Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


domingo, 2 de febrero de 2014

110.-El ejercicio de la inteligencia en la oratoria de Fidel Castro.


libro
  


Para quienes vivimos por y para la palabra, resulta sumamente atractivo y confortante  un libro como el que la profesora Paola Laura Gorla ha escrito y publicado con el título “Patria o muerte ¡venceremos. La retórica de Fidel Castro”.
fidel castro

En primer lugar, porque escoge como protagonista a uno de los personajes más extraordinarios del siglo XX como fue el líder cubano.  En primerísimo lugar, también, porque enfoca una de sus fases más representativas y poco estudiadas y analizadas: el poder y la fuerza de la palabra en su trayectoria vital y su parábola política y revolucionaria.
La autora, Paola Laura Gorla,  profesora titular de la Universitá degli studi di Napoli l´Orientale en Culture dei paesi di lingue iberiche o iberoamericane, estudiosa de la vida y obra de don Miguel de Cervantes -particularmente del Quijote, y traductora de las Novelas ejemplares-, se dedica en la actualidad, de manera primordial, a investigaciones sobre el papel de la retórica en la creación de las identidades nacionales.
Con la dedicación de un orfebre, la autora aborda la sintaxis, prosodia, circunstancia social, psicológica y sociológica que centra o circunda el discurso del líder cubano.
Su libro sobre el Comandante en Jefe Fidel Castro -escrito con el rigor que requiere un tema tan delicado y preciso puesto que, como todos sabemos, convoca un piélago de pasiones y sentimientos encontrados- tiene como objetivo principal el de intentar la imagen de una posible nación e identidad revolucionaria que el propio dirigente busca a través de las palabras y  traduce en palabras.

A propósito de ello,  debo precisar que una de las facetas menos conocidas del líder cubano es la de su devoción por la buena literatura, a lo cual contribuyó en buena parte su entrañable amigo Gabriel García Márquez. En muchísimas ocasiones, a lo largo de medio siglo, Fidel confesó ser un probado probado lector y admirador de diversos autores, en especial del género narrativo.
Su paradigma político y literario fue siempre el poeta y patriota cubano José Martí, la máxima figura tutelar de su patria, considerado el padre del movimiento modernista en Hispanoamérica, junto con Rubén Darío y José Asunción Silva, y una de las prosas más sólidas, elegantes y contundentes de la literatura de todos los tiempos.
Martí, quien era además un consumado orador político, es un permanente referente ético de la nación cubana, en especial desde el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.
Si Martí representa para Fidel,  y para todas las generaciones de cubanos y cubanas la cantera inagotable de sabiduría política y cultura universal, Ernesto Che Guevara es el más claro ejemplo de valentía, pundonor, honestidad y templanza revolucionaria, el modelo de conducta de lo que debe ser un comunista a carta cabal.

El análisis de Paola Laura Gorla, profundo y minucioso,  observa, con la dedicación de un orfebre, la sintáxis, prosodia, la lingüística en general, la circunstancia social, psicológica y sociológica que se concentra o circunda el discurso  del líder cubano, en sus distintas motivaciones.
Su paradigma político y literario fue el poeta y patriota cubano José Martí, la máxima figura tutelar de su país, un consumado orador político y una de las prosas más elegantes y contundentes de la literatura de todos los tiempos.
Como bien lo expresa su prologuista, la profesora cubana Ana María González Mafud, “indagar en la oratoria de Fidel Castro pareciera un imposible: cada discurso es una pieza de ese género; cada discurso tiene la emoción que le confiere la fuerza de sus argumentos, que van cobrando vigor y se van estructurando en una peculiar práctica comunicacional. Describir cuáles, entre todos, pueden quedar como absolutos paradigmas es una tarea grande, que requiere de particular capacidad  reflexiva, del impulso inteligente que sólo se explica por el profundo conocimiento de los textos que ha seleccionado y revisado, una y otra vez, la profesora Paola Laura Gorla”.

Y esos discursos elegidos, entre los muchos que  pronunciara el Comandante para puntualizar hechos fundamentales en la historia del progreso humano -o incluso para comentar episodios de la economía, la agricultura, la educación, la medicina o la cotidianidad urbana o rural-, se refieren a acontecimientos claves de la Revolución cubana, como la protesta contra la cobarde agresión perpetrada por aviones procedentes de territorio extranjero, en octubre de 1959.
Asimismo, el de la honras fúnebres a las víctimas de la explosión del barco La Coubre, en marzo del año siguiente, borrascoso episodio que conmovió a la humanidad  y  originó una de las más brillantes páginas del filósofo francés Jean-Paul Sartre; el  discurso pronunciado en memoria de Ernesto Che Guevara, diez días después de su muerte, en octubre del 67; el del 20 aniversario de la caída en combate del guerrillero heroico en 1987; y el dirigido a la nación, en octubre de 1989,  en ocasión del 30 aniversario de la desaparición física del Comandante Camilo Cienfuegos.
La autora profundiza en detalle y analiza cada uno de los componentes de cada discurso: la escogencia de los elementos para su argumentación, los dispositivos retóricos, las premisas, el sentido, cognición y memoria. O sea, la comunión inequívoca entre el orador y sus oyentes, la gestualidad, lo contundente de sus afirmaciones, lo incuestionable de su verdad ideológica que suscita la perenne adhesión del auditorio.


El ejemplo estelar, para la autora, es el de la velada solemne en memoria del Che, en la Plaza de la Revolución de La Habana, el 18 de octubre de 1967, “frente a una multitud de personas realmente conmovidas”.
La investigadora destaca lo magistral del discurso, desde el exordio que evoca la imagen del Guerrillero Heroico describiendo sus rasgos, seguido por recuerdos y anécdotas incorporados mediante diversas técnicas narrativas y argumentativas encauzadas para conformar la totalidad objetiva de la figura del comandante caído.  En ese in crescendo, que paraliza al oyente, Fidel recrea la figura del héroe hasta llevarlo a dimensiones míticas, con la recordación de sus hazañas en el preámbulo revolucionario de la Sierra Maestra hasta su consolidación triunfante en los primeros tiempos de la gesta heroica, así como su papel de dirigente y más tarde como combatiente en infinita geografía de los pueblos oprimidos.

Entonces  llega al clímax de su panegírico para fustigar a quienes urdieron el magnicidio, y señalarlos como los eternos enemigos de la inteligencia y del progreso de la humanidad, violadores de las más elementales normas éticas de la guerra o el combate al disparar sobre un hombre herido -en ese momento solitario e inerme-, lo cual genera en el orador la mayor condena moral al calificar la acción de repugnante e impúdica.
Sin embargo, en ningún momento (y yo diría que en ninguno de sus discursos, desde el famoso alegato de 1955 conocido como La historia me absolverá hasta las últimas piezas oratorias que le escuché personalmente en el 2005 durante un multitudinario congreso mundial contra el terrorismo y la política guerrerista del presidente George W. Bush), el líder cubano dio espacio para el pesimismo o la derrota.
La autora cumple su objetivo: examinar el aporte de la oratoria de Fidel Castro a la construcción de una identidad nacional, colectiva, internacionalista y revolucionaria.
En todas sus formas de expresión, tanto oratorias como escritas, siempre manifestó con firmeza su dolor por las ausencias físicas, pero al mismo tiempo, reiteró su convicción de que esas ausencias heroicas hacen que los pueblos se mantengan en pie, solidarios, en la lucha inquebrantable por sus ideales de libertad, justicia y soberanía.
El libro, que yo no vacilaría en calificar de fundacional en materia de retórica política, cumple cabalmente su propósito inicial de examinar la función de esa retórica en su aporte a la construcción de una identidad nacional y -en el caso específico de la Cuba de finales del siglo XX y comienzos del XXI-, de una identidad, además de nacional,  colectiva, internacionalista y revolucionaria.

Pero que sea la propia autora quien lo diga en sus palabras concluyentes:

Creo objetivamente que no se puede negar que la retórica de Fidel Castro posee gusto y sentido estético: gusto por la palabra y por la imagen, gusto por el ejercicio de la inteligencia traducido en palabras, con matices de clasicismo, y un estilo único e inconfundible que la penetra y alienta”.


Nota sobre PAOLA LAURA GORLA


Paola Laura Gorla es profesora titular en la Universidad L'Orientale de Nápoles. Ha realizado estudios sobre Cervantes, el Quijote y Novelas Ejemplares, además de haber traducido al italiano las Novelas Ejemplares para la editorial Einaudi de Turín. ... Y las palabras cervantinas todavía guardan secretos que revelar. Son, al mismo tiempo, las palabras demiúrgicas del primer capítulo del libro -en el que el Quijote se nombra a sí mismo, nombra a su caballo y a su dama como en un Génesis para darse y darles existencia literaria- y son las palabras de Foucault, frágil y único instrumento del que el hombre dispone cuando se apresta a conocer el mundo fenoménico.
 En la modernidad, el hombre de ciencias, es decir, el que desea conocer, sabe bien que para asumir la realidad que le rodea, y de tal forma conocerla, es necesario pasar por las palabras, traducir los fenómenos en verbum, en un recorrido inverso al de la historia de la creación: conocer es pues regresar al Verbum, al origen. Por esto, primeramente hay que poner en tela de juicio las mismas palabras, que en la modernidad se revelan un instrumento imperfecto y lábil, deficitario a la hora de emprender la tarea de conocer científicamente al mundo fenoménico, pero que siguen siendo el único medio posible de traducción de la realidad en términos humanos.


 

 

Biografía de Fidel Castro

(Fidel Alejandro Castro Ruz; Mayarí, Holguín, 1926 - La Habana, 2016) Revolucionario y estadista cubano. Tras liderar la triunfante Revolución cubana de 1959, que agrupó a un amplio espectro de sectores sociales y formaciones políticas contra la servil y corrupta dictadura de Fulgencio Batista, Fidel Castro emprendió de inmediato una política de signo socializante que incluyó la reforma agraria y la expropiación de los bienes de las compañías norteamericanas. La presión de Estados Unidos, que apoyó en 1961 un frustrado intento de invasión de la isla, llevó a Castro a radicalizar sus posturas y a solicitar ayuda a la URSS, y aunque el desenlace de la llamada Crisis de los misiles (1962) aseguró la pervivencia de la Revolución, socavó también su independencia, dejando al país alineado en la órbita soviética.

Con el apoyo de la Unión Soviética y del bloque socialista, y a costa de las libertades ciudadanas y de los sacrificios impuestos a la población, Fidel Castro pudo superar las inmensas dificultades que supuso el bloqueo estadounidense, y siguiendo los modelos de planificación comunista logró reseñables avances sociales (educación, sanidad), si bien el desarrollo económico fue exiguo. Tras la caída del muro de Berlín en 1989, la subsidiada economía de la isla padeció una gravísima crisis; pese a ello, la Cuba castrista figuró entre los pocos regímenes comunistas que sobrevivieron al derrumbe de la URSS. Con la salud debilitada, Fidel transfirió el poder a su hermano Raúl Castro en 2008, casi cincuenta años después del triunfo de aquella revolución en que habían sido compañeros de armas.

Biografía

Procedente de una familia de hacendados gallegos, Fidel Castro estudió derecho en la Universidad de La Habana, por la que se doctoró en 1950. Su ideología izquierdista le llevó a participar desde muy joven en actividades revolucionarias, como la sublevación contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo (1947); el fracaso de la misma motivó su exilio en México. Vuelto a Cuba, militó en el Partido del Pueblo Cubano, y pocos años después retomó su actividad revolucionaria, esta vez contra la férrea dictadura instaurada en 1952, tras un golpe de Estado, por general Fulgencio Batista (1952-1958), que puso el país al servicio de su propio provecho y de los intereses norteamericanos.
Su primer intento fue el asalto al Cuartel de Moncada en Santiago de Cuba (1953), que se saldó con un fracaso: el cuartel no llegó a ser tomado y la acción no provocó la esperada insurrección popular. Pese al descalabro militar, Castro se anotó una victoria política, ya que aquel acto dio a sus protagonistas una gran popularidad que se vio acrecentada durante el juicio subsiguiente, en el que Castro se defendió a sí mismo y aprovechó para pronunciar un extenso alegato político («La Historia me absolverá»).
Fidel Castro fue condenado a quince años de prisión, de los que sólo cumplió dos (en la isla de Pinos) merced a un indulto que le puso en libertad en 1955. Se exilió de nuevo en México, desde donde preparó un segundo intento; pero, habiendo aprendido que su lucha tendría pocas posibilidades de triunfar en un medio urbano, esta vez apostó por crear una guerrilla rural en la zona más apartada y montañosa del país: la Sierra Maestra, en la provincia cubana de Oriente.

La Revolución cubana

Con un contingente de ochenta y dos hombres (el «Grupo 26 de julio») a bordo del yate Gramma, Fidel Castro desembarcó clandestinamente en Cuba a finales de 1956, siendo casi inmediatamente diezmadas sus fuerzas en un enfrentamiento con el ejército de Batista: sólo doce guerrilleros sobrevivieron. Dos años después, sin embargo, sus bases en la Sierra Maestra eran lo suficientemente sólidas y sus efectivos lo bastante nutridos como para llevar a cabo con éxito la ocupación de Santiago (1958). Desde allí Fidel Castro lanzó la ofensiva que recorrió la isla de este a oeste, secundado por sus colaboradores, entre los que figuraban Camilo Cienfuegos, su hermano Raúl Castro (que casi cincuenta años después sucedería a Fidel en la jefatura del Estado) y un argentino destinado a convertirse en uno de los grandes mitos revolucionarios del siglo XX: el Che Guevara.
La situación social y política de aquellos años favoreció el triunfo revolucionario. Pese a poseer la renta per cápita más elevada de Latinoamérica, la riqueza del país no llegaba a la mayor parte de la población, que padecía altísimas tasas de desempleo y subempleo; la dependencia económica de los Estados Unidos había generado una agricultura de grandes explotaciones que dio lugar a la formación de un numeroso proletariado rural, a la postre determinante en el proceso revolucionario. En las áreas urbanas, y en especial en La Habana, la realidad económica venía marcada por la fuerte incidencia del turismo estadounidense.

Por otra parte, la corrupción y el servilismo a los intereses del vecino del norte, siempre presentes en la vida pública cubana, habían llegado a extremos insospechados bajo la despótica dictadura de Fulgencio Batista, quien logró concitar en su contra tanto a los campesinos como a gran parte de las clases medias y a amplios sectores de la intelectualidad y del mundo universitario. Incluso las clases altas liberales y los estadounidenses habían llegado en los últimos tiempos a ver con malos ojos a un régimen que, por inestable y desprestigiado, no resultaba una buena garantía ante el ascenso de la izquierda.
De este modo, al inicial apoyo del campesinado pobre había seguido el fin de las reticencias del Partido Comunista, que abrió a Castro la posibilidad de encontrar apoyo en las ciudades; la dictadura, minada por la corrupción, fue incapaz de hacer frente al movimiento popular. El 1 de enero de 1959, el comandante revolucionario Camilo Cienfuegos entró triunfante en La Habana, un día después de que Fulgencio Batista firmase su dimisión y abandonase el país. La entrada del ejército guerrillero se producía mientras las fuerzas rebeldes acababan definitivamente con los últimos focos de resistencia. Al mismo tiempo una columna insurgente, dirigida por Ernesto Che Guevara, convergió sobre la capital, recibiendo a su paso la rendición de centenares de oficiales del ejército de Batista y la aclamación del pueblo cubano.
Designado presidente de la República, el 5 de enero Manuel Urrutia Lleó presentó a los nuevos ministros, quince en total, a la cabeza de los cuales se encontraba José Miró Cardona, representante del ala liberal, como primer ministro. Tres días más tarde Fidel Castro, que hasta ese momento se encontraba en Santiago, llegó a La Habana y se dirigió al pueblo. Castro subrayó la importancia de la huelga general en la derrota final del dictador y lanzó una advertencia a los divisionistas y a todos aquellos que pretendiesen ignorar el poder del pueblo.

Cuba castrista.

El tinte moderado y conciliador de los inicios de la Revolución, que no pareció importunar a las clases altas y a los Estados Unidos, no tardaría en desaparecer bajo los efectos de un brusco giro político. Los procesos contra los colaboradores de Batista y la marginación del poder de los sectores liberales, que culminaría con la renuncia del presidente Urrutia (julio de 1959), marcaron el principio de un cambio de línea en el proyecto revolucionario.

Fidel Castro se había puesto en febrero del mismo año al frente del gobierno cubano, acumulando los cargos de primer ministro (en sustitución de José Miró) y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, y sin pérdida de tiempo empezó a hacer realidad los proyectos de cambio que habían suministrado una base social a la Revolución: el más importante de todos, la reforma agraria, que expropiaba las grandes haciendas extranjeras para dar medios de vida a los campesinos pobres. A partir de mayo de 1959, la aplicación de la Ley de Reforma Agraria supuso la nacionalización de los inmensos latifundios de las compañías extranjeras
 
El hecho provocó la inmediata hostilidad del gobierno estadounidense; sin embargo, la actitud de Estados Unidos acabó por estimular un resultado opuesto al esperado. Fidel Castro dictó medidas drásticas, como la expropiación de los bienes de las compañías norteamericanas en Cuba, que extendieron el apoyo popular a la Revolución. En 1960 se nacionalizaron las centrales azucareras, las principales industrias, los bancos y las refinerías petrolíferas; se lanzó asimismo una amplia campaña de alfabetización y se organizaron milicias populares en sustitución del viejo ejército profesional.

Ese indudable contenido socializante y nacionalista que tuvo en un principio la Revolución cubana (contra el dominio semicolonial que ejercía Estados Unidos) se radicalizó a causa de la dinámica de enfrentamiento con el gobierno norteamericano. Mientras Castro llamaba a una revolución general contra el imperialismo en Latinoamérica (Primera declaración de La Habana), el presidente Eisenhower (1953-1961) rompía las relaciones diplomáticas con Cuba (enero de 1961) y decretaba un embargo comercial destinado a ahogar la economía cubana y forzar la retirada de Castro, ya que Cuba dependía casi totalmente de sus exportaciones a Estados Unidos, fundamentalmente de azúcar.

Con la llegada a la Casa Blanca del demócrata John F. Kennedy (1961-1963) no sólo no disminuyó la presión de Estados Unidos, sino que se agudizó con la organización del desembarco de exiliados cubanos armados en la bahía de Cochinos (abril de 1961), un intento de derrocar a Fidel que fue repelido con humillante facilidad por el ejército revolucionario. Después de aquello, Fidel Castro proclamó el carácter marxista-leninista de la Revolución cubana y alineó a su régimen con la política exterior de la Unión Soviética (Segunda declaración de La Habana, 1962); al mismo tiempo eliminó del gobierno a los políticos liberales con los que se había aliado al llegar al poder, y unificó a los grupos políticos que apoyaban la Revolución en un único Partido Unido de la Revolución Socialista.

En 1962 permitió que los soviéticos instalaran en suelo cubano rampas de lanzamiento de misiles con las que podían alcanzarse objetivos en Estados Unidos; descubiertas por el espionaje americano, Kennedy reaccionó con un bloqueo naval a Cuba y la exigencia de retirada de las instalaciones. La consiguiente «crisis de los misiles» estuvo a punto de hacer estallar una guerra nuclear entre las dos superpotencias, que se evitó a última hora al retirar Nikita Jruschov los misiles soviéticos a cambio de la promesa de que no habría nuevos intentos de invadir Cuba y del desmantelamiento de los ya obsoletos misiles norteamericanos en Turquía.
Conjurado el peligro de una agresión estadounidense y asegurada la pervivencia de la Revolución, el país entró en una fase de estabilidad no exenta de dificultades económicas. El embargo no afectaba solamente a las exportaciones de azúcar y otros productos a los Estados Unidos, sino también a las importaciones desde Estados Unidos a Cuba, que se surtía casi en exclusiva de todo tipo de artículos estadounidenses. El comercio entre ambos países quedó anulado, se congelaron las inversiones cubanas en territorio estadounidense y, con la retirada de la isla del capital norteamericano, la economía productiva cubana quedó privada de financiación.

Cuba sólo podía hacer frente a las consecuencias del embargo con la ayuda soviética; la dependencia de la URSS se extremaría a partir de 1975, cuando los países de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se sumaron al bloqueo. La presión norteamericana había convertido al país en un régimen socialista prosoviético (aunque con singularidades) y a Fidel Castro en un dirigente comunista más, el primero en el hemisferio americano. En 1965 el partido cambió su denominación por la de Partido Comunista de Cuba, del cual fue elegido secretario general el propio Castro; en 1976 acumuló el título de presidente del Consejo de Estado.

Bajo la dirección de Fidel Castro, Cuba obtendría importantes logros sociales, especialmente visibles en la erradicación del hambre y de la subalimentación, en la educación primaria y universitaria y en la asistencia sanitaria, materias en las que llegó a constituir un modelo para los países subdesarrollados; pero el coste político y cultural fue considerable, pues exigió un ejercicio dictatorial del poder, con desprecio de las libertades individuales y del pluralismo, bajo la vigilancia continua de un Estado policial.

El régimen desarrolló una política exterior muy activa, basada en la lucha contra el imperialismo, destacando el protagonismo del propio Fidel Castro en el Movimiento de Países No Alineados (cuya conferencia presidió en 1980) y la intervención militar cubana en África (en apoyo de los regímenes socialistas de Angola y Etiopía). La economía planificada de inspiración soviética dio algunos frutos iniciales, racionalizando las inversiones hacia objetivos de interés colectivo y facilitando una mejor distribución de la riqueza; pero, al igual que había ocurrido en la propia Unión Soviética, anuló los incentivos y las iniciativas, aisló al país de las corrientes inversoras internacionales y, finalmente, condujo a un agorero estancamiento.

Cuando las dificultades económicas de la URSS impidieron que siguiera subvencionando a la retrasada economía cubana, ésta se hundió en una grave crisis. No obstante, Castro rehusó introducir reformas en un sentido liberalizador, al estilo de la perestroika que auspiciaba Mijail Gorbachov. Salvó así su régimen del desmoronamiento del resto de los regímenes prosoviéticos y de la propia URSS a finales de los años ochenta y principios de los noventa, pero Cuba entró en una etapa crítica en el terreno económico, en medio de la intensificación de las presiones de Estados Unidos, que endureció el bloqueo en 1992.

La disolución de la URSS (1991) y del bloque comunista trajo consigo, por ejemplo, la desaparición del Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON), organismo económico integrado por la Unión Soviética y los países socialistas con el que Cuba mantenía el 85% de sus intercambios comerciales a precios subsidiados; sin el apoyo de ese mercado, la isla perdió en sólo tres años la tercera parte de su producto interior bruto. La llamada crisis de los balseros (1994), que empujó a unos treinta y cinco mil cubanos a emigrar a Estados Unidos cruzando el estrecho de Florida en balsa o por cualquier medio a su alcance, reflejó el empobrecimiento al que se veía abocado el país, cuya economía, contra todo pronóstico, inició un lenta y constante recuperación a partir de 1995, aunque dentro de un estado general de penuria y desabastecimiento.
Con el cambio de siglo, Fidel Castro pudo contar con el apoyo del presidente venezolano Hugo Chávez y de una nueva hornada de dirigentes de izquierdas opuestos al neoliberalismo económico estadounidense, como el boliviano Evo Morales. En octubre de 2000 firmó un acuerdo con la Venezuela de Chávez que permitió a Cuba importar petróleo en ventajosas condiciones. Sin embargo, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 llevaron a un nuevo deterioro de la situación económica (caída del turismo, cierre de centros azucareros) y a renovadas presiones estadounidenses en el plano político. Fidel Castro reaccionó reafirmándose en sus principios: el socialismo fue declarado "irrevocable" en una enmienda constitucional de 2002. Desde 2003 se intensificó la persecución de la disidencia, y en 2004 se puso fin a la dolarización de la economía, once años después de que se autorizara la libre circulación del dólar en la isla.

La sucesión de Fidel y retiro

A mediados de 2006, tras asistir a una cumbre del Mercosur en la Argentina, Fidel Castro debió ser sometido a una intervención quirúrgica que lo obligó a mantener reposo; antes de la operación delegó todos las funciones de gobierno en su hermano Raúl. En febrero de 2008, Fidel presentó su renuncia definitiva, y Raúl Castro fue confirmado en sus cargos. Castro se retiro de vida política por razones de salud.Fallecio en ciudad de La Habana, en 2016.

 

 



 

 Los grandes fracasos del gobierno de Fidel Castro


1.-Fracaso de la  industrialización.

Señala el economista que esta estrategia, Instaurada por Castro en 1961, llamaba a la "industrialización instantánea", la rápida instalación de una amplia gama de industrias de sustitución de importaciones como la metalurgia, ingeniería pesada y maquinaria, productos químicos, equipos de transporte e incluso plantas de montaje de automóviles.
El programa, apunta el economista, demostró ser inviable, ya que requería importación de maquinaria y equipo, materias primas, bienes intermedios, personal directivo y equipos de reparación y mantenimiento. Debido a que el sector azucarero fue ignorado, la zafra cayó de 6,7 millones de toneladas de azúcar en 1961 a 3,8 millones en 1963, generando una crisis en la balanza de pagos. El resultado final fue que Cuba se volvió más dependiente que nunca de las exportaciones de azúcar, de insumos importados de todo tipo, y de un nuevo socio hegemónico, la Unión Soviética.

2.- La estrategia de la zafra de los 10 Millones

El fracaso de la estrategia de "industrialización instantánea", observa el académico, llevó a un énfasis en la producción de azúcar para la exportación ─de 1965 a 1970─ con un mercado garantizado por el bloque socialista para 5 millones de toneladas anuales a un precio muy por encima del que pagaba el mercado mundial. La meta de 10 millones de toneladas se convirtió en la preocupación dominante. Según Castro esa superproducción era necesaria para "defender el honor, el prestigio, la seguridad y la confianza en sí mismo del país" (9 de febrero de 1970).
Resalta que Fidel dirigió el esfuerzo por producir 10 millones de toneladas de azúcar.como si fuera una campaña militar.
El experto matiza que si se hubiera aplicado de manera comedida, una estrategia para aumentar los ingresos por la exportación del azúcar habría sido razonable. Sin embargo, a medida que se acercaba el año 1970, la implementación de la meta de 10 millones de toneladas se volvió cada vez más forzada. En aras de ese objetivo fueron sacrificadosotros sectores de la economía como la mano de obra, capacidad de transporte, insumos industriales, energía y materias primas; y la atención nacional se concentró en el azúcar.
La estrategia fue abortada en 1970 (después que la zafra de los 10 millones se quedara en poco más de 8 millones de toneladas).

3.-El “Hombre Nuevo”

Con el fin de movilizar las energías humanas necesarias para la zafra de 10 millones de toneladas de azúcar, se adoptó un enfoque radical "guevarista" que implicaba la creación del llamado " Hombre Nuevo". La idea detrás de esto, en la óptica del profesor de la Universidad de Carleton, era una visión de la nación cubana como una columna guerrillera marchando detrás de Fidel ─ algo así como las marchas que convocó en el Malecón entre 2000 y 2006─ en pos de un objetivo común, sacrificando voluntariamente los intereses individuales por el bien común y con el esprit de corps, la disciplina y la dedicación de una idealizada guerrilla.
Para promover este altruismo revolucionario, el gobierno usó la exhortación pública y la educación política, "incentivos morales" en lugar de incentivos materiales, y el proselitismo y la implementación a cargo del Partido y otras "organizaciones de masas" de la sociedad.
Hacia 1970, se hizo evidente que no se podía esperar que la gente sacrificara el bienestar material y familiar y su supervivencia en aras de un objetivo decretado y aplicado por el Partido. El enfoque fue abandonado en 1970.

4.- El “sistema financiero presupuestado”

En un experimento simultáneo se instaló un denominado "sistema financiero presupuestado", en virtud del cual las empresas debían operar sin autonomía financiera y sin contabilidad; no recibirían ingresos por las ventas de su producción, ni pagarían por sus insumos con tales ingresos.
Ritter apunta que sin una estructura racional de precios y sin conocimiento de sus verdaderos costos ni del valor de su producción, ni las empresas ni las autoridades planificadoras podían tener una idea de la eficiencia real de las primeras, de los sectores de la economía, o del uso de recursos en cualquier lugar. El resultado fue una desastrosa ineficiencia. En palabras del propio Castro:

"¿Qué es este pozo sin fondo que se traga los recursos humanos de este país, la riqueza del país, los bienes materiales que tanto necesitamos? No es más que ineficiencia, improductividad y baja productividad "(Castro, 7 de diciembre de 1970)

El sistema también fue descontinuado en 1970.

5.-: “Ofensiva Revolucionaria” y nacionalización de casi todo.

En la "Ofensiva Revolucionaria" de 1968, el gobierno de Fidel Castro expropió la mayor parte dde las restantes pequeñas empresas privadas, argumentando que eran capitalistas y explotadoras y que deformaban el carácter de la gente, volviéndola individualista en lugar del altruista "Hombre Nuevo". El resultado fue que los estándares de vida en Cuba se deterioraron, la calidad, cantidad y diversidad de los productos menguaron, las pequeñas empresas fueron empujadas a la economía subterránea, el robo al sector estatal y las ilegalidades se convirtieron en algo normal y los emprendimientos ciudadanos fueron suprimidos. Esta política cambió en 1993, y luego fue contenida por estrictas regulaciones, licencias e impuestos.
Ritter recuerda que en septiembre de 2010, el gobierno de Raúl Castro se dispuso a ampliar el sector de las pequeñas empresas con la esperanza de que absorbieran a la mayoría de unos 500.000 trabajadores que serían despedidos del sector estatal.

6.- “Revolución Energética”

A juicio del economista canadiense la "Revolución energética" de Fidel Castro incluyó algunos elementos valiosos, como medidas de conservación, reinversión en la red eléctrica, y el emplazamiento de generadores de apoyo para instalaciones importantes como los centros de salud. Sin embargo, una característica dudosa del plan fue el reemplazo de las grandes plantas termoeléctricaspor numerosos pequeños generadores dispersos por toda la isla. 
Pero el uso de los generadores a pequeña escala probablemente constituye un error importante por las siguientes razones:

  • Se pierde la economía de la generación de electricidad a gran escala;
  • La sincronización del suministro de electricidad generada desde numerosos lugares, para satisfacer los cambios minuto a minuto en la demanda de electricidad, es complicada y costosa;
  • La cantidad de problemas y los costos de mantenimiento de tantos generadores dispersos son altos;
  • Los costos logísticos del control y el manejo aumentan en la medida en que la red nacional se sustituye por sistemas regionales.
  • Se utiliza el caro combustible diesel en lugar de combustible pesado de bajo costo:
  • El combustible diesel tiene que ser transportado en camiones hasta los generadores dispersos en la isla;
  • Son necesarias inversiones para el almacenamiento de combustible diesel en numerosos depósitos de suministro;
  • Los problemas de hurto de combustible diesel pueden ser significativos, y los costos de seguridad y protección pueden ser altos.


Ritter destaca que ningún otro país en el mundo ha adoptado este método de generación de electricidad, lo que sugiere que no tiene sentido desde el punto de vista económico.

Agrega que el plan maestro energético también ignora un posible papel del sector azucarero en la producción de etanol y en la contribución al suministro de energía.

“La experiencia de Brasil indica que a mayores precios del petróleo, el etanol de caña de azúcar se vuelve económicamente viable. El cierre de unos 70 de los 156 centrales azucareros de Cuba en 2003, la inactividad de otros 40 y la contracción de todo el conjunto de servicios agroindustriales azucareros es también una pérdida importante para la generación de electricidad”.

7.-El cierre de la mitad del sector azucarero.


En 2002, Castro decidió que no había futuro en la producción de azúcar, una decisión que se debió a los bajos precios del dulce en ese momento y, sin duda, a las continuas dificultades en el sector. Decretó el cierre de 71 de los 156 ingenios azucareros, eliminando de la producción alrededor del 33% de las áreas sembradas de caña de azúcar, y desplazando a unos 100.000 trabajadores. Se esperaba que esas tierras se dedicaran a cultivos no azucareros, que los ingenios restantes se volvieran más productivos y que la mano de obra desplazada fuera reabsorbida en otros lugares.

El autor considera lamentable que la producción de azúcar en realidad continuara disminuyendo, dados los altos precios de los años siguientes. Apunta que no hubo una reconversión a la producción de etanol, la planta física continuó deteriorándose, las actividades que rodeaban al azúcar s acercaron al colapso, y las comunidades azucareras quedaron sin una base económica con algunos bateyes enfrentando la perspectiva de convertirse en pueblos fantasmas.

8:-Las guerras internacionalistas.

Cuba participo en varias guerras en África, durante la guerra fría, perdiendo una gran cantidad bajas de militares, heridos de guerras,  y un enorme gasto militar.



El profesor de economía de la Universidad de Carleton en Ottawa Archibald Ritter analizó a fines de 2010, dos años después de que Raúl Castro asumiera el gobierno de Cuba de su hermano enfermo, lo más destacado, tanto positivo como negativo, del largo gobierno de 49 años de Fidel Castro.

 




Discursos.

Discurso.-  Biografía de Fidel Castro

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN EL ACTO CENTRAL POR EL XXX ANIVERSARIO DEL ATAQUE AL CUARTEL MONCADA, CELEBRADO EN SANTIAGO DE CUBA, EL 26 DE JULIO DE 1983, "AÑO DEL XXX ANIVERSARIO DEL MONCADA".

DISCURSO PRONUNCIADO POR FIDEL CASTRO RUZ, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CUBA, EN EL ACTO CONMEMORATIVO POR EL XXXVI ANIVERSARIO DEL ASALTO AL CUARTEL MONCADA, CELEBRADO EN LA PLAZA MAYOR GENERAL "IGNACIO AGRAMONTE, CAMAGÜEY, EL DIA 26 DE JULIO DE 1989, "AÑO 31 DE LA REVOLUCION".

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en el acto central nacional por el XXV aniversario del asalto al Cuartel Moncada, celebrado en la ciudad escolar 26 de julio, 26 de julio de 1978

DISCURSO PRONUNCIADO POR CUARTEL MONCADA 1965.

DISCURSO EL 7 DE DICIEMBRE DE 1989 Caída del muro de Berlin.

DISCURSO Sobre la caída de la URSS

Discurso pronunciado por el Presidente de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en el acto central por el 45 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, efectuado en Santiago de Cuba, el día 26 de julio de 1998.

Discurso sobre emigración.

Discurso pronunciado por los 60 años de egreso de la universidad.

Discurso de Fidel en la ONU el 26 de septiembre de 1960.

Discurso de Fidel Castro sobre los marielitos.

Discurso de Fidel Castro 1992.

El ultimo discurso de Fidel Castro.

Discurso de Fidel Castro por la victoria del 8 enero 1959.

Discurso de Fidel Castro ante la ONU 1979.

Discurso de Fidel Castro Ruz, en Santiago de Cuba, el 1 de enero de 1959.

Los  taquígrafos de los discursos de Fidel Castro.

Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el acto por el aniversario 50 del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, efectuado en Santiago de Cuba, el 26 de julio del 2003.

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN LA CLAUSURA DEL ACTO CENTRAL POR EL XL ANIVERSARIO DEL ASALTO A LOS CUARTELES MONCADA Y "CARLOS MANUEL DE CESPEDES", EFECTUADO EN EL TEATRO "HEREDIA", SANTIAGO DE CUBA, EL 26 DE JULIO DE 1993, "AÑO 35 DE LA REVOLUCION".

Discurso del fin del azúcar cubano 2002.



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