Historia. Puerto Rico es la isla más oriental de las Antillas Mayores. Se localiza entre el mar Caribe y el océano Atlántico, al este de la La Española y al oeste de las Islas Vírgenes. La “isla grande” es de forma casi rectangular, con una superficie de alrededor de 3435 millas cuadradas (cerca de 9000 kilómetros cuadrados). A su geografía se le agregan las islas-municipio de Vieques y Culebra, así como las islas de Mona, Desecheo, Caja de Muertos y un sinnúmero de isletas y cayos. Puerto Rico adquirió extremada importancia en el esquema de navegación que se inició a finales del siglo XV, entre Europa, África y América, gracias a las corrientes oceánicas formadas por la corriente ecuatorial del norte, la corriente del Golfo, la del Atlántico Norte y la de las Islas Canarias. Las rutas comerciales obligaban a los barcos a llegar a América siempre a través del arco de las Antillas Menores, específicamente muy cerca de la Dominica. En ese contexto geopolítico, Puerto Rico fue siempre la primera isla de las Antillas Mayores en el paso de las flotas hacia puertos caribeños de extrema importancia económica como lo fueron Cartagena de Indias (actual Colombia), Veracruz (actual México), Portobelo o Nombre de Dios (actual Panamá). Fue así que, como parte del plan integral de defensa del Caribe español, la isla fue considerada “la llave de las Indias.” Este detalle marcaría su destino como colonia del imperio español entre los siglos XVI al XIX. Siglos más tarde, finalizando el XIX, Estados Unidos, tras la guerra Hispano-Estadounidense, anexó la Isla como parte de los acuerdos con España contenidos en el Tratado de París de diciembre de 1898. Actualidad. Puerto Rico, oficialmente Estado Libre Asociado de Puerto Rico, es un territorio no incorporado de los Estados Unidos que cuenta con estatus de autogobierno de orientación democrática. Con aproximadamente 3,2 millones de habitantes, Puerto Rico está organizado políticamente en setenta y ocho municipios, de los cuales el más poblado es el municipio capitalino de San Juan. Está ubicado en América Insular en el noreste del Caribe, al este de la isla de La Española y al oeste de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos. El archipiélago de Puerto Rico incluye la isla principal de Puerto Rico (8,868 km²) —la más pequeña de las Antillas Mayores— y un sinnúmero de cayos e islas más pequeñas, de las cuales las más grandes son Vieques (348 km²),Mona (55 km²) y Culebra (30 km²). Puerto Rico tiene clima tropical, poseyendo una gran diversidad de ecosistemas: bosques secos y lluviosos, zonas cársticas,cordilleras montañosas y hábitats marinos, incluyendo playas, arrecifes de coral, salares, ríos, lagos, lagunas, manglares y bahías bioluminiscentes. Cuatro siglos de administración española dieron lugar a una cultura hispanoamericana, por lo que la lengua española y el catolicismo son sus elementos más distinguibles. Los españoles construyeron numerosos fuertes, iglesias y otros edificios de uso público, comercial y residencial,así como puertos, farosy carreteras. Durante más de tres siglos, Puerto Rico estuvo comunicada con la península ibérica por medio de convoyes de las Flotas de Indias que unían Cádiz y San Juan una vez al año. Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses desde 1917, cuando el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley Jones. Aunque su relación con Estados Unidos es similar a la de un estado de la Unión y se le permitió la redacción de una Constitución para el manejo de asuntos internos, está sujeto a los poderes plenos del Congreso estadounidense mediante la Cláusula Territorial. Esto significa que el poder de ejercer su soberanía recae en el Congreso de los Estados Unidos. Los ciudadanos estadounidenses residentes en Puerto Rico no pueden votar en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, a menos que dispongan de residencia oficial en alguno de los cincuenta estados o en el Distrito de Columbia. Si es así, pueden trasladarse a su lugar de residencia y votar presencialmente o utilizar el procedimiento de voto a distancia (ballot absentee) |
Inicialmente estaba dividido en ocho reales que equivalían a ocho reales españoles. Entre 1812 y 1819, el peso fue emitido en forma de billete. Hasta los años 1880 no hubo más emisiones de moneda para su uso específico en Puerto Rico. Para esa época el peso fue dividido en cien centavos los cuales eran equivalentes a cinco pesetas españolas. El peso fue reemplazado por el dólar de Estados Unidos a raíz de la invasión estadounidense del 25 de julio de 1898. Acuñaciones. Se hicieron denominaciones de 1 peso, 40 centavos, 20 centavos, 10 centavos y 5 centavos. En las primeras cuatro encontramos en su anverso el busto mirando a la izquierda del rey Alfonso XIII en su niñez. En cambio la de 5 centavos presenta en su anverso el número de su denominación (5 centavos) y en la parte superior "Isla de Puerto Rico".
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El anverso muestra al infante, el rey Alfonso XIII, con una leyenda que lee: "ALFONSO XIII P. L. G. D. D. Rey C. DE ESPAÑA" (Alfonso XIII Por La Gracia De Dios Rey Constitucional de España). Las estrellas de 5 puntas junto a la fecha corresponden a la ceca de Ultramar (Madrid) encargados de acuñar las piezas. El reverso lee: "Isla de Puerto Rico", y al centro muestra el escudo de España con sus cuatro áreas correspondientes a los reinos de Castilla, León, Navarra y Aragón. Una quinta área del escudo, en la parte del pico inferior, muestra una granada en flor correspondiente a Granada y, al centro del escudo, un óvalo con tres Flores de Lis que representan la casa de los Borbones. Sobre el escudo una corona con la cruz en su tope representa la unión de los reinos bajo los reyes católicos. También se observan dos columnas a ambos lados del escudo en referencia a las "Columnas de Hércules", nombre con el que en los tiempos de Platón se le llamaba a la salida del Mediterráneo hacia el Atlántico. Finalmente, un listón que lee "Plus Ultra" envuelve las columnas y crusa tras el escudo; lo que significa, "más alla de las columnas de Hércules", en alusión a las propiedades de ultramar. Su grabador fue Bartolomé Maura y P.G.-.V. son las iniciales de los ensayadores y el Juez de Balanza: Félix Miguel Peiró Rodrigo, Antonio García González y Remigio Vega Vega. |
Mediterráneo americano. |
El mar Mediterráneo Americano es un mar abierto del océano Atlántico que se compone del mar Caribe y el golfo de México. La región en conjunto también se denomina América mediterránea. Como su nombre indica, es el mar que separa Norteamérica y Sudamérica. El nombre se usa principalmente en el ámbito de la geopolítica. Aunque fue el naturalista y geógrafo Alexander von Humboldt quien acuñó el término en el siglo XIX, fue extendido en términos geopolíticos por los estrategas estadounidenses Alfred Mahan y Nicholas Spykman en el siglo XX para identificar a esta región, una de las que observa mayor potencial de crecimiento y un punto caliente de la economía y política mundiales, especialmente tras la inauguración del Canal de Panamá, en 1914. Paradójicamente, es una de las regiones del mundo que más sufre la pobreza. También en analogía al mar Mediterráneo que separa Europa de África, es el denominado «mediterráneo asiático» o de la China Meridional, con intenciones similares. Países Los países (y dependencias) con costas bañadas por el mar Mediterráneo incluyen:
Nota: Aunque no tienen costa directa en el mar Caribe, Spykman también incluye a las Guayanas, ya que en sus palabras, «la frontera sur [del área de influencia estadounidense] se encuentra en el Amazonas». Geopolítica y geoeconomía. Desde un primer momento, la importancia del Mediterráneo americano quedó patente. La expansión atlántica de España y Portugal se realiza por rutas del mar, con una diferencia esencial, Portugal crea un imperio litoral apoyado en bases económicas y estratégicas. En cambio España profundiza en el continente americano partiendo de los núcleos de las Antillas hacia México y el sur del río Misisipi, el istmo centroamericano, Perú y Chile. España entra en declive durante el siglo XVII, y en la primera mitad del siglo XIX pierde la mayor parte de sus posesiones americanas, en 1898 Cuba y Filipinas. Desde entonces la influencia española fue desbordada por la estadounidense. Humboldt fue el primero en hablar de una “Mediterránea americana”. Después Elisée Reclus consagró el primer capítulo del tomo 17 de su Nueva Geografía Universal (1891) a una presentación del Mediterráneo americano o “América mediterránea” y de su evolución geopolítica (Marchal & Grayeb, 1997). La visión de los EE.UU. sobre el Mediterráneo americano siempre fue imperialista. Varios presidentes estadounidenses habían intentado comprar Cuba desde John Quincy Adams, a Ulysses Grant, pero estos intentos fueron desestimados por España. Alrededor de 1890 la armada norteamericana gana protagonismo y su estrategia empieza a cambiar de una geoeconómica, defensiva y de protección del comercio, a una flota de acción ofensiva, basada en la rápida construcción de barcos modernos y la adquisición de bases para mantener la flota en mares extranjeros. Los Estados Unidos - excluídos del reparto de África y Asia- percibían su área de expansión inicial en la región del Caribe y en el Pacífico. En ambas zonas los puntos de mayor importancia estratégica estaban ocupados por colonias españolas (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Carolinas y Marianas) que cayeron en manos norteamericanas, en parte debido a la fuerte crisis política del reinado de Alfonso XII. Mahan fue el primer estadounidense en identificar el valor geopolítico - y geoeconómico- del Mediterráneo y sus paralelismos con el Mediterráneo americano. Opinaba que las circunstancias han causado que el mar Mediterráneo tenga una participación mayor en la historia del mundo, tanto en el plano comercial como militar, que cualquier otra superficie de agua de similares dimensiones. «...Además, en muchos sentidos hay en este momento una analogía muy notable con el mar Caribe, una analogía que sería aún mayor si una ruta a través del canal de Panamá alguna vez se completa. Un estudio de las condiciones estratégicas del Mediterráneo, que ha sido ampliamente ilustrado, servirá de base para un estudio similar del Caribe, que tiene comparativamente poca historia»… (Mahan, 1890) Es a principios del siglo XX, y en este marco ideológico, cuando se empieza a extender el empleo de la expresión «Mediterráneo americano». Roosevelt presionaba a los países iberoamericanos, particularmente los caribeños, con una intervención armada justificada en el «derecho» de EE.UU. a intervenir en asuntos de otros países en defensa de los intereses de ciudadanos estadounidenses. Con la aplicación del corolario Roosevelt, sobre la doctrina Monroe. «América para los americanos» pasó a significar «América para los estadounidenses». (Selser, 1962). William Howard Taft, va más allá, introduce el concepto de «interés especial» y la idea de «superioridad racial». En 1912, Taft llegó a afirmar que «Todo el hemisferio será de hecho nuestro, como ya es moralmente nuestro, en virtud de nuestra superioridad racial » (Galeano, 1970, p. 142). Wilson rechaza el concepto de «interés especial» de Taft, pero reafirmar «la madurez política de América» para exportar un modelo acabado de democracia. Esta última es la base de la actual política exterior de Obama, y de Bush en menor medida. Personalizar la política exterior norteamericana a lo largo del tiempo, atribuyéndole rasgos propios de cada presidente, secretario de Estado o líder político es un error que impediría explorar las verdaderas raíces de dicha política. Conocer los planteamientos geopolíticos de Spykman es entender gran parte de la política de los Estados Unidos hacia Iberoamérica. Según Spykman, el continente se encuentra dividido en seis zonas de valor y posibilidades desiguales. En esta división, el Mediterráneo americano, comprendería el extremo sur de los EE.UU., Centroamérica, las Antillas, Colombia, Venezuela y las Guayanas. La misma función que hace el Sahara como frontera sur mediterránea, en este caso lo realiza la selva amazónica. Para Spykman la «América mediterránea es como una zona en que la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada. A todos los efectos, se trata de un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a los Estados Unidos» El Mediterráneo americano es la zona de mayor relevancia del del continente por allí fluye el comercio del mismo, la comunicación entre océanos a través del canal de Panamá, y se encuentran las tres grandes corrientes de navegación norte –sur. El concepto de «interés especial» y la idea de «superioridad racial» introducidas por el presidente William H.Taft son el sustento de la «doctrina Kennan», que se basa en el ejercicio de una política exterior encaminada a lograr sus objetivos, por medio de una «política de poder», con el interés nacional como guía. Al definir los grados de «contención» frente a la Rusia soviética, Kennan señalaba que Europa Central y América Central y del Caribe se encontrarían en un primer grado o de control absoluto, donde cualquier movimiento debería ser contestado con contundencia En el Hemisferio Norte, donde residen sus intereses nacionales primarios, las políticas de Estados Unidos trascienden a las administraciones, dando prioridad a la integridad y la estabilidad del sistema internacional. En el Hemisferio Sur, los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han privilegiado las necesidades a corto plazo de sus propias políticas domésticas (Villanueva, 2005). Sin embargo, la administración Obama se centra, en palabras de la Secretaria de Estado Clinton, en «compromiso» e «intereses comunes», en «inducir una mayor cooperación entre un mayor número de actores desplazando el equilibrio desde un mundo multipolar, hacia un mundo con múltiples socios» (Herd, 2011). En pocas palabras, un desplazamiento del centro de gravedad de la geopolítica a la geoeconomía. Pero esto no devalúa geopolíticamente el mar Caribe. El canal de Panamá es crítico, permite el refuerzo mutuo entre las flotas del Atlántico y el Pacífico, elemento esencial de la estrategia de Estados Unidos. Cualquier amenaza a la libertad de movimiento de los navíos de EE.UU. a través del canal de Panamá sería considerado como una amenaza grave a sus intereses nacionales vitales. Líneas de comunicación y recursos: la visión que EE.UU. tiene del Mediterráneo americano sigue siendo esencialmente geopolítica y de importancia geoestratégica, como siempre, pero también geoeconómica. Tradicionalmente la política exterior ha oscilado entre dos tendencias básicas, liberalismo- realismo, pero sin que se den en ningún caso en estado puro. Así, de una aproximación aislacionista y unilateralista -realpolitik- con una mayor confianza en la dimensión militar del poder (caso de George W. Bush), se ha pasado a otra idealista, internacionalista y multilateralista de Barack Obama (García Segura, 2009). Pero en palabras de Condoleezza Rice: «La antigua dicotomía entre realismo e idealismo nunca se ha aplicado verdaderamente a Estados Unidos, porque realmente no aceptamos que nuestro interés nacional y nuestros valores universales se contrapongan. Para nuestro país, siempre ha sido una cuestión de perspectiva. Incluso cuando nuestros intereses y nuestros ideales entran en conflicto en el corto plazo, creemos que a la larga son inseparables» (Rice, 2008). Podríamos concluir que la actual geopolítica norteamericana en Iberoamérica se centra en:
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Tesoro de Holzthum. |
Solidus.
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Flavio Eugenio (en latín, Flavius Eugenius, ¿345?-6 de septiembre de 394) fue un usurpador romano (392-394) contra el emperador Teodosio I. |
Anverso Busto de Eugenio a la derecha, barbado, con diadema perlada, drapeado y con coraza. Sistema de escritura: Latina Leyenda: D N EVGENIVS P F AVG Reverso Dos emperadores nimbados, sentados de frente, sostienen juntos un globo terráqueo con las manos; entre ellos, al fondo, busto de Victoria de frente con las alas desplegadas; entre ellos, al fondo, una palma. Marca de ceca en el campo y en el exergo. Sistema de escritura: Latina Leyenda: VICTORIA AVGG L | D COM Canto Bruto |
Eugenio. 392-394 d. C. AV Solidus (22 mm, 4,40 g, 12 h). Ceca de Lugdunum (Lyon). Acuñada hacia 392-393 d. C. D N EVGENI-VS P F AVG, busto con diadema de perlas, drapeado y coraza a la derecha / VICTOR-IA AVGG, dos emperadores sentados de frente en un trono doble, ambos sosteniendo un globo terráqueo entre ellos, el de la derecha también sosteniendo un mapa; arriba, Victoria de frente, con las alas abiertas; rama de palma entre las piernas; L-D//COM. RIC IX 45; Lyon 229j (esta moneda, ilustrada en la lámina XXIII); Depeyrot 18/1. Buena MBF, tonificada, muy leve ondulación en el flan, pequeña grieta en el borde y un par de marcas menores. Muy rara y con un maravilloso pedigrí. El sólido fue una moneda de oro creada por el emperador Constantino I el Grande (324-337), que sustituyó al antiguo aureus, mejorando la pureza y el peso, pero sin cambiar su nombre. |
141 monedas de oro revelan secretos de nueve emperadores romanos. enero 16, 2025 Un equipo de arqueólogos ha desenterrado un tesoro extraordinario compuesto por 141 monedas de oro romanas que datan de la segunda mitad del siglo IV d.C. El hallazgo, realizado cerca de Holzthum, al norte de Luxemburgo, permaneció en secreto durante casi cuatro años mientras se llevaban a cabo minuciosas investigaciones. Monedas de oro y un emperador inesperado. Las monedas, conocidas como solidi de oro, fueron acuñadas durante los reinados de nueve emperadores que gobernaron entre los años 364 y 408 d.C. Ocho de estos gobernantes están representados en las monedas, pero lo más sorprendente fue encontrar la figura de un monarca inesperado: Eugenio, un emperador ilegítimo del Imperio Romano de Occidente que gobernó por solo dos años (392-394 d.C.). Eugenio subió al poder con el apoyo del general franco Arbogasto, intentando restaurar prácticas paganas en un periodo de creciente dominación cristiana. Su breve reinado estuvo marcado por conflictos políticos, especialmente con el emperador romano de Oriente, Teodosio I, quien lo derrotó en la Batalla del Frígido en el 394 d.C., sellando su trágico destino. Las monedas con la imagen de Eugenio son extremadamente raras, lo que hace que este hallazgo sea aún más valioso. Las excavaciones, llevadas a cabo bajo la supervisión del Instituto Nacional de Investigación Arqueológica (INRA) entre 2020 y 2024, fueron particularmente desafiantes. El equipo contó con el apoyo del Servicio de Acción de Minas del Ejército de Luxemburgo (SEDAL) debido a la presencia de explosivos y municiones de la Segunda Guerra Mundial enterrados en los alrededores. Este entorno peligroso añadió una capa adicional de complejidad al proyecto.
Las monedas se encuentran en un estado de conservación excepcional y, debido a su rareza, se ha estimado su valor en 308.600 euros, aproximadamente 322.000 dólares. El tesoro no fue el único hallazgo relevante. Las excavaciones también revelaron los restos de un burgus tardorromano, una pequeña torre de observación fortificada utilizada en las fronteras germánicas del Imperio durante el siglo IV. Alrededor de esta estructura se encontraron varias tumbas, lo que sugiere la importancia estratégica y cultural del sitio en su época. Este descubrimiento no solo ofrece una visión única de la economía y la política del Imperio Romano tardío, sino que también resalta la riqueza arqueológica aún escondida bajo el suelo de Luxemburgo. Con el análisis en curso, este tesoro promete revelar aún más detalles fascinantes sobre una época crucial en la historia europea. |
(símbolos: $ y ₱ [solo para las Filipinas]) es el nombre de la moneda de curso legal en siete países de América y en las Filipinas, todas ellas tienen diferentes valores entre sí. Su origen se remonta a la reforma monetaria española de 1497, que creó entre varias monedas la pieza de ocho (real de a 8 o duro). En la América española, alrededor de 1535 en la Ciudad de México se acuñó por primera vez su equivalencia en una moneda de plata denominada inicialmente «peso fuerte», es decir, el real. Su peso era de 27 gramos y tenía una ley del 92 % de plata pura. Circuló ampliamente desde el siglo XVIII, no solo en la América española, sino también en las colonias europeas del continente. En México, la Casa de Moneda hizo su arribo hacia 1535 con la llegada del virrey Antonio de Mendoza, el cual portaba consigo una cédula real, en la que la Corona española disponía la fundación de la primera Casa de Moneda en América, y acuñó pesos desde 1536. Durante el período de la conquista había muy poca o ninguna moneda acuñada en las Indias españolas. En el Perú no había ninguna, a no ser los discos toscamente forjados por los conquistadores, hasta que se fundó en Lima una Casa de la Moneda en 1565. La moneda era escasa en la península donde a menudo se hacían pagos cortando eslabones de una cadena de oro. España no envió plata ni oro a las Indias. Así durante la Conquista se efectuaban los pagos al peso y a todas partes había que llevar la balanza. La unidad de peso era el castellano llamado más comúnmente peso de oro y a veces sólo peso, no debiendo confundirse con el posterior de plata "Peso de a ocho" que venía a tener la mitad del valor del de oro. El "castellano" o peso de oro era una moneda que tenía el peso de la centésima parte de una libra de oro fino. Cuando el "castellano" dejó de acuñarse en 1497, quedó como unidad de peso en el pago. F. A. Kirkpatrick: Los conquistadores españoles, capítulo «El dinero» El peso español fue la moneda de curso legal en los Estados Unidos desde 1785, y junto al dólar estadounidense, desde 1792 hasta 1857. Su equivalencia entonces era de un peso español por un dólar estadounidense. Y precisamente del peso español procede el símbolo del dólar, $, que no es otra cosa que las columnas de Hércules y la banda con la inscripción «Plus Ultra» que figuraba en esa moneda (y siguió figurando en las monedas de 100 pesetas, formando parte del escudo real, hasta su desaparición con la entrada del euro). Después de la independencia de la América española, se mantuvo como la moneda básica. Con la adopción del sistema decimal (es decir de un peso dividido en cien centavos, céntimos o centésimos), algunos países de América cambiaron su nombre:
Moneda global. Mucho tiempo antes de que el dólar estadounidense adquiriera su característico color verde, fue pulido en plata mexicana, cuenta el sociólogo y profesor de la Universidad de Sídney Salvatore Babones en su artículo para The National Interest. ¿Qué pasará con el dólar en América Latina? Con base en la investigación de Juan José Morales y Peter Gordon 'The Silver Way: China, Spanish America and the Birth of Globalization' ('El camino de la plata: China, América española y el nacimiento de la globalización'), el catedrático hace un recuento de la historia del dólar mexicano —o dólar español— y su importancia en la economía mundial antes de la hegemonía de la moneda estadounidense. Hong Kong fue colonia británica desde su fundación, en 1841, hasta su devolución a China, en 1997. Sin embargo, el dólar de esta región administrativa especial china no deriva de la libra esterlina británica. En realidad, el dólar de Hong Kong y el estadounidense provienen de la misma fuente: el dólar mexicano. Lo mismo sucedió con el yuan, el yen y la mayoría de las monedas de América Latina. El dólar mexicano se usó ampliamente desde el año 1500 hasta la primera mitad del siglo XIX. Si no es la primera moneda mundial, al menos es la primera del Pacífico. Fue acuñada en México en 1536 con plata extraída de Europa Central y del noroeste de México, si bien la mayoría de ella procedía de las minas del Potosí, territorio de la actual Bolivia. El dólar mexicano, "fue el lubricante que engrasó las ruedas del comercio mundial". En el siglo XIX, cuando el dólar mexicano abandonó el escenario, su vacío lo ocupó el dólar estadounidense y no la libra esterlina. "La clave de todo era China (en aquel entonces y ahora). Entre 1540 y 1640 China fue una enorme cuenca a donde llegaba la plata de todo el mundo. (…) Los europeos, otomanos, indios y especialmente americanos, todos querían lo que China podía ofrecer: porcelana y seda. Pero los comerciantes chinos querían del resto del mundo solo una cosa: dinero, lo que en el siglo XVI significaba plata", indica Babones.Aquel período de la historia se destacó por los grandes descubrimientos geográficos, los viajes de exploración y, como consecuencia, el desarrollo del comercio. "La expansión del comercio mundial en el siglo XVI fue llamada la 'primera globalización'; hay una amplia evidencia de que la 'ruta de la plata' merece completamente ese nombre. Por primera vez en la historia, los precios se igualaron en los mercados de Europa, Asia y las Américas. Las guerras en Europa fueron financiadas con las ganancias del comercio con Asia. Los europeos establecieron centros comerciales asiáticos y decenas de miles de chinos emigraron a México a través del Pacífico", señala. Como se puede ver, la América española ha tenido un gran impacto no solo en la cultura mundial, sino también en el proceso de globalización |
La Historia nos ha transmitido que España dominó económicamente el mundo durante unos cuantos siglos, gracias a sus emisiones monetarias acuñadas en oro y plata: onzas de 8 escudos y reales de a 8. Como inicio del proceso de este dominio monetario, pongamos alguna equivalencia o comparación del valor de la moneda de antaño con algunos aspectos del índice de la vida de esa época, así el lector podrá comprobar el gran valor económico que tenían estas acuñaciones áureas que cruzaron continentes y surcaron mares y océanos. Sirva como ejemplo que, con una onza, a finales del siglo XVIII, se alquilaba un piso en el centro de Madrid por un año. Y era bastante más de lo que cobraba al año un maestro carpintero. Piensen que una onza de 8 escudos equivalía a 320 reales de vellón (40 monedas de real de a 8), un Potosí, un valor superior a varios de los primeros billetes que emitió el Banco Nacional de San Carlos. Pero eso irá en otro artículo. Como vimos en una entrega anterior, el origen de la onza se sitúa en la adopción del patrón áureo del escudo en los reinos de Castilla a partir de 1537, si bien se tardó más de medio siglo en comenzar sus acuñaciones. La emisión de múltiplos de las unidades monetarias fue común en estos reinos, e incluso en la Pragmática de Medina del Campo de 1497 los Reyes Católicos afirmaban en relación a los particulares que llevaban sus metales preciosos a acuñar a las Casas de Moneda que, …si alguno a este respecto quisiere labrar moneda de los dichos excelentes de la granada de cinco, e de diez, e de veynte, e de cincuenta por pieça que se pueda facere, poniendo al un cabo del escudo de las armas la suma de quantos excelentes ay en aquella pieça.
Se conocen emisiones de este tipo de a diez, de a veinte e incluso una prueba en cobre dorado de cincuenta excelentes, como ha estudiado Anna María Balaguer. En su obra clásica sobre la onza, Xavier Calicó recogía que un cronista había afirmado que en una visita que realizó al recién fundado Real Ingenio de Segovia en fecha 14 de junio de 1587 vio labrar moneda de oro en escudos sencillos, dobles, de a cuatro y de a ocho, si bien no se conservan ejemplares de estas emisiones. Este mismo autor recoge asimismo un ejemplar único batido bajo el reinado de este monarca en la Casa de Moneda de Sevilla de una pieza de módulo de cuatro escudos con el numeral VIII. Las acuñaciones en moneda de este módulo, a pesar de la posibilidad apuntada en el párrafo anterior, comenzaron en época de su hijo, Felipe III, habiendo un único ejemplar conocido de esta moneda batido en el Ingenio de Segovia con fecha 1611 sobre 1610, lo que parece indicar que en esta última fecha se habrían abierto ya cuños para este tipo de emisiones. Podrían existir, aunque no se conservan, onzas batidas en las Casas de Moneda de Sevilla y Toledo durante su reinado. La normativa monetaria de la época, vigente desde la Edad Media, permitía a los particulares llevar sus metales nobles, oro y plata, a las Casas de Monedas para convertirlos en moneda. El alto valor nominal de esta nueva moneda hace suponer que su emisión, que necesitaba de una licencia especial, era llevada a cabo por cuenta de importantes comerciantes y mercaderes como una moneda de ostentación o para el pago de sumas elevadas. En este sentido, no podemos olvidar que su aparición coincide cronológicamente con la de otras monedas de ostentación, los cincuentines de plata y los centenes de oro. Los centenes eran monedas de unas doce onzas de peso, y los cincuentines de cerca de seis onzas. Según Beltrán, los centenes se acuñaron como piezas de ostentación, requiriéndose autorización específica para su labra y casi siempre en provecho de los contratistas y proveedores de metales. Así, por ejemplo, en 1633 se concedió a unos mercaderes labrar moneda y que habían solicitado acuñar 150 marcos de oro en doblones de a ocho, cien en centenes y cien marcos de plata en reales de a cincuenta o cincuentines. Otro de los destinos de esta moneda de tan dilatada vida posterior y amplia distribución en muchos lugares de todo el orbe debió de ser la de servir para los pagos en especie de importantes cantidades por la propia Corona, como pone de manifiesto el hecho de que el Real Servicio encargase a la ceca segoviana en ese mismo año de 1633 la acuñación de ciento cincuenta a doscientos marcos de oro en doblones de a ocho y centenes. La adopción por parte del pueblo del nombre de onza para esta nueva moneda vino motivada por la similitud de su peso teórico de 27,09 gramos, con el de la onza, medida de peso vigente en Castilla para la medida de los metales preciosos equivalente a una octava parte del marco del oro y la plata con 28,7558 gramos.
Balaguer, A.M., «La moneda y su historia en el reinado de los Reyes Católicos», NVMISMA, nº 233, julio-diciembre 1993, pp. 93-154. Calicó, F. X., «Reales de a cincuenta de Felipe IV, del Ingenio de la Moneda de Segovia», NVMISMA, nº 23, noviembre-diciembre 1956, pp. 147-165. Calicó, X. y F., El gran libro de la onza, Cecas peninsulares, Provincias Españolas de América y Repúblicas Independiente. Resellos y Falsificaciones. 1611-1873, Barcelona, 1968, p. 24. Beltrán Mártinez, A., «El centén de Felipe IV, de 1623, en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre», NVMISMA, nº 108-113, enero-diciembre 1971, pp. 161-165 |
El real de a 8, peso de ocho, peso fuerte, peso duro o dólar español fue una moneda de plata con valor de ocho reales acuñada por la Monarquía católica después de la reforma monetaria de 1497 que estableció el real español. Gracias al amplio uso que tuvo a finales del siglo XVIII en Europa, toda América y el extremo oriente, se convirtió en la primera divisa de uso mundial. Fue la primera moneda de curso legal en los Estados Unidos hasta que una ley de 1857 desautorizó su uso. Muchas monedas actuales tomaron sus respectivas denominaciones del real de a 8, tales como el dólar, el yuan o el peso. Actualmente el término «peso» se usa todavía en ocasiones para referirse al histórico real de a 8. Esto se debe a que los pesos tenían un peso y diámetro similar al real de a 8. No obstante, el término «peso» no aparece en el sistema monetario español hasta 1864, y es más exacto referirse al real de a 8 en el anterior sistema monetario. En el mundo anglosajón en general y en Estados Unidos en particular, el real de a 8 era conocido como Spanish dollar, pieces of eight o eight real coin. Existen diversas teorías de que el símbolo «$» del peso y el dólar parece tener su origen en las bandas y Columnas de Hércules del escudo español que aparece en el reverso del real de a 8. |
Comentario de prensa Fue la moneda más fuerte del mundo durante varios siglos y en la dominación española sobre América hasta la independencia de los distintos países. El Real de a Ocho que acuñaba el imperio español fue la primera moneda de reserva que durante tres siglos fue referencia obligada en el comercio mundial. El Real de a Ocho, era una moneda de plata que acuñaba el Imperio español después de la reforma monetaria de 1497 con un peso de 27,468 gramos y una pureza de 0,93055%, que contenía 25,560 gramos de plata pura. Las monedas tenían un valor de ocho reales (8 reales y 272 maravedís. 1 real de a ocho = 1 duro. 2 reales de a 8 = 1 escudo). La moneda de plata española Real de a Ocho, se difundió en todo el mundo y durante siglos sirvió para el comercio entre España y las Indias siendo el principal producto de exportación de España. Durante más de tres siglos, fue la moneda de referencia en la economía mundial y a su vez servía de referencia para las monedas que circulaban en otros Estados de su época. El Real de a Ocho se comparaba en su época a otra importante moneda de plata que se acuñaba en Austria, el famoso Thaler o talero. El talero austriaco no contaba con la popularidad mundial del Real de a Ocho, pero se le conocía popularmente como “Spanish daller”, del cual deriva la denominación Spanish dollar y posteriormente la palabra dólar. El Real de a Ocho, fue el eje comercial de la mayoría de las naciones y una divisa internacional indiscutible que sirvió de referencia obligada en el comercio mundial y que financió la recuperación demográfica y económica del Occidente europeo, favoreciendo la introducción del Mercantilismo en el siglo XVI. El Real de a Ocho fue la primera moneda de curso legal que circuló en los Estados Unidos hasta que en 1857 una ley desautorizó su uso. El protagonismo político, la proyección histórica y el prestigio de España como gran potencia europea en el siglo XVI alcanzó su cota más alta durante los reinados de Carlos I y Felipe II, circunstancias más que favorables para el nacimiento de la divisa internacional española, el Real de a Ocho, la moneda de plata más acreditada y demandada de su tiempo. El Real de a Ocho, moneda de plata de la Monarquía Española y difundido por ésta durante más de tres siglos, fue la moneda que por primera y única vez en la historia marcó el techo de la economía mundial y sirvió de divisa obligada al referenciar en ella las monedas circulantes de los otros Estados de su época, para poder participar en el comercio de cinco continentes. Cuando nació el Real de a Ocho, España vivía tiempos de gloria. Las minas americanas de México y Potosí producían ingentes cantidades de plata de excelente calidad y pureza, nuestras posesiones se ampliaban cada vez más y nuestro intercambio monetario se hizo necesariamente potente entre todos nuestros dominios y, a su vez, con todos los mercados con los que se operaba desde los mismos. Así, desde México partían nuestros “Galeones de Manila” cargados de monedas de plata con destino a Filipinas (desde donde a su vez comerciábamos con el mercado chino, que adoraba nuestra plata por su pureza en un tiempo en el que China solo aceptaba la plata como medio extranjero de pago), y las colonias vecinas del norte de América (fundamentalmente las 13 colonias inglesas), muy pronto comenzaron a usar el Real de a Ocho como moneda habitual dada su calidad y su abundancia. A su vez, nuestras monedas acabaron por alcanzar los lugares más remotos del planeta, en muchos de los cuales se aceptaba como pago, reacuñándola con el sello del lugar en el cual se usaba. De esta forma, nuestra moneda se extendió por toda Europa, por toda América y por grandes extensiones de Asia y África, llegando hasta lugares tan lejanos como Australia a mediados del siglo XIX. Y fue tal su impacto internacional, que no solo llegó a regular el sistema financiero internacional, sino que llegó a desestabilizar todas las economías del este asiático y de China, provocando el caos financiero en la grandiosa economía de la Dinastía Ming. Pocos sabrán que fue ésta moneda (una moneda española), la primera en convertirse en moneda de curso legal en los Estados Unidos de América, estando en vigor nada menos que hasta la ley que la derogó a finales del siglo XIX (1857). Y los estadounidenses de entonces, que conocían al Real de a Ocho como el “Spanish Dollar”, le dieron tal importancia a aquella moneda que adoptaron para siempre el españolísimo símbolo de las Columnas de Hércules (grabado en ella), como símbolo de su actual moneda. Muchas de las monedas actuales de distintas zonas del mundo como Canadá, Estados Unidos o incluso China, y por supuesto los Pesos de Filipinas y las monedas de casi toda Hispanoamérica, están basadas en el Real de a Ocho español, y el término “Peso” en sus monedas tiene su origen moneda española, ya que los pesos de entonces tenían un diámetro exacto al del Real de a Ocho. |
Los columnarios son un tipo de monedas de plata de la denominación del real español que fueron acuñadas por la Monarquía católica y sus territorios de América entre los años 1732 hasta 1773 cuando fueron reemplazados por las monedas de busto; se acuñaron sobre todo en las cecas de México, Potosí y Lima, aunque también en las demás cecas americanas como Guatemala, Popayán, y Santiago de Chile. Descripción El columnario es un tipo de moneda y no una nueva unidad monetaria que se utilizó como denominación mayor para los columnarios el real de a 8, subdividida en cuatro reales, dos reales, un real y medio real, siendo los columnarios los más conocidos reales españoles que circularon por el mundo, debido en parte a tener un acabado y calidad muy superior a las antiguas monedas macuquinas. Los columnarios fueron el remplazo de las antiguas monedas macuquinas que eran acuñadas a golpe de martillo en todas las cecas de la América española. Las macuquinas solían casi siempre ser de irregular forma y por ello eran fáciles de cercenar con el fin de sustraerles la plata u oro antes de devolverlas a la circulación sin que el público pudiese advertir ese daño; por contraste el columnario tenía una forma redonda por completo y el borde estaba grabado con un cordoncillo, siendo imposible cercenar la moneda y hacerla circular después. Reverso El reverso del columnario mostraba un dibujo característico: dos globos terráqueos representando a los hemisferios oriental y occidental con una corona real encima de ambos, debajo de los dos globos aparecía un dibujo de olas marinas (representando al mar que separaba Europa y América), aparecía una columna coronada a cada lado de los globos (por lo cual las monedas tuvieron el nombre de columnarios) representando las Columnas de Hércules, cada columna era ceñida con un paño llevando el lema "PLVS VLTRA" (lema nacional de España que significa en latín "más allá"), en el borde superior del anverso aparecía la leyenda "VTRAQUE VNUM" que en latín significa "ambos son uno" resaltando la unidad entre los territorios de la Imperio español en cada hemisferio; en el borde inferior aparecía la fecha de emisión y las marcas de la ceca. Anverso El anverso de la moneda mostraba el nombre del monarca español en latín seguido de la leyenda (también en latín) "D[EI] G[RATIA] HISPAN[IARUM] ET IND[IARUM] REX" que significa "por la gracia de Dios Rey de las Españas y de las Indias", a la izquierda aparecían las iniciales del ensayador y en el centro el escudo de España en gran tamaño con una corona real encima; para evitar falsificaciones o cercenamientos el canto de la moneda tenía grabadas unas hojas de laurel en gran detalle. La moneda columnaria fue reemplazada paulatinamente, a partir de 1771, por la llamada "de busto", por tener el del monarca en turno en el anverso. Moneda columnaria acuñada en la Ceca de Potosí El objetivo para construir nueva casa de amonedación era principalmente cambiar la macuquina por la moneda circular o de cordoncillo. Proyecto que se había iniciado a través de dos disposiciones reales dadas en 1728 y 1730 para casas de moneda de América. Primeramente se implantó en México (1733), en Lima (1754) y en Potosí en (1767). Dentro del proceso de construcción, durante siete años de fabricaron las primeras monedas, extrenando los volantes y los molinos o máquinas laminadoras. Los trabajos se iniciaron en 1767, utilizándose por entonces la maquinaria que se había traído de España, o sea, que al mismo tiempo que se construía, se acuñó moneda columnaria con la maquinaria laminadora y con el sistema a volante. Hasta entonces, las monedas habían sido labradas y hechas a golpe de martillo y yunque. Esas piezas llamadas Macuquinas, aparecen con un borde irregular y su forma no es perfectamente circular. A partir de 1767, y gracias a la implementación de los molinos a sangre y seis volantes (dos de cuerpo entero y cuatro de medio cuerpo), se acuñaron las primeras monedas columnarias de cordoncillo, cuyas denominaciones fueron de ocho, cuatro, dos, uno y medio real. A estas monedas se les conoce como COLUMNARIAS pues en el reverso incluían el diseño de dos hemisferios superpuestos en representación del Viejo y el Nuevo Mundo, iban flanqueados por dos columnas de Hércules que simbolizaban la unidad y la fuerza del imperio español, sobre ondas de mar. En el anverso, el escudo de armas de España. Es importante señalar que en las monedas españolas, aparecía la leyenda “Non Plus Ultra" en referencia al límite del poder español hasta los confines del mar. Con la conquista de América, esa leyenda se cambió por “Plus Ultra", como una confirmación del dominio ultramarino de España, que llegaba entonces más allá del estrecho de Gilbraltar. |