, 1996); Siliceus in eius primam Alfonseam sectionem in qua primaria dyalectices elementa comperiuntur argutissime disputata, Salmanticae, 1517; Logica brevis J.M. Silicei in artibus et sacra theologia M. Nunc demum ab eodem mundior et in multis locupletata prodiit, Salmanticae, 1518; Arte calculatorio, Salmanticae, 1520; Calculatoris Suiset Anglici sublime et prope divinum opus in lucem recenter emissum, a multis quibus antes hac conspesum fuerat medii expitum et novis compendiosisque titulis illustratum novo tandem ordine quo lucidius foret digestum atque distinctum, cura atque diligentia philosophi Silicei, Salamanticae, 1520; In Aristotelis Perihermeneias, Priores, Posteriores, Topica et Elencha, Parisiis, s. f.; De divino nomine Iesu per nomen Tetragrammaton significato, In Canticum Magnificat, In Orationem Dominicam et Salutationem Angelicam, Toleti, 1550; Declaracion del Pater noster, y Aue Maria, Toledo, 1551; Defensorium Statuti Toletani, Toledo, s. f.; Opúsculos Marianos del Cardenal Siliceo, Arzobispo de Toledo, Lérida, 1891; para la correspondencia, Archivo General de Simancas, años 1535, 1536, 1544, 1545, 1556; y Biblioteca Nacional de Madrid, ms. 917, 1703, 1751. Bibl.: N. Antonio, Biblioteca Hispana nova, Madrid, Joaquín Ibarra, 1783; V. Reyes Prosper, “Juan Martínez Silíceo”, en Revista de la Sociedad Matemática Española, 5 (1911), págs. 153-156; J. Rey Pastor, Los matemáticos españoles del siglo xvi, Madrid, Biblioteca Scientia, 1926; H. Mota Arévalo, “Cuarto Centenario de la muerte del card. Silíceo”, en Hispania Antiqua Epigraphica, 12 (1956); V. P alacio Atard, “Reprimendas y dineros”, en Índice Histórico Español (1958), págs. 461-473; R. García Alonso, “Dos ediciones pretridentinas del Manual Toledano”, en Salmanticensis, 1 (1959); A. S icroff, Les controverses des statuts de “Pureté de sang” en Espagne du xve au xviiie siècles, Paris, Didier, 1960; J. M. López Piñero, Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos xvi y xvii, Barcelona, Labor, 1979; L. Santolaya Heredero, “El Colegio de Doncellas Nobles de Toledo. Algunos puntos de sus constituciones”, en Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV. H.ª Moderna, t. 7 (1994), págs. 355-364; B. J. Cobos y E. Sánchez Salor, “Un nominalista extremeño del siglo xvi: Juan Martínez Silíceo”, en M. Fernández-Daza y Fernández de Córdova, marqués de la Encomienda, M. Terrón Albarrán y A. Viudas Camarasa, El Humanismo extremeño: estudios presentados en las 1as Jornadas organizadas por la Real Academia de Extremadura en Zafra y Fregenal de La Sierra en 1996, Trujillo, Real Academia de Extremadura de las Letras y las artes, 1997. 4. PALACIO REAL DE RÍO-FRÍO Y EL BOSQUE DE RÍO-FRÍO. El siguiente palacio estuvo 100 años vacío sin nadie que recorriera sus salones o encendiera sus chimeneas, lo que lo convierte en uno de los Reales Sitios más desconocidos. Sin embargo, es de un estilo único, ya que cuenta con detalles neoclásicos inspirados en las construcciones romanas. El terreno lo compró el Rey Felipe V pero fue su mujer, Isabel de Farnasio, quien a la muerte del rey ordenó la construcción del palacio para que el hijo de ambos, Don Luis, tuviera donde retirarse. Ella era italiana, por lo que el diseño del edificio estuvo a cargo del arquitecto Virgilio Ravaglio: de aquí el regusto italiano del edificio con líneas sencillas y rectas. El palacio solo fue ocupado por el consorte de la reina Isabel II, Francisco de Asís, que lo decoró a mitad del siglo XIX, y el rey Alfonso XIII, para pasar el luto de su primera mujer. Isabel de Farnasio apenas pasó tiempo allí, ya que pronto su hijo Carlos III ascendió al trono y le obligó a volver a la capital. El palacio fue nombrado monumento histórico-artístico en 1931 junto al bosque de más de 600 hectáreas que se encuentra a escasos metros del complejo. Este bosque es una reserva biológica de gran importancia, ya que en él conviven arces, ciervos y gamos, tejones y aves como el buitre leonado y el buitre negro entre las 50 especies contabilizadas. Son, en total, 102 especies animales catalogadas, 42 protegidas y 8 en peligro. De hecho, en un principio, Felipe II arrendó el terreno como coto de caza debido al gran número de animales que habitaban en las tierras. En este momento, el bosque forma parte de la Red Natura 2000 y de la Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA) de la Unión Europea. 5. PALACIO REAL DE ARANJUEZ. En Aranjuez se encuentra actualmente el Palacio Real de Aranjuez, en el lugar en que antes existió otro palacete propiedad de la afamada Orden de Santiago. Durante el reinado de Isabel la Católica en el siglo XV, el cargo de gran maestre pasó a ser uno más de los títulos del rey o reina, así que el palacio se convirtió en parte del Patrimonio Real. Ha sido un lugar muy frecuentado por la realeza, sobre todo en primavera, ya que pasaban los meses de abril hasta junio allí. Distintos reyes y reinas siguieron haciéndole ampliaciones y mejoras: el proyecto lo empezó Felipe II, fue continuado por Felipe V y terminado por Fernando VI; más adelante, Carlos III encargó a Francesco Sabatini la construcción de dos alas nuevas y, ya en 1973, se colocó la verja diseñada por Sabatini (su ausencia favoreció el famoso Motín de Aranjuez) Como se puede comprobar, este palacio ha pasado por numerosas manos hasta el día de hoy. La decoración, en los salones oficiales que pueden visitarse, es del tiempo de los primeros Borbones, entre los que destacan el Salón Árabe y el Salón Chinesco, donde se pueden observar 200 cuadros regalados por el Emperador de China a Isabel II en 1846. También es de visita obligada el Jardín del Príncipe, por donde pasa el río Tajo, y que fue mandado construir por Carlos IV. En él, Carlos encargó construir la Casa del Labrador, que si bien al principio era una casa rústica, al poco ordenó al arquitecto Juan de Villanueva que la convirtiera en un palacete neoclásico, que haría la función de casa de campo. 6. PALACIO DE EL PARDO. En la actualidad, es la residencia de los visitantes oficiales del extranjero a nuestro país y tiene sus orígenes como coto de caza real en el siglo XIV, ya que el monte que lo rodea, el Monte de El Pardo, es considerado el bosque mediterráneo más importante de la Comunidad de Madrid por su gran riqueza en fauna y flora. A pesar de que ya existía un pequeño castillo en el terreno, Carlos V encargó su reedificación completa desde cero. Adoptó un aspecto basado en el estilo plateresco español: un alcázar con cuatro torres y un foso que protege toda la construcción. El palacio fue terminado bajo el mandato de Felipe II, que añadió el tejado de pizarra como novedad perteneciente al estilo flamenco y una decoración del interior menos castiza, inspirándose en los estilos europeos de entonces. El edifico actual que se contempla fue una reedificación encargada por Felipe III y Carlos III, que, debido a un incendió que tuvo lugar, tuvieron que reconstruir parte del interior. En el caso del segundo, ordenó además ampliar el palacio. Se usaba principalmente en invierno, así que abundan los tapices reales, algunos pertenecientes a Francisco de Goya y los Bayeu. Posteriormente, algunos de estos tapices se movieron a El Escorial al trasladar Carlos IV su residencia. 7. EL PANTEÓN DE ESPAÑA. Este es el Real Sitio perfecto para una visita si vas a pasar el día en Madrid o si eres madrileño pero quieres sentirte turista en tu propia ciudad. El Panteón, que antes tenía el nombre de Panteón de los Hombres Ilustres, guarda en su interior conjuntos escultóricos de políticos o militares como Sagasta, Canalejas, Ríos Rosas o Cánovas del Castillo. Este modelo de conjunto funerario se heredó de la cultura inglesa y el Panteón de Westminster, que se replicó en diferentes capitales de Europa y que fue impulsado aquí por la regente María Cristina de Habsburgo. |
La Residencia Universitaria Nuestra Señora de los Remedios ofrece dos tipos de instalaciones: las referentes a la propia residencia, en las cuales se desarrolla la vida diaria, que se dividen en zonas de uso personal y zonas comunes; y las que hacen referencia al Colegio de Doncellas Nobles, que ofrecen un valor histórico- artístico incomparable. Habitaciones Pueden ser individuales, dobles o triples. Se construyeron para una capacidad de 6 personas. Como consecuencia, las habitaciones son muy amplias; desde los 20 hasta los 60 metros cuadrados. Todas las habitaciones poseen cuarto de baño completo, varios armarios, mesas de estudio con iluminación individual, estanterías y wifi. Son muy luminosas, con calefacción de hilo radiante, lo que las hace muy calentitas y acogedoras. Las habitaciones se distribuyen en tres plantas alrededor de un patio interior. El acceso a cada planta dispone de ascensor. En cada planta encontraremos un office que sirve de apoyo a las residentes para que puedan tomar lo que quieran cuando así lo deseen. Éstos office disponen de neveras, microondas, cocina, armarios para almacenar comida y montacargas que conecta con la cocina del comedor y suelen venir muy bien cuando la residente no puede comer en el horario de comedor y quiere hacerlo en otro momento en el office. Zonas comunes Dentro de la zona de Residencia, disponemos de varias zonas comunes que mejoran la vida de la residencia y facilitan el estudio de nuestras residentes. En estas zonas contamos con tres salas de estudio, dos cuartos de estar con televisión, comedor, tres office de apoyo, salón de actos, patio, terraza con vistas a la ciudad, salas de visita, sala polivalente y una zona "deportiva" con ping-pong e ideal para clases de baile,zumba-fitness, pilates.. Zona histórico-artística Esta es la zona más antigua del edificio, se mantiene gracias al Copatronato entre el Arzobispado de Toledo y Patrimonio Nacional. Y constituye todo un lujo al alcance de muy pocos. El entorno que disfrutan en exclusiva nuestras residentes es de difícil descripción, os presentamos algunas fotografías. La Residencia Universitaria Femenina Nuestra Señora de los Remedios, está ubicada en el antiguo Colegio de Doncellas Nobles de Toledo y es la heredera de esta insigne institución. Aunque en sus inicios se trataba de un colegio femenino para dar una educación cristiana, hoy es una magnífica residencia universitaria que mantiene sus valores cristianos. Ubicada a escasos metros del Campus de San Pedro Mártir, la Escuela Oficial de Idiomas, la Plaza de Padilla y el remonte de las escaleras mecánicas de Recaredo en el casco histórico de Toledo; su ubicación y dotación la convierten en un lugar exclusivo y único, perfecto para el estudio y la vida universitaria. La residencia, cuenta con todos los modernos servicios necesarios para estudiar y avanzar en tu formación. Pero además ofrece un sabor exclusivo, al alcance de pocas privilegiadas, que podrán vivir en todo un palacio del siglo XVIII. Con el encanto y el privilegio de vivir en la que probablemente sea la institución más antigua de Europa dedicada a la formación y educación de la mujer. El perfil de las estudiantes de esta residencia es: Comprometidas con sus estudios y obligaciones. Respetuosas con sus compañeras y estudios. Espíritu de convivencia y cuidadosas con el ambiente de estudio. |
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