Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


lunes, 23 de mayo de 2016

235.-La covadonga (Goleta)

  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán

plano

La Covadonga tenía casco de madera de 48,5 m de eslora que desplazaba 630 t. Su sistema de propulsión era mixto, máquina a vapor y vela. Su máquina, construida por la factoría N.º 4 de El Ferrol, era capaz de generar 160 CV, lo que le permitía alcanzar una velocidad de 7 nudos. Sus calderas eran tubulares, con 480 tubos.






Desplazamiento630 t
Eslora48,5 m
Armamento1865:
• 3 cañones
1879:
• 2 cañones de 70 lb
• 2 cañones de 9 lb(*)
• 3 cañones de 40 lb(*)
(*) Instalados después del 21 de mayo de 1879
PropulsiónCalderas tubulares a carbón, con 480 tubos
Potencia160 CV
Velocidad7 nudos (12,96 km/h)

La Virgen de Covadonga, conocida también como Covadonga, fue una goleta construida en España y botada en 1859. Durante la Guerra Hispano-Sudamericana (1863-1866), fue capturada por las fuerzas chilenas a término de la acción naval de Papudo e incorporada a la Armada de Chile. Tras ser destinada a misiones de exploración, más tarde fue asignada a la escuadra chilena que participó en la Guerra del Pacífico (1879-1883). Resultó hundida el 13 de septiembre de 1880, tras explotar durante un ataque frente a la costa peruana de Chancay, en el que fallecieron su comandante y 31 miembros de la tripulación.
Goleta


Embarcación antigua con las bordas poco elevadas, de dos o tres palos, cada uno de ellos con un solo mastelero o palo menor y una sola vela cangreja o trapezoidal.

Nota

Esta pequeña nave sirvió durante dieciséis años, con fidelidad, a la Armada de Chile. Dieciséis años de gloriosa trayectoria que, opacada por la gesta gigante de Prat y la Esmeralda, la relegó a un segundo plano, del que pretendemos rescatarla.
La Vírjen de la Covadonga, nombre que recibió al ser bautizada, fue construida en el Arsenal de Carrara, España y lanzada al agua el 28 de noviembre de 1859. Se construyeron ocho iguales en los astilleros españoles, donde la definieron como “goleta a hélice”, porque se desplazaba a vela y a máquina, con calderas que le permitían desarrollar una potencia de 160 CV, para alcanzar una velocidad máxima de 7 nudos (13 km/h).
Su casco de madera tenía una eslora de 48,5 mts., desplazaba 630 toneladas y poseía un calado de 3,35 mts.

La primera destinación que le fue asignada por la armada española fue la de nave correo en Manila, para trasladar correspondencia entre las diversas islas del archipiélago filipino, llegando hasta Hong Kong.
Los informes de los viajes de Humbolt por América, despertaron en Europa hambre por conocer las maravillas que el polímata berlinés describía en sus informes. En España, que no terminaba de resignarse a la pérdida de sus colonias del Nuevo Mundo, conocer tantas cosas que el continente dominado por más de trescientos años ocultaba y que ellos no fueron capaces de ver, fue un golpe duro.  Para tratar de revertir esa situación organizaron la llamada Comisión Científica del Pacífico, una ambigua expedición en la que se embarcaron tres zoólogos, un geólogo, un botánico, un antropólogo y un fotógrafo.
Su misión visible consistía en recorrer el continente americano buscando nuevas especies animales, vegetales, minerales, además de efectuar estudios antropo-lógicos. Una parte de los científicos desembarcó en Buenos Aires y continuó su recorrido por tierra, para reencontrarse con la escuadra en Valparaíso.

Pero la mentada comisión tenía además, un segundo objetivo: exigir al Perú el pago de una deuda que el gobierno de Lima accedió a cancelar al de España cuando concluyó la Guerra de la Independencia, deuda que se mantenía pendiente. Por eso la flota, que zarpó de Cádiz el 10 de agosto de 1862 y que movilizaba a la expedición científica, estaba integrada por naves de guerra de última generación para la época, como las fragatas Triunfo y Resolución, de 3.200 toneladas de desplazamiento cada una y la goleta Vencedora, de 780. A esta flota se les unió, en Montevideo, la Covadonga, como la llamaban familiarmente sus tripulantes, proveniente de oriente.

Al llegar a la zona del Estrecho de Magallanes, la Covadonga, de más lento andar, se rezagó y perdió contacto con el resto de la flota. No obstante su capitán decidió seguir adelante y enfrentó solo el cruce del Estrecho. Después de una azarosa travesía, recaló en Punta Arenas, donde se encontró con sus compañeras.
Posteriormente se dirigieron al norte pasando por varios puertos chilenos, para fijar su centro de operaciones en Valparaíso y desde ahí desplazarse por toda la costa del Pacífico sudamericano, llegando incluso hasta San Francisco, en California.
Pero los españoles, que buscaban un pretexto para declarar una guerra al Perú, lo encontraron en un conflicto que comenzó siendo menor y que con el paso de los días alcanzó grandes proporciones. Nos referimos al Incidente de la hacienda Talambo.
En 1859 el propietario de ese lugar, el hacendado Manuel Salcedo, trajo al Perú más de doscientos cincuenta labradores vascos, sin explicarles que trabajarían en las plantaciones de algodón. Al llegar y conocer la naturaleza de su función, más de ochenta huyeron y los otros se dedicaron a cultivos distintos y que eran los que ellos dominaban en su tierra natal. Salcedo quiso obligarlos a trabajar por la fuerza, los vascos se rebelaron y en un enfrentamiento entre éstos y tropas reclutadas por el hacendado, resultaron dos muertos, uno de cada bando.
Los vascos denunciaron a la justicia a Salcedo, hombre influyente en su comunidad. En el juicio el tribunal favoreció al peruano, pero los vascos apelaron y el conflicto ascendió en los tribunales hasta que el gobierno español tomó cartas en el asunto y dio instrucciones a las naves que circulaban por el continente americano, para que averiguasen lo que ocurría e interviniesen de ser necesario.
El almirante a cargo de la flota española, Luis Hernández-Pinzón decidió hacerse parte del problema y como una forma de presionar al gobierno peruano para que interviniera en el litigio en favor de los vascos, tomó posesión de las islas Chincha, que estaban prácticamente sin protección. Estas islas eran la principal fuente de ingreso del gobierno limeño por cuanto producían un porcentaje importante del guano que exportaban. Impedir dicha explotación significaba un fuerte golpe a su economía.
El Perú carecía de una armada fuerte que le permitiese hacer frente a la poderosa flota española y solicitó apoyo al gobierno de Chile para expulsar a los invasores. Chile no dudó en intervenir en favor de sus vecinos y resolvió no abastecer ni de carbón ni de alimentos a la flota española, que respondió amenazando con bombardear sus puertos. El gobierno chileno consideró una afrenta la amenaza y declaró la guerra a España, incluso antes de que lo hiciera el Perú, que era la nación agredida.

Pese a que la armada chilena disponía solo de dos embarcaciones en mediano estado de conservación, el almirante español solicitó al gobierno de su país refuerzos para esta guerra y fortaleció su flota con nuevas naves, que superaban a las flotas chilenas y peruanas sumadas. Aprovechando su supremacía marítima, los íberos bloquearon los principales puertos de ambos países, así como los de Ecuador y Bolivia, que con un espíritu americanista, se agregaron al conflicto. La larga extensión del litoral hacía insuficiente las naves españolas para mantener este encierro, que afectaba notablemente las economías latinoamericanas, obligándolos a centrar sus naves en los lugares más sensibles a esta medida.
Fue en este contexto que, el 26 de noviembre de 1865, la corbeta chilena Esmeralda, capitaneada por Juan Williams Rebolledo, se encontró con la Covadonga, al mando de Luis Ferry, que navegaba desde Coquimbo a Valparaíso, frente a Papudo, a 35 millas al norte de este último puerto. A pesar de que la Esmeralda había entrado en el conflicto antes de concluirse las reparaciones que su casco y máquinas requerían, enfrentó a la nave enemiga aprovechando la mayor altura de su borda, efectuando disparos de fusil que hicieron casi imposible a los artilleros españoles cargar los cañones de la Covadonga.
En un combate breve, que duró poco menos de una hora, el capitán hispano decidió rendir su nave e intentó hundirla, pero la oportuna intervención de los marinos chilenos lo evitó, lográndose la incorporación de una tercera nave a la precaria escuadra chilena.

La captura de la Covadonga representó un duro golpe para los atacantes. Este hecho, sumado a otros y seguramente a un estado depresivo severo, llevó al vicealmirante español José Manuel Pareja, al suicidio.
Desde ese día y después de ser reparados los daños sufridos en Papudo, la Covadonga comenzó a vestir la bandera chilena. Un decreto supremo determinó que conservara su nombre.
La primera acción que la recién incorporada vio con su nueva bandera fue en el combate naval de Abtao, que se desarrolló en la costa de la Isla de Chiloé.
La mayoría de las naves de la alianza chileno-peruana estaban deterioradas. De hecho, la fragata peruana Amazonas hubo de ser trasladada a remolque desde El Callao hasta Chiloé, porque sus máquinas estaban inservibles. Se utilizaría como defensa costera por su artillería, pero permanecería anclada, condenada a la inmovilidad. Para peor suerte, encalló al llegar a destino, por lo que hubo de ser desarbolada y utilizar sus piezas de artillería en otras naves o emplazándolas en el litoral.
Ninguna de las otras embarcaciones de la alianza sudamericana estaba en óptimas condiciones, obligando a enfrentar al enemigo en una batalla más bien de carácter defensivo, aprovechando el mejor conocimiento de un litoral lleno de escollos. Los seis barcos que participaron por parte del pacto chileno-peruano reunían, en total, 67 cañones de diversos calibres, contra dos naves españolas en buen estado que montaban, entre ambas, 82 cañones.

La estrategia de los aliados fue emplazar todas las naves en línea frente al estrecho que separa la Isla Grande de la Isla de Abtao, aprovechando la bravura del mar y la existencia de rocas ocultas por la aguas.
Salvo un cañoneo entre ambas flotas que no causaron grandes pérdidas, el combate no siguió por el temor de los españoles a encallar.
En un momento de la conflagración, a la Covadonga, comandada por Manuel Thompson, le pareció ver varada a la fragata enemiga Blanca y se acercó hasta unos seiscientos metros para cañonearla, pero al confirmar que su apreciación era errónea, decidió alejarse, luego de intercambiar algunos disparos que no causaron daño a ninguna de las dos naves.
Concluido este conflicto bélico, cuyo episodio más lamentable fue el bombardeo de Valparaíso, la Covadonga desarrolló diversas labores en la Armada de Chile hasta que, entre septiembre y octubre del año 1874, al mando del capitán Ramón Vidal Gormaz, participó en una importante expedición hidrográfica y oceanográfica a las Islas Desventuradas, (San Félix y San Ambrosio) ubicadas frente a la Región de Atacama, al norte del Archipiélago de Juan Fernández.
Se mantuvo en labores de paz hasta que se inició la Guerra del Pacífico donde le cupieron sus actuaciones más destacadas, sobre todo su participación en el Combate Naval de Punta Gruesa, enfrentando a una nave desproporcionadamente más grande y mejor artillada. Solo la sagacidad de su capitán y de la tripulación permitió convertir en victoria lo que era una inminente derrota.

Sabemos que la Esmeralda y la Covadonga estaban bloqueando el puerto de Iquique, entonces peruano. Cuando los chilenos distinguieron los humos de los barcos enemigos, se prepararon para el combate y se pusieron de espaldas a la ciudad para obligar a las naves peruanas a cuidar que sus balas no cayeran en territorio propio. De todas maneras, Prat intuyó que poco podían hacer contra tan formidables rivales y ordenó a Condell dirigirse hacia Antofagasta para informar lo que ocurría.
La Covadonga se escabulló por entre el Huáscar y la Independencia, aunque no salió ilesa de su osadía. Una bala del Huáscar la atravesó de lado a lado, cortándole ambas piernas al cirujano Videla y matando a otro marinero. Aun así continuó con su huida, pegada a la costa y recibiendo disparos que desde el litoral les hacían soldados peruanos desde el borde costero y desde embarcaciones menores que intentaban cortarle el paso.
Entonces el combate se dividió en dos. La Esmeralda quedó enfrentando al Huáscar y la Independencia salió en pos de la Covadonga. Las diferencias entre estas dos naves eran abismantes desde el punto de vista estratégico:

Frente a estas diferencias, resultaba fácil suponer el desenlace del combate, pero Condell supo sacarle partido a la única ventaja que tenía: el calado.  Navegó pegado a la costa evitando los embates de la Independencia, que pretendía o adelantarla para dispararle desde sus bandas o espolonearla. El chileno, con el apoyo de sus fusileros, entre los que se incluye el mítico Juan Bravo, un muchachito de origen mapuche de excelente puntería, impidió que los artilleros de la Independencia utilizaran el cañón de proa, que era de avancarga, es decir, se cargaba por su boca.
COVADONGAINDEPENDENCIA
Año de Construcción18591866
TipoGoleta a héliceFragata blindada
Eslora48,5 m65,53 m
Desplazamiento630 ton.3.750 ton.
Calado3,35 m6,62 m
Máquinas2 Calderas tubulares a carbónMáquina de vapor horizontal
Velocidad4 nudos11 nudos
Dotación130 hombres375 hombres
Artillería2 cañones de 70 lbs12 cañones de 70 lb

1 cañón de 250 lb.

3 cañones de 150 lb

2 cañones de 9 lbs.

2 ametralladoras




La Independencia encalló y la Covadonga giró para cañonearla hasta obligarla a rendirse. La bíblica historia de David frente a Goliat, se replicaba en Punta Gruesa.
La principal consecuencia de este combate fue dejar a la armada peruana sin su mejor barco y reducir notoriamente su poderío naval.
Por supuesto que la nave chilena, aunque victoriosa, no salió incólume de tan desigual enfrentamiento. Requirió de muchas reparaciones para poder regresar al combate. Sabemos que el 26 de septiembre de ese mismo año ya estaba participando en nuevas actividades bélicas, pues le correspondió ser parte de la 1ª División de la escuadra chilena, conformada además por el Blanco Encalada y el Matías Cousiño. Su misión, colaborar en el traslado de tropas al frente enemigo e intentar dar caza al Huáscar.
Al amanecer del 8 de octubre, la 1ª División chilena divisó al Huáscar y a La Unión y se propuso cerrarle el paso hacia el norte. La Unión intentó huir formando una cortina de humo y la Covadonga y el Matías Cousiño salieron tras ella, permitiendo que el Huáscar pudiese escapar del cepo.  Las tres naves chilenas eran más lentas que las peruanas, por lo que incluso Grau pudo aminorar la velocidad de su nave para disminuir el consumo de combustible.
Pero desde el norte apareció la 2ª División chilena, conformada por el blindado Cochrane, la corbeta O´Higgins y el transporte Loa. De todas las naves chilenas, la única que poseía más velocidad que el Huáscar era el Cochrane. Su andar llegaba a los 12 nudos contra los 10,5 del Huáscar. Al final, la mayor parte del combate de Angamos se llevó a cabo entre estas dos naves. Mientras estas se batían, la O´Higgins y el Loa salieron en persecución de La Unión. La 1ª División llegó cuando el combate estaba casi decidido y de las tres naves que la conformaban, solo podía enfrentar al Huáscar el Blanco Encalada, que por la premura, fue puesto en operaciones antes de concluir un proceso de reparaciones que se le estaban realizando.
Se podría decir que la Covadonga, comandada por Manuel Orella, fue un espectador de la captura de la nave que le había causado los primeros destrozos en Iquique, el 21 de mayo de ese mismo año.
Desde ahí para adelante el océano perteneció casi por completo a los chilenos, que lo utilizaron para trasladar tropas, vituallas, armamentos y todo lo necesario para continuar la guerra. También disparaban contra las defensas costeras peruanas, apoyando las batallas terrestres.
Casi un año se mantuvo la Covadonga en estas labores de apoyo a las fuerzas terrestres, hasta el 13 de septiembre de 1880, el fatídico día en el que le tocó pagar la cuenta por su osadía.
Para entonces estaba a cargo del capitán Pablo de Ferrari y su misión era interrumpir, con sus cañones, el transporte ferroviario de mercaderías y armamentos que desde el norte abastecía Lima.
El comando chileno había advertido a todos sus capitanes del peligro que involucraban las naves pequeñas, que, cargadas de explosivos, se utilizaban como torpedos. Para evitar este problema, De Ferrari dio instrucciones de destruir todas las embarcaciones existentes ese día en el puerto de Chancay. Pero perdonó a un yate de recreo, demasiado hermoso como para destruirlo. Lo hizo inspeccionar por su gente y luego de verificar que no era una trampa, lo enganchó con su pluma para izarlo en la Covadonga. La inspección había fallado. La explosión abrió un enorme forado en el costado de la gloriosa Covadonga, que se hundió en pocos minutos.
Murieron 32 marinos chilenos, entre ellos De Ferrari y el contramaestre Micalvi, sobreviviente de la Esmeralda. Del resto de la tripulación, 29 fueron rescatados por la Pilcomayo y 48 cayeron en manos de los peruanos.

1 comentario: