En España algunos casos en los que han aparecido mujeres en las monedas circulantes. En total a mí me constan cuatro mujeres en las monedas españolas (sólo cuento las circulantes, no las conmemorativas ni las medallas), que paso a relatar ahora empezando por la más actual y acabando por la más distante en el tiempo. |
Reina doña Sofía Pues sí, la última mujer que se ha visto en el circulante español es la Reina Sofía, por todos conocida. La foto que he puesto arriba me ha parecido curiosa y más bonitas que las típicas que aparecen en todas partes; está sacada del ABC. No me detengo en su biografía porque los datos básicos se los sabe todo el mundo. La reina de todos los españoles apareció exclusivamente en las monedas de 500 pesetas entre el año 1987 y el 2001, viéndose su rostro detrás del de su marido Juan Carlos. Ya se comentó que la primera emisión de 500 pesetas celebró las bodas de plata de la pareja y ya no se modificó el diseño de la monedas de 500 hasta que desaparecieron. |
Isabel II es la reina española por excelencia en lo que a la numismática se refiere. Pero no sólo dejó grandes pasajes numismáticos, sino que su vida privada y su gobierno fue muy tormentoso. Subió al trono con sólo tres años de edad bajo la regencia de su madre María Cristina y su reinado fue difícil: tuvo que hacer frente a dos Guerras Carlistas y tuvo que salir a regañadientes del Antiguo Régimen haciendo que España tuviera una timidísima industrialización. Al final, acabó exiliada. Decía mi profesor de historia que Isabel II era más liberal en la cama que en el trono, pero eso ya es otra cosa. Los pintores siempre idealizaron la imagen de Isabel II, pero ya se ve en la foto (sacada de Wikipedia) que era una mujer bastante fea. El legado numismático de Isabel II es riquísimo, es algo que sabe cualquier aficionado. También es bastante complejo porque hubo varios cambios en el sistema monetario de la época, ya se hablará de esto algún día. En cualquier caso, Isabel II acuñó auténticas preciosidades, tanto de oro como de plata o cobre, y lo hizo en muchas cecas, habiendo además pruebas. Todo ello hace que su legado numismático sea muy amplio, hasta el punto que Aureo ha dedicado en los últimos años dos subastas a este periodo, provenientes de sendas colecciones privadas: la colección Béquer en 2000 y la O’Donell en 2003. Aquí dejo cuatro monedas suyas preciosas: 8 maravedís, 1 real, 10 céntimos de escudo y una prueba de 10 reales; todas ellas se subastarán en Aureo el 1 de julio. |
Reina de Castilla (Toledo, 1479 - Tordesillas, Valladolid, 1555). Era la tercera hija de los Reyes Católicos, que la casaron con el archiduque austriaco Felipe el Hermoso (1496). La muerte de sus hermanos mayores y de un sobrino la convirtieron en heredera de las Coronas de Castilla y Aragón desde 1500. El mismo año en que fue jurada como heredera por las Cortes de Castilla (1502) empezó a manifestársele una enfermedad mental, determinada según algunos por la infidelidad de su marido, hacia quien sentía un amor apasionado. Al morir Isabel la Católica, Juana I y Felipe I fueron proclamados reyes de Castilla (1504); pero, dada la locura de la reina, se acordó que gobernarían conjuntamente en Castilla su marido y su padre el rey de Aragón, Fernando el Católico. Las malas relaciones entre el yerno (apoyado por la nobleza castellana) y el suegro hicieron que éste renunciara al poder en Castilla para evitar un enfrentamiento armado (1506). Pero aquel mismo año murió el rey Felipe, recuperando don Fernando la regencia en Castilla en nombre del hijo de Juana y Felipe (el futuro Carlos I de España y V de Alemania). La demencia de la reina se agravó, permaneciendo recluida en Tordesillas desde 1509 hasta su muerte. En 1516 murió Fernando el Católico y Carlos I fue proclamado rey de Castilla y de Aragón, de modo que doña Juana no llegó a suceder a su padre en la Corona aragonesa; pero nunca fue declarada incapaz por las Cortes castellanas ni se le retiró el título de reina. Durante la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520), los jefes comuneros alzados en armas contra su hijo intentaron ponerla de su parte; pero ella se negó a intervenir en el conflicto en ningún sentido. Carlos I Rey de España y emperador de Alemania (Gante, Flandes, 1500 - Yuste, Extremadura, 1558). Con él se implantó en España la Casa de Habsburgo. Era hijo de Juana la Loca y de Felipe el Hermoso de Castilla. Fue educado en los Países Bajos por Adriano de Utrecht y Guillermo de Croy, recibiendo la influencia de los humanistas del Renacimiento (como Erasmo de Rotterdam). En 1515 asumió la gobernación de los estados de la Casa de Borgoña (los Países Bajos, el Franco Condado, Borgoña y el Charolais), que le correspondían por herencia de su abuela paterna; al morir en 1516 su abuelo materno, Fernando el Católico, heredó las Coronas unificadas de Castilla -a la que se había anexionado Navarra el año anterior y día a día se iban incorporando nuevos descubrimientos en las Indias- y de Aragón -con sus dominios mediterráneos de Nápoles, Sicilia, Cerdeña y el Rosellón-. Y en 1519, al morir su abuelo paterno, Maximiliano I de Austria, heredó los vastos estados patrimoniales de los Habsburgo (Austria, Tirol, Bohemia, Moravia, Silesia, Estiria, Carintia y Carniola), que llevaban aparejada la candidatura a la Corona imperial de Alemania, para la que efectivamente fue elegido aquel mismo año (aunque no sería coronado formalmente por el papa hasta 1530). Dueño de tan extensos territorios, Carlos asumió enseguida el proyecto de Gattinara de restaurar un Imperio cristiano universal, para lo cual debía lograr una hegemonía efectiva sobre los restantes reyes de la Cristiandad. Ello le enzarzó en guerras continuas contra los rivales de tal hegemonía. Como rey de España, Carlos suscitó importantes resistencias desde su llegada al país en 1517, debido a su condición de extranjero, rodeado por una corte de extranjeros y con la mirada puesta en objetivos políticos que excedían con mucho los límites de la Península. Su política poco respetuosa de la autonomía municipal, al tiempo que la perspectiva de un rey ausente durante largos periodos de tiempo y esquilmando al reino con impuestos para financiar sus empresas europeas, determinaron las insurrecciones urbanas de las Comunidades de Castilla (1520-21) y de las Germanías de Valencia y Mallorca (1519-24), que hubo de aplastar militarmente. Para aplacar los ánimos permaneció unos años en la Península, donde contrajo matrimonio con su prima Isabel de Portugal (1526), como le habían pedido las Cortes de Castilla. En cuanto a su lucha por la hegemonía en Europa, Carlos tuvo que enfrentarse como campeón de la Cristiandad contra el avance de los turcos, que bajo el reinado de Solimán II, el Magnífico, avanzaron por los Balcanes hasta el corazón de Austria (primer asedio de Viena en 1529 y anexión turca de Hungría en 1541), al tiempo que Barbarroja hostigaba la navegación en el Mediterráneo. Carlos tuvo que librar también cuatro guerras contra el rey «cristianísimo» de Francia, Francisco I, en 1521-26, 1526-29, 1536-38 y 1542-44, motivadas por diversos contenciosos territoriales en Italia y los Países Bajos; Enrique VIII de Inglaterra y otros estados europeos -como Venecia, Florencia, Suiza, Dinamarca o Suecia- se aliaron ocasionalmente a Francia, temerosos de la hegemonía austriaca; e incluso el Papado (bajo León X y Clemente VII) luchó contra el emperador, quien no dudó en hacer que sus ejércitos saquearan Roma en represalia (1527). En la propia Alemania, la reforma protestante iniciada por Lutero en 1519-21 acabó con la unidad católica; Carlos se mostró inflexible con los príncipes protestantes, a los que exigió primero que retornaran al seno de la Iglesia (Edicto de Worms, 1521) y derrotó luego en la Guerra de Esmalcalda de 1546-47 (batalla de Mühlberg). Pero, finalmente, se vio obligado a reconocer la escisión religiosa (Paz de Augsburgo, 1555), mientras el Concilio de Trento (1545-63) iniciaba la «Contrarreforma» en el bando católico. Fracasado de este modo su proyecto imperial, Carlos abdicó en Bruselas en 1555, dejando a su hijo primogénito, Felipe II, los reinos de España y los estados de la Casa de Borgoña, incluyendo las Indias, Italia (Cerdeña, Nápoles, Sicilia y Milán), los Países Bajos y el Franco Condado; junto con dichos territorios, Carlos legaba a su hijo una Hacienda abocada a la bancarrota por los ingentes gastos de las campañas imperiales. Las tensas disputas en el seno de la Casa de Habsburgo le llevaron a desgajar de la herencia los estados patrimoniales de los Habsburgo en el centro de Europa, que pasaron a su hermano Fernando junto con la Corona imperial (1558), quedando separada desde entonces en dos ramas la Casa de Austria. Carlos, enfermo de gota, se retiró al monasterio de Yuste, donde murió. Las monedas «Carlos y Juana» fueron creadas durante la Nueva España, cuando el virrey Antonio de Mendoza buscaba una forma de moneda propia para la región. En ese entonces, las transacciones se hacían con cacao, oro en polvo o monedas traídas de España, lo que era bastante complicado. Las monedas tipo Carlos y Juana fueron las primeras protagonistas de este capítulo de nuestra historia. Acuñadas entre 1536 y 1572, estas piezas llevan los nombres y los escudos de armas de los monarcas españoles Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico y su madre, Juana I de Castilla. Incluyen en su anverso los nombres en latín de los monarcas, «CAROLUS ET IOHANA REGES», refiriéndose a la Reina Doña Juana, también conocida como Juana la Loca, y su hijo Carlos I, quien asumió el gobierno debido a la incapacidad de su madre. Estas piezas se fabricaron manualmente, utilizando técnicas de golpe con martillo. A pesar del método artesanal empleado en su producción, resultaron ser monedas uniformes en grosor, redondeadas y de aspecto satisfactorio. Fueron creadas en plata en denominaciones de 4, 3, 2, 1 y ½ real; adicionalmente, se produjeron monedas de cobre en denominaciones de 4 y 2 maravedíes, destinadas al uso de la población indígena, aunque su acuñación fue interrumpida debido a la falta de aceptación de estas por parte de los indígenas. La moneda más valiosa de toda la numismática mexicana es una de 8 reales Carlos y Juana solo se conocen 2 piezas y vale 1 millón de dólares Curiosidades A pesar de su fabricación manual y las variaciones en diseño y tamaño, las monedas de Carlos y Juana eran consideradas en su época como ejemplos de la avanzada tecnología europea de acuñación, demostrando la habilidad y precisión de los artesanos del Virreinato. Además, Estas monedas no solo se utilizaban para transacciones comerciales; también servían como herramientas de propaganda, difundiendo la imagen y el poder de los monarcas españoles en las tierras recién conquistadas. |
OTRAS MONEDAS. Valor: 2 MARAVEDÍS (tipo 1) Material: VELLÓN Peso: 2 gr. / Diámetro: 26 mm. Cecas: SANTO DOMINGO Anverso: CAROLVS ET IOANA R alrededor de una orla circular que contiene una Y coronada entre F (ensayador) y valor II Reverso: REGIS ISPANIARVM alrededor de una orla circular que contiene dos columnas coronadas entre S y P (ceca) 1 ESCUDO Material: ORO Peso: 3.38 gr. / Diámetro: 23 mm. Cecas: BURGOS / CUENCA / GRANADA SEGOVIA / SEVILLA / TOLEDO Anverso IOANA ET CAROLVS alrededor de un escudo de armas entre (ceca) y (ensayador) Reverso HISPANIARUM REGES SICILI alrededor de un cruz potenzada dentro de una orla de 4 lóbulos |
Urraca I La primera mujer en aparecer en el circulante de España es para nota. ¿Alguno lo había adivinado? Y es que nos remontamos ni más ni menos que a 1108 cuando Alfonso VI el Bravo, rey de León pierde a su único hijo varón en la batalla de Uclés, proponiendo a los nobles un hecho insólito: que fuese su hija, una mujer, quien heredase el trono. Los nobles accedieron pero le obligaron a casarse, haciéndolo con Alfonso el Batallador rey de Aragón y evitar así una guerra civil en Castilla y en León. No obstante, su reinado fue bastante turbulento, como la mayoría de los reinados medievales y no se pudo librar de una guerra civil. En total reinó desde 1109 hasta 1126 y se vinculó bastante a Palencia, hecho por el que tengo especial cariño a Doña Urraca. En cuanto a su legado numismático, pues poquita cosa nos ha llegado y son piezas raras. Aquí dejo un par de dineros sacados de aquí donde se representa su rostro, el primero de frente y el segundo mirando hacia la izquierda; ya se sabe que el estilo románico no busca el retrato realista. |
Historia de la moda del tenis femenino. |
Recorre con nosotros el apasionante camino del vestuario de tenis femenino en más de un siglo: de estorbo a protagonista Un juego de weekend de fines del siglo XIX para cotillear y cerrar negocios mientras se disfruta del deporte sin perder en exceso la compostura; fue la élite británica quien lo inventó, quien pensó en no golpear con el cuerpo sino con un utensilio que estilizara el golpe, quién ideó una pelota más pequeña para valorar el toque en lugar de la pura fuerza, y todo ello apoyado en una vestimenta que corroborara las notables diferencias entre las damas y las demás, entre los caballeros y el resto; así comienza este deporte llamado tenis, practicado desde el principio por las señoritas, incluso algunos aventuran que comenzó como un deporte tan delicado que sólo estaba destinado a las mujeres, aunque se les cerró la puerta de la competición durante largos años hasta que en Dublín se apostó por un torneo exclusivamente femenino en 1879, seguido ya en 1884 por el célebre Wimbledon. Largos trajes de capas y capas, grandes lazos, corsés, sombreros, enormes hombreras, botines valmoral, y en definitiva moda de élite, que dificultaba enormemente el movimiento y la flexibilidad que en un deporte que tal y como lo conocemos hoy se antoja estrictamente necesario; sin olvidar, por supuesto, ese puro color blanco sin excepción que permitiera disimular el tosco y feo sudor. Esa era la estricta moda femenina del tenis en sus comienzos, un espejo de la moda de alta sociedad de aquélla época y un reflejo de un deporte de élite, no accesible a todos. Sin embargo, hoy el tenis también se juega más allá del siempre perfecto verde tapete londinense, también se juega con una técnica y una táctica diferente y, desde luego, también se juega con un vestuario muy desigual de colores. En sus comienzos la ropa del tenis ayudaba a agrupar, a complacer esa voluntad de élite superior y diferenciada de todas las damas respecto de las demás, hoy lejos de aquello, cada tenista se diferencia cuanto puede de su compañera. La clase cedió el paso a la innovación, la moda de mínimos a la de máximos. Este proceso ha seguido una línea peculiar, llamativa e interesante a lo largo de la historia. El tenis de fines del siglo XIX, poco tiene que ver más allá de las reglas básicas con el moderno. Pero no se pasó del blanco y negro al color de un día para otro. Les mostramos los cambios seguidos por la moda femenina del tenis, así como una suculenta y graciosa galería fotográfica. Hoy en Punto de Break, tan curiosos como apasionados por este deporte, sus detalles y su historia, hacemos una obligada parada en el vestuario femenino y en su recorrido histórico.
Ahí tienen la imagen. Blanche Bingley-Hillyard, la primera gran campeona del tenis, británica de clase alta, esposa de un gran comandante británico y también tenista de renombre George Whiteside. Desde que jugara su primer Wimbledon con 21 años, no dejó de participar hasta que cumplió los 48. Y ahí la tienen, a esta auténtica promotora del tenis, jugando sobre hierba con más de cuatro capas en la falda, incomodas hombreras y medias negras, causando la atención del refinado y selecto público, vestido para la ocasión. La siguiente gran campeona que conoció el tenis femenino fue la también británica Dorothea Douglass, dispuesta a cometer la locura, de cortarse mucho el pelo para poder disputar los partidos de forma más cómoda. La tradición del vestuario seguía inalterable. Hubo que esperar hasta que en épocas de la primera guerra mundial el tenis también, como Europa, diera un vuelco y su vestuario con él. Los torneos pasaron a ser internacionales, entrando a disputarlos tenistas ya de nacionalidades muy diferentes, como ocurrió con la noruega Molla Bjurstedt Mallory, campeona de cuatro US Open consecutivos, que jugó con jersey verde oscuro, falda por las rodillas y cinta en la cabeza. Una auténtica revolucionaria en la moda de este deporte. De origen humilde, protagonizó el sueño norteamericano desplazándose a Nueva York como masajista y entrando por probar en su primer US Open, que significó su primer título. Ruda y guerrera, demostró a las ‘señoritas’ del tenis que este deporte también tenía otra cara. Dijo una vez: «Encuentro que las chicas generalmente no golpean la pelota tan duro como debieran. Yo creo en golpear siempre la bola con toda mi fuerza, pero parece haber una disposición para "solo pasarla" en muchas chicas con las que he jugado. Yo no llamo tenis a esto». Mítico se recuerda su enfrentamiento con la leyenda francesa Suzanne Lenglen, que fingió la primera vez que jugó ante la noruega para poder retirarse pues estaba siendo barrida en pista.
La gala Lenglen, también rompió moldes en la moda. No sólo su desempeño en la cancha llamó la atención cuando acudió al primer Wimbledon disputado tras cuatro años sin evento con motivo de la guerra. El público se mostró sorprendido cuando apareció en el All England Tennis & Croquet Club con un vestido que dejaba ver sus antebrazos y corto por encima de las pantorrillas, mientas que las demás jugadoras competían en vestidos que cubrían casi todo el cuerpo. Los tradicionales británicos entraron en shock ante la osadía de la francesa que también bebía un coñac entre los sets. La moda siguió su curso aunque vivió un parón desde 1920 hasta mediados de siglo, fue en los ’60 cuando una nueva revolución llegó de la mano de Margaret Court, australiana campeona de 24 Grand Slams, los pantalones-falda se hicieron famosos permitiéndole marcar una auténtica era por su gran agilidad; así como la brasileña María Bueno, siempre defendió cierto escote e incluso estampados para competir. Abierta la puerta, Billie Jean King y Chris Evert, entre el final de la época clásica del tenis y la novedosa Era Abierta, introdujeron los colores. Martina Navratilova también marcó una época en el tenis, pero a nivel de ropa siempre fue una tenista ciertamente ‘gris’, aunque con sus características gafas también será recordada en los libros de moda del tenis femenino. Poco a poco, prendas de algodón y mucho más cómodas se habían hecho comunes entre todas las tenistas ya totalmente profesionalizadas. En esta época se antoja estrictamente necesario hablar de uno de los más grandes diseñadores de moda de la historia del tenis femenino, el británico afrancesado Ted Tinling. Desplazado desde pequeño de su Eastbourne natal a Niza, en Francia, por prescripción médica por grave asma bronquial. Lo que fue un viaje para sobrevivir y ganar calidad de vida se convirtió en el viaje de su vida, pues allí en el sur galo conoció a Lenglen junto a la que pasó buena parte de su vida, entrenando con ella y convirtiéndose también él en tenista profesional. Ya retirado no abandonó el mundo del tenis y se hizo diseñador de la ropa femenina. Él marcó un antes y un después en la historia del vestuario de este deporte, vistió a grandes nombres como Navratilova, Ever, Jean King, Goolagong o Virginia Wade, entre otras, aparte de a la propia Lenglen. Al servicio siempre de Wimbledon, donde ha desempeñado algunos de los roles más importantes del All England Tennis & Croquet Club, es miembro del Hall of Fame del Tenis, y poco después de su muerte se puso saber que también había sido espía de la inteligencia británica durante la Segunda Guerra Mundial. Abiertamente homosexual, siempre tuvo una conexión especial con las tenistas que se peleaban por estrenar sus nuevas ideas, fueran cuales fueran, lo que propició una competición y una innovación inexistentes en las prendas femeninas del tenis hasta ese momento. Desde los años ’80, rayas, flores, curvas y logos tuvieron entrada en la moda femenina, aunque aún con común tendencia al blanco o colores similares. Mónica Seles, Martina Hingis o Arantxa Sánchez-Vicario -ésta última con su mítica falda con sostenedor de bola, que pueden observar en el vídeo perfectamente-, seguían dando pasos adelante y un repaso fotográfico de sus carreras profesionales deja patente el gran cambio que pegó la moda del tenis femenino de comienzos de los ’90 hasta el inicio del siglo XXI. Todos los colores, todas las formas y sobre todo comenzó ahí la gran guerra de marcas. Ya no valía con que la tenista estuviera cómoda y la prenda fuera útil para el desarrollo del juego, sino que se empezaba a valorar qué impresión causaría, si la gente lo compraría después y cómo quedaría en las fotografías. Fila, Yonex y Adidas dominaban un mercado cada vez más competitivo. Ni qué decir tiene la época siguiente. El blanco quedaba ya totalmente reservado a Wimbledon, y las marcas de ropa promovían tendencias, centradas siempre en la posible demanda posterior de las mismas. Nike de la mano de Serena Williams y Maria Sharapova irrumpió radicalmente en el tenis femenino, Adidas con Justine Henin, Fila con Kim Clijsters o Reebok con Mauresmo, entre otras muchas. Faldas muy diferentes, cuellos extraños, mangas o tirantes, la idea era llamar la atención y vestir a una de las grandes. Siguiendo esa senda queda la actualidad en la que dos grandes grupos de marcas dominan la escena mundial: Nike con figuras como Azarenka, Sharapova, Serena o Kvitova, frente a la Adidas de Ivanovic, Wozniacki, Kerber, Kirilenko o Hantuchova. En el último lustro se ha seguido una línea hacia los vestidos, tan elegantes como deportivos, dejando atrás las dos prendas que dominaron el tenis desde casi con totalidad el vestuario de tenis femenino desde el siglo XX. Líneas diferenciadas para cada jugadora, e incluso inmersiones de diseñadores y diseñadoras de pasarela como Stella McCartney encarga de crear la ropa de Wozniacki durante los dos últimos años. Estos vestidos de casi modelos como Sharapova, Ivanovic, Stosur o Kirilenko, se enfrentan a la línea de esas mismas marcas tendentes a dos prendas y por momento diseños cada día más extravagantes, con colores chillones y muy llamativos como los que ha venido seleccionando Adidas. Hoy la moda es un asunto comercial, casi asunto de estado cuando de una top10 hablamos. Cambia entre 4 y 8 veces según la tenista por temporada, y se acompaña de complementos a más no poder. La moda en tenis femenino ha cambiado, ha dado un giro radical, y en los últimos 20 años ha avanzado tanto como casi en el resto de su historia. Ahora las marcas envían sus colecciones, las venden vía online y realizan reportajes fotográficos para lucir a sus tenistas y a sus prendas. De un estorbo a un elemento protagonista del circuito mundial. Del blanco impoluto a los fosforitos. De las faldas de cinco capas a los minipantalones de Azarenka. Del jersey hasta las muñecas y la falda hasta los tobillos al vestido de minifalda, volantes y escote. El tenis, como el mundo, y el vestuario del tenis femenino, como la mujer, han progresado de forma espectacular el último siglo, y las pistas así lo reflejan. Esta es la historia de la moda del tenis femenino, y esta es una de las explicación del éxito de Wimbledon año tras año.
My 1920s tennis dress is loosely based on this dress at the V&A and this dress on Etsy. It's made of dress weight linen from Farmhouse Fabrics. My scarf is some lightweight cotton that I had, and is based on the photograph in this pin. I'm wearing white tap shoes, based on the flat Mary Jane type shoes based on the photograph in this pin. I used my 1920s base pattern for the bodice. I've had it for several years, and can't remember what it started as. It's a very simple shift shape though. The skirt is straight panels box pleated, based on the pattern in Women's Wear of the 1920s. It's about 110 inches, or two widths of linen. The hemstitching on the bodice is done by hand, and explained in this post. The neckline and armscyes are bound with self bias. The belt is very simple. It's just a tube of linen without a closure that I pull over my head. The belt buckle is a mother-of-pearl buckle I bought on Etsy. I'm wearing the dress over my cotton 20s combinations, fully described here. I'm using garters to hold up cotton stockings. They're very simple, just crepe de chine and lace gathered over elastic. I've since bought an antique garter, which is constructed differently and that I'll eventually reproduce. A detail of the neckline. You can see the bias binding at the arms. The hemstitching was done by pulling threads and sewing groups of thread together. A detail of the waistline. The bottom edge seam allowance was pressed up and the skirt topstitched in. I've seen this done on 20s dresses, and it makes a nice, neat line. The box pleats are sewn together for about half an inch. I tried to sew them a little further down, like the pattern and the Etsy dress, but it was extremely unflattering. A detail of the hem. While most of the hemstitching in the dress was decorative, I actually hemmed the dress with hemstitching as well. It's quite easy, just catch the fold of the hem as you sew the little bunches of threads. Now, if only I really played tennis... Mi vestido de tenis de los años 20 está basado libremente en este vestido del V&A y en este vestido de Etsy. Está hecho de lino de Farmhouse Fabrics. Mi bufanda es de un algodón ligero que tenía y está basada en la fotografía de este pin. Llevo zapatos de claqué blancos, basados en los zapatos planos tipo Mary Jane de la fotografía de este pin. Utilicé mi patrón base de los años 20 para el corpiño. Lo tengo desde hace varios años y no recuerdo cómo era al principio. Sin embargo, es una forma de corte recto muy simple. La falda tiene paneles rectos con pliegues en forma de caja, basada en el patrón de Women's Wear of the 1920s. Mide aproximadamente 110 pulgadas, o dos anchos de lino. El dobladillo del corpiño está hecho a mano y se explica en esta publicación. El escote y las sisas están unidos con bies del mismo color. El cinturón es muy simple. Es solo un tubo de lino sin cierre que me pongo por la cabeza. La hebilla del cinturón es una hebilla de nácar que compré en Etsy. Estoy usando el vestido sobre mis combinaciones de algodón de los años 20, descritas en detalle aquí. Estoy usando ligas para sostener las medias de algodón. Son muy simples, solo crepe de China y encaje fruncido sobre elástico. Desde entonces compré una liga antigua, que está construida de manera diferente y que eventualmente reproduciré. Un detalle del escote. Puedes ver el bies en los brazos. La vainica se hizo tirando de los hilos y cosiendo grupos de hilos juntos. Un detalle de la cintura. El margen de costura del borde inferior se planchó hacia arriba y la falda se pespunteó. He visto que esto se hace en vestidos de los años 20, y forma una línea bonita y prolija. Los pliegues de caja están cosidos juntos durante aproximadamente media pulgada. Intenté coserlos un poco más abajo, como el patrón y el vestido de Etsy, pero era extremadamente poco favorecedor. Un detalle del dobladillo. Aunque la mayor parte de las puntadas de dobladillo del vestido eran decorativas, en realidad también hice el dobladillo del vestido con puntadas de dobladillo. Es bastante fácil, solo tienes que coger el pliegue del dobladillo mientras coses los pequeños manojos de hilos. Ahora, si tan solo jugara tenis de verdad.. En el inicio del Abierto de Francia , recordamos al diseñador francés Jean Patou y a su musa francesa, quienes ayudaron a presentar al mundo un clásico: la falda de tenis. Fueron los diseños radicales de Patou (en una época en la que los brazos y las piernas cubiertos eran de rigor para las mujeres, incluso durante el deporte) los que permitieron a la estrella del tenis Suzanne Lenglen saltar y balancear su raqueta con un rango completo de movimiento. Podría decirse que potenciaron su capacidad para jugar: ganó Wimbledon y el Abierto de Francia seis veces cada uno. |
Una breve historia de las faldas de tenis La controversia sobre los dobladillos cambiantes demuestra que las mujeres en el deporte han sido examinadas durante mucho tiempo por lo que visten. Serena Williams de EE. UU. en acción durante su partido de segunda ronda contra la japonesa Kurumi Nara. Las mujeres llevan usando faldas de tenis desde que empezaron a jugar, aunque los dobladillos se han vuelto cada vez más cortos. Usadas por superestrellas como Serena Williams, que aparece aquí jugando en el Abierto de Francia, también se han puesto de moda fuera de la cancha. Fotografía de Vincent Kessler, Reuters/Redux Por Parissa DJangi 2 de mayo de 2024 Quizás no haya ninguna prenda deportiva tan versátil como la falda de tenis, una prenda ligera y larga que llega hasta los muslos y que permite a las atletas saltar, dar zancadas y girar con facilidad. También son una forma de que las tenistas se expresen a través de la moda, desde la falda de tul de Naomi Osaka hasta el body de Serena Williams. Sin embargo, las faldas de tenis han tenido un largo y difícil camino hasta llegar al centro de la moda deportiva. Aunque las faldas de tenis han ganado popularidad fuera de la cancha (incluido el uso que hizo Zendaya de ellas en la alfombra roja para promocionar su película de tenis Challengers , que se estrenará en 2024 ), la controversia sobre sus dobladillos cambiantes demuestra que las mujeres en el deporte han sido objeto de escrutinio durante mucho tiempo por lo que visten. A continuación, se muestra cómo usaron y abandonaron la icónica falda para jugar con sus propias reglas. Orígenes de la falda de tenis Cuando el All-England Club de Wimbledon celebró su primer campeonato femenino en 1884, las dos oponentes (las hermanas Maud y Lilian Watson) llevaban trajes que reflejaban la moda de la época: faldas largas, con polisones y capas de ropa interior. Estas voluminosas faldas no eran muy adecuadas para las jugadoras. Lottie Dodd, que tenía solo 15 años cuando ganó el campeonato de clubes All-England en 1887, escribió tres años después: “La vestimenta de las damas […] es un asunto que requiere una seria consideración; ¿cómo pueden esperar jugar un buen partido si sus vestidos impiden el libre movimiento de todas las extremidades?” Un dibujo a lápiz de un jugador de tenis con una falda larga. En los primeros días del tenis femenino, las jugadoras usaban faldas largas como la que se ve en este dibujo a lápiz de alrededor de 1887 del artista belga Fernand Khnopff. En 1905, la tenista estadounidense May Sutton sorprendió a las autoridades al usar una falda de tenis que dejaba al descubierto sus tobillos, una renegada de las primeras tendencias de la moda del tenis. Para liberarse de las incómodas faldas de tenis, las jugadoras tomaron cartas en el asunto. May Sutton ayudó a definir un nuevo estilo cuando jugó en Wimbledon en 1905. Su blusa y falda eran más sueltas, lo que le daba un mayor rango de movimiento. Y, lo más sorprendente, su falda era lo suficientemente corta como para exponer sus tobillos. Sin embargo, los árbitros castigaron a Sutton por su atuendo y le exigieron que se bajara la falda a lo que ellos consideraban un largo apropiado antes de poder volver a jugar. ( Por qué algunos dicen que el tenis es "el deporte más saludable del mundo" ) ¿Por qué las faldas de tenis se volvieron tan populares? En la década de 1910, la mayoría de las mujeres en la cancha de tenis usaban faldas y blusas largas y anchas que llegaban al menos hasta el codo. La tenista francesa Suzanne Lenglen no era una de ellas. En cambio, encabezó una revolución de la moda en el tenis. Lenglen jugó en el campeonato femenino de Wimbledon en 1919 y lo hizo con un atuendo poco convencional que escandalizó a la clase dirigente: su falda, atrevida, solo le llegaba hasta la mitad de la pantorrilla. La famosa estrella del tenis francés Suzanne Lenglen practica al aire libre antes de su primera aparición en el Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York en octubre de 1926. Lenglen también cambió el atuendo típico del tenis con una falda que le llegaba hasta la mitad de la pantorrilla. En la década siguiente, muchas jugadoras adoptaron las faldas hasta la pantorrilla y la rodilla. “La falda corta plisada es la única para el tenis”, escribió la jugadora estadounidense Helen Wills en su libro Tennis (Tenis) de 1928. “Tiene una simplicidad clásica y, en acción, es más cómoda para la jugadora y agradable para el espectador. Desde un punto de vista artístico, la falda plisada posee gracia y belleza en acción”. Cómo las faldas de tenis se volvieron tan cortas En la década de 1930, aparecieron nuevas modas. La jugadora estadounidense Helen Jacobs, por ejemplo, prefería los pantalones cortos. Según explicó a The New York Times, los pantalones cortos le daban una “enorme ventaja” en la cancha, ya que “son más frescos y permiten moverse mucho más rápido”. Los pantalones cortos y los pantalones de vestir atrajeron la ira de diseñadores como Ted Tinling, un ex jugador de tenis que criticó lo que él llamaba el “aspecto masculino” de finales de los años treinta en la moda de tenis femenina. Tinling lideró la iniciativa de feminización de la indumentaria de tenis al diseñar llamativos vestidos y faldas de tenis. Tinling fue la artífice de uno de los conjuntos de tenis más controvertidos de la década de 1940. La estrella del tenis estadounidense Gussie Moran sorprendió en Wimbledon en 1949 con su falda (o, más bien, con lo que había debajo de ella). Su falda era lo suficientemente corta como para que los espectadores pudieran ver su ropa interior de encaje. Moran se lamentó más tarde : “Me di cuenta de que la atención se centraba más en mi trasero que en mi revés”. A fines de la década de 1940, la típica falda de tenis tenía un dobladillo que estaba aproximadamente a una pulgada del suelo al arrodillarse, y esos uniformes "varoniles" fueron "reemplazados por trajes más cortos y ajustados al cuerpo que acentuaban en lugar de ocultar la curvilínea forma femenina", escribió el historiador Robert Lake en A Social History of Tennis in Britain . Por qué las faldas de tenis son ahora populares dentro y fuera de la cancha Las faldas de tenis más cortas, que originalmente estaban pensadas para permitir a las mujeres una mayor libertad de movimiento, se han convertido desde entonces en un símbolo de un tipo particular de feminidad. Durante el Abierto de Australia de 2015, un comentarista le pidió a la jugadora canadiense Eugenie Bouchard que “nos diera una vuelta” con su falda rosa. De hecho, algunos críticos han ridiculizado las faldas de tenis por ser sexistas y promover la mirada masculina. El corte revelador también ha obstaculizado a veces el paso de las mujeres en la cancha, como un vestido tipo lencería que las jugadoras en 2016 dijeron que las distraía y las hacía sentir demasiado expuestas . Martina Navratilova acaricia la pelota durante el Abierto de Francia en París en junio de 1986. A medida que los dobladillos seguían achicándose, las faldas de tenis han generado controversia entre quienes sostienen que promueven la mirada masculina y entre las personas que disfrutan de la feminidad despreocupada que brindan. Para otras, la feminidad de la falda es lo más importante. “Creo que nuestro deporte es muy duro, agresivo y físico, y las mujeres tienen un lado femenino, así que es bueno poder mostrarlo a través de atuendos bonitos”, dijo la tenista Maria Sharapova a Vanity Fair en 2013. Las faldas de tenis vaporosas se han vuelto omnipresentes dentro y fuera de la cancha. La leyenda del tenis estadounidense Serena Williams le dijo a Marie Claire en 2024: “El estilo de tenis se puede usar , y creo que estamos viendo esto cada vez más hoy en día, que se puede usar en cualquier lugar. […] Son vestidos realmente bonitos y cómodos”. En la actualidad, las mujeres no están obligadas a usar faldas de tenis durante los partidos, sino solo “atuendo apropiado para el tenis”, según la Asociación Mundial de Tenis. Sin embargo, las jugadoras aún tienen que luchar contra las expectativas sobre qué es un atuendo apropiado. Cuando Williams jugó en un partido del Abierto de Francia en 2018, usó un body ajustado, que eligió para prevenir coágulos sanguíneos posparto. El presidente de la Federación Francesa de Tenis, Bernard Giudicelli, se burló de la vestimenta y prometió :
Giudicelli se encargó de que la federación prohibiera los trajes deportivos. El lugar de la falda de tenis en el deporte y en la moda puede estar asegurado. Sin embargo, más de un siglo después de que las faldas de tenis se convirtieran por primera vez en un tema de controversia, parece probable que los debates sobre lo que las mujeres visten en la cancha sigan siendo tan fuertes como siempre. |