Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


miércoles, 1 de marzo de 2017

280.-Las bibliotecas de los abogados; Barra Inglesa e Irlandesa historia.

Luis Alberto Bustamante Robin; Jose Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;Paula Flores Vargas ; Ricardo Matias Heredia Sanchez; alamiro fernandez acevedo;  Soledad García Nannig; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán


Un visionario para el exilio mexicano.
El diplomático Ángel Ossorio planificó el éxodo de republicanos a México.

JESÚS RUIZ MANTILLA
29 JUL 2015 

Fue nada más aterrizar. En la última visita de los reyes a México, Felipe VI agradeció la generosidad del país norteamericano con el exilio. La avalancha de españoles sin tierra que fueron a parar a aquel país no respondía a una mera improvisación. A la generosidad nunca suficientemente alabada por la historia del presidente Lázaro Cárdenas, hay que añadir un dato que prueba otro de los documentos salidos de la Fundación Castañé a la Residencia de Estudiantes esta pasada primavera. Sin que tenga que servir de consuelo, hubo hombres y mujeres en mitad de la barbarie bélica que conservaron el seso e, incluso, más allá, la visión. Ángel Ossorio y Gallardo fue uno de ellos.
En un informe diplomático ejemplar fechado el 11 de marzo de 1937, este político pragmático, conservador, pero leal a Azaña hasta su muerte, muestra el camino de intelectuales y científicos hacia el país que más ampliamente los acogió en el exilio.
Corría el inicio de la guerra civil y en los planes de casi nadie cabía la derrota. Salvo en la mirada de zorro vestido con pieles de político de raza que demostró Ossorio y Gallardo. Sin duda, el diplomático realizó un trabajo soberbio. Lo prueba este informe dirigido a Julio Álvarez del Vayo, ministro de Estado entonces. 
“Quiero confiar a usted, con la reserva del caso, un proyecto que juzgo importante…”, comenzaba el embajador con cierta complicidad de literato. Ambos estaban en las antípodas ideológicas, pero unidos en la causa republicana.
Ossorio, jurista de prestigio, escritor de cierto éxito, se dirigía a Álvarez del Vayo, que antes de haberse metido en política de la mano del socialista Largo Caballero, entonces presidente del consejo de ministros, había sido periodista en El sol y El universal, aparte de corresponsal de The Guardian en España y alumno de la London School of Economics.

Miseria de los ilustrados

“En el supuesto del hundimiento de la República (aun por poco verosímil que fuese, discretamente cabría prevenir) uno de los fenómenos más graves que se producirían, sería la dispersión de los hombres de ciencia y de arte que se mantienen al lado del Gobierno y la consiguiente evaporación de la cultura española. La muerte, el éxodo, la miseria de esos hombres ilustrados (o su rendimiento por hambre) privaría a España por muchos años de su más alta significación mundial y dejaría confiada su representación a pequeños núcleos de conspiradores impotentes. Por eso creo que conviene reunirlos desde ahora en una institución cuyos trazos voy a esbozar”.

Con dicho planteamiento, conscientes ambos de una gravedad con riesgo de dispersión nuclear, Ossorio define la solución y programa directamente uno de los grandes ejes del exilio en tan sólo cuatro folios fascinantes: 

“Sustancia: Se trataría de una universidad libre, donde se dieran las mismas enseñanzas que en las nuestras y que en nuestras escuelas especiales. Sería condición esencial que la Universidad tuviera un sentido humano, liberal y español. Su alcance directo sería influir con nuestra cultura en los pueblos de habla española. Piense usted en los nombres valiosísimos de los hombres de la cátedra y fuera de la cátedra que están a nuestro lado, y calcule el efecto que haría en el mundo verlos reunidos para defender el tesoro intelectual de España aunque hubiese perdido su libertad y su territorio”.
Con varias décadas de adelanto, Ossorio, directamente, esbozaba la actual estrategia de influencia global con la herramienta hermana del idioma, algo que todavía hoy muchos políticos en ejercicio son incapaces de ver. Propone tres lugares para realizar su proyecto y elige uno. Desecha Francia —“París está rodeado y minado por el fascismo”, asegura antes de que hubiese estallado incluso la Segunda Guerra Mundial— y descarta Estados Unidos, precisamente por el idioma. 
“Por exclusión hay que ceñirse a México. De no pensar en México, sólo se me ocurre Costa Rica, por ser país rico y liberal. Seguro que cualquiera de esas dos naciones nos acogerían con entusiasmo”.

No se equivocaba Ossorio. Sin duda veía en el gobierno de Lázaro Cárdenas a un aliado que apoyaba ya a la República en foros internacionales. Justo en 1937, su mujer, Amalia Solórzano, había iniciado labores de socorro acogiendo a 456 huérfanos de combatientes dando cobijo en su país a quienes acabaron conociéndose como los niños de Morelia.
Lo que vino después, ¿sería estrategia de Ossorio? En este documento, pide permiso mediante Álvarez del Vayo al Gobierno.
 “Si en principio y a usted y al consejo de ministros les parece bien, podría yo articular más al por menor mi pensamiento. Creo importante acometerlo pronto para tener echados los cimientos y aseguradas las posibilidades en el caso de mala fortuna”. Todo indica que sí.



abogado leyendo en su biblioteca Jurídica


El Abogado Ángel Ossorio y Gallardo, señalo en libro "Alma de la Toga" que los Abogados de España y América Latina tiene una enorme incultura que caracteriza a la mayor parte de los Letrados. El abogado latinoamericano y español  apenas lee.
Este distinguido Abogado tiene razón, da rabia ver mayor parte de sus bibliotecas. Digo mal. Lo que da rabia es ver su absoluta carencia de bibliotecas. Muchos se valen solo manuales básicos, como manual de derecho procesal de Casarino o derecho civil de Meza Barros, si es lo que tiene, ya muchos usan los nuevos manuales de derechos, que se caracterizan  por ser cada vez mas resumidos y esquemáticos. Contar con libros jurídico de peso como los de don Arturo  Alessandri y don Claro Solar no es habitual, y alcanzar una cifra de 500 volúmenes es rarísimo en Bibliotecas de Abogados.
Movimientos científico moderno, revistas jurídicas extranjeras, libro de historia, de política o sociología, novelas, versos, comedias... ¡Dios lo de! Y claro, al no leer viene el atasco intelectual, la atrofia del gusto, la rutina para discurrir y escribir, los tópicos, los envilecimiento del lenguaje.... Efectivamente, cuando llega a ese abandono, apenas hay diferencia entre un Abogado y un tinterillo; y la poca que hay a favor del tinterillo.
Se argüirá: "leer es caro y no todos los abogados ganan bastante para permitirselo". Lo niego.
Es inasequible para los bolsillos modestos forman una gran biblioteca; a nadie se le puede exigir tenerla,  pero es fácil para todo el mundo reputar los libros como articulo de primera necesidad y dedicar a su adquisición un cinco o un cuatro o un tres por ciento de lo gane, aunque para ello sea preciso privarse de otra cosas.
Mas costoso es para los médicos crear, entretener y reponer el arsenal mínimo de aparatos que la ciencia exige hoy para el reconocimiento y para la intervención quirúrgica, así como los elementos de higiene, desinfección, asepsia, etc; y a ningún medico le faltan ni se lo toleraría el publico.
Y si el Abogado no pueda   alcanzar ni aun ese limite mínimo, que no ejerza. El abogado debe tener inexcusablemente en su  biblioteca.

 A).-una revista jurídica de su país y otra extranjera.

B).-Una mitad - según las aficiones - de todos cuantos libros jurídicos se publiquen en el país.

C).-Unos cuantos libros de novela, versos, historia, crónica, crítica, sociología y política.
¿Novelas? ¿ versos? Si. novelas y versos. Esa  los recomendé porque son la gimnástica del sentimiento y del lenguaje.Se puede vivir sin mover los brazos ni piernas, pero a los pocos años de tan singular sistema los músculos estarían atrofiados y el hombre será un guiñapo.
Pues lo mismo ocurre en el orden mental. La falta de lectura que excite la imaginación, amplié el horizonte ideal y mantenga viva la renovada flexibilidad del lenguaje, acaba por dejar al Abogado muerto en sus partes mas nobles, y le reduce a un código de procedimiento con figura humana, a un curialete con titulo  profesional. 
En fin, hay que estudiar, hay que leer, hay que apreciar el pensamiento ajeno, que es tanto como amar la vida, ya que la discurrimos e iluminamos entre todos; Hay hacerlo o nos convertiremos en una profesión desprestigiada.


Biblioteca de un Abogado de época moderna española



Las instituciones y la gobernanza del colegio de abogados
The Institutions and Governance of the Bar
16 dic, 2015

1. Los oficiales de la ley
1. The Law Officers
Introducción
Introduction
Aunque Canning todavía incluía al juez-abogado general entre los oficiales de la ley en 1826,  el término generalmente se limitaba al Fiscal General, Fiscal General y abogado del rey. La división fue esencialmente jerárquica. Cada uno dio sus opiniones sobre importantes cuestiones de derecho y la sentencia de Mansfield de 1770 en R v. Wilkes  dictaminó que, salvo que se reservara expresamente, las funciones estatutarias y prerrogativas del Fiscal General también eran ejercidas por el Fiscal General.

La influencia que había tenido el Procurador General obviamente dependía de las personalidades y aptitudes de los agentes de la ley. Así, mientras Campbell redujo al Fiscal General Horne a una cifra y Palmer eclipsó a Atherton, otros  formaron sociedades de iguales, como James y Herschell,  y algunos procuradores generales quedaron bastante eclipsados. Se reconoció que el Procurador General tenía un fuerte reclamo para el puesto de alto nivel, pero no cumplió con un derecho, por lo que Bovill tuvo que aceptar que Rolt lo superaría una vez que Cairns (también del colegio de abogados) dejara de ser Procurador. General.
 El tercer oficial de la ley, el abogado del rey, siempre fue un destacado civil y, a menudo, también ocupó un cargo de juez civil. El Ministerio de Relaciones Exteriores utilizó regularmente su experiencia en derecho civil, y algunas veces las cuestiones de derecho internacional se le enviaban solo a él o, si eran más importantes, se le enviaban antes que los demás agentes jurídicos.  
Sin embargo, los arreglos de circulación eran peligrosamente informales, y su insuficiencia quedó demostrada con un efecto calamitoso en elfiasco de Alabama en 1862.Después de ese episodio, los documentos invariablemente iban primero al Fiscal General y finalmente al abogado de la reina. 
En 1872, cuando Sir Travers Twiss dimitió, la oficina fue abolida y el Dr. (más tarde Sir James Parker) Deane fue nombrado asesor legal del Foreign Office. El arreglo no fue un éxito. Deane interpretó los términos de su empleo de manera estricta y el Ministerio de Relaciones Exteriores continuó enviando casi todo a los oficiales de la ley, así como a Deane.  Otro resultado del cambio fue que los oficiales de la ley fueron enviados a comparecer formalmente ante la corte en nombre del supervisor de la reina, por lo que no recibieron honorarios.  Más tarde, el Ministerio de Asuntos Exteriores adquirió un asistente legal en virtud de la secretaria, pero las opiniones sobre derecho internacional continuó para compensar la mayor parte de los negocios más difíciles los agentes de la ley. 
The Attorney-General as Head of the Bar
El Fiscal General como Jefe del Colegio de Abogados
Como se señaló anteriormente, en 1814 el Fiscal General obtuvo precedencia sobre todos los demás en el colegio de abogados inglés, y en 1834 la Cámara de los Lores afirmó que tenía precedencia sobre el Lord Advocate incluso en las apelaciones escocesas. En esta capacidad, generalmente se le permitió hablar con autoridad en nombre del colegio de abogados, aunque Giffard rechazó el intento de Coleridge de ejercer esta autoridad en la sala del tribunal. 
 En las raras ocasiones en las que se consideró conveniente convocar a la abogacía para discutir un asunto de gran importancia para la profesión, como las propuestas de Daniel para la presentación de informes legales, fue el Fiscal General quien emitió la convocatoria, y también recayó en él para pronunciarse sobre cuestiones de etiqueta de bar. Después de la creación del Colegio de Abogados, este rol generalmente recaía sobre ellos, aunque no se les cedió formalmente. 
La posición del Fiscal General como jefe de la barra y defensor de sus privilegios a veces se sentaba incómodo con otra función, la de presentar proyectos de ley que emanaban de la Oficina del Lord Canciller en los Comunes. Ciertamente, Muir McKenzie sintió que la falta de un ministro menor en la cámara baja era una desventaja significativa. 

Elección en la selección
Choice in selection
La elección de un oficial de la ley estuvo limitada por varias consideraciones. Debe ser un abogado eminente  con opiniones políticas adecuadas y, si no es ya diputado, debe estar preparado para ingresar a la Cámara. Antes de la primera Ley de Reforma, estos requisitos rara vez creaban dificultades. La vía habitual para llegar a los más altos cargos judiciales pasaba por servir al gobierno, y los ambiciosos abogados georgianos se encargaron de que su política no los descalificara o estuvieran dispuestos a dar la vuelta cuando lo necesitaran. 
 Más tarde, en una época en la que `` todo niño que nace vivo en el mundo es un poco liberal o un poco conservador '', la elección era más restringida, especialmente para los whigs a mediados de la década de 1830, aunque siempre había abogados que usaban su política a la ligera y podían ser contratados por cualquiera de las partes tan pronto como alcanzaran prominencia en la profesión.
También era deseable que un oficial de la ley perteneciera al colegio de abogados de derecho consuetudinario y el otro a la equidad,  pero esta no era una convención vinculante.  Sin embargo, era necesario contar con alguien capaz de interrogar a los testigos y dirigirse a un jurado. La elección tuvo una importancia a largo plazo porque, además de dar un reclamo (p. 1066) al ejercicio judicial,  la antigüedad adquirida por el Fiscal General sobre el Fiscal General, y su reclamo de reelección si llegaba un ministerio de vuelta, difícilmente podría pasarse por alto. 
Sin duda, por ejemplo, habría preferido Palmerston promover Palmer sobre la cabeza de la inadecuada Atherton, pero no lo hizo, y elegir a Gorst en 1885 supuso problemas para los conservadores cuando más tarde tuvieron que hacer malabarismos con sus afirmaciones con las de Webster y Clarke. Además, la selección de Webster por delante de Clarke (a pesar de las protestas de Clarke) lo colocó permanentemente a la cabeza en sus reclamos para el cargo. 
Government and parliament
Gobierno y parlamento
No se esperaba que los oficiales de la ley, incluso los más favorecidos por el Primer Ministro, tuvieran un asiento en el gabinete, pero en 1912 la necesidad de Asquith de apaciguar a Rufus Isaacs por preferir a Haldane como Lord Canciller provocó un cambio de corta duración, varios de los de Isaacs. los sucesores son igualmente favorecidos.  La membresía del Privy Council, sin embargo, un premio de consolación ofrecido por primera vez a Sir JD Coleridge por haberle negado el rango de gabinete, fue conferido a la mayoría de sus sucesores y a algunos procuradores generales.
Se esperaba que los oficiales de la ley tomaran un papel principal en los asuntos parlamentarios relacionados con la ley y los tribunales, a pesar de que el Lord Canciller (si había alguien) era el ministro responsable de la reforma legal. Esto podría resultar incómodo cuando sus relaciones con el Canciller eran malas, como fue el caso más notorio entre Cranworth y Bethell en la década de 1850. 
Si la experiencia de Coleridge es típica, el Fiscal General no siempre fue consultado con anticipación sobre los proyectos de ley, y tampoco fue siempre la mejor persona para remitirlos; como jefe del colegio de abogados, era poco probable que el fiscal general estuviera entusiasmado con una legislación como los proyectos de ley de los tribunales del condado de Loreburn, a los que el colegio de abogados se opuso enérgicamente.
Canning expresó su decepción porque el abogado del Almirantazgo y el abogado del rey ya no estaban en los Comunes, pero la utilidad de los oficiales de la ley en el debate variaba enormemente según su capacidad y compromiso.  Edward Law había sido uno de los oradores más confiables en la administración de Addington, que fue inusualmente débil en el debate, y un siglo después Isaacs y Simon, ambos con serias ambiciones políticas, fueron igualmente prominentes; de hecho, todos los oficiales de la ley de los ministerios liberales trabajaron arduamente en su pesado programa de legislación social.
 En épocas anteriores, algunos habían desempeñado un papel importante en el cumplimiento de proyectos de ley particulares, como lo hizo Bethell con el Proyecto de Ley de Deber de Sucesión y Page Wood con el Proyecto de Ley de Títulos Eclesiásticos. Otros, como Cockburn, se mantenían ostentosamente alejados de los asuntos no legales  y algunos, por muy efectivos que fueran en los tribunales, tenían habilidades parlamentarias tan limitadas que los látigos y los ministros no los recurrirían a menos que fuera inevitable; Rolfe, por ejemplo, estaba bastante desesperado y Pollock y Jessel decepcionantes. 
En general, sin embargo, los deberes gubernamentales y parlamentarios de los agentes de la ley estaban invadiendo implacablemente su práctica privada. Jervis expresó su preocupación sobre esto en 1850 y aunque Jessel cuestionó la afirmación de Baggallay de que se les pagaba por asistir al gabinete, reconoció que la asistencia a los ministros ahora formaba una parte importante de sus funciones.  También lo hicieron las sesiones de los Comunes , donde la presión de los diputados comenzaba a sentirse en 1872.
 La presión sobre el Fiscal General en particular llevó a Sir Henry James a afirmar que el puesto se había vuelto imposible, y además El colapso de Cairns después de solo unos meses, se pensó que había contribuido a las primeras muertes de Karslake y Holker. Entre sus cargas fue la Ley de Finanzas,  y, como programas legislativos crecieron más ambiciosa y la legislación más compleja se hizo más difícil para los agentes de la ley a establecer límites sobre su participación.
Estas crecientes demandas de su tiempo pusieron de relieve las ambigüedades inherentes a la posición de los agentes de la ley. Los parlamentarios pueden considerarlos como servidores de la Corona como otros ministros, pero prefieren verse a sí mismos como abogados ordinarios con un anticipo de la Corona para proporcionar una variedad de servicios legales. Esta concepción enfatizó su independencia y posición dentro de una profesión en la que los abogados asalariados eran una rareza inferior, pero aunque recibió un respaldo superficial por la retirada en 1831 del salario de £ 40 que los oficiales de la ley y los KC habían recibido, la concepción perdió gradualmente plausibilidad a medida que se expandían sus funciones públicas.
 Algunos, como los compromisos parlamentarios, se consideraban incidentales a la pertenencia a la Cámara y, por lo tanto, no estaban remunerados; pero en el caso de las opiniones dadas a los ministros, el pago parece haber girado en el modo y canal por el cual llegó la solicitud, lo cual fue claramente insatisfactorio.  
Los honorarios por asuntos contenciosos en los que se entregaba un escrito se establecían convencionalmente muy por debajo de la tasa de mercado, pero cada oficial de la ley tenía un escrito simbólico 'complementario' para cada enjuiciamiento de la Corona, independientemente de si se le pedía que lo llevara a cabo en persona,  y un gran ingreso (2500 libras esterlinas al año en 1850 y en aumento) derivado del escrutinio de las patentes, que la mayoría dejaba en manos de un empleado competente.
El resultado general (no desconocido en los tribunales y sus oficinas) fue que se les pagaba mal por trabajos importantes y en exceso por negocios puramente formales. Durante mucho tiempo, apenas les importó a los agentes de la ley, porque aunque Scott había exagerado mucho la pérdida de ingresos que sufría, y aunque otros, hasta Jervis, también experimentaron una caída, no fue lo suficientemente pronunciada para nadie (excepto quizás  Charles Austin) para rechazar el lugar por ese motivo. 
 Además, pocos de los que no fueron trasladados al tribunal si lo deseaban siguieron siendo agentes de la ley el tiempo suficiente para que su práctica sufriera irreparablemente. El principio de que a los servidores públicos se les debe pagar pura y completamente por los servicios reales que prestan solo se estableció lentamente, y aunque el Comité Selecto de Salarios Oficiales en 1850, descubrió que (excluyendo lo que producía su práctica privada), los funcionarios de la ley desconcertaron los arreglos produjeron un ingreso excesivo, recomendó que fueran asalariados, no se tomó ninguna medida.
Sin embargo, en la década de 1870, los agentes de la ley estaban sintiendo la tensión. A algunos parlamentarios les agradó que estos ministros subalternos no estuvieran más disponibles para justificar sus acciones y las del gobierno, mientras que los propios agentes de la ley estaban teniendo una lucha cada vez mayor para llevar a cabo su práctica privada y atender los múltiples asuntos del gobierno; mientras que Bethell había considerado prudente limitar su práctica privada, Holker abandonó la suya por completo. 
El Tesoro vio con desaprobación las crecientes sumas pagadas por sus servicios y precipitó un cambio. Según el nuevo acuerdo, el Fiscal General tendría £ 7000 por año y el Procurador General £ 6000 para cubrir todos los asuntos no contenciosos, y se seguirían pagando honorarios por asuntos contenciosos, pero ahora en "la escala profesional ordinaria". Ya no habría informes complementarios. 
 Este esquema, plasmado en una minuta del Tesoro en diciembre de 1871, fue explicado inadecuadamente en la Ley de Honorarios de Oficiales de la Ley de 1872, que simplemente agregó que todos los demás honorarios deben contabilizarse en adelante al Tesoro.
Una combinación de incompetencia y encubrimiento en el Tesoro, y falta culpable de claridad en la definición de negocio 'no contencioso', produjo una disputa con el Fiscal General que obligó al gobierno a convocar apresuradamente un comité dirigido por Jessel MR (un ex fiscal -General). 52 Incluso Baggallay, que estaba a favor del antiguo sistema, reconoció que no podía haber marcha atrás,  y el mandato limitado del comité impidió una revisión a fondo de la forma antediluviana en la que los oficiales de la ley estaban obligados a hacer sus negocios, aunque lo hizo público.
Una mayor precisión en la distinción entre asuntos contenciosos y no contenciosos (el Tesoro había alentado a varios departamentos a adoptar una construcción muy desfavorable para los oficiales de la ley 55 ) fue el único resultado que afectó directamente a los oficiales de la ley, 56 aunque el comité procedió a Sugerir la incorporación de abogados permanentes empleados por diversos departamentos gubernamentales en la oficina de los abogados del Tesoro.

El nuevo sistema duró menos de 20 años. Hubo fuertes críticas a los oficiales de la ley que combinaban la práctica privada con los deberes públicos cuando Coleridge, al convertirse en Procurador General en 1871, emprendió rápidamente el procesamiento del demandante de Tichborne, a quien había interrogado implacablemente en la acción civil unos meses antes. . Webster's hizo mucho más daño al representar a The Times en la acción de Parnell y en la investigación posterior ordenada por el gobierno al que pertenecía. 
Esa acción insensible reforzó la insistencia de Gladstone de que sus oficiales de la ley debían abandonar la práctica privada, aunque estaba extrañamente mal informado o deliberadamente engañó al decirles que sus predecesores conservadores también habían sido severamente restringidos. También sustituyó un salario inclusivo (£ 10,000 y £ 9,000 respectivamente) por la combinación de salarios y tarifas. Los conservadores Webster y Clarke negaron que hubieran sido tan restringidos y, cuando el partido regresó al poder en 1895, Halsbury los apoyó en la búsqueda de un regreso a las viejas costumbres.
 Dada la dificultad de encontrar sustitutos adecuados, podrían haber superado la oposición del gabinete, pero Webster, tal vez consciente de que sus acciones pasadas lo habían hecho vulnerable, delató a su colega, aliviando su conciencia al asegurar la concesión de que los honorarios se convertirían nuevamente en la base para llevar a cabo negocio contencioso. Clarke se destacó por principio, pero no era uno con el que los legos simpatizaran, ni era realmente compatible con la cantidad de asuntos públicos variados que ahora recaían en los oficiales de la ley.

La práctica privada desapareció para siempre, pero el sistema de tarifas fue atacado nuevamente por Lloyd George en 1901, aprovechando las cifras publicadas que mostraban ingresos temporalmente aumentados por varios grandes arbitrajes internacionales. Sin embargo, ese y los ataques posteriores fueron rechazados, y la misma estructura continuó hasta la década de 1940.  Hombres como Isaacs, Simon y Smith no podían esperar igualar los ingresos notables que podían obtener en el bar, y sus empleados incrédulos e indignados tuvieron que aprender a aceptar informes marcados con lo que pensaban de sumas despreciablemente bajas,  pero se trataba de hombres con ambiciones políticas que habían podido acumular grandes sumas mucho más rápidamente que la mayoría de sus predecesores, por lo que los gobiernos aún podían atraer a los nombres más importantes al bar.
Organization
Organización
Mientras que el Lord Canciller tenía una colección de oficiales que podían ser empleados en asuntos oficiales , los oficiales de la ley solo tenían sus propios empleados personales, quienes bien podían ser completamente ignorantes de las formas de gobierno. 
 Para obtener asistencia profesional, se había convertido en una costumbre invariable que el Fiscal General contratara a un demonio  y parece que también había un empleado con conocimiento del negocio de las patentes al que podían recurrir.  Karslake calculó que estos servicios, y el pago a su propio empleado por asuntos del gobierno, le costaban cerca de £ 1000 por año.
La falta de una ubicación permanente para un Departamento de 'Oficiales de la Ley' 'no parece haber sido una preocupación en la primera mitad del siglo XIX, cuando (si Campbell es típico) los oficiales de la ley no parecen haberse preocupado ni siquiera por tener una copia. de las opiniones que emitieron, pero para la época de Harcourt, los "archivos del Procurador General", que incluían un montón de opiniones y documentos variados y no clasificados, se pasaban sin ceremonias de las cámaras de un titular a otro. Más alarmante era la práctica de simplemente empaquetar documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores, a veces muy secretos, y enviarlos entre agentes de la ley por un empleado en el ferrocarril. 
Con los oficiales de la ley dependientes de que el departamento diera la opinión para proporcionarles materiales relevantes anteriores, y el departamento esperando que los oficiales de la ley tuvieran una copia de cualquier cosa que emanara de sus predecesores, era una forma de hacer negocios desacreditada e ineficiente. 
La revelación de Harcourt no condujo , como esperaba, inmediatamente al establecimiento de una secretaría permanente, incluso después de que Selborne hubiera argumentado que los oficiales de la ley necesitaban al menos una secretaria capaz de garantizar que todos los proyectos de ley relevantes en los Comunes fueran atraído a su atención. 
Finalmente, en 1893, se les asignó una pequeña oficina en el RCJ, que constaba de dos empleados (elevados a tres justo antes de la guerra) junto con los propios empleados de los oficiales de la ley.  No había equivalente al secretario permanente del Lord Canciller, y Simon se sorprendió de la forma anticuada en que todavía se preparaban las opiniones.
Opinions
Opiniones
Uno de los principales deberes de los agentes de la ley era durante mucho tiempo proporcionar a un ministro que lo solicitaba una opinión sobre una cuestión de derecho. Algunas solicitudes llegaron en forma formal, lo que generó una tarifa, pero otras se incluyeron en una carta y se trataron de manera más informal; curiosamente, no existía una convención para distinguir qué enfoque era el apropiado.  Como los oficiales de la ley notaron con sospecha, las solicitudes formales aumentaron después del Acta de 1871 en virtud del cual no es necesario pagarlas individualmente, y Holland, de la Oficina Colonial, admitió que ahora tenían menos dudas sobre hacerlas.
Baggallay calculó que entonces había 600 al año, aumentando drásticamente cuando las condiciones de guerra aumentaron la demanda de opiniones sobre el derecho internacional. La principal queja de los agentes de la ley, sin embargo, fue la falta de discriminación más que el número; en opinión de Harcourt, "se envió una enorme masa de negocios desde el Ministerio de Relaciones Exteriores que no tenía ninguna relación posible con la ley, y bien podría haberse enviado a cualquier otra persona que a los oficiales de la ley". 
El Ministerio de Relaciones Exteriores puede haberse vuelto más selectivo una vez que adquirió su propio abogado interno; en todo caso, el número de opiniones formales, 187 en 1893, se mantuvo bastante constante hasta la Primera Guerra Mundial, aunque esto puede ocultar una creciente dependencia de las solicitudes informales.
Se expresaron diferentes opiniones sobre si estas opiniones eran confidenciales. Cuando Palmerston quiso citar una opinión sobre los disturbios de Belfast en 1865, el orador dictaminó que no violaría las reglas de la Cámara, y aunque en 1901 Balfour hizo un pronunciamiento muy inflexible a favor de la completa confidencialidad, Isaacs proporcionó a los Comunes un informe completo de su opinión sobre el caso Archer-Shee en 1911 y la cuestión seguía sin resolverse. 
En ocasiones, los agentes de la ley participaban en la redacción de proyectos de ley. Aunque Coleridge se quejó de que a veces desconocía el contenido, incluso de los proyectos de reforma legal, hasta que tuvo que recomendarlos a la Cámara,  parece que, en general, esperaban que una vez que el ponente hubiera presentado un proyecto de ley lo arreglarían con el ministro y otros que serían responsables de su paso.
 Sin embargo, Baggallay se burló de que se esperaba que redactara cláusulas él mismo, algo que Jessel pensó que era una novedad, aunque en la década de 1850 la lucha por superar las etapas de proyectos de ley controvertidos, como los de sucesiones y divorcios, había requerido recurrir frecuentemente a redacciones improvisadas en circunstancias de acoso. . Sin embargo, puede ser que la participación de la Oficina de Asesoría Parlamentaria reduzca tales demandas.
In court
En la corte
En 1872, el Ministro de Hacienda afirmó que asesorar y llevar a cabo los enjuiciamientos del gobierno era el deber más importante de los oficiales de la ley, pero su punto de vista estaba desactualizado.  La mayoría de los procesos penales iniciados por departamentos gubernamentales fueron por infracciones rutinarias de la ley de ingresos y se llevaron a cabo en nombre de Aduanas e Impuestos Especiales, la Junta de Comercio, la Oficina de Correos y la Casa de Moneda. Había sido costumbre enviar un escrito de cortesía al Fiscal General con una tarifa modesta, con la expectativa de que normalmente devolviera su opinión (a menudo bastante superficial) al departamento, que luego contrataría a un abogado subalterno para llevar el caso. 
El paso a salarios para negocios no contenciosos en 1871 parece haber confundido las cosas, y la Oficina de Correos, en particular, ahora trata el escrito como una solicitud de opinión, que no generó honorarios separados incluso cuando condujo a un enjuiciamiento. Baggallay protestó, insistiendo en su derecho a decidir por sí mismo si llevar el caso, y en que esto se clasifica como asunto contencioso. 
La posición de los oficiales de la ley fue salvaguardada en la mayoría de las propuestas para crear fiscales públicos, incluido el proyecto de ley que finalmente tuvo éxito en 1879.  Aunque  el Fiscal General perdió ante el Secretario del Interior en el derecho de nombrar al Director del Ministerio Público, y debía ejercer solo una 'superintendencia',  mantuvo intacto su patrocinio, es decir, el derecho a nombrar al abogado que el Director debía contratar, no solo en Old Bailey sino en otros lugares, derrotando al Tesoro Oferta del abogado para un papel de asesor formal.
Se planteó un problema más grave en los casos importantes en los que el Fiscal General, como miembro del gobierno, participó en la decisión de entablar un proceso judicial. Sir John Scott había insistido en que ejercía una discreción independiente, pero cuando Denman presentó esta visión de la posición constitucional a Guillermo IV, concluyó con palabras en las que sugería que, no obstante, el gobierno podría darle una dirección expresa. Ciertamente, hay casos posteriores en los que el ministro del Interior o el gabinete resolvieron un enjuiciamiento antes de consultar a los oficiales de la ley, y Herschell estaba justificado al objetar la reiteración de Halsbury de su absoluta independencia en 1896, aunque había una distinción entre la decisión de que un enjuiciamiento ser deseable y el asesoramiento de los agentes de la ley sobre si la probabilidad de éxito lo justificaría.  Balfour también adoptó la posición absolutista en 1903, pero esto ni reflejaba el pasado ni sería válido para el futuro cercano.
El uso muy prolífico de información por parte de los agentes de la ley para la difamación criminal (particularmente por Vicary Gibbs) para suprimir publicaciones radicales durante la larga guerra con Francia había sido políticamente controvertido, y aunque Copley desistió de usarlas,  la aceptación complaciente de Tenterden de información de ambos los informantes («información de la Oficina de la Corona») y los agentes de la ley resistieron una fuerte tentación. Sin embargo, consternado por no haber condenado a Cobbett en 1831, Denman, a pesar de la presión del Rey, los abandonó,  y aunque algunos de sus sucesores (por ejemplo, AL Smith  ) lamentaron que no fueran utilizados más fácilmente. en los casos apropiados, se convirtieron en una rareza.
Lo más objetable acerca de la información de oficio fue que enviaron al acusado directamente a juicio, sin pasar por las salvaguardas normales del juicio y el gran jurado, y los otros privilegios del Fiscal General en el litigio también fueron objeto de escrutinio a medida que la posición del acusado fue gradualmente mejorado. Conservó el derecho a insistir en un juicio en el bar en los casos en los que afirmó que la Corona tenía interés en el resultado (aunque ese reclamo podría ser disputado en sí mismo), y si renunciaba a un juicio en el bar, su derecho a elegir el lugar. fue promulgada expresamente en la Crown Suits Act de 1865. 
Sin embargo, su afirmación de tener derecho a la última oportunidad de dirigirse al jurado en un juicio penal resultó más difícil de sostener. Mansfield la confirmó, al menos para los juicios estatales,  y siguiendo la Ley de Asesoramiento a Prisioneros de 1836, los jueces acordaron que debería aplicarse a todos los fiscales en los procesos públicos por delitos graves.  Sin embargo, fue muy criticado  y en 1884 se limitó a los oficiales de la ley que actuaban en persona. 
Además de su papel en la decisión de iniciar procesos, hubo casos en los que el Fiscal General ejerció control sobre su continuación.  El más amplio fue el poder de prerrogativa de larga data para suspender un enjuiciamiento en la acusación mediante la presentación de un juicio nolle , ya sea que el enjuiciamiento hubiera sido iniciado por un particular o por la Corona (Denman se libró de la vergüenza después de que el jurado no condenara de un libelo criminal en 1831). 
 Era ejercitable en cualquier etapa antes de la emisión del veredicto (incluso después del veredicto del jurado, como en R v. Johnson 108 ) pero hasta la revisión autorizada en R v. Allen, no quedó claro si sólo se concluyó el procedimiento en el  acusación particular, o procedimientos futuros también con rejas por el mismo delito. En Allen, el tribunal no solo dictaminó que la práctica del Fiscal General de consultar al fiscal o su abogado de antemano, aunque deseable, no era un requisito, sino que sostuvo que los procedimientos así interrumpidos no podían reanudarse. 
 La nolle prosequi parece haber sido utilizada principalmente por dos razones: 'para disponer de procedimientos técnicamente imperfectos iniciados por la Corona; y poner freno a los procesos opresivos, pero técnicamente impecables, de los fiscales privados ”. Una vez que el DPP fue autorizado para hacerse cargo de un proceso privado y, si así lo deseaba, interrumpirlo, este último se volvió innecesario, y con las simplificaciones de la Ley de Acusación de 1915 también lo hizo el primero, dejando obsoleto el nolle prosequi hasta la década de 1950. 

El Fiscal General también controló las apelaciones a la Cámara de los Lores de condenas penales por escrito de error.  Un dictamen de Mansfield sugirió que su consentimiento no debería ser denegado `` si existe una causa probable '',  pero en Ex p Newton  un intento de obtener un mandamus contra su negativa no solo fue infructuoso, sino que llevó a Campbell CJ a dudar de la autenticidad, así como la corrección del dictum. 
Según JF Stephen, `` la mayor parte del derecho penal está ahora tan bien asentado y entendido que es un asunto de poca importancia práctica '', pero la escasez de aplicaciones exitosas probablemente también se deba en algo a las deficiencias del escrito de error como mecanismo correctivo. En cualquier caso, durante la aprobación de la Ley de 1907 del Tribunal de Apelaciones en lo Penal, se abolió el recurso de error y la sección 1 (6) dispuso, en cambio, que una apelación se basaría en un certificado del Fiscal General de que 'la decisión del Tribunal de Justicia La apelación penal implica una cuestión de derecho de excepcional importancia pública, y que es deseable en interés público que se interponga una nueva apelación ”.
 Esta disposición colocó al Fiscal General en una posición bastante insatisfactoria, y aunque los términos legales parecían muy restrictivos (y estaban destinados a serlo), lo fue Es previsible que en los casos de pena capital haya una presión considerable de los periódicos y el parlamento, como pronto se demostró con Steinie Morrison y Roger Casement.

La tercera restricción del Fiscal General sobre los procedimientos fue una novedad, comenzando con la Ley de Ayuda para la Iglesia Católica Romana de 1829.  Esta y algunas leyes posteriores establecían que no se podía entablar juicio sin su consentimiento. Las justificaciones eran generalmente (como en la Ley de Ayuda Católica Romana) que era probable que atrajera muchos enjuiciamientos privados maliciosos o vejatorios o, como con la Ley de Secretos Oficiales de 1911, que el delito era esencialmente contra el estado y no contra un individuo.
 Ante la Comisión de Derecho Penal en 1854, Campbell CJ y el Fiscal General (Cockburn) discreparon fundamentalmente sobre si esta restricción debería adoptarse más ampliamente, y aunque la Comisión presentó una propuesta bastante sorprendente de que debería ser necesaria 'en los casos en que el acusado ha no se había llevado antes ante un magistrado » , no se estableció ninguna regla general. Se difundió poco a poco y sin una justificación discernible, pero no se convirtió en un problema grave hasta que estas cláusulas proliferaron en la legislación de emergencia en tiempos de guerra.
Muy distinta de estas funciones era la posición del Fiscal General como guardián del interés público.  Originalmente ejercido (ya sea directamente o a través de una acción de relator) principalmente en relación con el presunto mal uso de fondos de caridad, se expandió gradualmente a otros males que no eran lo suficientemente particulares como para dar un interés individual o una razón para iniciar una acción o que por varios motivos de lo contrario, las razones podrían escapar al desafío. A partir de molestias públicas, estas situaciones se extendieron a una amplia gama de acciones ultra vires por parte de los organismos públicos. 
Como lo dejó claro Lord Halsbury en LCC c. Fiscal General , 126su discreción quedaba fuera del control de los tribunales, aunque no podía reclamar una orden judicial de pleno derecho.  Por último, fue el Fiscal General quien fue acusado en las acciones contra la Corona. RSC 1883 Ord. 25, r 5 permitió obtener sentencias declaratorias de esta manera con miras a crear una fuerte obligación moral en lugar de una orden judicial, (p. 1078) pero solo después de Dyson v. Attorney-General  donde las reglas recibieron una amplia interpretación suficiente para fomentar este curso de acción. 

2. Las posadas de la corte y la cancillería
The Inns of Court and Chancery
Los Benchers
The Benchers
Cada posada de la corte estaba gobernada por sus jueces, un cuerpo que se perpetuaba a sí mismo y de tamaño ilimitado, que aumentaban su número cuando lo deseaban. Las calificaciones normales seguían siendo la edad, la riqueza y la conveniencia personal en lugar de la competencia o el éxito profesional,  y los banqueros se convirtieron en sinónimo de los hombres mayores, alejados de las preocupaciones de los jóvenes y estudiantes y más interesados ​​en sus cenas que en cualquier otra cosa. 
Aunque la composición de los bancos cambió significativamente, fue más fortuito que una respuesta al descontento de los jóvenes. Se había convertido en práctica elegir nuevos KC casi automáticamente y esto creaba dos dificultades imprevistas: que el tamaño del banco se volvería difícil de manejar y que cualquier discriminación debe ser abandonada o su ejercicio debe ser defendible, no sea que cree una posición odiosa para la seda rechazada. 
Este último apareció primero y de la manera más vergonzosa. En 1845, el tory Abraham Hayward, ex editor de la revista Law Magazine , fue rechazado por el whig JA Roebuck en represalia por un antiguo desaire. Hayward llevó su caso a los jueces, quienes correctamente decidieron que no tenía ningún "derecho incipiente" que pudiera ser infringido, pero deploraron la práctica del Templo Interior; la respuesta, sustituir el requisito de cuatro bolas negras por una, fue apenas la mejora que los jueces tenían en mente. 
Se siguieron eligiendo QC (solo unos pocos rechazaron 134 ) excepto en un puñado de casos, como el de Edwin James, donde la posada los consideró inadecuados y, por lo tanto, los bancos se hicieron cada vez más grandes y cada vez más alejados del bar juvenil, ya que ningún intento se hizo para equilibrar esta afluencia mediante la adición de hombres más jóvenes. En 1877 (p.1079) contaban entre 50 y 70, excepto en Grays (solo 21).
 Esta tendencia no había perturbado a la Comisión de Inns of Court en la década de 1850 y cuando surgió un desafío fue el resultado de la mala publicidad sobre el manejo de los casos disciplinarios de James y Seymour.
Sir George Bowyer, un ponente de equidad y transmisor, y dos abogados no practicantes presentaron un proyecto de ley en 1862 que combinó reformas de la jurisdicción disciplinaria con propuestas para tener una escasa mayoría de jueces elegidos. Aunque los argumentos contrarios, que las elecciones fueron asuntos indignos en los que los hombres refinados se abstuvieron de presentarse e incluso votar y que debido a que la Corona (a través de los QC) en efecto controlaba los escaños, todo estaba bien, eran poco convincentes, había poco apoyo para esta parte. de la cuenta de Bowyer y lo dejó caer. 
El leve intento de democratización de Roundell Palmer en la década de 1870 fue igualmente infructuoso. Su proyecto de ley Inns of Court de 1874 habría reducido el número de jueces (50 para los de Lincoln, 40 para cada uno de los templos, 20 para los grises) al permitir que las vacantes alternas permanezcan sin cubrir y las demás sean ocupadas alternativamente por un QC y un practicante. abogado de al menos cinco años de antigüedad. Se hicieron algunos cambios menores. Las posadas tuvieron que afrontar la situación provocada por las Leyes de la Judicatura y la disolución en 1877 de Serjeants Inn. 
Los jueces regresaron a sus propias posadas y, excepto en Lincoln's Inn (que estaba acostumbrado a tener jueces como jueces) se les concedió una especie de estatus honorífico en los bancos. Los escaños de Lincoln también limitaron a 70 en 1875 y luego hicieron movimientos bastante débiles para que los jóvenes subieran al banco, pero incluso allí, el gobierno de las posadas siguió siendo esencialmente oligárquico, y los observadores reflexivos se preguntaron por la apatía de los miembros. 
 A pesar de los intentos de algunas almas valientes en el Middle Temple en la década de 1890 de exigir una selección más democrática de los jueces y la publicación de cuentas, las finanzas de las posadas, auditadas solo de la manera más superficial y amateur, permanecieron envueltas en secreto. 
 Admission and Call
Admisión y convocatoria
Las posadas habían adquirido el derecho tanto de establecer los requisitos generales que regían el acceso a la profesión como de excluir de la admisión o llamar a cualquier individuo que consideraran indeseable.  Los intentos espasmódicos de armonizar sus reglas habían producido una uniformidad sustancial, aunque no completa; por lo tanto, aunque ninguna de las posadas llamaría a una persona "en el comercio", Grays y el Templo Interior ni siquiera lo admitirían. 
Además, durante unos 20 años a partir de 1829, el Inner Temple fue único en imponer también un examen de ingreso, mientras que los candidatos en Lincoln's Inn aún tenían que ser aprobados por la 'Bar Table' (los abogados que estaban cenando en el pasillo cuando se le propuso para la admisión); este veto podría ser anulado por los jueces, quienes tuvieron una visión más generosa en casos como el de un inspector de impuestos y el editor de The Satirist . 
La principal salvaguarda contra los participantes indeseables era un certificado firmado por un juez o dos abogados de que el solicitante era "un caballero de carácter y respetabilidad". Aunque los comisionados objetaron que podría resultar difícil para quienes no tienen conexiones, no parece haber sido demasiado riguroso en la práctica. 
El poder de rechazar la admisión o la convocatoria, que se ejerce sin referencia a ningún criterio publicado, es ciertamente susceptible de críticas. Su origen estaba "envuelto en una oscuridad considerable"  y se suponía que había sido transferido por los jueces, quienes conservaban el poder de vigilar su ejercicio, aunque qué jueces y si como visitantes o de otra manera permanecieron oscuros. 
The King's Bench, que se había negado sistemáticamente a intervenir en las disputas entre los banqueros y los miembros de las posadas,  abdicó de toda responsabilidad cuando Thomas Wooler, a quien Lincoln's Inn no solo se había negado a admitir, sino incluso a proporcionar razones de su negativa, solicitó un mandamus . Littledale J. sostuvo que 'esas son sociedades voluntarias, que no se someten a ningún gobierno. Pueden, a su discreción, admitir o no, según les plazca; y la Corte ... no tiene poder para obligarlos a admitir a ningún individuo '. 
Littledale distinguió esta situación de una negativa a llamar, en la que la apelación recayó en los jueces, sobre la base dudosa de que el candidato una vez admitido  adquirió `` un derecho incipiente a ser llamado '', 149 pero esto no era una distinción eso se recomendó a los comisionados y en 1837 las posadas acordaron extender el mismo derecho de apelación a las admisiones. 
De hecho, ninguna otra negativa atrajo la atención pública hasta las de Miss Day y Christobel Pankhurst en la era eduardiana, y esas negativas se mantuvieron por motivos de sexo más que por características personales. 
Sin embargo, en la década de 1830, los jueces del Templo Interior estaban buscando problemas al negarse a llamar a DW Harvey, un ex abogado con antecedentes dudosos, a pesar de haberlo admitido 11 términos antes.  La apelación de Harvey no persuadió a los jueces de revocar la negativa de los jueces, pero fue elegido diputado por Colchester en 1832 y volvió al cargo. Aunque sus intentos de obligar a las posadas a enmarcar regulaciones más justas fracasaron, los Comisionados de Derecho Común recibieron instrucciones de investigar. 
 Mientras tanto, Harvey obtuvo una nueva audiencia, pero los jueces se mantuvieron obstinados incluso ante el informe de un comité selecto crítico. 
Los comisionados deploraron la falta de regulaciones que regulen la conducción de las apelaciones y rechazaron la posición de Littledale: 'las inmunidades ordinarias de una sociedad voluntaria no deberían permitirse a ningún grupo de personas que afirmen ser el medio de admisión en una de las profesiones eruditas. 
Si la entidad ha de gozar de este privilegio, ya no es una asociación privada, sino una en la que el público tiene un profundo interés, y cuyo trámite, si no se adapta a los fines de utilidad general, debe hacerlo por la interposición de la ley. 
Si bien declararon que las reglas generales de las posadas eran irreprochables, recomendaron que cualquier nueva regla debería requerir la sanción de los jueces; las denegaciones de admisión y llamada deben estar sujetas a una apelación y el veto de la mesa de bar de Lincoln's Inn debe ser abolido. 
Como hemos visto, las posadas extendieron el derecho de apelación y Lincoln abandonó el veto de la mesa del bar. Como de costumbre, las posadas escaparon a la regulación tomando las medidas mínimas necesarias para desviar las críticas.
Discipline
Disciplina
Como cualquier sociedad voluntaria, las posadas tenían el poder de expulsar a los miembros. De acuerdo con su actitud general, el King's Bench, a través de Lord Ellenborough CJ, se había negado firmemente (p. 1082) a involucrarse en disputas sobre el impago de las cuotas.  
Más difíciles fueron las alegaciones de que un abogado había violado las normas éticas de la profesión, ya que, como señalaban los críticos con creciente frecuencia, las posadas no habían tomado medidas para informar a la profesión cuáles eran esas normas. Cockburn CJ comparó acertadamente su tenor general con la “conducta impropia” de los militares, pero la falta de definición significaba que las sanciones se limitaban a las violaciones más flagrantes del código no escrito.
La gama de sanciones era limitada, sin nada entre "proyectar" una censura (quizás junto con una prohibición de comer en el vestíbulo) y la inhabilitación permanente, tan rara vez utilizada que una gran incertidumbre rodeó el procedimiento. 
Aunque esto podría dar lugar a denuncias de injusticia e incoherencia, a veces era inevitable actuar. 161 James Townshend Saward, abogado, maestro falsificador y receptor de clase alta conocido en el inframundo de Londres como 'Jem the Penman', vivió su doble vida tan larga y tan notoriamente que su caída en 1857 fue un episodio humillante para la noble profesión. . 
Tales delitos parecían reflejar un creciente desprecio entre los abogados por la etiqueta de la profesión, y las debilidades del proceso disciplinario, así como las deficiencias morales de los individuos, fueron escandalosamente expuestas en varios casos alrededor de 1860.
El más sensacionalista involucró a Edwin James. James personificó un nuevo tipo de abogado. Un abogado llamativo, a veces eficaz, pero un abogado superficial, se había sospechado durante mucho tiempo de obtener publicidad mediante el uso sin escrúpulos de la prensa y se rumoreaba que lo habían nombrado Registrador de Rye por silenciar el papel interpretado por Sir John Jervis en una editorial corrupta elección. A la moda, una vida alta y un gasto libre, James fue considerado un oficial de la ley por venir, pero era un personaje tan cuestionable que el Inner Temple no lo había convertido en un banco cuando tomó seda. 
Al final, los rumores de conducta sinvergüenza en dos casos judiciales, de inmensas deudas y de sanguijuelas del hijo de un par obligaron a los jueces a tomar medidas, pero porque, como era habitual, los detalles de la inhabilitación no se cumplieron. publicado, James pudo reiniciar su carrera en los Estados Unidos, presentándose como la víctima agraviada de un sistema prejuicioso.
Mientras tanto, el Middle Temple estaba lidiando con el caso menos sencillo de W. Digby Seymour, otro a quien no le habían ofrecido un asiento en el banco de su posada cuando le dieron seda, esta vez debido a algunos negocios cuestionables, que también habían llevado a la expulsión de el lío del circuito norte. Se escapó con una censura, pero no antes de que los jueces hubieran perdido su dignidad al entablar una lucha absurda con un testigo por posesión de un documento, lo que dio lugar a cargos de agresión. 165 Seymour se negó a aceptar el veredicto, lo planteó en los Comunes, 166 y señaló numerosas deficiencias en el proceso en su contra, en particular que la sucesión de audiencias después de la cena había contado con la presencia de diferentes jueces en cada ocasión. 
Para corregir estas deficiencias manifiestas, Bowyer y Sir John Romilly presentaron planes  y, aunque ninguno de los dos llegó a buen término, las posadas se alarmaron lo suficiente ante la amenaza a su autonomía como para mantener sus propias discusiones sobre el establecimiento de algún organismo que se ocupara de cuestiones de práctica.  Como se señaló en otra parte, cedieron al Proyecto de Ley de Disciplina y Educación de la barra de Cairns, que habría creado un consejo de 30 miembros, incluidos seis nominados a la Corona, pero cuando se abandonó, la reforma del proceso disciplinario caducó. 
La Ley de la Judicatura de 1873 sustituyó al Lord Canciller y a un juez único del KBD por los jueces de derecho consuetudinario como tribunal nacional y en el último de los escándalos del siglo, la inhabilitación de Grays de Kenealy en 1876, se confirmó que el acusado tenía derecho a que se le dieran las razones de una decisión adversa. 
 Sin embargo, el único organismo conjunto que se estableció fue un comité de 20 personas establecido en 1894 para informar sobre cuestiones generales de disciplina. 
Chambers and Libraries
Cámaras y Bibliotecas
No todos los abogados de Londres estaban ubicados en las posadas. Algunos abogados de traspaso, como Swanston y el excéntrico Charles Trevelyan, se habían derramado de la posada de Lincoln (p.1084) en Chancery Lane, pero solo los mejores podían permitirse correr ese riesgo. 
 Todas las posadas se habían pasado a los arrendamientos anuales, alquileres para la vida se extingue gradualmente y la práctica de designar algunos conjuntos elegibles como 'Judicatura' cámaras fue eliminado tras las críticas de los miembros de la Comisión en 1855. 

Además, hubo otros cambios. Con la excepción de Gray's despoblados, las posadas buscaban limitar los alquileres a sus propios miembros. Dejaron de ser residencias familiares y siendo exclusivamente el refugio de los solteros, el Templo de la noche se hizo famoso por las mujeres sueltas (dollymops) y las prostitutas.
 Eso cambió con la evolución de las cámaras hacia lugares puramente comerciales. Los hombres jóvenes e indigentes que todavía necesitaban habitaciones residenciales fueron empujados hacia arriba a las habitaciones menos espaciosas y menos amigables para los clientes en los pisos superiores.
El creciente número de estudiantes de bares se acomodó tallando habitaciones pequeñas e inconvenientes en los antiguos dormitorios y armarios, pero las posadas también construyeron nuevas cámaras. Inner emprendió una empresa conjunta con Middle cuando el terraplén del Támesis les dio espacio adicional hacia el río, lo que resultó en algunas cámaras bastante grandes de EM Barry. 
 En realidad, ninguna de las posadas parece haberse quedado sin espacio y, a pesar de las quejas sobre alquileres exorbitantes 178 y cierta mala gestión, sí mostraron sensibilidad a las leyes de la oferta y la demanda. Inner recortó las rentas en un 7½ por ciento a principios de la década de 1850 durante la caída en el barra de derecho consuetudinario y la investigación de Lincoln's Inn en la década de 1890 recomendó rentas más bajas para atraer a los estudiantes no comprometidos que gravitaron hacia el Templo en parte por el bajo precio.
Lo que no cambió hasta finales de siglo fue la tradición de que las cámaras estarían en mal estado, monótonas y oscuras; estaba lo suficientemente trillada como para aparecer en los versos de Punch . Sólo la nueva generación de abogados eduardianos súper ricos parece haber comenzado a mejorarlos, Fletcher Moulton usando trofeos de sus casos de patentes y Joseph Walton con fotografías. 
Todas las posadas tenían bibliotecas que poseían objetos raros y valiosos, pero que no estaban bien adaptados a los estudiantes en el contenido de su colección, sus edificios o (p.1085) su horario de apertura. 182 En todos los casos, sin embargo, los edificios fueron reemplazados y / o ampliados. 183 Sin embargo, no siempre fueron generosos con sus gastos, y se dijo que la mezquindad del bibliotecario del Middle Temple con los libros de texto llevó al Museo Británico a quejarse de que demasiados estudiantes de derecho recurrían a su colección.
 Para su crédito, sin embargo, todas las posadas contribuyeron en proporción a sus miembros a los gastos de la biblioteca del bar en las Cortes Reales de Justicia en 1884. 
The Four Inns
Las cuatro posadas

Inner for the rich man, Middle for the poor, Lincoln’s for the gentleman, Gray’s for the boor.
Interior para el rico, Medio para los pobres, Lincoln para el caballero, Gray es para el patán.

Al citar la vieja rima en 1919, JA Strahan tuvo cuidado de negar su continua aplicabilidad a la de Gray.  Sin embargo, durante casi todo el período considerado, Gray's estuvo pasada de moda y en un declive que en un momento amenazó con convertirse en terminal. A partir de una entrada comparable con Middle Temple en la década de 1820, hubo una caída rápida e inexplicable a solo 15 admisiones en 1850, y no se llamó a un solo estudiante en 1873. 
Gray's era menos conveniente para los tribunales, particularmente mientras las calles de Londres estaban en las condiciones descritas en Bleak House , y con el mundo legal tan compacto que incluso una corta distancia podía resultar aislante. Sin embargo, eso no explica las fluctuaciones anteriores ni la caída precipitada a mediados de siglo y significó que era más barato alquilar cámaras. 
 Esto atrajo a un considerable contingente irlandés, y dado que en su mayor parte llegaron a cumplir con el período de calificación de dos años antes de regresar a casa, la baratura era una consideración seria. 
Los irlandeses contribuyeron a crear una atmósfera agradable, pero se pensaba que el número de hibernios y el bullicio habían desanimado a los estudiantes locales. Gray's se diferenciaba de las otras posadas en no convertirse exclusivamente en un refugio de abogados y tenía un carácter variopinto como "ese caravasar rezagado para la recepción de prestamistas, bohemios y caballeros excéntricos". 
El estado crítico de sus asuntos en la década de 1870 finalmente llevó a los jueces a la acción, y aunque las becas y una nueva biblioteca  se compensaron con un sobregiro creciente y un administrador peculado, los esfuerzos de rescate dirigidos por Lewis Coward y Miles Mattinson y los impulsos de FE Smith revivió drásticamente las admisiones de 29 en 1893 a 113 en 1910. Aunque todavía era la más pequeña de las posadas, Gray's ya no era el pariente pobre.
Lincoln's comenzó el siglo XIX como la mejor posada tanto para el "caballero" como para el practicante ambicioso.  En 1842, reunió al 42 por ciento de los abogados nombrados en la Lista de Abogados y había estado muy afanosamente comprando cámaras, renovando edificios antiguos y erigiendo otros nuevos; 88.000 libras esterlinas se destinaron a su nueva sala y biblioteca, inauguradas en 1845. 
 Excepcionalmente, todavía mantenía la forma de ejercicios para los alumnos, pero se habían convertido en una farsa ritual y fueron abolidos en 1856. 
A partir de la década de 1850, Lincoln entró en un preocupante declive. En parte, esto fue un resultado directo de sus vínculos cada vez más estrechos con el tribunal de cancillería y la barra de equidad y su defensa de concentrar los tribunales de equidad dentro del recinto de la posada.  Esto hizo que fuera casi necesario que los principales abogados de equidad residieran allí, lo que elevó los alquileres y desanimó a los recién llegados cuyas aspiraciones se basaban en el derecho común.
 Los pisos superiores siguieron siendo en gran parte residenciales, ya que se consideró que los abogados no subirían de buena gana tan alto 199 y para cuando los alquileres de los conjuntos más baratos se redujeron a niveles competitivos, ya se había producido una rápida pérdida de popularidad. 
En 1863, la participación de la posada en la barra había caído abruptamente al 13 por ciento y el traslado de los tribunales de equidad al Strand en 1883 y las dificultades de la barra de equidad juvenil golpearon fuertemente. Un comité creado por los jueces en 1890 era decididamente pesimista sobre las perspectivas de la barra de equidad y la posada, pero el pesimismo estaba fuera de lugar.
 Chancery se recuperó y con la expansión general de la barra, Lincoln volvió a favorecer, aunque los números no coincidieron con el Temple. Más tranquilo que el Temple, estaba más cerca de los grandes abogados en los campos fuera de la puerta, y cuando el Registro de la Propiedad y el Fideicomisario Público se ubicaron allí, reforzó el carácter de "propiedad" de la posada.
"Interior para el hombre rico" sólo era cierto si el hombre rico podía equipararse con el "hombre universitario", ya que su reputación era sin duda la posada preferida para la escuela pública y el producto de Oxbridge. Además de su breve examen de ingreso, en las décadas de 1830 y 1840 hizo intentos loables pero infructuosos de reactivar el aprendizaje mediante la creación de cátedras.
 Aprovechando el incendio iniciado por el desatento William Maule para mejorar unos miserables decorados viejos, equipados con una nueva sala y biblioteca, y ofreciendo los alquileres reducidos en la década de 1850, el Inner prosperó. En 1878 admitió más de 200, una cifra inigualable hasta Middle Temple en 1910 y sus 400 conjuntos eran todos necesarios, ya que durante el resto del período admitía habitualmente más de 150 al año, alrededor del 30 por ciento del total.
Entre las posadas, el Middle Temple era el más cosmopolita, el más democrático en sus comidas (estando solo en no ordenar las mesas por antigüedad) y quizás el más sociable.  Si no fue "para los pobres", sin duda fue el favorito entre los que llegaron tarde al bar y más tarde entre los graduados de la Universidad de Londres. 
 A partir de la década de 1880, sin embargo, se distinguió más claramente de las otras posadas por la afluencia de estudiantes del imperio, en particular del este. 
En 1914, cuando tres quintas partes de la ingesta procedían del extranjero, se había convertido en la posada más grande. Becas más generosas eran parte de la atracción, pero el baratismo probablemente era mayor, aunque las cámaras más solicitadas, las nuevas hacia el río, eran caras. 

The Inns of Chancery
Las posadas de la cancillería
Cada una de las posadas de Chancery, reducida a ocho en número en la época de Coke, estaba vagamente afiliada a una posada de la corte que ejercía "cierta jurisdicción de supervisión sobre ella".  Sin embargo, al haberse convertido primero en el lugar predilecto de los abogados en lugar de los abogados, posteriormente perdieron toda conexión real con la profesión jurídica. 
 Sus edificios, en su mayoría antiguos, ocupaban lugares privilegiados a lo largo de Holborn y Chancery Lane y todos se vendieron a medida que se reconstruía el área.
Dado que la Comisión de Inns of Court había concluido despectivamente que no poseían propiedades en fideicomisos caritativos, ni poseían ingresos que pudieran dedicarse a fines públicos,  no parecía haber razón para obstruir este proceso y la venta de Lyon's Inn en 1863 despertó poco interés. , pero la controversia generada por la venta de Serjeants 'Inn en 1877 y los animados debates sobre educación jurídica hicieron que la venta de Clement's Inn en 1884 fuera menos sencilla. 
La Law Society falló en su alegación de que la posada estaba sujeta a fideicomisos caritativos, pero algunos de los miembros que se beneficiaron de la ganancia inesperada hicieron prudentemente una gran donación con el propósito de educación legal. Se hicieron amenazas de un desafío adicional cuando Prudential compró Staple y Furnival's Inns, pero aparentemente no se materializó y un intento de intervenir en la venta de Barnard's en 1892 no tuvo éxito. 
Sin embargo, cuando se enajenaron los dos últimos, Cliffords y New Inn, este último como una compra obligatoria por parte de la LCC para la ampliación de la carretera, se hicieron reclamaciones. El caso New Inn se resolvió en términos que extrajeron 55.000 libras esterlinas para la provisión de educación jurídica. 
 El otro caso fue disputado y en Smith v. Kerr la mayor parte de sus ganancias de 100.000 libras esterlinas se consideró caritativo; Ambas sumas se destinaron a engrosar el cofre de guerra de la propuesta "escuela general de derecho".  Los pasillos de Barnard's Inn y (más prominentemente) Staple Inn sobreviven, pero las posadas mismas están muertas y desaparecidas.

The Bar Committee and Bar Council
3. El Comité de Abogados y el Consejo de Abogados

Muchos miembros de la barra , especialmente del lado del common law, se sintieron agraviados porque durante el amenazador fermento reformista de la década de 1870 sus intereses no fueron defendidos adecuadamente. El Fiscal General se encontraba en una posición equívoca y los numerosos abogados del Parlamento eran en su mayoría hombres eminentes y exitosos, alejados de las preocupaciones de la base. Estos últimos miraban con envidia las instituciones de procuradores, que defendían más vigorosamente a sus miembros que la gerontocracia de las posadas. 
En 1883, esta exasperación se tradujo en una actividad decidida. Un nuevo conjunto de reglas de la corte amenazaba drásticamente con reducir las vacantes para los juniors y llegó con fuerza (p. 1089) inmediatamente después de una legislación que tiende a disminuir la función de transmisión del abogado. ( counsel’s conveyancing role)
Más de 1000 asistieron a una reunión de la barra  y se formó un Bar Committee "para recopilar y expresar la opinión [es] de los miembros de la barra sobre asuntos que afecten a la profesión y tomar las medidas al respecto que se consideren oportunas". Un indicio revelador del estado de ánimo truculento de los juveniles fue la composición del Comité, con números iguales extraídos de los QC, los hombres de 10 años y los más jóvenes. 
El Comité falló en su objetivo inmediato, una revisión de las nuevas reglas, a pesar de un enérgico desafío de su presidente, Sir Hardinge Giffard, en los Comunes. Sin embargo,la barra se benefició de que Giffard se convirtiera en Lord Canciller en 1885. Selborne había acordado que el Comité de Abogados debería tener la oportunidad de hacer declaraciones antes de que las nuevas reglas entraran en vigencia, pero Halsbury les otorgó el derecho a ser consultados en la etapa de redacción. Sus comentarios fueron generalmente conservadores, como en su deseo de volver a cerrar las cortes de Westminster durante los circuitos. 
 El Comité también buscó un papel en la regulación interna de la profesión en asuntos tales como la regla de los dos abogados y los retenedores, pero a medida que se hizo evidente que no tenía autoridad real y las amenazas externas disminuyeron, el entusiasmo inicial disminuyó, la asistencia a las reuniones anuales disminuyó y, a pesar de los esfuerzos de su enérgica secretaria SHS Lofthouse, los suscriptores disminuyeron.
La apatía se disipó en 1894, en parte gracias a los enérgicos esfuerzos de FO Crump, editor de The Law Times. Sus opiniones no fueron generalmente aceptadas, sobre todo porque buscaba que el Comité actuara explícitamente en interés de la "parte activa" de la profesión,  pero parecen haber levantado el listón de su letargo. Otra reunión muy grande transformó el  Bar Committee  en un Bar Council con un mandato más amplio, aunque todavía estaba muy por debajo de las grandiosas ideas de Crump.  
The Bar Council  fue aceptado como contraparte del the Law Society y oficialmente reconocido en la Ley del Comité de Reglamentos de 1909, que le otorgó dos representantes (en la práctica, un KC y un subalterno) en el Comité. Además, siempre proporcionó un candidato  para las comisiones reales y los comités departamentales y, a juzgar por los informes de la reunión anual de abogados, dio satisfacción general en ese papel.
La relación del Ayuntamiento con los circuitos y las posadas fue más delicada. Gradualmente, los líos del circuito aceptaron que el Consejo estableciera reglas de etiqueta obligatorias para sus miembros, pero había sido una locura que la junta de abogados exigiera un subsidio anual de £ 1000 de las posadas para financiar una secretaría permanente mientras buscaba hacerse cargo de su función disciplinaria.
 Después de algunas tensas negociaciones, el Consejo tuvo que contentarse con 600 libras esterlinas al año y se vio obligado a dejar los poderes de las posadas prácticamente intactos. De hecho, el nuevo cuerpo pronto se encontró capaz de convivir cómodamente con el viejo. Para las posadas era conveniente que otro organismo se pronunciara sobre cuestiones difíciles de etiqueta, mientras que la existencia del Consejo enmascaraba sus poderes apenas cuestionables sobre admisiones y visitas.

Circuits and Bar Messes
4. Circuitos y líos de barras
La vida del circuito tuvo una importancia en la vida del bar que trascendió a los Assizes como fuente de escritos.  En el circuito, los abogados estaban muy cerca de estar a la altura de la concepción elevada de su vocación que afectaban y, al menos a sus propios ojos, los convertía en algo más que una mera profesión. En el circuito, participaron de la majestuosidad de la ley en su solemne avance por los condados y la etiqueta del circuito enfatizó que se trataba de una compañía de caballeros. La prohibición de viajar en transporte público (y más tarde la insistencia en los viajes en tren en primera clase); la insistencia en hospedarse en hospedajes en lugar de hoteles y cenas comunales, además de crear un cordón sanitario que evitara la contaminación por parte de los abogados, eran formas de mantener la diferencia social. 
La vida en circuito también fue diseñada para enfatizar el aspecto colectivo del bar y para suavizar el duro individualismo que subyace a la competencia por los negocios. Los hombres que iban sin ninguna expectativa de escritos fueron particularmente bienvenidos y las costumbres del lío —inversiones temporales de estatus, simulacros de tribunales y multas— ayudaron a los fracasados ​​a sublimar su envidia por los exitosos.  
Not todo el mundo disfrutaba de la atmósfera de alegría de soltero; Campbell pronto se cansó de ello, Disraeli lo despreció en la ficción como "una aventura fría y mercantil", y el intelectual patricio Robert Cecil encontró la "ceremonia infantil" una prueba. 
Cada circuito tenía su propio carácter. Tenían sus propias canciones e historias y un núcleo duro de circuitos veteranos que eran los custodios de las tradiciones del circuito, hombres como Thomas Blofield en el Norfolk.  Algunas de estas costumbres se reunieron en colecciones, pero el mejor relato de la vida en circuito, Pie-Powder de Alderson Foote (1911), está impregnado de melancolía y es realmente una elegía para un mundo pasajero.  Y muchos estuvieron marcados por un tema común: la vida en circuito no era lo que era. 
De hecho, es sorprendente cuánto de la vida en circuito sobrevivió hasta bien entrado el siglo XX. El diecinueve se había abierto con seis circuitos ingleses y se había cerrado con seis. El norte se había dividido, el hogar y Norfolk se fusionaron en el sureste, pero de los demás, solo la región central había sufrido alteraciones sustanciales. La membresía del circuito había aumentado notablemente de 316 en 1820 a 1994 en 1900. Conjuntos enteros de cámaras como la de Salter todavía estaban vacías para los circuitos y la mayor parte del ritual del desorden del circuito todavía estaba intacto. 
Sin embargo, los laudatores tempori acti tenían razón. Haciendo todo lo posible por su nostalgia, los circuitos eran menos atractivos que antes. En el sureste y el norte se hizo imposible conocer a todos los compañeros de circuito y, al menos desde la década de 1850, algunos hombres ya no recorrían todo el circuito, algo que a Coleridge le entristeció especialmente. Los hombres exitosos abandonaron las ciudades más pequeñas, convirtiéndolo en una farsa en algunos lugares de la región central, como se lamentó Atlay (un entusiasta de los circuitos). 
 Un pequeño núcleo mantuvo la antigua tradición, pero el ferrocarril, y al final del período el automóvil, facilitó la entrada y salida de los hombres en el circuito y las reglas tuvieron que doblarse para adaptarse a las realidades; la venta de la furgoneta del circuito occidental en 1893 marcó una época. Los circuitos más alejados de Londres encontraron más fácil mantener una apariencia de la vida anterior, pero ya no era lo mismo en ningún lado.
Ya no se veía a los " social ", los caballeros abogados; Joseph Sharpe, un terrateniente soltero, fue el último en el norte.  Los bailes de Assize desaparecieron, los jueces dejaron de dar cenas a los dignos locales y a sus amigos en el bar. Quedaron  'Grand Nights', pero gran parte de su esplendor había desaparecido, y la cultura de la bebida que había sido una característica de algunos circuitos en su apogeo también se desvaneció. Muchos culparon al ferrocarril, pero otras causas eran intrínsecas al sistema legal. 
Los tribunales de condado y la jurisdicción ampliada de las sesiones trimestrales eliminaron los negocios y las sesiones continuas del Tribunal Superior de Londres (ayudadas por la creación de registros de distrito) ofrecieron a los litigantes una alternativa a esperar en la próxima Assize, además de obligar a los abogados a elegir si deseaban ir al circuito o permanecer en la ciudad. Los bares locales crearon una competencia formidable para los negocios justo donde eran más pesados ​​y quizás lo sorprendente es que tantos hombres siguieran dando vueltas. 
La disminución de la asistencia a las cenas del circuito tuvo su efecto en el papel del bar como árbitro de la conducta. Esto se hizo eco de la forma en que las posadas buscaban ser clubes privados que ejercían funciones públicas y había sido lo suficientemente controvertido cuando los Norfolk actuaron contra Kelly y O'Malley en la década de 1830 y el hogar contra Ellis-Davis en la década de 1870,  pero no podía pretender que las deliberaciones de un puñado de hombres (y a menudo de jóvenes) sin acceso a precedentes por sí mismos, o sin practicar en otros circuitos, representaban el sentimiento del circuito. 
Algunos circuitos recurrieron a delegar deberes en su comité de vinos, ya que necesariamente se reunían regularmente para su propósito principal, y al menos en Norfolk y Western, estos adquirieron funciones disciplinarias; de hecho, Foote sintió que el presidente se había convertido en una especie de tirano.
Con la formación de la barra, el papel de los líos del circuito en el desarrollo y la definición de la etiqueta se redujo mucho y prevaleció una mayor uniformidad, por lo que ya no era necesario que el recién llegado preguntara al líder del circuito cuáles eran sus reglas. El lío ahora podría concentrarse en su lado social.
 Cada circuito tenía su propio carácter y reglas distintivos. El western siempre se enorgulleció de ser bastante especial y gracias a los escritos de los Coleridges (tres generaciones recorrieron el circuito y alcanzaron el banquillo) y Foote es probablemente el más conocido. Incluía a muchos compatriotas del oeste y quizás estaba en su apogeo en las décadas de 1830 y 1840 cuando Cockburn, Crowder y Follett compitieron por el liderazgo, pero se mantuvo fuerte durante la mayor parte del siglo. 
Reconocido por la discursividad de sus practicantes, incluso algunos líderes como Crowder, que distrajo a los jueces de Assize,  apenas se vio afectado por los cambios de la década de 1870 y la barra de Bristol no era lo suficientemente fuerte como para ser una gran amenaza. 255Las tradiciones fueron defendidas por Foote, EU Bullen y 'Tommy' Bucknill, pero aunque los números habían aumentado a 200 desde solo 58 en 1820, el calibre disminuyó, tal vez porque no produjo mucho trabajo comercial.
El cronista del circuito de Oxford, Sir R. Bosanquet, cuenta la misma historia de glorias que parten que Foote. La camioneta se había ido; los hombres que no podían conseguir bolsas se rindieron más rápidamente; los mayores eran muy selectivos en la elección de las ciudades y, durante un tiempo, el líder nominal e invisible fue Lewis Edmunds, de la barra de patentes.  Quizás el más conservador de los circuitos, conservó las viejas costumbres durante más tiempo que la mayoría y gran parte de la vida social permaneció intacta, y los afortunados se entretuvieron en la casa de campo de Stavely Hill. 
 Era débil en la década de 1820, el líder, Dauncey, era poco considerado incluso en el Tesoro, no en los tribunales más fuertes. Su sucesor, John Jervis, fue mucho más formidable, aunque no fue por hombres del mundo como Jervis que el circuito ganó su reputación de refinamiento,  sino más bien por los oxonianos a quienes les gustaba la oportunidad de mantenerse en contacto con su antigua universidad. Aun así, creció más lentamente que la mayoría hasta cerca de finales de siglo, cuando reunió a 239.  
Los negocios no lograron seguir el ritmo, de ahí quizás su reputación de hablar lento y capacidad para alargar los procedimientos.  Incluso el crimen no abundaba  excepto en las partes salvajes de Staffordshire y el Bosque de Dean, y los conductores encontraron en el bar local de Birmingham un competidor formidable.
Corto y compacto, excepto entre 1864 y 1876, cuando se agregaron York y Leeds para aliviar el norte, el Midland fue favorecido por los jóvenes.  En 1884, Birmingham se convirtió por fin en una ciudad de Assize, incómodamente añadida al final del circuito aparentemente para preservar las vacaciones de los Clerks of Assize.  Lord Birkenhead lo menospreció como "provinciano en simpatía y prejuicioso en influencia", y nunca parece haber estado realmente de moda. 
 MD Hill y Thomas Denman en la década de 1820 lo eligieron por su bajo precio y pequeñas cifras 267 y permaneció pequeño (solo 63 en 1860) hasta un aumento espectacular con la adición de grandes ciudades, cuando el número se triplicó en 20 años. Ballantine lo encontró muy agradable y ciertamente tenía su parte de "personajes" como los Clarke, padre e hijo, que se encontraban entre los líderes en las décadas de 1820 y 1830. El bar local de Birmingham contribuyó con su parte de rarezas: aparentemente, "se dirigía a los fenómenos", hombres como Pye, sucesivamente un clérigo anglicano y católico romano, y el tempestuoso Pym Yeatman. 

 

 fuente



Historia de los Barristers.


Judge Gets the Boot on his First Day in Court, 1890




From the New Ross Standard, 18 January 1890


"La primera experiencia de la vida judicial del juez Hickson ha sido bastante peligrosa, pero mostró un gran valor y dominio de sí mismo. La práctica de arrojar pantuflas a una pareja casada el día de su boda 'para la suerte' está en declive, ya que, por amistoso que sea el motivo, el acto fue asistido con cierto riesgo. Sin embargo, no fue por suerte que un hombre llamado Finerty, del muelle de Tullamore el jueves, inaugurara la carrera judicial de su señoría arrojándole a la cabeza su pesada bota con clavos y punta de hierro. El erudito juez esquivó el misil con la frialdad y la habilidad de un experto jugador de críquet. Y así, literalmente, mantuvo la cabeza y decepcionó al feroz jardinero en el banquillo de los acusados, que tenía la intención de que su señoría fuera lanzada de una manera muy ignominiosa con el cráneo marcado. Pero su ataque retrocedió sobre sí mismo, y aprendió que la justicia no se detiene, sino que puede ser rápida y segura. Habría sido condenado a seis meses de prisión por el delito de hurto, del que había sido condenado, estando dispuesto el juez a tratarlo con indulgencia en las circunstancias del caso, aunque era un antiguo delincuente; pero su hazaña de rufianismo desesperado, que en interés de la justicia requería un castigo severo, fue recompensada con una pena adicional de doce meses de prisión y trabajos forzados ”.

El estrés de preocuparse por futuros misiles bien pudo haber sido demasiado para el juez de la corte del condado Hickson, de 20 Herbert Street, Dublín, quien murió en octubre de 1891. A pesar de la brevedad de su carrera judicial, obtuvo cierto reconocimiento en forma de la descripción anterior en Illustrated Police News del 25 de enero de 1890. Su biblioteca jurídica, que contenía muchas obras escasas y valiosas, se vendió más tarde a precios récord.

Sólo uno de los muchos intentos de ataque contra jueces irlandeses en los tiempos difíciles de finales del siglo XIX , afortunadamente ninguno resultó en lesiones físicas; el costo psicológico de estar constantemente en riesgo físico era, por supuesto, un asunto diferente.

¡Las alegrías del Bench pueden estar sobrevaloradas!


Royal Courts of Justice.


The Royal Courts of Justice es el edificio de Londres que alberga el Tribunal de Apelación de Inglaterra y Gales y el Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales. 

Cat and Dog on Royal Courts of Justice


gato y perro

Visité las Cortes Reales de Justicia cuando estuve en Londres la semana pasada. Hermoso edificio: uno de los mejores ejemplos del estilo arquitectónico neogótico construido en la época victoriana.
Resulta que el arquitecto, George Edmund Street, tenía un sentido del humor que incorporó al edificio.
Mira la foto de la entrada trasera de corte de arriba. Verá dos pequeños animales de piedra aferrados a la característica arquitectónica junto al arco de la puerta.
Son un gato y un perro. Al parecer, Street lo puso allí para recordar a los jueces, que entrarían por esa entrada todos los días, ¡que estaban entrando en un edificio donde la gente estaría peleando con perros y gatos!
¡Tuve que reírme cuando me contaron la historia!
También en el frente norte, sobre la entrada de los jueces, hay un gato y un perro de piedra que representan a los litigantes que luchan en la corte.



Reina Victoria.

Temple Bar, Fleet Street at Strand, London

Esta estructura frente a los Tribunales Reales de Justicia se llama Temple Bar. 



cristo

 Law courts - Alfred the Great

moisés

salomón
Las estatuas de Cristo, el rey Salomón , el rey Alfredo y Moisés se encuentran sobre sus puertas principales.

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