Barcelona 21 OCT 2009 Una imponente moneda de oro acuñada en 1609, de 7,15 centímetros de diámetro, es la pieza estrella de la colección de monedas españolas Caballero de Yndias, que desde hoy se subasta en Barcelona. El precio de salida de este centén (100 escudos) es de 800.000 euros, una cifra nunca alcanzada por una moneda española al inicio de una subasta. Su valor estimado es de dos millones. Se sabrá si los supera mañana, cuando concluirá la puja, que ha atraído a coleccionistas de todo el mundo. Teresa Sisó, organizadora del evento, cree que es un momento irrepetible para que las administraciones amplíen su patrimonio. La última oportunidad fue en 1987, cuando salió a subasta en Basilea una importante colección de monedas catalanas. Su padre asesoró en esa ocasión a representantes de la Generalitat y de La Caixa. Un coleccionista privado les arrebató la estrella de entonces por el equivalente a 130.000 euros. Ahora se subastarán cuatro ejemplares de esa moneda, de 1521. Ni la Generalitat ni el Ministerio de Cultura han dicho si pujarán, aunque fuentes de ambos organismos subrayan que se sigue muy de cerca el acontecimiento. |
La Real Casa de la Moneda es un edificio construido en el siglo XVI en Segovia como sede de la primera casa de moneda mecanizada en España. Historia. La Casa de la Moneda de Segovia fue una de las siete cecas principales de Castilla autorizadas a continuar después de 1497 por los Reyes Católicos, quedando el resto cerradas. Anteriormente, se había acuñado moneda en la ciudad aproximadamente desde el año 30 a.C. por los romanos. Ya durante la Reconquista se vuelve a acuñar moneda a partir de 1126 a nombre de Alfonso VII. Con Enrique IV se construye un nuevo edificio para la Casa de la Moneda, y se inaugura en 1455. Este edificio, que se conoce como la Casa Vieja después de que se estableciera el nuevo Real Ingenio en 1583, estaba situado intramuros, en el corralillo de San Sebastián, cerca del Postigo de Consuelo, próximo a donde el acueducto penetra la muralla de la ciudad. Hoy no sabemos si los anteriores talleres de acuñación estuvieron en este mismo lugar o en otro. En la Casa Vieja se acuña a martillo, a lo largo de sus 226 años de operación, moneda de vellón, cobre, plata, oro y todos los resellos hasta su última moneda en 1681. Durante 95 años Segovia tuvo dos fábricas de moneda trabajando simultáneamente, totalmente distintas e independientes hasta que la Casa Vieja es cerrada oficialmente en 1730, cuando Felipe V centralizó toda la acuñación de moneda a las fábricas de Madrid, Sevilla y el Real Ingenio de Segovia, cerrando las demás. Por aquel entonces ya estaba prohibido acuñar a martillo. Hacia mediados del siglo XVI, la tecnología alemana transforma el antiguo procedimiento de la acuñación a martillo en un proceso mecanizado mediante el empleo de ingenios de laminación impulsados por grandes ruedas hidráulicas. Este proceso llega rápidamente a España gracias a la Casa de los Austrias. Hacia finales de 1580, Felipe II culmina una serie de negociaciones sobre artillería y maniobras de tropas con su primo, el Archiduque Fernando de Tirol, que en agradecimiento le regala varios de estos aparatos que se iban fabricando para este propósito en la Casa de Moneda de Hall, cerca de Innsbruck. En la primavera de 1582, Jacob Bertorf, jefe de la Casa de Moneda de Hall y sus colaboradores, empezaron la construcción de la maquinaria y en febrero de ese mismo año le envía los técnicos necesarios para preparar su implantación en España. El Real Ingenio de la Moneda de Segovia, fue fundado en 1583 por Felipe II, al otro lado de la ciudad - extramuros y al pie del Alcazár - para aprovechar la fuerza del río Eresma para sus 14 grandes ruedas hidráulicas. En principio, se pensaba ubicar los ingenios en Sevilla donde llegaba el metal americano y parece que también se consideraron otros sitios: Lisboa, Toledo y Madrid. Pero en mayo de 1583, por deseos particulares de Felipe II, se elige un antiguo molino de papel y harina sobre el río Eresma en Segovia como el emplazamiento para la nueva ceca. La obra del nuevo edificio se comienza el 7 de noviembre de 1583 bajo las trazas dadas por el famoso arquitecto Juan de Herrera, que se había reunido poco antes en el molino con el propio Rey y los técnicos alemanes. La maquinaria se transporta en un convoy de 25 carros que sale el 2 de octubre de 1584 de la ciudad de Hall. La ruta elegida era el llamado “camino español”, considerado seguro porque, en su mayor parte, discurría por territorios controlados por los Habsburgo, que unía en esta época Flandes con la Península Ibérica, atravesando el Tirol. Tras una larguísima y ardua expedición de más de dos mil kilómetros, atravesando puertos de montaña, ríos, lagos y el mar, la maquinaria llega a Segovia el 1 de junio de 1585 y en cuatro semanas ya se había acuñado la primera prueba. En marzo de 1586 el Ingenio comienza su producción regular, funcionando simultáneamente con la Casa Vieja, pero con absoluta independencia, durante casi un siglo. Al inicio del siglo XVII el arquitecto Francisco de Mora reforma la fundición sustituyendo los techos de madera por bóvedas de ladrillo. Las intervenciones de Francisco de Mora, discípulo de Juan de Herrera, mantendrán la estética de la arquitectura herreriana. Aunque el Ingenio de Segovia era la fábrica de moneda más avanzada del país, la Casa de Moneda de Sevilla captó la mayor parte de la producción debido a su proximidad al puerto de entrada de los metales. El Ingenio mantuvo la ventaja tecnológica hasta 1700 cuando se instalan prensas de acuñación a volante en Madrid y Sevilla. Pero durante los primeros años de su actividad, no había más de una docena de plantas similares en todo el mundo. Su novedad se debía a la gran fuerza que los ingenios aplicaban sobre la tira de metal mientras pasaba entre dos cuños cilíndricos, permitiendo la acuñación de monedas más circulares, grandes y nítidas que el golpe de martillo. La moneda circular del Ingenio fue recibida por su valor facial sin necesidad de pesarla, ya que la grafila en sus bordes frustraba las pícaras intenciones de los que cercenaban trozos de oro y plata de las monedas con bordes irregulares acuñadas a golpe de martillo. Aparte de su singularidad tecnológica, el Real Ingenio de Segovia funcionó con absoluta independencia del resto de las casas de moneda: era propiedad particular de la Casa Real, construido por Felipe II con su propio dinero y administrado a través de la Junta de Obras y Bosques con reglas y ordenanzas propias, a diferencia de las demás casas de moneda que fueron gobernadas por el Consejo de Hacienda. En 1583 Felipe II ordenó la construcción de una ceca que introdujera en España la técnica de acuñación en España mediante rodillo. La Casa de la Moneda está reconocida como uno de los edificios de arquitectura industrial más antiguos de toda Europa. Fue la primera casa de la moneda mecanizada de España, también la primera que perteneció directamente a la corona. El Real Ingenio de Segovia fue una innovadora y pionera fábrica de moneda. El edificio fue diseñado para guardar una moderna maquinaria, conocidas como «ingenios», así como los diferentes departamentos del proceso industrial. El nuevo sistema de fabricación producía monedas de forma mecanizada y en serie, siendo precursora en más de doscientos años de las modernas factorías de la revolución industrial. Esta tecnología renacentista consistía en un sistema de laminación y acuñación mediante ingenios movidos por ruedas hidráulicas. Esta técnica fue inventada en Augsburgo en 1550 y antes de su implantación en Segovia se utilizaba en otras ciudades europeas. La máquina construida en Burg Hasegg, Hall in Tirol (Austria), se trajo a España con el mayor convoy industrial que se conoce hasta el momento. El diseño de esta vanguardista fábrica se debe a Juan de Herrera, uno de los arquitectos más influyentes de la historia de España, quien lo llevó a cabo junto con los arquitectos austriacos. En 1771 el sistema de acuñación inicial, de rodillo hidráulico, fue reemplazado por la prensa de volante. Esta fue introducida en España desde Francia por la nueva Casa Real, los Borbones. La tercera y última tecnología que albergó la Real Casa de Moneda de Segovia fue la de acuñación mediante prensa automática. Este sistema apenas funcionó tres años, pues a principios de 1869 se llevaría a cabo la última acuñación en Segovia, una medalla conmemorativa de la República. En 1879 el edificio albergó una fábrica de harina que detuvo su actividad en el año 1968. En 1989 el Ayuntamiento de Segovia inició los trámites necesarios para la compra del edificio y rehabilitación del mismo. El 8 de junio de 2000 fue declarada Bien de Interés Cultural, mediante un decreto publicado en el Boletín Oficial de Castilla y León el día 12 de ese mismo mes. El Museo de la Real Casa de Moneda se encuentra abierto al público desde junio de 2012. |
Maestro de ceca / ensayador |
Ceca | Marcas | Periodo | Maestro de ceca / ensayador |
---|
Segovia | S | ? | Sigla de ensayador |
Segovia | A, IA | <1520 | Antonio Jardina |
Segovia | F | <1520 | Sigla de ensayador |
Segovia | P | <1520 | Sigla de ensayador |
Ceca | Marca | Periodo | Maestro de ceca / ensayador |
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Segovia | A, IA | <1520 | Antonio Jardina |
Segovia | B | 1524-1528 | Baltasar de Camargo |
Segovia | G | 1528-1532 | Sigla de ensayador |
Segovia | B | 1532 | Baltasar de Camargo |
Segovia | D-D (gótica) | 1535 | Diego Espinar |
Segovia | KA | 1537 | Sigla de ensayador |
Segovia | K | 1537 | Sigla de ensayador |
Segovia | A | 1543 | Antonio del Sello |
Segovia | K | 1556 | Sigla de ensayador |
Segovia | IC | 1556 | Sigla de ensayador |
Segovia | C | 1556 | Sigla de ensayador |
Segovia | P | 1556 | Sigla de ensayador |
Segovia | Estrella de ocho puntas | 1557(?) | |
Segovia | D | 1557-1558 | Diego Muñoz |
Segovia | FE (góticas) | 1557-1558 | Siglas de ensaye |
Segovia | C | 1566 | Sigla de ensayador, (sobre 4 y 2 maravedís) |
Segovia | A | 1566 | Sigla de ensayador, (sobre 4 y 2 maravedís) |
Segovia | B | 1566 | Sigla de ensayador, (sobre 4 y 2 maravedís) |
Segovia | D | 1566 | Diego Muñoz, (sobre 4 y 2 maravedís) |
Segovia | D | 1570-1571 | Diego de Muñoz |
Segovia | TM? | 1575 | Siglas de ensaye |
Segovia | ? | 1575 | Juan Zeano o Ceano |
Segovia | IM | 1585 | Ioan de Ortega - Ioan de Morales, o Miguel Villaviejo |
Segovia | M? | 1586 | Miguel Villaviejo |
Segovia | - | 1586-1587 | Juan Morales |
Segovia | - | 1588-1592 | Joaquín Lingahel |
Segovia | I | 1590-1596 | Ioan de Ortega |
Segovia | - | 1594 | Juan Caballero |
Segovia | FE (anagrama) | 1596-1597 | Juan Arfe y Villafañe |
Segovia | Árbol | 1597 | Lesmes Fernández del Moral |
Ceca | Marca | Periodo | Maestro de ceca / ensayador |
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Segovia | C | 1597-1602, 1607-1611 | Melchor Rodríguez del castillo |
Segovia | Castillo | 1598-1599 | Melchor Rodríguez del Castillo |
Segovia | D | 1600 | Sigla de ensayador |
Segovia | Árbol | 1608 | Marca de Ensayador |
Segovia | A | 1610-1611 | Alonso deÁvila |
Segovia | A | 1610-1612, 1619 | Alonso de ávila |
Segovia | B/TB | 1613 | Sigla de ensayador |
Segovia | AR (enlazadas) | 1613-1614 | Andrés de Pedrera |
Segovia | S | 1614 | Sigla de ensayador |
Segovia | AR (enlazadas) | 1614 | Andrés de Pedrera |
Segovia | A superada de Cruz | 1616-1621 | Esteban de Pedrera |
Segovia | A | 1617, 1619 | Sigla de ensayador |
Segovia | P | 1623-1626 | Pedro Enríque |
Segovia | P | 1625-1630 | Sigla de ensayador |
Segovia | B | 1631 | Sigla de ensayador |
Segovia | R | 1632-1639 | Rafael Salván de Aulina |
Segovia | B·X | 1651 | Siglas de ensaye |
Segovia | I | 1651 | Ipólito de Santo Domingo |
Segovia | f·X | 1655 | Siglas de ensaye |
Segovia | X | 1655 | Lucas Xaufler? |
Segovia | R·X | 1655 | Siglas de elnsaye |
Segovia | BR (enlazadas) | 1659-1664, 1683-1691 | Bernardo de Pedrera |
Segovia | S | 1660-1664 | Sebastián González de Castro |
Segovia | R | 1663-1664 | Juan Ruiz |
Segovia | M | 1682-1683 | Manuel Manso |
Segovia | F | 1699 | Francisco de Pedrera |
Segovia | Y | 1708 | Ysidoro de Párraga |
Segovia | J | 1717 | José Garcia Caballero |
Segovia | F | 1721-1724, 1728-1729 | Fernando Vázquez o Vargas |
El cincuentín, una moneda de prestigio | Mar 10, 2021 | Numismática subastas monedas Los 50 reales o reales de a 50, fueron acuñados entre los años 1609 y 1682 en el Real Ingenio de Segovia, la única ceca que pertenecía exclusivamente a la Corona. Tenían un valor de 50 reales de plata y sus, aproximadamente, 76 mm de diámetro y 171,5 gramos de metal argénteo les conferían unas características muy particulares para su uso como moneda, por lo que su circulación fue prácticamente inexistente. Conocidos mundialmente como «Cincuentines», estas enormes monedas se concibieron inicialmente como obsequios de Estado y de ostentación. Su acuñación no estaba registrada en la legislación monetaria, la cual no abarcaba piezas superiores a los reales y escudos de a 8, por lo que para acuñarlas se requería de una licencia expresa de la Corona, indicando la cantidad de metal que se autorizaba a amonedar.
Sin embargo, nos llama la atención que el diseño de su tipología siga, consecuentemente, las normas de la Pragmática de la Nueva Estampa (1566), mostrando una única diferencia en el signo de valor, el cual no aparece con numeración romana, como era habitual, sino arábiga. El resto de la moneda mantiene los tipos comunes. En su anverso: el gran escudo de la Monarquía Hispánica incluyendo a Portugal, la fecha y el nombre del rey con numeral. En el reverso: se aprecia el clásico cuartelado de Castilla y León. En muchos casos, estas emisiones se justifican como testigos solemnes de eventos para la Monarquía, en especial la visita de personalidades extranjeras. Sin embargo, su gran tamaño y peso también sirvió para acuñar grandes cantidades de metal a muchos nobles, altos cargos de la corte y mercaderes, que recibieron licencias de acuñación ante el interés en amonedar su plata en estos altos valores. De hecho, es sabido que los oficiales del Real Ingenio aprovecharon la concesión de licencias para su acuñación, como una forma de atraer grandes cantidades de metales de los mercaderes de Sevilla y así garantizar su empleo mediante la buna provisión de metales en bruto a la fábrica.
Puede resultar curioso que unas monedas tan grandes como los cincuentines y los centenes se hayan acuñado en el siglo XVII, el cuál es considerado como un siglo de crisis para la Corona Hispánica. Todo ello, en realidad responde a una estrategia de comunicación con la que se consiguió mantener su imagen, como la de una de las Coronas preponderantes de Europa, aún a pesar de la decadente trayectoria política y económica. Así pues, gracias a la herencia de un legado de esplendor procedente del siglo anterior, fortalecido por la gran aceptación que seguía teniendo la moneda castellana a nivel internacional, se mantuvo como punto de referencia dentro de los mercados, con una moneda que aún continuaría siendo la base del comercio internacional y que cualquier modificación en ella, repercutiría en la práctica totalidad de los países europeos. Hemos visto que estas piezas solo se acuñaron durante los reinados de Felipe III (1578-1621), Felipe IV (1605-1665) y Carlos II (1661-1700). Pero al ser emisiones extraordinarias, no se acuñaron correlativamente todos los años, sólo excepcionalmente en las fechas que siguen: 1609, 1610, 1613, 1614, 1617, 1618, 1620, 1622, 1623, 1626, 1628, 1631, 1632, 1633, 1635, 1636, 1651, 1652, 1659 y 1682. Existe documentación relativa a la existencia de más emisiones en otras fechas, sin embargo su ausencia material, nos lleva a ser escépticos en el tema.
De las 20 emisiones diferentes que se conocen, la más conocida es, sin duda, la fechada en 1623, que está relacionada con la visita que el Príncipe de Gales realizó a Madrid ese mismo año. Sin embargo, dentro del mercado numismático, encontramos unas emisiones más comunes que otras, como las de 1620 o 1626 que, debido al mayor número de ejemplares conocidos resultan más habituales en las ventas, que por ejemplo el cincuentín de 1613 del que solo hay tres ejemplares conocidos, uno de los cuáles subastó esta casa en 2012 y que procedía de la colección Archer M. Huntington (Hispanic Society of America) o el acuñado por Carlos II en 1682 del que solo se conocen 2 ejemplares, uno en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y otro en una colección privada. Los cincuentines y los centenes han alcanzado, por méritos propios, el título de monedas estelares de la numismática española, siendo las piezas más eminentes de nuestro numario. En la próxima subasta 50 aniversario, que tendrá lugar el 14 de abril en el hotel Wellington, saldrán a la venta 3 ejemplares procedentes de colecciones privadas. Uno de ellos, fue subastado por la Lonja del Almidón en 1936. cincuentín Definición m. Moneda de plata de gran módulo y valor de 50 reales de plata, que se acuñó en Segovia en los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Nota Real Academia de Historia. Sin duda alguna, la obra cumbre no sólo de la numismática del Ingenio sino de toda la numismática española es la amonedación de los célebres cincuentines y centenes, en plata y oro y con valor de 50 reales y 100 escudos, respectivamente. Su laminado se inició en tiempo de Felipe III prolongándose hasta bien entrado el siglo XVII ya en tiempos de Carlos II. Estas monedas se hacían por encargo cortesano o de gentes privadas, pues unas veces se acuñaban a petición del monarca para hacer regalos o pagos importantes, por ejemplo, a labores de espionaje, mientras que otras acuñaciones se autorizaban a los ricos comerciantes sevillanos, que recibían oro y plata de América en cantidad ingente, cuya labra gustaban encargar en valores altos más que en moneda menuda. El centén o moneda de oro de 100 escudos tiene un diámetro aproximado a los 8 centímetros y un peso de unos 335 gramos. Su valor 100 (escudos) aparece a la derecha del escudo y “la puente” y la inicial del ensayador R, por Rafael Salván, a su izquierda. En la actualidad los ejemplares conocidos no son más de cinco o seis, contando el Museo de la Casa de la Moneda de Madrid y sendos ejemplares más del Museo Arqueológico Nacional, pues desgraciadamente, los ejemplares que poseía la Real Academia de la Historia se perdieron en la Francesada Sin embargo, por fortuna, la Academia conserva una de estas espléndidas monedas. Se trata de un cincuentín o 50 reales de plata acuñado en 1623. La fecha de 1623 es una de las más interesantes por las circunstancias en que se labró, por lo que, con todo acierto, figura como portada de esta obra La serie de 1623 acuñada en el Ingenio de Segovia es una de las acuñaciones modernas mejor documentadas y más interesantes. Esta moneda es, seguramente, la más evocadora de la historia numismática española. Se laminó con motivo de la visita del Príncipe de Gales a España, el futuro Carlos II de Inglaterra. No es necesario aquí recordar la visita secreta del Príncipe a la Corte de España a mediados de marzo de 1623, que concluyó con los acuerdos matrimoniales con doña Ana de Austria de septiembre del mismo año, que, finalmente, no se llevarían a cabo. El 4 de ese mismo mes, pocos días antes de la firma de dichos pactos, el rey dio orden de proveer al Ingenio de oro y plata para labrar las distintas suertes con motivo de la visita que haría la corte inglesa camino de Santander desde donde regresaría a Londres. La plata, en cantidad de 100 kilos, fue labrada la tarde del 11 de septiembre en presencia de rey, el Príncipe de Gales, el Conde Duque de Olivares, el futuro duque de Buckingham, el conde de Monterrey y el cardenal Zapata. Ciertamente, la visita del rey y el príncipe Carlos al Ingenio está plagada de anécdotas, todas ellas sabrosísimas, como la pelea de Buckingham y Olivares o la entrega al Príncipe Carlos de una bandeja de piezas de 50 reales como la que conserva el Numario de la Real Academia, que éste tuvo a bien arrojar a los presentes con gran regocijo, quedando, como dicen las fuentes, “contentísimo con todo ello”. El ejemplar que conserva el Monetario debe ser, por lo tanto, parte del presente del rey de España al príncipe Carlos de Inglaterra con motivo de la firma de los acuerdos matrimoniales que, como se ha indicado, quedaron en nada. Bibliografía: Vidal, José Mª, “Cincuenta Reales o Cincuentín de Felipe IV”, Tesoros de la Real Academia de la Historia, Madrid, 2001, 29. |
10.000 pesetas del Quinto Centenario
Edad Contemporánea / 27 de mayo de 2022
Pocas veces en la historia España se ha engalanado tanto como cuando celebró el Quinto Centenario del Descubrimiento de América, allá por 1992. La Expo de Sevilla, la Olimpiada de Barcelona, festejos por todas partes… España entera era una fiesta.
La FNMT no fue ajena a todo esto. Por entonces se emitió una de las primeras series conmemorativas que se dedicó, precisamente, al Quinto Centenario del Descubrimiento de América.
Se emitieron cuatro series en total. Una al año desde 1989 hasta 1992. Cada serie se componía de diez valores: cinco en oro (8.000 pesetas a 5.000 pesetas) y cinco en plata (10.000 pesetas a 100 pesetas), con módulos que iban de 8 escudos a medio escudo y de 50 reales a medio real.
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10.000 pesetas 1989. Quinto Centenario Serie I. |
Yo las recuerdo de niño. Concretamente recuerdo las monedas de 10.000 pesetas, unas piezas de plata enormes y brillantes. Eran las monedas más grandes que yo había visto en mi vida y me parecían unas monedas valiosísimas. Una gran joya. Algo inalcanzable para un niño como yo: cada una de ellas se vendía por 16.000 pesetas; un desembolso notable a principios de los ‘90.
10.000 pesetas Quinto Centenario.
Las cuatro monedas de 10.000 pesetas dedicadas al Quinto Centenario tienen un anverso común que representa a la familia real de la época junto con el año de acuñación. La temática del reverso es la que va cambiando:
- Las 10.000 pesetas de la primera serie, emitida en 1989, representa los escudos de las 17 comunidades autónomas españolas (orden de emisión).
- Las 10.000 pesetas de la segunda serie, emitida, en 1990, representa una serie de retratos de intelectuales hispanoamericanos que tuvieron mucha influencia en el devenir del continente (orden de emisión).
- Las 10.000 pesetas de la tercera serie, emitida en 1991, representa a conquistadores y hombres de armas muy relevantes en la historia de América (orden de emisión).
- Las 10.000 pesetas de la cuarta serie, emitida en 1992, representa a todos los literatos hispanoamericanos galardonados con el Premio Nobel antes de 1992 (orden de emisión).
El éxito comercial de las monedas del V Centenario fue tremendo. Mucha gente que no se había acercado nunca a la numismática adquirió estas series. Especialmente las monedas de 10.000 pesetas, de tamaño cincuentín (168,75 g.; 925 milésimas), porque son las más llamativas.
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10.000 pesetas 1990. Quinto Centenario Serie II. |
La tirada de cada moneda de 10.000 pesetas fue de 35.000 ejemplares. Esta cantidad es mucho mayor que la mayoría de las emisiones conmemorativas de la FNMT. Pero fue el módulo de plata con menor tirada de todas las series del Quinto Centenario. Y se vendieron todas.
Hoy en día no son tan buscadas como hace 30 años. Es normal. Su precio depende fundamentalmente de la cotización de la plata. Estas monedas se venden algo por encima de su precio en plata, pero no mucho más. Viendo webs de comerciantes profesionales veo que se ofrecen entre 155 y 180 euros cada ejemplar. Ese es un precio razonable cuando lo está vendiendo un profesional.
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10.000 pesetas 1991. Quinto Centenario Serie III. |
10 000 pesetas de España del año 1990. V Centenario. Serie II. 10000 pesetas - Cincuentín - V Centenario - Personajes peso - 168,75 gramos de plata 925 diámetro 73 mm canto liso Moneda en su cápsula, con caja, certificado y carátula. |
«Caballero de las Yndias», |
En la década del 40' del pasado siglo comenzaba en Cuba una colección histórica, la colección más importante de moneda de oro española reunida en manos privadas. Se trataba de un descendiente de una familia vasca emigrada a Cuba, que con mucho esfuerzo y dedicación forjó la colección, junto a su hermano que en los años 50' comenzó a aportar dinero para adquirir piezas. Uno era el numismático, el otro veía la colección como una inversión. Desde muy pequeño el padre por buenas notas en la escuela lo recompensaba con monedas de oro, que circulaban en ese entonces en la isla, las de Estados Unidos y cubanas. Pero las monedas de oro cubanas eran pocas y se volcó a buscar la moneda española, por el amor a la madre patria y la belleza de estas. Buscándolas siempre en el mejor estado de conservación posible: prefiriendo comprar la moneda de la fecha más corriente pero que estuviera en EBC+ o FC y no la de la fecha más rara pero en peor conservación. En Cuba llegó a tener una hacienda con una fábrica a la que llegaba el ferrocarril. Al triunfo de la Revolución Cubana marchan de Cuba y con ellos la colección escondida en un macetero y con hormigón encima. Después para sacar la colección al partir el hormigón con un mazo “marcó” una moneda en el escudo: la de 20 excelentes de Segovia. La colección creció de una manera muy secreta. Con la amistad forjada entre Caballero y Don Xavier Calicó la gran mayoría de las monedas fueron compradas por este comerciante. En las subastas nunca estuvieron presentes y la Casa Calicó los representó. El apellido Caballero no tiene origen vasco, en los años 40' Xavier Calicó visitó a Caballero por primera vez en Latinoamérica. Al ir a restaurantes y clubes, los camareros se dirigían a los clientes como «caballeros», lo que le resultaba curioso a Calicó y de ahí salió el nombre críptico de «Colección Caballero». La Colección Caballero de las Yndias estuvo guardada por años en una caja fuerte de un banco de Estados Unidos hasta que por motivos de división de herencia familiar se decide subastar en España en 2009 por la casa de subastas Aureo & Calicó. Fueron puestas en subasta más de 2000 monedas de oro y según el Diario Vasco el actual propietario de la colección es un americano descendiente de vascos. Que compró una gran parte de las piezas subastadas. Las piezas cubanas subastadas fueron dos Medallas de Proclamación de Isabel II de 1834 de Matanzas y Santiago de las Vegas. Adjudicadas en 10500 y 7500 euros respectivamente. |
Entrevista a Caballero. / 13 de junio de 2012 La colección Caballero de las Yndias, que fue subastada en 2009 por Aureo & Calicó, ha tenido una gran importancia en este blog. En los inicios del blog se comentó la celebración de la tercera sesión y luego esta bitácora tuvo el privilegio de publicar un testimonio de María Teresa Sisó en la que comentaba cómo se vivió la subasta desde dentro. Esa entrada gustó a muchos aficionados, no sólo por la participación de Sisó, sino porque se tuvo la oportunidad de dialogar con el mismo hijo de Caballero, quien fue el que gestionó la venta familiar de la colección, y nos comentó varias anécdotas muy interesantes sobre cómo se formó la colección. Aprovechando su presencia en el blog, me puse en contacto con él y he tenido la suerte de poder hacerle una entrevista que aquí os transcribo. Me considero un auténtico privilegiado por haber podido charlar con él y por publicar esta entrevista; estoy seguro de que os gustará. Desde ya, muchas gracias Caballero. Caballero (C): Lo primero que quisiera explicar es que no hay un Sr. Caballero, sino dos. La colección fue hecha por mi padre y mi tío. Mi tío nunca se casó ni tenía descendentes, por lo que podía dedicar sus recursos a la compra de monedas. Sin su aporte, la colección Caballero hubiera sido imposible. Mi padre era el numismático, mientras que mi tío veía la colección más como una manera de invertir recursos. Adolfo (A): A todos los entrevistados les pregunto si han coleccionado algo y cuál es su moneda favorita. Creo que lo primero es obvio, pero lo segundo no. ¿Qué tipo de monedas son las que más te gustan? ¿Qué ejemplar de la Colección Caballero era tu predilecto? ¿Y cuál era el ejemplar predilecto de tu padre? C: Sin duda, a mi padre las monedas que más le gustaban eran las medievales. En particular las doblas castellanas de los Enriques, Pedro I o Alfonso de Ávila, así como los morabetinos de León y los excelentes y castellanos de los Reyes Católicos. Una moneda especialmente querida por él eran los 20 excelentes de Segovia [los de la primera foto], que no se vendió en la subasta al público y que compré yo mismo. Si ven la moneda tiene una marca clara en el escudo, y esa marca tiene una razón de ser: cuando vino la Revolución Castrista en Cuba mi padre escondió la colección en un macetero y hechó hormigón encima. Después, partiendo el hormigón para sacar la colección un golpe del mazo “marcó” la moneda. Esta marca siempre le recordó lo que marcó una etapa significativa en su vida: la transición de la época de prosperidad en Cuba a la época de relativa austeridad en el exilio. A: No sé si la colección la comenzó tu padre o si proviene de otros antepasados. No obstante, ¿cómo se comenzó a forjar? ¿Qué objetivo se buscaba inicialmente con adquirir monedas? C: La colección la empezó mi padre en los años cuarenta en Cuba. Pero no fue hasta los años cincuenta cuando mi tío empezó a aportar recursos debido la envergadura del proyecto. Desde muy pequeño mi abuelo recompensaba a mi padre por buenas notas con monedas de oro. Recordemos que la moneda de oro circuló en Estados Unidos y Cuba hasta 1933. Las onzas españolas se vendían casi por su peso de oro en esa época. Cansado de coleccionar moneda cubana de oro, que eran solo unas 20 monedas, se lanzó a comprar monedas españolas. Lo hacía simplemente por amor a España y por la belleza de las monedas españolas, que tiene más de dos mil años de historia numismática. Mi padre no era tonto, y sabía de sobra que por inversión hubiera sido mucho mejor negocio coleccionar moneda norteamericana, porque al final las monedas que más se revalorizan son las de los países ricos donde hay muchos recursos económicos para coleccionar. A: Aparte de las monedas que se subastaron ¿coleccionábais alguna otra? Si no es así, ¿por qué solo os llamaban la atención las monedas de oro? ¿por qué solo las cecas españolas? C: Sí. Caballero colecciona un sinfín de cosas, desde relojes de bolsillo antiguos hasta plata religiosa Española. En lo que respecta monedas, Caballero todavía guarda alguna sorpresa que otra. Sobre la razón de “oro”, es muy fácil de explicar, y que sirva de consejo a nuevos coleccionistas: colecciona siempre lo mas preciado que tu bolsillo pueda comprar, la relación de valores siempre se mantendrá a través del tiempo. El oro es preferible a la plata, y la plata es preferible al bronce o al cobre. Sobre las cecas, la colección Caballero colecciono todo lo relevante a España: cecas peninsulares, las provincias de America, la Europa dominada por España y vinculaciones con España como podían ser los papas españoles y los Maestres de la Orden de Malta Españoles. Ya de por sí, la envergadura de la Colección era enorme. A: Además de la rareza de las piezas que aparecieron en la Colección Caballero, la calidad de las mismas era espectacular. ¿Qué criterios seguíais a la hora de comprar monedas? C: Desde muy temprano mi padre se dio cuenta de que amasar por amasar no era lo que interesaba. Creo que una de las cosas que mas impresiono a Teresa Siso fue el estado de conservación de la colección. Con el afán de crear una colección de clase mundial, al poco tiempo de comenzar la colección mi padre se dio cuenta que era ilógico coleccionar por fechas. ¿Para qué tener monedas cuya única variante representaba la fecha? Decidió entonces concentrarse en coleccionar por ensayadores, cecas, tipos y variantes, creando una colección mucho más amena, poco repetitiva y mucho menos extensa. Este punto es importante porque solo un Bill Gates puede coleccionar de todo sin limitantes de bolsillo, pero además beneficia el estado de conservación de la colección en general. Como ejemplo, si hay onzas de la ceca de Madrid de Carlos III, tipo “X” del mismo ensayador pero 8 fechas, mi padre prefería comprar la de la fecha más corriente pero que estuviera en EBC+ o FC y no la de la fecha más rara pero en peor conservación. La moneda “fea”, aunque rara, no llama la atención, y el ejemplo que os doy son las tres piezas de 20 Excelentes: las dos de Sevilla, que estaban en muy buen estado de conservación, se vendieron muy bien, pero la de Segovia, tal vez la más rara numismáticamente hablando, no se vendió en la subasta aunque el precio de salida era mucho más bajo que el de las otras dos. Que conste que una moneda similar a esta de Segovia ya había realizado 300,000 euros en una subasta de Spinks en el 1999, pero en la subasta de Caballero fue totalmente opacada por las otras dos en mucho mejor estado de conservación y no atrajo ni una sola puja. A: Hace tiempo que expresé mi opinión sobre que una buena colección no se puede forjar solo con dinero. Aparte de dinero, ¿qué ha aportado tu familia a la colección? C: Sacrificio. El que no está dispuesto a sacrificar su tiempo, su dinero y hasta su alma no llegará a tener una buena colección. Sé que mi familia se privó de mucho porque no había dinero para gastos superfluos con el afán de poder invertir en monedas. A: Ya nos comentaste que la adquisición de algunas monedas os supuso un esfuerzo importante, en el que había que desplazarse muchos kilómetros para ello y desprenderse de una cantidad considerable de dinero. ¿Cuál es la moneda que más os costó adquirir (no hablo de dinero, sino de esfuerzo)? ¿mereció la pena? C: La serie de monedas del dictador Carrera de Guatemala. El vendedor mantuvo en jaque a mi padre por muchos meses, y cuando finalmente decidió vender, mi padre tuvo que montarse en un DC-3 para volar a Guatemala cuando mi madre estaba de parto de mi hermano pequeño. Sobre si valió la pena, mi madre, que en paz descanse, creo que nunca logro entenderlo. Además, ella nunca llegó a conocer la envergadura de la colección. Eran otros tiempos. A: María Teresa Sisó nos habló de la colección como una bonita historia familiar en la que la amistad con Xavier Calicó era un ingrediente fundamental. ¿Qué aportaba Calicó a la colección? C: Muchísimo. Aparte de que la gran mayoría de las monedas de Caballero fueron compradas por los Calicó. Xavier Calicó y mi padre eran como hermanos. En el despacho Calicó existen cientos de cartas entre ellos discutiendo sobre monedas. Esas cartas, publicadas, mostrarían una historia de 50 años de amor puro a la numismática. Cuando Don Xavier falleció, si mal no recuerdo en 1985, mi padre se quedo apabullado por meses. A: ¿Hay alguna moneda que os hayáis arrepentido de haber comprado? ¿por qué? C: Nunca. Lo que sí les puedo contar es que las monedas españolas que menos le gustaban a mi padre eran los florines, porque los encontraba muy monótonos y también porque su diseño no era «autóctono español» sino “importado” [la quinta fotografía es de un florín de Barcelona de Martí I]. Caballero siempre fue de la opinión que la grandeza histórica de España era tal que no necesitaba importar ideas numismáticas de nadie. Por otro lado, a mi tío no le gustaban nada las monedas visigodas, que las llamaba “chapitas”, y nunca entendía el precio descabellado que llegaban a pagar por alguna de ellas. Los momentos de tortura y reflexión eran cuando se tenía que vender alguna moneda para reunir recursos para comprar algo nuevo. Recuerdo que en 1983 vendimos una de las cuatro variantes de los Doble Principats [la segunda foto muestra uno de Felipe III] que había en la colección (muy bien vendida, por cierto, a una entidad bancaria Catalana) para reunir fondos para la compra de cuatro monedas que faltaban, entre ellas el ya famoso triente visigodo de Boltaña [tercera foto]. El principat que vendimos era el que tenía la variante menos significativa, pero su venta, aunque por buen motivo, siempre causo sentimientos de pérdida. A: ¿Hay algún ejemplar que no hayáis comprado y que haya supuesto una oportunidad única o las oportunidades siempre vuelven? C: Si, definitivamente: la onza de Cuenca de Felipe V de 1725. Por mucho que quisimos no pudimos reunir el dinero para comprarla cuando la Casa Calicó nos la ofreció en los 90. Se acaba de vender en subasta en Suiza el mes pasado en 160,000 francos suizos. Esto nos dolió mucho porque ya teníamos en Caballero el 4 escudos de Cuenca que es casi igual de raro [cuarta foto]. A: A mí se me hace muy difícil pensar en cómo me podría enterar de que ciertas monedas están en ventas privadas. Pongamos por ejemplo que una persona tiene una pieza única que yo estaría interesado en comprar, pero yo a esa persona no la conozco de nada. Esa persona muere y sus herederos están pensando en venderla pero… ¿cómo me puedo enterar yo? Supongo que con la cantidad de monedas inéditas que hubo en la Colección Caballero esa situación se haya dado más de una vez. ¿Dónde está el truco? C: No hay truco. Siempre privó en mi familia la ley del secreto, por lo que no recuerdo una sola compra privada a un tercero desconocido. A: ¿De cuántos comerciantes os fiabais para comprar monedas de gran precio? ¿Os han intentado vender monedas falsas? C: Muy pocos: los Calicó, Stacks, Bank Leumi y algún otro. Fuera de estos solo subastas a las cuales nunca fuimos y la casa Calicó nos represento. Hoy en dia admiro, respeto y agradezco tremendamente a Teresa Siso y Aureo & Calico. Sin duda una de las mejores casas, y de las más respetadas, a nivel mundial. ¿A qué coleccionista no le han tratado de vender monedas falsas? Pero era muy difícil colarle algo falso a mi padre. Yo conservo como recuerdo tres monedas medievales falsas que mi padre compró en los años cuarenta, cuando apenas empezaba a coleccionar y compraba en casas de cambio, antes de conocer a la familia Calicó. A: Otra cuestión que ha aparecido mucho en el blog es que la numismática es bastante más que acaparar monedas y forjar una colección. ¿Estudiabais vuestras monedas? ¿Se pusieron alguna vez en contacto con vosotros investigadores que quisiera acceder a la colección? C: La colección se hizo bajo máximo secreto. Lo que sí que les digo es que hay muchos estudios publicados en la revista de la ANE escritos por Don Xavier Calicó basados en monedas de la colección Caballero. Él era la voz y ojos de Caballero. A: ¿Cómo es de fácil o difícil compaginar la numismática con otras aficiones? C: Muy fácil. Mi padre era un erudito en historia de España, y además muy viajado. Es la única persona que conozco que se haya leído todos los treinta y pico tomos de la Historia de España de Menéndez Pidal varias veces y simplemente por amor al tema. Además, no hay monumento o plaza significativa en España que mi padre no ha visitado una o más veces. Ir de excursión con él a parajes históricos era como irse con Menéndez Pidal. A: Nos comentó María Teresa Sisó que la colección se encontraba en una caja fuerte de Estados Unidos, mientras que vosotros vivís en otro país. Hay una cuestión que muchos coleccionistas con poca capacidad económica nos preguntamos: por un lado nos gusta tener monedas bonitas y disfrutar de ellas, pero por otro lado a nadie se le ocurriría tener en casa una colección valorada en varios millones de euros por miedo a robos. ¿Cómo puedes disfrutar de las monedas que tienes si están en una caja fuerte? ¿Alguna vez habías visto la colección íntegra antes de que se subastase? C: Bueno, no siempre estuvo en una caja fuerte en USA. Pero si ves los catálogos de moneda española que saca la casa Calicó, muchas de las monedas en el catalogo son las mismas de la colección Caballero. Por tanto, con solo mirar el catalogo podíamos ver la colección. Además, cada vez que había que ingresar una o más monedas a la colección se viajaba a Estados Unidos a poner las monedas en los álbumes y se aprovechaba para repasar la colección. A: Nos dijisteis que tus hermanos querían vender la colección pero tú no. Entiendo que una cosa es mantener la integridad de la colección y otra aportar nuevos ejemplares, que en tu caso sería piezas de mucho valor. ¿Querías que la colección siguiese aumentando o simplemente que llegase íntegra a tus hijos y sobrinos? C: Quería que siguiera creciendo, pero por asuntos de herencia era una situación inmanejable dado que hubiera que tenido que comprarles su parte a mis hermanos. Y solo les hubiera pasado el mismo problema a mis hijos. A: Finalmente quisiera preguntarte por la subasta en sí. ¿Os dio pena que la colección se disgregase o consideráis que disteis a muchos coleccionistas la oportunidad de conocer, e incluso de poseer, algunas monedas que de otra forma no hubieran podido alcanzar? C: Por supuesto que me dio pena quebrar la colección. Pero mi padre siempre fue muy claro: no le gustaban nada los museos porque decía que eso le quitaba la oportunidad a los coleccionistas privados de hacerse con monedas para sus colecciones. Su mayor frustración era no haber podido comprar las moneda de 10 Excelentes y de 50 Excelentes en manos de la Hispanic Society en Nueva York, en la colección Huntington, que se la acaba de vender una persona anónima. [Casualmente hablamos de esas monedas en la anterior entrada]. Pero su máximo odio lo reservaba contra de las tropas Napoleónicas que robaron los grandes módulos medievales (por ejemplo los 50 Enriques de Enrique IV) y se los llevaron a la Biblioteca Nacional de Paris. Los Franceses nunca han devuelto esas monedas a España. Mi padre nunca entendió como el Gobierno Español nunca ha reclamado la devolución de esas monedas cuando hoy en día perfectamente se podrían pedir y repatriar. Sería una muy buena campaña para empezar por parte de las asociaciones numismáticas españolas. Yo, por mi parte, creo que el gobierno español simplemente ignora que estas monedas existen y estén en Paris. A: Si hubiéseis recibido una oferta por parte de un museo del mismo importe que habéis obtenido en la subasta ¿hubiérais preferido que la colección pasase a manos públicas o preferís que los ejemplares los custodien coleccionistas privados? C: Yo hubiera preferido que se mantuviera junta, pero respeto los deseos de mi padre expuestos arriba. Lo que no me gusta es saber que muchas de las piezas “estrella” fueran a parar fuera de España. A: En términos exclusivamente económicos ¿la colección fue una buena inversión o hubiese sido preferible invertir en productos financieros? C: Fui presidente de un banco durante 25 años y siempre me pregunté lo mismo. La respuesta es SI, pero con una observación: la moneda corriente, para aumentar de valor, tiene que estar muy bien conservada, en cualquier otro caso no es buena inversión. Además, colecciones que no tengan algunas rarezas, difícilmente aumentarán de valor por encima de la inflación. Ahora les paso el balón a ustedes y les invito a hacerme preguntas que contestaré lo mejor que pueda. El Sr. Caballero tiene 97 años y no está en facultades para contestar nada, por lo que cualquier respuesta se basará en lo que yo recuerde personalmente de mis tertulias con él. |
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1986. IV Centenario de la ceca de Segovia. 5 onzas. 153,10 g. Ø 65 mm. Plata. |
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