Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


martes, 20 de junio de 2017

284.-Sergio Miranda Carrington y el caso homicidio de Alice Meyer II


Luis Alberto Bustamante Robin; José Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Álvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Meléndez;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andrés Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma; Nelson Gonzalez Urra ; Ricardo Matías Heredia Sánchez; Alamiro Fernández Acevedo;  Soledad García Nannig; Paula Flores Vargas;


El caso homicidio Alice Meyer.




Nelson gonzalez Urra

CAPÍTULO 4

LAS VERSIONES

El abogado de la familia Santander inmediatamente asumió sus funciones y realizó un exhaustivo estudio de la situación, dando a conocer tanto a la justicia como a la prensa las actividades y horarios que, según ellos, realizó Mario Santander el día del asesinato de Alice Meyer.

Lo que a su juicio realizó el empresario aquel día fue resumido de la siguiente manera:

9.30-14.30: Santander se habría encontrado en un campeonato de golf en el sector de la Dehesa.

14:30-15.30: Ya llegando a su hogar ubicado en el condominio familiar de calle Raúl Labbé 14000, habría dormido una siesta alrededor de una hora.

15:30-18:30: Posteriormente, luego de aquel corto descanso se habría levantado para aprontarse a jugar con sus niños hasta que a las 18.30.

18:30-23:30: Habría detenido el juego con sus hijos para proyectar una película que verían los invitados a un asado que se realizaba en la casa de sus padres, colindante a la suya, y del mismo condominio que compartían exclusivamente los Santander.

El asado se habría prolongado hasta las 23.30 horas y Mario Santander habría compartido aquel momento de relajo junto a sus más cercanos.

El abogado insistía tajantemente en la absoluta inocencia de su defendido y recalcaba que él no pudo haber salido en ningún momento de la casa sin ser visto ya que los invitados tenían amplia visión hacia el portón metálico que era la única salida posible hacia el exterior. Apoyaba su afirmación en que por lo menos una veintena de personas podían acreditar tal versión.

Para muchos, fue a lo menos curioso que la mayoría de estos entusiastas testigos fuesen familiares muy cercanos, tales como; su esposa, hermanos, padres, primos, cuñados, etc. Además Miranda Carrington alegaba que quienes reconocían a Santander como culpable lo hacían tan solo por el hecho de que el empresario tenía un prototipo físico común y desestimaba la docena de testimonios que lo sindicaban como el misterioso compañero de Alice aquel fatídico 15 de diciembre.
En tanto, los testigos que presentaba la familia Meyer como la parte querellante era gente humilde que en su mayoría no tenía relación con Alice o entre ellos. De estos numerosos testimonios, se hallaban el del cuidador de una parcela, el portero del Santuario de la Naturaleza, la propietaria de un pequeño quiosco, los ocupantes de un jeep Toyota que paseaban por el lugar, un cadete militar y su novia, una dueña de casa, un auxiliar de escuela, entre otros, quienes unánimemente aseguraban haber visto a Alice esa tarde en su moto acompañada de un hombre, al que reconocían como Mario Santander.


4.1 Los abogados

Los testimonios que apuntaban a la culpabilidad del empresario tomaban cada vez más fuerza y a nivel social ya se hacía imposible no verlo como el asesino de la joven de ascendencia alemana. Mientras tanto, y coincidentemente con el primer aniversario de la muerte de Alice, en diciembre de 1986, el juez Fernando Soto Arenas dictó trece órdenes de detención por perjurio y falso testimonio en contra de las personas, del círculo más cercano de los Santander, que declararon haber compartido con el empresario el día del crimen, insistiendo en la total inocencia del inculpado.
El dictamen del juez causó un enorme revuelo, sobre todo por la alta posición social de los acusados, entre los que se hallaban médicos, la gerente del Banco Central, la vicepresidenta de una asociación de ahorro y préstamo, entre otros. Ellos, por su parte, recurrieron para su defensa a renombrados penalistas que inmediatamente interpusieron recursos de amparo en su favor, buscando cualquier resquicio legal para apelar a la inocencia de sus representados.
Los cuñados de Mario Santander Infante, Jaime Didier y Carlos Sepúlveda Seaman, se encontraban en aquel grupo de personas que eran acusadas de falso testimonio, siendo representados por el abogado Luis Ortiz Quiroga, que más tarde, durante el gobierno de
Eduardo Frei Ruiz-Tagle, sería elegido Presidente del Directorio de Televisión Nacional de Chile y entre los trabajos que realizaría más adelante se encontraban importantes casos judiciales, como por ejemplo:

–   Caso Chispas, donde fue defensor de Endesa Chile

–   Caso Corfo, actuó como defensor de Enzo Bertinelli

–   Caso Cura “Tato”, fue defensor de los sacerdotes José Andrés Aguirre, cura “Tato” y Fernando Karadima, ambos acusados de pederastia.

–     Caso Guzmán, fue defensor del Ministerio del Interior y del subsecretario Jorge Burgos; fue defensor de los ex dirigentes de la Unidad Popular Luis Corvalán y José Cademártori durante el Régimen Militar.

–   Caso Colonia Dignidad, como representante de la comunidad alemana.

–   Defensor de funcionarios del Ministerio de Obras Públicas en los casos de sobresueldos.

–   En 2010 defiende al sacerdote Fernando Karadima


Mientras tanto, su tía política, Teresa Campbell junto con su esposo Pablo Infante Vergara buscaban el apoyo legal en el renombrado abogado Luis Bates, quien en el 2003 fue nombrado Ministro de Justicia en el gobierno de Ricardo Lagos, ministerio que se vio fuertemente marcado en sus inicios por los escándalos de corrupción que involucraban a personeros de Gobierno. Además, entre sus trabajos más relevantes estuvo el haber integrado el Consejo de Defensa del Estado por 35 años donde fue su presidente entre los años 1993 y 1996.
Por su parte, Sonia Kreft, amiga de la familia contrató los servicios del abogado Davor Harasic, que sería reconocido por hacerse cargo del caso “Pinocheques” como abogado del Consejo de Defensa del Estado, pero debió dejarlo a petición del entonces Presidente Frei, quien cerró el sumario en 1995 “por razones de Estado”. Luego, fue duramente cuestionado por su estrecha relación con Pablo Rodríguez Grez, el entonces abogado del General Pinochet, siendo su más férreo aliado en la candidatura a decano, en la que Harasic se presentó en la Pontificia Universidad de Chile.


4.2 Presiones

Así el tiempo transcurría, los testigos aparecían, las declaraciones que apoyaban al empresario eran fuertemente cuestionadas, la opinión pública sacaba sus propias conclusiones y Mario Santander continuaba detenido.
Rosa Jara mantenía sus dichos y estaba segura de lo que había visto, cuando una tarde de forma inesperada golpearon enérgicamente su puerta, ella abrió un tanto exaltada encontrando en la mampara de la puerta a una mujer que claramente no era de su entorno social. Rosa la saludó en espera curiosa por saber a qué se debía aquella extraña visita. La mujer se identificó como hermana de Mario Santander y le rogó amablemente que se dirigiera donde el juez de la causa para retractarse de sus dichos. Rosa sorprendida por la petición se negó a ir contra sus principios y mentir, aun cuando en ese momento sentía un tanto de empatía por el desesperado estado de la mujer.

La amabilidad de la mujer empezó a mutar en agresividad, debido a la negativa de Rosa, y con un tono de soberbia, segura de no ser rechazada, le ofreció quinientos mil pesos. Rosita se mantenía firme en su postura, incluso al escuchar esa cifra que el aquel tiempo, y debido a su precaria situación económica, le resultaba una fuerte suma. La mujer, frente al rechazo, se retiró indignada propinando todo tipo de amenazas. Fue justo ahí, cuando recién Rosa entendió que su tranquilidad se vería amenazada, temiendo por su integridad y la de su familia.
Ruth Molina, en tanto, desde su vereda vivía una situación parecida. Comenzaba a recibir llamados telefónicos un tanto extraños. Como su casa fue una de las primeras que tenía teléfono, cuando sonaba todos los niños salían corriendo a contestar, sin embargo nunca hablaban y sólo cortaban.   Luego empezaron extrañas visitas en la noche, automóviles sacaban fotos a la casa y las llamadas no paraban.
La situación se complicó aún más cuando un día la profesora jefe de su hijo Víctor, Elizabeth Rojas, del colegio Diego Aracena, habló con Ruth para decirle que temía por él y por sus hermanas, ya que frecuentemente veía como misteriosos automóviles estacionados afuera del colegio que los esperaban y observaban cuando salían, no sabía si era para seguirlos o tan solo intimidarlos.

Una noche una llamada despertó a la familia Cabrera, solo se encontraba Ruth con sus hijos puesto que su esposo, como trabajaba de camionero, pasaba más tiempo viajando que en casa. Al otro lado de la línea solo se sentían ruidos como de disparos, lo que alertó definitivamente a Ruth, pidiendo vigilancia policial. Y así estuvieron; con un carabinero de punto fijo las 24 horas en su casa.
La situación no parecía auspiciosa, no obstante, pasado un tiempo las cosas se calmaron, se acabó la vigilancia policial y todo siguió como si nada, con la salvedad que Ruth debía ir a declarar con regularidad.
Ruth no podía obviar que el miedo ya se estaba apoderando de ella, pensaba en su pequeño hijo Víctor, el mismo que tanto había disfrutado de montar aquella Kawasaki roja el día en que Alice desapareció y sentía como aquellos métodos de intimidación, ya iban causando efecto.
Rosa, por su parte, trataba de continuar su vida de manera normal, trabajando, llevando a sus hijos a la escuela, yendo de compras, o cualquier otra actividad que le hiciera olvidar aquel miedo que aún la acompañaba. Ya no era solo una visita, eran varias y cada vez más frecuentes, pero frente a la rotunda negativa de Rosa la mujer ya no apareció más en su puerta.
Pensó que lo peor ya había pasado, que tal vez aquellas amenazas eran infundadas producto de la desesperación y trató de olvidar, aunque debía seguir yendo a declarar cada vez que era requerida, para mantener celosamente su versión de los hechos.
Los Meyer, mantenían su más férreo apoyo a todas las pericias que realizaba la OS7 con el convencimiento absoluto de la culpabilidad de Mario Santander Infante, sensación que se corroboraba al ser también presa de continuos hostigamientos telefónicos, en el que eran amenazados incluso de muerte si mantenían la postura de acusar al empresario que se encontraba detenido.

Esto no lograría intimidarlos, para los Meyer era una prueba más de que iban por el camino correcto. Para ellos, no había duda alguna de quien era el culpable. Tenían todas sus esperanzas cifradas en el juez Fernando Soto Arenas y en quienes él había designado para llegar a la verdad, el OS7.
Fue así, como un día José Meyer contestó el teléfono, esperando encontrarse nuevamente con amenazas, pero la voz era distinta, hasta amable, se trataba de una mujer que se identificaba como María Angélica Vargas, esposa de Mario Santander. Ella le pedía que se reunieran porque necesitaba conversar con él. José Meyer sólo escuchaba y la voz le parecía de una persona profundamente acongojada.
José tuvo la impresión de que la mujer por fin confesaría que la versión del asado familiar era tan solo un montaje para proteger a su esposo y terminaría aclarándose todo, así que accedió, sin antes aceptar la única y encarecida condición que María Angélica le solicitaba, asistir solo a aquel hotel que ella le especificaba.
Tras la llamada telefónica, el padre de Alice le contó al instante a la familia lo que acababa de suceder para posteriormente llamar al OS7 y decidir conjuntamente de qué forma proceder.
El OS7, junto con su familia, equipó a José Meyer con toda la tecnología disponible de ese entonces para poder grabar la conversación y despacharlo hasta el punto de encuentro donde debía ir solo. José iba incómodo con tanto aparataje en su cuerpo y los nervios no le permitían pensar tan claro como necesitaba hacerlo en tal importante ocasión. Al llegar, saludó brevemente a la mujer, quien lo invitó a tomar asiento para conversar.
El padre de Alice, nervioso por no ser descubierto portando las grabadoras y los cables que lo cubrían, no lograba prestar la suficiente atención a lo que María Angélica le quería decir. Por una parte, le pedía que desistieran con las acciones judiciales y, por otra, parecía reconocer la culpabilidad, pero siempre siendo meticulosa en el uso de sus palabras por lo que José no lograba descifrar exactamente a qué apuntaba la conversación.
Hasta que repentinamente, tras mucho preámbulo, la mujer le insinuó que arreglaran el asunto extrajudicialmente. Tal proposición, molestó de tal forma al progenitor de Alice que se retiró indignado y ofendido por lo que acababa de escuchar sin siquiera haber finalizado aquel encuentro.
Paralelamente en la casa de los Meyer la histeria se hacía generalizada, ya que no podían contener lo que sentían, pensaban que, tal vez, esta conversación sería el inicio de la justicia. Con aquello se acabaría la tortura que llevaban tantos meses soportando y sería la pieza clave para llegar a la anhelada verdad.
José retornaba a su hogar con una sensación amarga de no haber escuchado algo que permitirá explícitamente dilucidar el caso, pero confiaba en que con lo que ya se tenía en las grabadoras pudiera haber alguna frase que llevara a reafirmar la culpabilidad de quien él estaba seguro había asesinado a su hija.
Lamentablemente, eso nunca se concretó, ya que debido a la precaria tecnología que contaba el OS7 las grabadoras no funcionaron correctamente cuando debían hacerlo y los peritos fueron incapaces de reproducir la conversación.
En tanto, las ruedas de reconocimiento se volvían cada vez más complejas debido a los cambios físicos que Mario Santander experimentaba en cada una. De ser un joven corpulento, con bigotes gruesos y cabello oscuro frondoso, pasaba a estar mucho más delgado, sin bigotes, en incluso pelo corto haciendo complicado el reconocimiento de aquellos que lo vieron con su apariencia habitual. De esto fue testigo el Juez Fernando Soto Arenas, que veía como antes sus ojos Mario Santander cambiaba intencionalmente en cada reconocimiento y se presentaba silencioso, inmutable y frío en sus tratos. Aún así los testigos lo sindicaban indudablemente como el joven que habían visto.


3 La acusación

Mientras todo transcurría entre acusaciones de falso testimonio, hostigamientos y amenazas, ahora las miradas giraban desde Mario Santander al juez de la causa Fernando Soto Arenas. Esto puesto que, desde la defensa del acusado, comenzaron a surgir serias críticas a la idoneidad del magistrado como instructor de la causa hasta el grado de ser acusado formalmente de prevaricación, es decir, del delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta.
Esta acusación se realizó, a pesar que en la prensa se lo catalogaba como un juez acucioso y se le atribuía un importante celo profesional para resguardar el expediente de las filtraciones públicas, con el objetivo de mantener la rigurosidad de la causa.
Así, habiendo transcurrido un año y medio de la apertura del caso el juez ya era una figura controvertida.
La acusación de la defensa que pedía la inhabilitación del magistrado atribuyéndole haber tomado partido abiertamente por la culpabilidad de Mario Santander, empezó a tomar mayor fuerza cuando el director de Investigaciones, Fernando Paredes, presentó, paralelamente con la defensa, una queja disciplinaria en su contra por sacar a su institución del caso y poner en su reemplazo al OS7.
Toda esta batahola concluyó abruptamente cuando el 15 de junio de 1987 Soto Arenas es removido del proceso Meyer y se designada como ministra en visita extraordinaria a la magistrada Raquel Camposano, reconocida por ser una denodada defensora del General Pinochet.
El juez, relegado del caso negaba absolutamente todo tipo de acusación y nunca se pudo demostrar su participación en los temas que se le responsabilizaba, incluso la Corte Suprema, posteriormente, negaría las acusaciones que se le hacían ratificando su inocencia.
Aún así, con todo esto a su favor, no fue reintegrado a la causa dejando todo su trabajo en las manos de la jueza Camposano.
Raquel Camposano era conocida como la jueza de hierro, con una personalidad que intimidaba incluso a sus más cercanos hacía augurar que llevaría   al caso con profesionalismo y pulcritud.



CAPÍTULO 5
COMIENZA EL DESENLACE

Ya con 19 meses como reo, Mario Santander vislumbraba una salida, cuando la jueza Camposano al mando del caso decide retirar de las pericias al OS7 para instalar nuevamente a Policía de Investigaciones. Es en este escenario que los testigos que aseguraban haber visto al empresario iban echando pie atrás uno a uno y declarando sin justificación alguna haber mentido. Hasta “Topo Gigio” que siempre aseguró haber sido testigo ocular del asesinato, ahora se retractaba de sus dichos.
Una de las tantas personas que se retractó fue precisamente Ruth Molina. Todo empezó una vez que estando en su casa y atendiendo el negocio recibió una llamada telefónica amenazando de muerte si mantenía sus declaraciones. El llamado logró su cometido y Ruth se desdijo cambiando su versión. Declaró que todo era mentira, añadiendo que jamás nadie estuvo ese día en la casa y que no existía ninguna moto ni hombre alto de bigotes.
Todo esto para proteger a su familia y a su propia integridad física.
No parecía haber una respuesta clara para lo que estaba ocurriendo, pero el panorama repentinamente se transformaba para inclinarse a la inocencia de Mario Santander y con ello favorecer a los testigos de éste que ya se encontraban impune de la acusación de falso testimonio que se les había presentado por el magistrado anterior.
La opinión pública se hallaba conmocionada por el inesperado vuelco, todos tenían su propio punto de vista y ya se trataba de un tema obligado en el que cada uno tenía elaborada su propia teoría.
Rosa Jara tampoco podía entender como tantas personas se iban retractando, dejando en el más extraño desamparo lo que ella misma había visto. Tenía muchas preguntas y confiaba en entender un poco más cuando es llamada por la jueza Camposano para presentar nuevamente su declaración.
Tuvo nuevamente una rueda de reconocimiento, en la cual Rosa, a pesar del cambio físico de Mario Santander, no tuvo problema en reconocerlo tras lo cual es llamada por la jueza para conversar directamente con ella. Por supuesto, Rosa sin mayores aprehensiones, accedió.
Una vez en su oficina, Rosa pudo comprobar personalmente la seriedad y frialdad con la que se le reconocía a la magistrado, cuando tras haberle contado todo lo que ella había visto ese domingo de diciembre la jueza le habría ofrecido la suma de un millón de pesos con la condición de retractarse y decir que había mentido en la declaración anterior.

Impactada y algo incrédula, Rosa se negó a recibir el dinero por mentir, mientras que la jueza le habría preguntado sorprendida si no le tenía miedo a la familia. Rosa le respondió que sólo le temía a Dios. Con esas escuetas palabras, la breve reunión dio por finalizada.
Rosa no podía lograba asimilar como una autoridad pudiese estar haciendo este tipo de petición, pero al mismo tiempo sentía que en el entorno político y social que vivía el país no podría buscar amparo en otro lado u organización, así que prefirió callar y hasta olvidar aquel breve pero desagradable encuentro. Rosa de esta forma entendió que aquel joven que tantas veces reconoció como el acompañante de Alice no iba a pasar mucho tiempo más tras rejas.
Y no se equivocaba, durante el segundo semestre de ese año, la investigación del caso Meyer cambió continuamente de ministros y debido a que la magistrada Camposano salió con licencia médica, fue tres veces subrogada hasta que por fin reasumió el 16 octubre.
Para ese entonces, la defensa de Santander había solicitado en numerosas oportunidades la libertad bajo fianza que la Corte de Apelaciones había denegado. Sin embargo, el 17 de noviembre, a un mes de haber vuelto plenamente a sus labores, la jueza Raquel Camposano finalmente acoge la petición y decreta sorpresivamente la libertad para el entonces único imputado por el asesinato de Alice Meyer.
De esta manera, Mario Santander abandonaba ese mismo día la Penitenciaría.
A la mañana siguiente, desde su propio hogar el empresario, asesorado por sus abogados, decide citar a una conferencia de prensa, en esta llamaba la atención la extrema serenidad del procesado al responder cada pregunta.
En la conferencia, insistió categóricamente en que con él se cometió un atropello, que le pudo haber pasado a cualquiera pero que en su caso se equivocaron ya que poseía los recursos necesarios para poder defenderse. Además se refirió a la situación económica holgada de su familia, que se prestaba para especulaciones, acotando que mientras estuvo en la cárcel detenido, había aprendido la lección de que tener dinero en este país era un pecado.
Los Santander estaba felices celebrando, con gran algarabía, la salida del miembro de la familia acusado de asesinato, y que por tanto tiempo estuvo en el ojo del huracán. Sin embargo, este fervor duraría muy poco ya que la Corte Suprema acogió una orden de no innovar presentada por Marcelo Cibié, abogado de la familia Meyer, que lo obligó a regresar a la Penitenciaría, fue así como esta libertad duró tan sólo 22 horas.


5.1 El nuevo rumbo de los acontecimientos

Los abogados de los Santander, dejaron caer nuevamente toda su artillería para sacar de prisión al empresario que se encontraba otra vez tras las rejas. Hasta que algunas semanas más tarde, el 1 de diciembre de 1987 el procesado recibió el beneficio de la libertad provisional que le permitió abandonar la cárcel de Pedro Montt, a la que nunca más regresaría, alegando en varios medios de comunicación su más absoluta inocencia y haciendo énfasis de no sentir vergüenza por los meses que estuvo preso.
Aunque estaba en libertad, esta era bajo fianza por lo que Santander tuvo que esperar un año exacto, hasta el 1 de diciembre de 1988, para que la ministra Raquel Camposano emitiera el fallo de primera instancia, absolviéndolo de toda responsabilidad en el homicidio.

La magistrada estimó que los antecedentes que había no eran suficientes para acreditar su participación. Ahora los testigos que sostenían sus declaraciones iniciales eran muy pocos, entre ellos nuevamente “Topo Gigio”, quien anteriormente se había retractado.   Sin embargo, para la ministra Camposano, tales declaraciones no tenían valor probatorio calificándolas como falta de veracidad, provenientes de un hombre con bajo nivel intelectual. Esto, apoyada en las declaraciones que él mismo había realizado, donde reconocía abiertamente fumar marihuana, aspirar neoprén, ingerir bebidas alcohólicas y asistir frecuentemente al sitio eriazo donde apareció el cuerpo de Alice para mirar a las parejas teniendo relaciones sexuales.
Así, la jueza desestimó las declaraciones de José Contreras, que sostenían la culpabilidad de Santander, concluyendo que el hombre presentaba rasgos anormales de personalidad.
De esta manera, aumentaba el número de los que se iban retractando, y los pocos que quedaban manteniendo sus declaraciones iniciales iban siendo desestimados uno a uno por la magistrado de la causa por motivos a lo menos curiosos como: por bajo nivel educacional, poco confiable, no creíble, bajo nivel cultural, etc.
Entre estos casos estuvo el de Rosa Jara quien fue también desestimada, cuando la magistrado argumentó que la mujer había confundido a la pareja que vio aquel 15 de diciembre, esto a pesar que Rosa insistía en estar segura que se trataba de Mario Santander.
Para ese entonces, la vida de los Santander parecía continuar ajena a los procesos judiciales que se llevaban a cabo en el ámbito público y paralelamente María Angélica Vargas, la mujer de Santander, esperaba su tercer hijo. La normalidad parecía haber vuelto a sus vidas y ya no era raro ver nuevamente a Santander jugando golf en el Club de La Dehesa.
La tranquilidad que proyectaba la familia no era incongruente a lo que estaba por suceder, ni se trataba de una confianza desmedida, ya que el tiempo cerraría el caso con la balanza hacia el ahora ex-reo Mario Santander Infante.
Los sucesos posteriores que permitieron la total absolución del empresario en el caso y el más oscuro olvido para encontrar al culpable del asesinato de Alice Meyer, e incluso de Delfín Díaz, ocurrieron de la siguiente manera:

–     Septiembre de 1989, la tercera sala de la Corte de Apelaciones confirma por unanimidad la absolución de Santander dictaminada anteriormente por la ministra Raquel Camposano.

–     Enero de 1991, la Corte Suprema confirma las sentencias anteriores, y en otro pronunciamiento, esta vez dividido, resolvió que un juez sustanciara un nuevo proceso para investigar, de manera circunstancial, la participación y responsabilidad de José Contreras, alias “Topo Gigio”, en el homicidio de Alice Meyer.

–     El 26 de febrero del mismo año, en ese mismo proceso, “Topo Gigio” se retractó declarando que había mentido y que nunca presenció el crimen, contradiciendo las múltiples declaraciones que él mismo había mantenido firmemente durante casi cinco años.


Esta fue la sucesión de los hechos consecutivamente que desencadenó en que el juicio de Mario Santander, único inculpado en el asesinato de la joven deportista, quedara cerrado, no sólo eso, sino que además con sentencia ejecutoriada, lo que significa que no podía ser reabierto salvo que, con antecedentes nuevos, se intentara un recurso de revisión, que a esa altura y tras años de infructíferas diligencias terminaron por agotar a los cercanos de Alice.
La familia Meyer aseguraba que prefería dejar atrás las heridas del pasado y poder aspirar a algo de paz que les permitiera realizar el real duelo que no pudieron tener en todo aquel período y que esperaban que el tiempo pudiera al menos mitigar el terrible dolor de haber perdido a una hija y hermana en la más absoluta impunidad.
La misma suerte corrió la investigación de la muerte de Delfín Díaz, esta parte del proceso fue sobreseído temporalmente por la ministra Camposano. Período que resultó ser demasiado, dejándolo también en el más profundo de los olvidos con la única expectativa de esperar pacientemente su prescripción.
Así, sin encontrar respuestas, y sin siquiera haber podido limpiar el nombre de su hijo, Brígida Méndez, madre de Delfín, luego de los extenuantes y difíciles acontecimientos enfermó gravemente, según sus cercanos, ansiando demostrar que su hijo no había tenido nada que ver en el homicidio de Alice y que su muerte no había sido producto de un simple suicidio.
Ella, falleció con el enconado anhelo que la opinión pública supiera que aunque su familia era   pobre, en ningún caso era de asesinos, como se les hizo figurar. La tristeza e impotencia nunca le permitieron retomar su cotidianeidad, hasta el punto de que sus cercanos sienten que fueron estos desoladores sentimientos los que terminaron por apagar su vida.

Rosa Jara perpleja por la propuesta recibida y el desenlace inesperado del caso creyó que el asunto para ella había quedado hasta ahí, tan sólo podía sentir una profunda empatía con la familia Meyer que parecía estar destrozada por la impune situación que enfrentaban y que se había desencadenado aquel fatídico diciembre del ya tan lejano 1985. Sin embargo, Rosa no imaginaba que para ella las cosas no habían terminado en aquella oficina con la jueza Camposano, al poco tiempo se percató de que una presencia extraña parecía acompañarla para cualquier lado donde se dirigiera, desde la escuela de sus niños hasta su trabajo, o en cualquier otro lado donde estuviera. Ella terminó acostumbrándose a que durante décadas un individuo al que denominaba como “detective”, fuese su silencioso compañero que la miraba desde lejos.
Rosa, al principio, con pánico trataba de escabullirse de aquel hombre, pero al correr de los años se dio cuenta que aunque no era cómoda la situación al menos había resultado ser inofensivo así que logró convivir con ello, entendiendo que no le quedaba otra opción.
De alguna forma, los Meyer, ya sentían hace meses que el cúmulo de pruebas que con Soto Arenas parecía el inicio de las respuestas, se iba desmoronando en un fallo adverso. Agobiados con el acoso periodístico, y largas sesiones infructíferas de declaraciones que solo conseguían provocar más dolor, acataron el fallo con una dignidad y entereza que impresionaba a los observantes, entendiendo que aun si llegaran a dar con el real culpable. Alice ya no estaría ahí con ellos para abrazarlos como solía hacerlo.
El dolor no cesaría con una sentencia justa, quizás los tranquilizaría, pero ciertamente no les devolvería aquella alegría de vivir que perdieron tan dramáticamente el día de su desaparición.
Para los amigos de la joven, en tanto, lo que sucedía era irreal y aquella confianza ciega en la justicia, que en un principio abrazaban tenazmente, se disipó como si se hubiese tratado de un sueño que se interrumpe con el tenue comenzar de un nuevo amanecer.
No era fácil llevar aquel dolor, para nadie resultaba sencillo tan sólo imaginar cómo sería la vida sin Alice. Y no se equivocaban, los años venideros no serían mejores que los difíciles momentos por los que ya habían atravesado.
Dicen que el peor dolor en la vida es perder un hijo, José y Erika pasaron por ese sufrimiento, sintiendo como su corazón se desgarraba cada vez que algo les hacía recordar a su pequeña. Pero en su caso, el dolor cobraba más fuerza al haber sido acosados e intimidados constantemente durante aquel período.
Justo cuando sentían que el dolor ya no podía ser más fuerte, aparece la irrisoria sentencia que dejaba en libertad al único hombre, que más de una docena de individuos apuntaba como el responsable de aquellos aborrecibles hechos, terminando por destruir cualquier mínimo vestigio de paz para la familia.



CAPITULO 6
LOS PROTAGONISTAS


6.1 Los Santander

Mario Santander Infante continúa siendo un próspero empresario. Su residencia se encuentra en aquella misma fortaleza de hace casi treinta años, en Raúl Labbé 14000, comuna de Lo Barnechea, la diferencia es que ahora se encuentran varias casas en el mismo terreno, todas ellas lujosas, donde reside la familia Santander entera bajo el amparo del patriarca Mario Santander García.

A primera vista, el lugar no llama especialmente la atención. Se observa una larga reja verde que impide la visión para el interior y rodea casi una cuadra de aquella avenida. Pero al fijarse detenidamente, entre los frondosos árboles, se logra divisar una pequeña caseta de guardia donde un individuo entre las ramas tiene visión de la calle día y noche. De vez en cuando, solo si se tiene suerte, se puede encontrar algún lujoso automóvil que sale raudamente de aquella enorme reja, la que prontamente se cierra, para impedir el paso y las miradas intrusas.

Mario Santander Infante actualmente es parte del Grupo Incorp S.A, donde su padre, Mario Santander García, es el “past president”. El ex reo nunca ha emigrado del lado de su progenitor,   manteniéndose   siempre   bajo   su   alero   protector   y   desarrollándose profesionalmente como uno de los cuatro directores del holding empresarial creado en 1989 para inversiones, creación y desarrollo de nuevos negocios.

Mario Santander García, su padre, continúa siendo uno de los empresarios más destacado del país aún dedicándose casi por completo a Sigdo Koppers S.A, organización por la cual ha velado la mayor parte de su vida, y hasta hoy es un pilar fundamental, manteniéndose como uno de los cinco directores de la corporación y siendo principal partícipe de la explosiva expansión que ha mantenido desde 1960 hasta la fecha.
Es en gran parte, gracias a esto, que la familia Santander ha seguido gozando de prosperidad económica y se ha mantenido presente en las más altas esferas de influencia del país.
Continúa casado con María Angélica Vargas, matrimonio del cual nacieron sus tres hijos, la menor actualmente tiene la misma edad que tenía Alice cuando encontró su fatal final en aquel cerro de Lo Barnechea. Ella misma, Valentina, al ser consultada para realizar una entrevista manifestó que a su familia no les interesa remover el pasado, que lo mejor que les podría pasar es que se dejara de conversar del tema para que las personas se olvidaran del caso, e instó amablemente la elección de otro tema para la obtención de la Licenciatura.
Alice Meyer
ana karina gonzalez huenchuñir


6.2 Los Meyer

José Meyer, padre de Alice, hasta el último momento, aseveró su plena convicción de la culpabilidad de Santander. Pero cuando se cerró el proceso, en 1991, se sumió, al igual que su mujer Érika Abel, en un hermético silencio, que solo rompió cuando leyó un carta que representaba el sentir de la familia Meyer para el programa Informe Especial de Televisión Nacional el año 2005.
Sus cercanos cuentan que los acongojados padres perdieron esa alegría de vivir con la partida de Alice. José ya casi no toca el acordeón, el cual por tantos años fue su compañero más íntimo en aquellas alegres fiestas familiares.
José Meyer, conservó el restaurant München de El Bosque hasta el 2002, año en que decidieron vender el terreno a una inmobiliaria. Suelen viajar a visitar a sus parientes en Alemania, especialmente en las fechas que les traen tristes recuerdos.
Aunque han transcurrido 26 años del asesinato de su amada hija la herida sigue intacta. Para ellos, es un tema difícil de abordar y de alguna forma también es un tema tabú, quizás esa es la forma de auto protegerse y tratar de obviar el terrible hecho de sangre del cual la más pequeña de los Meyer Abel fue víctima. Y como si el destino quisiera avalar esta decisión ya casi no les quedan fotografías de Alice a causa de que, la prensa de la época hambrienta de información, solicitó material gráfico a la familia, la que amablemente accedió y facilitó sin pensar que nunca más les serían devueltas, tema que poco les preocupa ya que hasta el día de hoy prefieren no colgar sus fotografías debido a la tristeza de la cual inmediatamente resultan presa al revivir aquellos crueles momentos.

Erika Meyer Abel junto a su hermano mayor Joseph trabajaron en el restaurante familiar hasta que ella se casó y se dedicó al cuidado de sus dos hijos. Kika por su parte, como la llaman sus cercanos, ha rehusado en repetidas ocasiones a referirse al homicidio de su hermana para no reabrir tan dolorosas heridas. Para ella, así como para sus padres y hermano, el dolor que ha tenido que llevar consigo ha sido inmenso.

Frecuentemente se plantea cómo habría sido su vida con el apoyo de su hermana menor, y está segura que habría resultado ser una fuente de ánimo y coraje en los momentos más difíciles que ha tenido que enfrentar.
Para Kika su vida tuvo un giro radical tras el fallecimiento de su hermana, tuvo que apropiarse de un rol como contenedora del dolor de sus padres, postergando de alguna forma el suyo propio. Hubo incluso detalles como cuidarse más de lo necesario, evitando hasta viajar, porque sus padres no aguantarían otra pérdida, y al nacer su primer hijo hizo todo el esfuerzo posible para que, especialmente su padre, tuviese la mayor cercanía posible con el lactante y pudiera volver a sonreír.
Denise Ahrens, íntima amiga y confidente de Alice, hoy es periodista y propietaria de una tienda de ropa de navegación, dedica gran parte de su tiempo al entrenamiento de sus hijos quienes practican el mismo deporte.
La ausencia de su amiga la ha acompañado, como una gris sombra, en todos los momentos importantes de su vida, y en los que se suponían, Alice estaría ahí presente. Para ella, aún la herida sigue abierta, no es raro que hoy se quiebra al revivir los días felices que pasó junto a su ex compañera del Deutsche Schule, brutalmente asesinada.

Al reflexiona, siente que este fue un caso en que se le quebró la mano al destino. A casi 30 años todavía le parece una pesadilla irreal. Comenta segura que su amiga perdió la vida por defender su integridad de mujer frente a alguien que, a su juicio, la conocía y supuestamente la apreciaba. Enfatiza que el proceso que intentó esclarecer el crimen terminó siendo truculento, y truncó más de una vida.
Como único consuelo, espera que la justicia divina realice la labor que la terrenal no fue capaz de llevar a cabo. Se consuela además pensando que quien haya sido el culpable y sus encubridores vivan con una atormentada conciencia y esperan un tanto preocupada no tener repercusiones ni hostigamientos por dar sus opiniones.


6.3 Los abogados

Fernando Soto Arenas, juez de la causa tuvo una carrera descendente desde el caso Meyer. Aunque la Corte Suprema finalmente lo respaldó en las acusaciones y querellas que se le hicieron, sorpresivamente fue trasladado al 10º juzgado del Crimen de San Miguel, donde estuvo diez años, hasta que jubiló, y en 1994 abrió una oficina de abogados. Entre sus primeros defendidos estuvo el narcotraficante Manuel Fuentes Cancino, apodado “El Perilla”, inculpado como jefe del cartel de La Legua.
Una de sus únicas apariciones públicas fue en la investigación que la periodista Mirna Schindler realizó para el programa Informe Especial en 2005. Allí declaraba haber sentido que una mano negra actuó para sacarlo del caso debido a que estaba muy cerca de la verdad, al tener privado de libertad al empresario.
Tampoco se mostró dubitativo al ser consultado sobre quién era, a su juicio, el culpable pero prefirió no decir nombres aunque agregó su absoluta confianza en las pericias realizadas por el OS7 .

Hoy, reside solo en la Quinta Región, donde en una pequeña oficina presta sus servicios de abogacía en causas menores. Esporádicamente viaja a Santiago a algún trámite judicial propio de su profesión, donde a veces, algún informado colega lo reconoce y saluda amablemente, cosa que lo llena de gratificación.

Todavía recuerda cada detalle del caso mientras estuvo a su cargo, recuerda que cuando se le informó de la aparición del cuerpo de la joven se hizo presente raudamente en el lugar del suceso y pudo ser testigo presencial de aquella importante pieza clave, el reloj que efectivamente se hallaba en el brazo de Alice.
También cuenta detalles del supuesto suicidio de Delfín Díaz, comenta cómo el cuerpo inerte se encontraba con las rodillas a ras de piso, llamando inmediatamente la atención por su cercanía al suelo, y nuevamente la aparición de aquel reloj Swatch pero ahora en la muñeca del hombre, saltaba a la vista como si fuera lo más importante en aquella escena.
Tampoco olvida la frialdad e indiferencia que el empresario imputado manifestaba cada vez que se entrevistaban, y a nivel personal recuerda lo bien que siempre se comportaron los Meyer, confiando ciegamente en la labor de la justicia.
Aunque en algún momento Fernando Soto Arenas gozó de la reputación de ser un abogado de excelencia, acucioso y firme, hoy su reconocimiento pareció esfumarse. A pesar que legalmente, quien haya sido magistrado nunca pierde tal título, él no siente ningún reconocimiento profesional, al grado que le ha costado establecerse y mantener un nivel de ingreso relativamente estable.

Para el abogado, no han sido fácil de llevar los posteriores años tras el caso de Alice Meyer, paralelamente que se le acusaba de prevaricación, su matrimonio irremediablemente se desbarataba lo cual provocó que guardara un recuerdo agraz, tanto en el ámbito personal como profesional.

Sergio Miranda Carrington, defensor de los Santander actualmente hace clases en la universidad Bernardo O’Higgins. Desde su participación en la defensa del general Manuel Contreras, no ha tomado casos de relevancia pública.
Sus alumnos cuentan que dentro de las aulas es conocido como el abogado de las causas imposibles y que cuando conversa sobre su desempeño en el caso Alice Meyer lo hace con un tono de orgullo y soberbia, jactándose del fallo que terminó favoreciendo a su cliente, en un contexto en que todo estaba en su contra.
El abogado se niega rotundamente a dar entrevistas, debido a explícitas órdenes de la familia Santander, que todos estos años ha guardado el más profundo hermetismo y esperan que su entorno haga lo mismo.
Marcelo Cibié, abogado de la familia Meyer, ha tenido a su cargo la defensa de algunos militares procesados por casos de violaciones a los derechos humanos, como el general en retiro Odlanier Mena, ex Director de la CNI, y Ariosto Lapóstol, ex general.
Pasó varios años desempeñándose como abogado del Ejército de Chile y hoy cuenta con su propia oficina ubicada en calle Agustinas. Habla con un cariño especial de la familia Meyer y se emociona al recordar hechos que califica como injustos.
Cuando se le pregunta sobre su percepción de quién era el culpable sin dudarlo responde que aún cree que las pericias comandadas por el juez Fernando Soto Arenas eran las que apuntaban hacia el verdadero asesino, pero que el dinero e influencias lograron cambiar el sentido del proceso.
El defensor de la familia de Delfín Díaz, José Galiano, hoy es docente de la Universidad Arcis, dicta la cátedra de derecho penal y ética jurídica. Uno de sus trabajos más relevantes a nivel público, tras la defensa de Delfín Díaz, fue el del sociólogo Pablo Huneeus en la querella por injurias que interpusieron contra él los senadores de la UDI, Jovino Novoa y Carlos Bombal, después que Huneeus, en el marco del caso Spiniak, puso en su página web que lo dos congresistas eran políticos que asistían a las fiestas del pederasta. El caso finalizó con las disculpas públicas del sociólogo.

La jueza Raquel Camposano está retirada del Poder Judicial. Asumió en abril de 1996 la investigación por asesinato del senador y fundador de la UDI, Jaime Guzmán, cometido por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), luego que el ministro instructor Alfredo Pffeifer renunciara denunciando presiones políticas.
Raquel Camposano había procesado a varios funcionarios de “La Oficina” por obstruir la justicia, entre ellos el ex Director de Investigaciones, Nelson Mery, y el entonces subsecretario de Desarrollo Regional, Marcelo Schilling, quien había encabezado el Consejo de Seguridad Pública. Ellos fueron absueltos por la Corte Suprema y la ministra truncó su carrera judicial.
Fue una enconada defensora del general Augusto Pinochet frente a su detención en Londres, la cual calificó de injusta y se mostró en contra de su desafuero como Senador vitalicio. Públicamente se refería a él como un estadista, manifestando abiertamente su apoyo y admiración hacia el ex comandante en jefe del ejército.
A pesar de sus expectativas, no pudo transformarse en la primera mujer en llegar a la Corte Suprema, pues Eduardo Frei, en 2003, no la eligió cuando tuvo que proponer al Senado el siguiente candidato que integraría el máximo tribunal.
Su carrera estuvo marcada por su enconada defensa al gobierno militar y a las figuras emblemáticas que lo compusieron.
Hoy, ya jubilada, se niega a referirse al caso de la muerte de Alice Meyer argumentando que no tiene nada nuevo que aportar. No desea hacer ningún tipo de comentario o análisis y prefiere desvincularse del tema. Aún mantiene su personalidad fría, la que llamaba tanto la atención y con la misma seriedad que la caracterizó manifiesta sin preámbulos dar por cerrado el tema.

6.4 Los otros involucrados

José Contreras Araya, alias el “Topo Gigio”, quien fuera el principal testigo en las acusaciones contra Mario Santander, se casó y tuvo dos hijos. Falleció el 2010 con un deplorable estado de salud debido a su mal vivir, producto del consumo excesivo de alcohol y drogas. Era común, durante todos estos años, verlo deambular por el pueblito de Lo Barnechea en estado de ebriedad, parado al costado de la panadería pidiendo alguna moneda a los transeúntes que por ahí circulaban.

Era un fiel seguidor de Universidad de Chile, camiseta que vestía cada vez que había un partido para verlo en el local de pollos con papas fritas frente a la panadería en la que solía hallarse. Eran tan solo en estas contadas ocasiones donde hacía un esfuerzo sobrehumano para mantenerse sobrio, esto para no perderse ningún detalle del partido, al menos hasta que éste finalizara.

Según sus cercanos, fueron muchas las ocasiones en las que intentaba rehabilitarse, sin embargo, hasta los últimos momentos de su vida se le vio merodeando por las calles borracho, cesante y sólo realizando trabajos esporádicos de jardinero.
Tras cerrarse el caso confesó que había mentido y dijo en un programa de televisión en 2005 que agradecía que el empresario no lo demandara, para cerrar el diálogo contradiciéndose a sí mismo afirmando que todo Chile sabía quién era el culpable y que el dinero lo puede hacer todo.
Brígida Díaz, hermana de Delfín Díaz actualmente es paramédico y desempeña sus labores en la posta de Lo Barnechea. Para ella, hablar del tema resulta vergonzoso y siente que nunca ha podido tener un real duelo debido a el estigma de asesino y suicida en que su hermano se encuentra frente a la opinión pública. Al igual que su madre que falleció esperando el esclarecimiento, ella siente que se debe limpiar el nombre de su difunto hermano aunque cree que debido a su nivel económico precario eso está lejos de convertirse en una realidad, siendo solo un sueño que probablemente nunca se llegue a cumplir.
Rosa Jara, sintió el acoso del sujeto que la seguía durante años y cuando por fin pudo descansar de este, le sobrevino una pesadilla aun peor, un cáncer que la ha mantenido enferma y en algunas ocasiones postrada en cama. Ha tenido que transitar de acá para allá y en los últimos meses se refugió en la casa de su madre para recibir los cuidados correspondientes debido a su grave enfermedad.
Ruth Molina, tras desdecirse frente a la justicia fue detenida por Investigaciones, por orden de la jueza Camposano. Una tarde, llegaron a su casa, pistola en mano, y le dijeron a sus hijos que llevarían a su madre a almorzar, todo esto frente a sus vecinos. El almuerzo resultó ser una detención en el Centro de Orientación Femenino por un mes y medio aproximadamente, dejando en la más absoluta desprotección a sus hijos, aunque recibió el beneficio de pasar la reclusión junto a su hija menor, Jocelyn, una pequeña lactante de casi un año de edad, que al igual que su madre estuvo privada de libertad durante todo aquel período.
Luego, al salir en libertad intentó seguir con su vida normal y actualmente reside en Rancagua, pero constantemente viaja a Santiago para visitar a sus hijos y nietos. En entrevistas posteriores, siempre manifestó su arrepentimiento de haber cambiado la versión y reconoce que lo hizo por miedo.





CONCLUSIONES


Santiago de 1985 fue el marco para uno de los asesinatos más famoso que tenga recuerdo el país, la muerte de Alice Meyer. Fue un caso marcado por extraños hechos, irregularidades en el proceso, destituciones, fuertes presiones, amenazas e intentos de soborno que terminaron por cerrar un emblemático caso sin hallar al culpable.



Youtube.




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 Universidades estadounidenses.



Oleada de cierres de universidades estadounidenses.





Cambio 16 
SOCIEDAD 

Cecilia Pachano
 27/08/2024

Una sombra se cierne sobre las universidades estadounidenses. Las alarmas se activaron ante una oleada de cierres de centros de educación superior. El panorama es preocupante. Todo indica que las universidades atraviesan una crisis que está quebrando el que era hasta hace unas décadas un sólido modelo educativo.
El sistema educativo de los Estados Unidos, a nivel universitario tiene una bien ganada reputación de excelencia. Sus grandes universidades, algunas centenarias, con hermosos campus, figuran entre las mejores del mundo. Pero de acuerdo con un reporte The Wall Street Journal en la última década, más de 500 instituciones privadas sin fines de lucro con programas de cuatro años cerraron en Estados Unidos. Cifra tres veces mayor que los registrados la década anterior.
La pandemia de COVID-19 aceleró la tendencia. Afecta tanto a instituciones privadas como públicas. Al menos 1,25 millones de estudiantes se vieron impactados por los cierres. La crisis no se limita a las instituciones sin fines de lucro; también afectó a muchas universidades con fines de lucro. Aunque comenzó en 2016, un estudio reciente advierte que en los últimos tres años se ha vuelto cada vez más común. En junio de 2023, más de tres docenas de colegios y universidades cerraron sus puertas o anunciaron su intención de hacerlo. Al menos 20 instituciones pertenecientes a organizaciones religiosas enfrentan desafíos que complican su operación.
Desde 2016, un total de 91 instituciones privadas sin fines de lucro cerraron o se fusionaron con otra institución. Uno de los casos emblemáticos es el Lincoln College en Illinois, que cesó sus operaciones en mayo de 2022. Había cumplido 157 años de servicio educativo. También la Universidad de las Artes de Filadelfia anunció en mayo que cerraría. La escuela había existido durante casi 150 años.

Factor crítico.

Otras instituciones están en camino hacia el cierre o la fusión con entidades más grandes. Alliance University en el distrito financiero de Manhattan cerró sus cursos en agosto del 2023, mientras que Medaille University en el oeste de Nueva York celebró su última promoción en mayo del mismo año. Bloomfield College en Nueva Jersey se fusionó con Montclair State University, culminando un proceso de búsqueda de un socio que duró casi dos años para evitar el cierre debido a problemas económicos. Un informe de Fitch Ratings Inc. señala una disminución general en las matrículas en todas las instituciones de enseñanza superior.
La dependencia de los ingresos por matrícula es un factor crítico para la supervivencia de las universidades. Prácticamente todas las instituciones en Estados Unidos (un 95%) se apoyan en estos ingresos para operar. Sin nuevos aspirantes, la estructura económica se tambalea y, en última instancia, algunas instituciones se ven obligadas a cerrar sus puertas.
Aunque la tendencia comenzó en 2017, la pandemia de COVID-19 ralentizó los cierres debido a la ayuda federal. Sin embargo, ahora que esos fondos se han agotado, algunos analistas temen que menos universidades signifiquen menos graduados universitarios. Esto podría afectar el desarrollo de los jóvenes y los trabajadores en mitad de su carrera profesional. La crisis en la educación superior no solo tiene implicaciones económicas, también sociales.

Contexto desfavorable.

Según la organización especializada en periodismo educativo, Higher Ed Dive, las razones detrás de estos cierres son principalmente problemas financieros, agravados por el contexto económico actual, y una dramática disminución en la matrícula de estudiantes debido a la baja tasa de natalidad en ciertas regiones del país.
Las universidades, grandes como pequeñas, están buscando recortar costos mediante la eliminación gradual de programas y carreras. Enfoque que parece más común que el cierre total de instituciones, y que afecta a los estudiantes. Especialmente a aquellos en inscritos en programas de humanidades. La pregunta clave es si serán suficientes para garantizar la supervivencia de estas instituciones. Emily Wadhwani, directora senior de Fitch Ratings, una firma de calificación crediticia, declaró a WSJ que ha llevado a cuestionamientos sobre si las instituciones educativas están gestionando adecuadamente su propia educación y la de sus estudiantes.
En los últimos años, el aumento de los cierres de universidades ha generado un creciente escepticismo sobre el costo y el valor de obtener un título universitario de cuatro años. Muchos estudiantes que abandonan la universidad lo hacen de manera definitiva. Según un estudio de SHEEO, menos de la mitad de los estudiantes cuyas escuelas cerraron entre 2004 y 2020 continuaron sus estudios. En muchos casos, los créditos no se transfieren fácilmente. Crea obstáculos adicionales, especialmente para aquellos con dificultades para pagar la matrícula.

Más deserción.

Otro de los factores que incide es el aumento de costos de la educación superior. Desde 2011, viene cayendo el número de estudiantes que asisten a la universidad. Muchos estadounidenses están reevaluando el valor de un título de cuatro años debido al aumento de precios. De acuerdo con el National Student Clearinghouse Research Center, actualmente hay más de 40 millones de estudiantes no matriculados.
Hay otro dato preocupante. Aunque la caída en la matrícula universitarias se estabilizó este año, aumenta el número de estudiantes que se retiran. Según un informe de la empresa de crédito educativo Sallie Mae, aproximadamente el 26% de los estudiantes universitarios actuales han considerado seriamente abandonar la universidad o corren el riesgo de hacerlo. Especialmente quienes son los primeros en su familia en asistir a la universidad, minorías y estudiantes de bajos ingresos. Rick Castellano, portavoz de Sallie Mae dice que es más difícil volver después de tomarse un año sabático o varios años sabáticos.

Altos costos.

El dinero es la principal preocupación de los estudiantes que consideran abandonar la universidad. La educación superior está bajo presión debido al aumento de los costos universitarios y la deuda de préstamos estudiantiles. La matrícula, más el alojamiento y la manutención para una universidad privada de cuatro años ascendieron a una media de 56.190 dólares en el curso escolar 2023-24. En las universidades públicas estatales de cuatro años, fue de 24.030 dólares, según el College Board.
Alrededor de la mitad de los estudiantes en riesgo de abandonar los estudios dijeron que les resulta difícil hacer frente al coste de la matrícula, así como a otros gastos relacionados, como libros de texto, alojamiento y comida. Nancy Goodman, fundadora de College Money Matters, una organización sin ánimo de lucro, sostiene que lo peor que se puede hacer es pedir un préstamo y abandonar los estudios. Porque entonces se tendrá la deuda sin la ventaja del título. Según The Pew Charitable Trusts la tasa de morosidad entre los prestatarios que empiezan la universidad pero nunca la terminan es casi tres veces superior a la de los prestatarios que tienen un título.


Pérdida de valor.

Otro factor que podría estar incidiendo en la caída en la matrícula de las universidades estadounidenses es la pérdida de valor del título universitario como símbolo de preparación profesional.

 Un informe de The Chronicle of Higher Education, «The Future of the Degree: How Colleges Can Survive the New Credential Economy«, señala que la utilidad del diploma universitario está disminuyendo rápidamente en la economía del conocimiento.

La crisis actual de las acreditaciones académicas se debe, en parte, al formato heredado de dos siglos que enfatiza el tiempo en el aula. A pesar de los cambios en planes de estudio y métodos de enseñanza, algunas universidades no han evolucionado significativamente en décadas, y en ciertos aspectos, en siglos. La obtención de un diploma sigue siendo costosa, lleva mucho tiempo y, en ocasiones, ofrece más de lo necesario en términos prácticos.
Históricamente, el título universitario ha sido un filtro para los reclutadores. No obstante, con la facilidad de búsqueda y aplicación de empleo en línea, su importancia ha disminuido. De acuerdo con el estudio, en un mundo laboral cambiante, los empleadores valoran cada vez menos el título como única señal de capacidad laboral. Otras señales, como la experiencia laboral o el desempeño previo en un puesto similar, están cobrando mayor relevancia.
 Además, la creencia de que la educación superior proporciona el capital cultural necesario para destacar en un puesto también se ha visto afectada. Cada vez más evidencias sugieren que los graduados carecen de habilidades blandas esenciales para el trabajo actual. Una encuesta de Gallup revela que solo el 11% de los líderes empresariales considera que los recién graduados están preparados para el éxito laboral.

Presionadas a cambiar.

Antes de la pandemia, la demanda de habilidades en el mercado laboral ya planteaba una amenaza para muchas universidades. El COVID-19 aceleró la crisis. El 15.55% de los alumnos abandonó sus estudios debido a la crisis financiera familiar y la necesidad de buscar empleo. Muchos no regresaron. En este contexto, que continúe el cierre de instituciones parece inevitable.
El aumento de los costos universitarios y la creciente deuda estudiantil han llevado a los potenciales estudiantes a reevaluar si se justifica una inversión en educación superior. Lo que explica que su número haya disminuido desde 2011. Generando más presiones financieras en las universidades por las pérdidas en los ingresos por matrícula.
La competencia afecta el futuro de las instituciones más pequeñas. Como las pequeñas escuelas rurales de artes liberales, con menos de 1.000 estudiantes que corren un mayor riesgo de cierre. Centros que cuyo atractivo son programas especializados, clases reducidas y una fuerte sensación de comunidad. Mientras que las universidades de élite y las grandes instituciones estatales se ven favorecidas al recibir más solicitudes de admisión. En consecuencia, obtienen más financiamiento público. Los más perjudicados: las minorías y estratos con menores recursos.

Pero hasta las universidades con mayor fortaleza financiera están bajo amenaza. La selección de universidad ya no se basará solo en rankings o material de mercadotecnia. Ante el flujo de información y constante necesidad de actualizaciones se requieren modelos de formación más flexibles, personalizados y acumulables (no limitada a cuatro años). Si no se consideran estos factores, otros modelos de formación más adecuada a la realidad actual atraerán a los estudiantes para ofrecerles formación continua a lo largo de la vida.



Vaticinan que 80 universidades de EEUU podrían cerrar en los próximos cinco años.


11 diciembre 2024 - 

Nueva York, 11 dic (EFE).- La Reserva Federal de Filadelfia (Fed) prevé en un estudio el aumento del cierre de universidades en Estados Unidos en los próximos cinco años debido a varias causas, entre las que se encuentran «desafíos fiscales sin precedentes», el descenso de las matriculaciones y un «precipicio demográfico».
Según el estudio de la Fed, hasta 80 universidades podrían verse obligadas a cerrar entre 2025 y 2029.
Al menos 20 universidades cerraron en 2024 y otras nueve se anunciaron que cerrarán en 2025, según el último recuento de la compañía de ‘sowftare’ y análisis, Implan, que recoge CNBC.
Si las matriculaciones disminuyeran a un ritmo más lento, cerrarían unas cinco universidades más cada año, un aumento del 8,1 % sobre la cifra media de cierres anuales.
La educación superior estadounidense encara serios problemas financieros a raíz de las tendencias a largo plazo y de la recuperación pospandemia, más las consecuencias económicas incluyen la pérdida de puestos de trabajos.

El descenso de las matriculaciones.

En este sentido, se prevé un descenso anual gradual de las matriculaciones que llevaría a una bajada total del 15 % en 2029.
«Un desafío clave es la disminución de la matrícula, ya que el número de estudiantes matriculados en colegios y universidades que otorgan títulos se redujo en un 15 % entre 2010 y 2021», según recoge el estudio.
Los investigadores llaman «precipicio demográfico» a esta tendencia en la que la población total de estudiantes en edad universitaria se está reduciendo, uno de los motivos por este descenso en las matriculaciones.

Los que se quedan fuera son los que tienen menos recursos.

Según datos del gobierno estadounidense, solo el 62 % de los estudiantes de último curso de secundaria acceden a la universidad en EE.UU., frente al 68 % de 2010. Los que se quedan fuera suelen ser estudiantes con bajos ingresos, que cada vez se sienten más excluidos de la educación superior.
Los costes de asistir a la universidad (las tasas de matriculación, alojamiento y manutención) siguen aumentando hasta una media de 58.600 dólares en el curso 2024-25 para una carrera de cuatro años en una institución privada, frente a los 56.390 el año anterior, según datos de la organización College Board.
En las universidades estatales públicas de cuatro años, también aumentaron y fueron de 24.920 dólares, frente a los 24.080 dólares del año anterior.
El análisis de la Fed se limitó a los centros privados, que aunque según los investigadores tienen poca probabilidades de cerrar, frente al caso de los centros públicos, con menos capacidad de permanecer abiertos ante las dificultades económicas. 



Seguimiento de cierres y fusiones de universidades

Resumen de datos.

  • Al menos 79 universidades públicas o sin fines de lucro han cerrado, se han fusionado o han anunciado cierres o fusiones desde marzo de 2020.
  • Más de 40 han cerrado o anunciado cierres.
  • Estimamos que aproximadamente 47,960 estudiantes se han visto afectados por el cierre de universidades privadas sin fines de lucro desde 2020.
  • Las universidades con fines de lucro lideraron las tasas de cierre entre 2012 y 2019.
  • Desde la pandemia de COVID-19, las universidades y colegios privados sin fines de lucro han cerrado cada vez más.
  • Un nuevo modelo predictivo del Banco de la Reserva Federal de Filadelfia ha identificado más cierres en el futuro en caso de una drástica caída en las inscripciones. 


lunes, 19 de junio de 2017

283.-Sergio Miranda Carrington y el caso homicidio de Alice Meyer I

Luis Alberto Bustamante Robin; José Guillermo Gonzalez Cornejo; Jennifer Angelica Ponce Ponce; Francia Carolina Vera Valdes;  Carolina Ivonne Reyes Candia; Mario Alberto  Correa Manríquez; Enrique Alejandro Valenzuela Erazo; Gardo Francisco Valencia Avaria; Alvaro Gonzalo  Andaur Medina; Carla Veronica Barrientos Melendez;Paula Flores Vargas;  Luis Alberto Cortes Aguilera; Ricardo Adolfo  Price Toro;  Julio César  Gil Saladrina; Ivette Renee Mourguet Besoain; Marcelo Andres Oyarse Reyes; Franco Gonzalez Fortunatti; Patricio Ernesto Hernández Jara;  Demetrio Protopsaltis Palma;Nelson Gonzalez Urra ; Ricardo Matias Heredia Sanchez; Alamiro Fernandez Acevedo;  Soledad García Nannig;  Katherine  Lafoy Guzmán



Sergio Miranda Carrington y el caso homicidio de Alice Meyer I 





Sergio Miranda Carrington.




Nelson gonzalez Urra



Nació en año 1927, en la ciudad de Valparaíso, y falleció en 2013, en la ciudad de  Santiago, a la edad de 85 años.
Egresado de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y profesor catedrático de Pontificia Universidad Católica de Chile.

Fue el menor de siete hermanos presidió el Centro de Alumnos de Derecho de la Universidad  de Chile, se especializó en derecho penal -cátedra que dictó por más de 40 años en la Universidad Católica- y fue subsecretario de Salud del Presidente don Carlos Ibáñez del Campo. También incursionó en política: como presidente del partido Avanzada Nacional llamó a votar por el Sí en el plebiscito de 1988.
Su trayectoria como Abogado penalista lo llevó a litigar en casos de gran repercusión pública, como el "tacnazo" protagonizado por el general Roberto Viaux, la acusación contra Mario Santander por el homicidio de Alice Meyer y el propio caso Letelier.

Casado con doña Xenia Rendic, tuvieron tres hijos.


 "Si las cosas siguen como siguen, esto habría sido la mayor contrariedad de mi historia profesional", decía el abogado Sergio Miranda Carrington en una entrevista de junio de 1995, cuando su cliente, el general  don Manuel Contreras, ex director de la DINA, se hallaba internado en el Hospital Naval de Talcahuano, en "rebeldía", luego que la Corte Suprema lo condenara a prisión por el homicidio de Orlando Letelier.




El caso homicidio Alice Meyer.




Nelson gonzalez Urra


INTRODUCCIÓN


En diciembre de 1985, Alice Meyer Abel, una bella joven de 25 años de edad, de ascendencia alemana, deportista y de clase alta, fue hallada sin vida en un canal de regadío en la comuna de Lo Barnechea. Su cuerpo se encontraba con claras muestras de haber recibido una feroz golpiza y su ropa interior desgarrada, lo que avivaba la hipótesis de una violación con homicidio.
Sin embargo, tal tesis se vería puesta en duda cuando se estableció que la joven conservaba todos sus objetos de valor, incluido el reloj Swatch y la motocicleta en la que realizó su último paseo aquel fatídico domingo.
El 15 de diciembre por la tarde Alice decidió salir de su casa, ubicada en Carlos Antúnez, comuna de Providencia, aparentemente en dirección al restaurante de sus padres, de la misma comuna. No obstante, por alguna razón, su ruta inicial cambió, desviándose hasta la comuna de Lo Barnechea, en las cercanías del Santuario de la Naturaleza y luego en los cerros del Huinganal, donde se le vio por última vez, según testigos, en su motocicleta con un hombre fornido, de bigotes y cabello oscuro.
El caso dio un vuelco impactante cuando unos días después fue encontrado pendiendo de un árbol de la misma comuna el cuerpo de Delfín Díaz Méndez, un lugareño sin oficio, portando en su muñeca el reloj de Alice, el mismo que días antes había sido encontrado por Carabineros en el cadáver de la joven deportista.
Policía de Investigaciones ya daba por cerrado el caso, sindicando a aquel delgado hombre de 19 años como el único culpable del asesinato de Alice Meyer, argumentando que debido al remordimiento habría tomado la radical decisión de quitarse la vida.
Sin embargo, el asunto tomaría ribetes impensados, el cuerpo del supuesto suicida tenía rastros de haber recibido una brutal golpiza, sus genitales mostraban heridas profundas que posteriormente logró establecerse que se trataban de quemaduras de cigarrillo; en su sangre se encontró tanto alcohol, que según especialistas hacía poco probable que tuviese la capacidad psíquica y física para poder trepar un árbol y realizar el prolijo nudo que terminaría con su existencia.
Además, y corroborando lo anterior, de a poco aparecían los testigos que declaraban haber escuchado los gritos de desesperación la noche de la muerte de Delfín Díaz y las personas que aseguraban haber visto a la joven Alice Meyer el día de su desaparición con otra persona, un varón corpulento, de bigotes, para esa altura ya reconocido como Mario Santander Infante, quien era un hombre casado, del más alto círculo empresarial del país y que solía rondar a la joven con el objetivo de conquistarla.
Mientras esto transcurría aparece en escena uno de los testigos más relevantes del caso: José Contreras Araya, alias el “Topo Gigio”, quien aseguraba haber sido testigo ocular, junto a su amigo Delfín Díaz, de cómo el empresario Mario Santander golpeaba a la joven de manera brutal para luego violarla, dejándola abandonada y   moribunda. Este hecho, según Contreras sería el que habría desencadenado una serie de sucesos que terminaría en el supuesto suicidio de su amigo. Así, José Contreras responsabilizaba directamente y sin preámbulos a Santander de la muerte de Alice Meyer.





Tras varias diligencias del OS7 de Carabineros, en abril del 86`, Mario Santander Infante era encargado reo por el juez del caso, Fernando Soto Arenas, como presunto autor de la muerte de la joven y encerrado en la ex penitenciaria.
Fue en tal contexto cuando la defensa de Santander acusó al magistrado Fernando Soto Arenas de prevaricación, acusación que nunca logró ser demostrada y muchos la atribuyeron a una manera rebuscada de sacar del camino al juez, removiéndolo de la causa.
Tales sucesos condujeron a que el caso fuera derivado a la ministra en visita Raquel Camposano, quien el 24 de junio de 1987, en un fallo que sorprendió, concedió la libertad a Mario Santander, desestimando los numerosos testimonios que lo identificaban como el autor del hecho.
Fue así como Santander fue absuelto de todo cargo después de haber pasado 19 meses detenido en forma preventiva, y la muerte de Alice Meyer, junto el supuesto suicidio de Delfín Díaz, quedaron en la más profunda impunidad.
Ya realizada la pincelada del caso, cabe destacar que la propuesta de la presente investigación no se limita tan sólo a una narración cronológica de los hechos, con esto se pretende traspasar de manera cercana los sucesos en su real magnitud, tomando en cuenta su contexto social.
Además, se espera evidenciar los vínculos que existieron en el caso y que lo unen a la realidad actual, mostrando el comportamiento de instituciones tales como la OS7 y la PDI, que bajo condiciones adversas enfrentaron un caso marcado por la negligencia y corrupción.
Por otra parte, y no menos relevante, la siguiente investigación pondrá al descubierto de qué manera la mezcla de dinero e influencias pudieron incluso vulnerar un poder tan firmemente establecido como lo son los organismos estatales de un país, manipulando las fibras más sensibles de éste y cambiando el rumbo de los acontecimientos judiciales.
Es evidente que el entorno cercano a la familia Meyer nunca logró hallar en estas instituciones algún tipo de tranquilidad o justicia ante el horrendo crimen perpetrado a su querida Alice y han tenido que llevar silenciosamente el dolor de la impunidad.

Es por este motivo que una de las ambiciones mayores del siguiente texto es la entrega de datos que les permita encontrar algún nivel de alivio, amparados en la labor periodística de mostrar sucesos que han permanecido durante décadas en el más absoluto silencio.
Ciertamente no se pretende mandar a la cárcel a nadie, ni se persigue crear un dictamen donde ya no lo hubo; sin embargo, al mostrar detalladamente los sucesos tal y como se presentaron, la mayoría de ellos inéditos y con una extensa investigación periodística, se espera instalar la transparencia, y por ende, una condena aún mayor donde cada uno sacará sus propias conclusiones y en su fuero más interno creará su propia condena.
Cabe además mencionar que a pesar de haberse desarrollado el proceso judicial dentro de las fronteras nacionales, sus alcances geográficos son tremendamente amplios, ya que ciertamente trascienden las barreras físicas, sociales y culturales. Esto, debido a que el contexto político en el que se encontraba la sociedad chilena de ese entonces propiciaba que los procesos públicos del país estuvieran en la mira de la comunidad internacional, instalándose los derechos humanos como tema principal del análisis.

La complejidad y profundidad de este caso se evidencia al llegar a la médula del tema, es justo ahí donde aparecen elementos de una sociedad impávida por las injusticias, organizaciones poco claras, personeros públicos inmersos en una red de irregularidades mientras que gozan de un respeto social, miembros prominentes de la elite social que se ensucian las manos con mentiras, sobornos e incluso graves delitos, resultando absolutamente impunes de cualquier tipo de castigo.
El objetivo del texto presentado a continuación es la creación de un reportaje de denuncia, narrado con las herramientas del nuevo periodismo. Se utilizan los datos obtenidos del reporteo y la investigación para formular un documento de fácil lectura desde la óptica periodística; pero también con ribetes de cotidianidad, manejando un lenguaje sencillo para facilitar la comprensión y la llegada a un público transversal, tenga éste conocimiento vago, acabado o nulo del bullado caso.
Además, la investigación persigue realizar un aporte informativo con respecto a un caso, a lo menos dudosamente cerrado. Esto, con el fin de dilucidar preguntas y prejuicios que han sido parte de la conciencia colectiva de todo un país y que aún no obtienen respuestas.
De esta manera el lector sacará sus propias conclusiones y realizará sus más íntimos análisis frente a los hechos periodísticos aquí entregados.




CAPÍTULO 1
ALICE

Esta es la historia de Alice Meyer Abel.


Alice nació en el invierno de 1960, el 22 de agosto en el Hospital Alemán, actual Clínica Dávila. Hermana menor de Joseph y Erika siempre destacó por su bella sonrisa y ganas de vivir.
Su personalidad extrovertida y amigable le granjeaba la simpatía de todo el que tuviera la dicha de conocerla o compartir con ella el más breve momento. A sus padres, José y Erika, no les resultaba indiferente al magnetismo que irradiaba la pequeña, convirtiéndose en la luz de sus ojos y su más fiel compañera.
Alice continuó creciendo en medio de muchos amigos que también le tenían un cariño especial, como si de una hermana de sangre se tratara.
Amiga de sus amigos, conciliadora, deportista y aventurera, eran algunos de los calificativos que sus cercanos tenían para ella. En la vida de Alice no había nada que pareciera estar fuera de lugar, todo hacía presagiar que tendría una vida plena y llena de satisfacciones.
Sus amigas la podían imaginar casada con algún príncipe azul, en una casa grande, llena de hijos y con la misma sonrisa que parecía que ningún poder humano podría atenuar jamás.
Pero no fue así, un suceso aterrador truncaría para siempre cualquier plan o proyecto que la bella joven tuviera para su vida, y marcaría de la peor forma posible, el futuro de toda su familia y entorno.



1.1 Viernes 13 de diciembre

Corría el año 1985, el país se trataba de reponer de aquel devastador terremoto acaecido a principios de año, en marzo. Ahora el calor del verano se avecinaba así como el ambiente navideño y de Año Nuevo, lo cual obligaba a pensar en las ansiadas vacaciones y a tratar de obviar el triste contexto que se vivía. El oscuro invierno ya quedaba atrás y la esperanza de un mejor 86’ se encontraba en las ocultas expectativas de toda una sociedad.
La juventud capitalina hacía sus planes de vacaciones o panoramas en la ciudad, una de ellas era la joven de ascendencia alemana, Alice Meyer.
Alice era una joven conocida por su llamativa belleza acompañada por su personalidad extrovertida que a nadie dejaba indiferente, el alma de las fiestas. Sus amigos la llamaban el “poxipol” del grupo, ya que estando ella todos se unían y se formaba un ambiente grato que propiciaba la sana diversión.
No era una persona común. A sus 25 años era una entusiasta deportista y se mantenía en excelente forma física practicando constantemente deporte tales como atletismo, motocross, esquí y windsurf.
Hija menor y hermana de Joseph y Erika, siempre destacó por su amor a la vida y felicidad que a todos irradiaba con su sonrisa inquieta.
Los abuelos de Alice eran inmigrantes alemanes dedicados a la gastronomía, cuyo primer local, el München, estuvo ubicado en Providencia con Luis Thayer Ojeda, y como buenos anfitriones ellos mismos quisieron hacerse cargo de atender a los comensales que llegaban hasta ahí en busca de buena comida y de pasar un agradable momento entre amigos.

José Meyer Gar, padre de Alice, era amante de las motocicletas, por lo que desde pequeños sus tres hijos recibieron como obsequio sus primeros vehículos de dos ruedas, siendo Alice, la menor y consentida, quien llegó a amar este deporte tanto como él, causando felicidad al orgulloso padre, el que solo con mirar a la pequeña sentía como su vida se llenaba de alegría.
En este escenario es donde José Meyer hereda el negocio de sus padres, dedicándole el mismo empeño y esfuerzo, lo que le reportó suficientes dividendos para llevar una vida tranquila. Sin embargo esta prosperidad se vería truncada a principios de los ochenta, cuando durante la crisis económica sufrió un grave traspié que lo obligó a vender la propiedad de la familia en Luis Thayer Ojeda a una firma constructora que quebró y no pagó el precio convenido, creando un serio problema en términos financieros, haciendo necesario que toda la familia cooperara en el restaurante familiar para poder salir de la difícil situación.
Fue por este motivo que Alice, su hija menor e inseparable de él, que había estudiado secretariado bilingüe y decoración de interiores, se convirtió en su mano derecha, ocupando todas las posibilidades que estaban a su alcance para superar el traspié.
Pese a que era reconocida por su personalidad extrovertida, y que disfrutaba de pasar tiempo con sus amigos, Alice dedicaba gran parte del día a trabajar en el local, atendiendo al público. Se esforzaba de buena gana por ayudar a su familia y día a día esperaba ansiosa que menguara el público para entretenerse con los impostergables torneos de dominó con su abuela.
Todo lo anterior sucedía en la cotidianeidad de Alice, cuando ese viernes 13 de diciembre, parada en la reja de su casa ubicada en Carlos Antúnez 2166, Providencia, se encontraba conversando con una de sus mejores amigas, Denise Ahrens y ex compañera del Deutsche Schule, que llegó hasta su casa para invitarla a pasar el fin de semana con ella a Santo Domingo. Alice se negaba. Extrañamente se veía un tanto cabizbaja, quizás porque Javier Flores, de 32 años, con quien salía por aquellos días, no la había llamado y a pesar de la obstinada insistencia de Denise para que la acompañara, ella parada en la reja, dijo que no.
Denise, decepcionada por la negativa recibida de su querida amiga, se despidió sin siquiera sospechar que esa imagen sería uno de sus recuerdo más preciados que conservaría el resto de su vida. Aquella tibia despedida sería la última vez que vería a Alice Meyer con vida.

1.2 Sábado 14 de diciembre

Ya comenzaba el fin de semana en la capital y Alice, sin su amiga Denise, quien se encontraba en Santo Domingo, se aprontaba a organizar su día. Entre las cosas más importantes que planeaba era asistir a una fiesta en la que fue invitada junto con su amiga, Jacqueline Shöngut, quitándole importancia a que Javier Flores no la había llamado por teléfono. La verdad no era mucho lo que le importaba, ya que ella gracias a su personalidad y belleza nunca tuvo carencia de pretendientes, es más, eran muchos quienes soñaban con ser parte de la vida de la carismática joven de ascendencia alemana. No obstante, tal indiferencia la estaba empezando a afectar.
El día transcurría normalmente sin mayores preocupaciones ni sobresaltos, Alice siguiendo su plan trazado, decide asistir al evento que había sido selectamente invitada. A esa altura era de suma importancia elegir meticulosamente el vestuario adecuado para la ocasión ya que no se trataba de cualquier fiesta, el anfitrión era nada menos que el campeón chileno de rally, José Antonio Celsi, y se llevaría a cabo en un exclusivo sector de Isla de Maipo.
Ya en el lugar, Alice y Jacqueline pudieron corroborar que se trataba de una reunión donde se encontraban las más altas esferas del “jet set” criollo. Entre los más de 150 invitados estaban el tenista Hans Gildemeister y la entonces glamorosa pareja que formaban Eliseo Salazar y Raquel Argandoña.
Pese a tal despliegue de rostros y celebridades nacionales, Alice no pasaba desapercibida, y aunque no era conocida mediáticamente, sí se llevaba la mayor parte de las miradas por sus llamativos rasgos finos y estilizada figura, nada raro ya que en todos lados donde se presentara la situación siempre era la misma.
De esta forma, tras la extenuante velada Alice y Jacqueline emprenden el retorno a casa. Como ya era tarde, Alice invita a su amiga a alojar con ella para que no tuviera que regresar sola, evitando exponer a su amiga a algún peligro. Cansadas y para cerrar la jornada con un reponedor sueño ambas amigas se aprontaban a esperar el nuevo día que ya se asomaba.

1.3 La mañana del domingo 15 de diciembre

Ya era de mañana y Javier seguía sin realizar el llamado esperado, pero Alice no se mostraría acongojada hacia los demás. Se levantó mas tarde de lo acostumbrado, debido a la falta de sueño de la noche anterior, mientras que Jacqueline se había ido muy temprano puesto que tenía que trabajar.
Los padres de Alice tenían la costumbre de realizar en bicicleta sus impostergables paseos dominicales, fue justo antes de salir a uno de ellos que su madre, Erika, entra al dormitorio de su hija para recordarle que ya debía levantarse para que no se le pasara el día ahí, durmiendo sin hacer nada, puesto que ya iban dar las diez de la mañana.
Esa fue la última vez que Erika podría dirigirse a la más pequeña de sus hijas y esas cariñosas palabras resultarían sellar la amarga despedida.
Así, y tras la interrupción del sueño por parte de su madre, Alice rápidamente arregló sus cosas y partió rumbo a la casa de su amiga Jacqueline para ver si la podía encontrar antes que se fuera a trabajar, para conversar y comentar los pormenores de la noche anterior. El encuentro fue breve, ya que Jacqueline debía viajar en la noche y tenía varios encargos pendientes que realizar en el día.
De nuevo Alice se vio obligada a cambiar de rumbo así que se dirigió a la calle El Comendador, donde vivían otros amigos que la invitaron a pasar la tarde en su piscina. El calor se empezaba a sentir, ya era el único panorama que le iba quedando para ese domingo y el fin de semana empezaba a acabarse. A ella, en tanto, le preocupaba no quemarse, debido a que era muy blanca y de piel sensible, pero nadie había llevado protector solar así que prefirió no bañarse, rechazando aquella invitación y comenzando el trayecto para retornar nuevamente a su casa en Carlos Antúnez.
Alice se dio cuenta que el día transcurría rápido, miró su reloj Swatch y se preocupó al ver que se acercaban las dos de la tarde sin panorama. Al llegar a su hogar se encontró con Kika, su hermana de 27 años, dos más que ella, con quien no tenía una relación tan estrecha, en parte porque Kika era más bien retraída, dedicándole prácticamente todo su tiempo al restaurante y a su novio que constantemente la visitaba y quien llegaría a ser su esposo y padre de sus dos hijos. Por lo tanto, no quedaba mucho espacio para los “secretos de hermanas”, aunque no resultó ser necesario; ambas sabían del cariño inmenso que se tenía una por la otra y para ellas no se hacía necesario gritarlo a los cuatro vientos.
Así, ese día Alice entra a su casa, y aún cuando vestía unos pantalones blancos, anunció que iba a practicar motocross. Parecía extraño, ya que esa no era la vestimenta que ocupaba para realizar tal deporte, pero sus padres y hermana pensaron que tal vez saldría simplemente a dar un paseo o visitar a sus amigos.
Fue así como tomó por última vez su moto Kawasaki roja de 250 c/c y salió de su hogar, ubicado en el número 2166 de Carlos Antúnez. Se despidió de Kika y casi no cruzó palabras con sus padres.

Ni sus padres, amigos o hermanos supieron con posterioridad definir específicamente donde se dirigía Alice, lo que no estaba fuera de sus parámetros normales, ya que era una persona muy independiente y disfrutaba mucho de salir al aire libre, pasear y practicar deportes, lo que consumía gran parte de su tiempo libre.
De esta manera, la joven deportista salía con rumbo desconocido en su llamativa motocicleta, pero antes decide hacer algo que la había inquietado durante todo el fin de semana. Pasó por la casa de Javier, para saber la razón de su ausencia y pedirle explicaciones de por qué no tuvo ni siquiera un mínimo gesto de realizar una llamada telefónica.
Decidida, Alice llegó hasta su domicilio, pero al no encontrarlo prefiere dejarle una nota que decía: “Javier, no me gusta que juegues con mi tiempo”. Nada podía hacer presagiar que aquel sencillo papel con unas escuetas palabras sería la última nota que Alice escribiría.

1.4 El ocaso del domingo 15 diciembre

Finalizaba el año 85`cuando Rosa Jara con apenas 35 años ya era una abnegada madre y esposa. Mujer esforzada, trabajadora y reconocida como fiel creyente en la fe que ya llevaba un tiempo practicando como Testigo de Jehová, vivía junto a su familia en uno de los lugares con vegetación más privilegiada de la comuna de Lo Barnechea, El Arrayán.
Fue la fe, por la cual era conocida, la que la motivó ese domingo a levantarse temprano, ordenar su casa, arreglar a sus niños, cocinar para toda su familia y dejar todo listo para poder asistir en la tarde, como todos los domingos, a escuchar una conferencia bíblica y al estudio de la revista La Atalaya.
En aquel día soleado y caluroso Rosita, como le dicen quienes la conocen, se encontraba en el paradero de la salida de su casa, esperando la locomoción colectiva que la dejaría en la plaza San Enrique, para luego dirigirse al pueblito de Lo Barnechea cuando escucha un fuerte ruido que la obligó casi por inercia a dirigir su atención en sentido contrario de donde buscaba ansiosa la aparición de su colectivo.
Le llamó la atención lo que vio, pero jamás imaginó que aquellos segundos cambiarían para siempre su vida y sería una imagen que jamás podría borrar de sus recuerdos.
Observó cuidadosamente como se acercaba una motocicleta que parecía de montaña, era una Kawasaki, de esas que ocupaban los Carabineros que constantemente vigilaban las calles del país y con las que ya Rosita, como la mayoría de la población, estaban acostumbrados a convivir debido al turbulento momento político y social que enfrentaba el país bajo la dictadura militar.
Pero esto era distinto. En la moto no venía un hostil funcionario policial ni era de color verde, más bien era roja y en ella conducía una bella joven que evidenciaba su clase alta, con su espigada figura y su fina ropa blanca, que la hacían lucir aún más distinguida.
Rosita pudo examinar con más detalle la escena mientras esperaba la llegada de su trasporte, debido a que la joven motociclista se detuvo justo frente a ella, en el quiosco de su vecina, Ruth Molina. Fue ahí donde tuvo la oportunidad de observar a su acompañante, un joven que también le pareció de clase alta, con físico de deportista, pelo oscuro y un frondoso bigote oscuro.
Miró atentamente como el joven se bajaba del asiento del acompañante y se dirigía donde la señora Ruth a comprar. Siguió observando, y vio que la joven esperaba paciente a su compañero al costado de la motocicleta cuando aparece trayendo consigo una cajetilla de cigarrillos, para luego ambos emprender de nuevo el viaje, pero esta vez a pie, dejando su motocicleta ahí estacionada.

Rosita vio a la pareja perderse en aquel camino de tierra que conducía hacia el Santuario de la Naturaleza y posteriormente, transcurrido algunos minutos, pasó su colectivo y pudo retomar su camino restándole importancia a lo que había visto.
Víctor Cabrera era un niño travieso, de diez años recién cumplidos, que comenzaba sus vacaciones escolares con el único panorama de dormir y jugar. Como su madre, Ruth Molina, tenía un pequeño negocio en la casa, el niño solía usarlo como punto de encuentro con sus amigos.
Uno de esos días, apareció una pareja como muchas que iban de paseo en dirección al Santuario de la Naturaleza, estuvieron en el negocio por un rato y luego se fueron. En tanto, Víctor fue a jugar a la pelota y luego a bañarse al río, cosa casi rutinaria en el período de verano. Como su familia era numerosa, y él era el noveno de trece hermanos, no era mucha la atención que recibía, lo que le permitía poder ir y venir sin mayores inconvenientes.
Esa tarde, al regresar, se sorprendió al ver una moto estacionada bajo los palafitos que sostenían la casa. Era roja y grande. Ruth, su madre, al ver la impresión que causaba en el niño, le dijo que no jugara en ella porque era de un señor que la había dejado ahí para ir a caminar un rato, estaba junto a una mujer alta, rubia y delgada. Cuando volvieron a su casa para buscar la moto, al niño le pareció que aquella mujer era extranjera.
Pasaron por el negocio y su madre, Ruth, los atendió, ellos quedaron de volver y prometiendo que regresarían se retiraron raudamente del lugar ante los ojos atónitos del pequeño Víctor.




CAPÍTULO 2

EL HALLAZGO Y LOS NUEVOS INVOLUCRADOS

El día lunes Denise ya estaba de vuelta en Santiago y asistió, como de costumbre, al gimnasio donde entrenaba junto a Alice. Esta vez sería diferente, no tuvo contacto con su amiga durante todo el fin de semana y le pareció extraño que ella no estuviese ahí.
Pronto se enteró, por Kika, que Alice no había pasado la noche en su casa y que sus padres se hallaban afligidos tratando de encontrarla. Inmediatamente supo que algo no andaba bien, sintió un escalofrío por todo el cuerpo e imaginó que alguna desgracia tuvo que haberle ocurrido ya que no era posible que su amiga se ausentara del hogar de una forma tan misteriosa y sin que nadie supiera nada.
Dejó inmediatamente toda su rutina de ejercicios, tomó sus cosas y partió rumbo a la casa de Javier Flores. Desesperada, le encaró el estado de tristeza en que, según ella, se hallaba su amiga y se lo atribuyó directamente a él, esto debido a que la última impresión que tuvo de ella era el de una Alice cabizbaja por el supuesto desinterés de él.
Al mismo tiempo en que Javier era presa de la furia y exaltación de Denise, iba comprendiendo, entre sollozos que la persona con quien tenía una relación se encontraba desaparecida.
Javier, en su desesperación, fue claro al manifestar que no sabía de lo que le estaba hablando, pero haría todo lo que estuviera a su alcance por dar con Alice. Ese mismo día el joven, en un intento desesperado, arrendó un helicóptero para emprender la búsqueda al día siguiente.

2.1 Martes 17 de diciembre

Denise prácticamente no pudo dormir a la espera de alguna noticia que diera con el paradero de Alice. Esperando que amaneciera pensaba en qué lugar podía ser el más probable que estuviera su amiga, y en la penumbra de la noche mantuvo la mas secreta esperanza de encontrar a Alice en el Santuario de la Naturaleza, lugar que ambas solían frecuentar cuando deseaban alejarse del mundo.
Con esa idea en mente se dirigió muy temprano por la mañana a juntarse con Javier y emprender juntos la búsqueda. Cuando estaban a punto de subirse al helicóptero es que ambos jóvenes reciben la peor noticia de sus vidas.
Fue un helicóptero de Carabineros, avisado por un celador del sector, Pedro Tudela, el que divisó desde el aire la Kawasaki roja estacionada a pocos metros de un estanque de agua potable, en un predio del Banco del Estado en el Parque del Sol, de la comuna de Lo Barnechea, a unos diez minutos en motocicleta del Santuario de la Naturaleza.
Sin demora se dio aviso a la familia, quienes alertados se dirigieron inmediatamente rumbo a aquellos inhóspitos cerros, con la secreta esperanza, de que aquel cuerpo que allí había aparecido no fuese el de Alice.

2.2 Se encuentra a Alice

El día martes Pedro Tudela, celador de los cerros del sector del Huinganal salió temprano como cualquier otro día a cumplir su labor de vigilancia que por tantos años realizaba y dar las aguas del riachuelo que regaba la vegetación de aquel sector.
Fue en tal contexto donde al realizar sus caminatas habituales, cerca de las 6:30 de la mañana se encontró con una motocicleta abandonada. Le pareció extraño ya que al tocarla tenía lo que él mencionaba como el sereno de la noche. Esto le hizo pensar que estuvo ahí tirada por varias horas, sin que nadie la fuera a buscar.
Pedro continúo su recorrido, un tanto desconcertado, rumbo al riachuelo sin imaginar el macabro hallazgo que estaba por descubrir. Ante los ojos de aquel humilde celador apareció la escena más horrorosa que había visto en su vida.
Al aterrizar aquel helicóptero de Carabineros los funcionarios entendieron que evidentemente el hallazgo no sería alentador. Lo primero que apareció en el camino fue un casco de motociclista que estaba tirado sobre un roquerío. Siguieron caminando y sólo a unos pasos, sobre el pasto reseco, se encontraron con ropa interior de mujer destrozada y un manojo de llaves junto a una piedra ensangrentada.
Muy cerca de allí, el cuerpo de una joven yacía semi sumergido junto con sus documentos y el reloj Swatch intacto en su muñeca. Estaba de espaldas y con las rodillas flectadas, con claras señales de haber sido salvajemente golpeada.
Era ella, era Alice Meyer.
No tardaron en llegar al lugar del suceso tanto la familia como amigos, además del Magistrado Fernando Soto Arenas. Nadie entendía claramente lo que había ocurrido, nadie sabía con quien o quienes Alice habían pasado sus últimas horas y por qué esta excelente hija, hermana y amiga había perdido la vida de una forma tan brutal.
Las dudas, rabia, impotencia y desesperación se adueñaron ferozmente de todo aquel que conoció a la extrovertida joven que ahora yacía inerte en medio de toda aquella vegetación que parecía hacerle un lugar para su descanso entre árboles y pendientes.

2.3 El asesinato y la opinión pública

Rosita escuchó de sus vecinos la noticia de la muerte de la joven Alice Meyer y supo, por la prensa, que el cuerpo sin vida fue encontrado en Camino del Sol, sin siquiera asociar que fue ella precisamente una de las últimas personas en verla con vida.
Más tarde se iba informando de los pormenores del hallazgo en los medios de comunicación que, conmocionados, daban cuenta de la muerte de una joven de 25 años y mirando la televisión se enteraba que era hija de José Meyer Gar, empresario gastronómico dueño del conocido restaurante Müchen, de ascendencia alemana, amante de la gimnasia, atletismo, motocross, esquí, y windsurf.
Sin embargo, grande fue su impacto al ver por televisión aquella Kawasaki roja. Un frío paralizador, desde los pies hasta el cuello, se apoderó de ella. Sintió latir su corazón en sus oídos y supo que aquella motocicleta era exactamente la que ella vio tan solo unos días antes y descubrió, con gran asombro, que esa joven tan fina y distinguida que observó era nada menos que Alice Meyer, aquella niña que aparecía riéndose con su familia en las fotografías que ahora mostraban en todos los noticiarios.
Esos días Rosita sintió un pesar que no pudo despojar de su corazón ni con las mejores sonrisas fingidas. Sentía como si un ser querido se hubiese ido, creía que debería contarle a alguna persona, al menos a algún familiar de Alice o directamente a la justicia, sabía que su testimonio era clave para poder armar aquel acertijo del crimen y que tenía información importante para esclarecer el misterio del asesino que todo un país comentaba.
Al igual que Rosa, en la casa del pequeño Víctor se enteraban de la noticia mediante la prensa que anunciaba la muerte de una mujer en el parque El Sol de la Dehesa. El niño no conocía el lugar, a pesar de vivir en la misma comuna, pero cuando vieron la foto que mostraba el noticiero todos se dieron cuenta quien era, se trataba de la mujer que había estado en el negocio y que había   llegado en motocicleta, en compañía de aquel hombre robusto de bigote negro.
Todos, impactados, sabían que la información que tenían sería relevante en cuanto a encontrar al culpable. Sin embargo, se mostraron un tanto dubitativos sobre lo que debían hacer con la valiosa información que ahora manejaban.

En la prensa se desató una fiebre informativa por cubrir los detalles más sórdidos de uno de los enigmas policiales más impactantes de las últimas décadas, el asesinato de una hermosa joven atleta de ascendencia alemana y bien ubicada socialmente, acaparó titulares y portadas de diarios y revistas.
Fue el tema de conversación obligado hasta en los círculos más cerrados, todos se preguntaban ¿cómo era posible que una joven con tales características haya tenido un final tan nefasto? Y sobre todo ¿quién pudo haber sido capaz de haber cometido semejante atrocidad con una joven que tenía el mundo a sus pies y un futuro prometedor? La consternación ciertamente se apoderó de toda una sociedad.
La mayoría de las personas vivían un ambiente de algarabía propio de las festividades navideñas y próximos al año nuevo, sin embargo en el hogar de los Meyer Abel el dolor se hacía insostenible, Alice no estaba y el responsable de su pérdida seguía siendo un misterio, las conjeturas no los dejaban dormir, las pesquisas sin resultados en las que cooperaban con Policía de Investigaciones provocaba que el dolor se intensificara aún más al no hallar al culpable.
Los días pasaban y la incertidumbre por saber quién mató a Alice Meyer seguía siendo el tema principal y ahora los periódicos nacionales se volcaban a titulares que apuntaban al deficiente manejo del caso refiriéndose a las pericias de la PDI que resultaban infructíferas al mando del Juez Fernando Soto Arenas.

2.4 La siguiente muerte

Era el 26 de Diciembre, a nueve días de haber hallado el cuerpo sin vida de Alice en aquel regadío de Lo Barnechea, Rosa se enteraba por la prensa que por fin el caso ya tenía un culpable, sintió un profundo alivio y gran alegría al imaginar que ese misterioso joven robusto de bigotes por fin era hallado.
Sin embargo, esa primera alegría se transformaría en asombro e incredulidad al mismo tiempo que el periodista en la televisión narraba cómo en un cerro de la comuna pendía de un árbol el asesino. Se trataba del cadáver de un joven poblador de Lo Barnechea y que apareció ahorcado, colgaba de su propio suéter en la rama de un viejo eucalipto. Se le describía como un joven drogadicto, algo desnutrido y de contextura delgada, su nombre era Delfín Díaz Méndez de 19 años y como prueba de su culpabilidad portaba en su brazo izquierdo el reloj Swatch de Alice Meyer, el mismo con el que aquel domingo encontró su fatídico destino.
Rosa en su fuero más interno sentía que se estaba cometiendo un error, el joven que acusaban de asesino y suicida no era el mismo que ella había visto, de eso tenía certeza, la misma certeza que su vecina Ruth Molina tuvo cuando se enteró de la muerte de Delfín.
Ruth silenciosamente pasaba por el mismo calvario de Rosa, pero al igual que ella sentía miedo de hablar y contar que el compañero de Alice era a otro joven, no el que se acusaba de asesinato y que ahora ya no se podía defender.
Ambas mujeres sin siquiera haber conversado eran testigos silenciosas e impávidas de un abominable hecho, sabiendo que algo no andaba bien y presenciando como Policías de Investigaciones daba por cerrado el caso sindicando a Delfín Díaz como el único responsable de la violación y asesinato de Alice Meyer.
Pasaron los días y entre la gente del sector comenzó el rumor de que la pareja había estado en el negocio de los Cabrera-Molina por última vez y que Ruth Molina los había atendido, esto llevó a Carabineros e Investigaciones a buscar a la mujer e interrogarla.
Ruth mantuvo la misma versión que recordaba el pequeño Víctor, contando detalles de cómo Alice estaba acompañada de un hombre alto, robusto de bigotes y pelo oscuro. Ruth describía incluso la manera en que éste andaba vestido aquel día.

2.5 El reloj

Denise ya no podía más de sufrimiento, no podía dar crédito a lo que ocurría y de la forma tan vertiginosa que ahora se culpaba a un escuálido poblador del entonces pueblito de Lo Barnechea.
No obstante, al enterarse que el supuesto asesino llevaba consigo aquel reloj que ella misma le había prestado a Alice semanas antes para un viaje a Estados Unidos, sus dudas se empezaron a disipar, recordó cómo el cuerpo de Alice portaba el reloj cuando fue encontrada inerte en aquel regadío.
No podía haber sido robado por el asesino después de cometer el hecho, de eso no había duda. Además le resultaba ambigua la explicación de que aquel pequeño individuo le hubiera provocado tal daño a su amiga si ella, a su juicio, pudo haberlo destrozado de haberlo querido. Para Denise el asesino debió haber sido un hombre con un físico entrenado para causarle tal daño a Alice.

2.6 Delfín Díaz

Delfín Antonio Díaz Méndez, el menor de su familia, de 19 años conocido en la comuna como “El Coco”, era un joven que se le calificaba como inofensivo por quienes lo conocían. No había terminado el colegio y era normal verlo constantemente merodeando por los cerros del sector cazando conejos, no tenía trabajo fijo, salvo algunos esporádicos como jardinero y reemplazos ocasionales de “caddy” en el Club de Golf La Dehesa.
Frecuentemente se le veía junto a su gran amigo José Contreras, más conocido como “Topo Gigio”, quien era su compañero de parrandas y borracheras, llevaban un estilo de vida similar, lo cual avivaba aquella profunda amistad y compañerismo que mantenían.
Brígida Díaz Méndez, hermana mayor de Delfín, fue la primera en la familia en ser avisada del deceso del joven, dirigiéndose rápidamente al sitio del suceso para encontrarse de frente con una impactante imagen: su hermano menor fallecido colgaba del árbol.
No entendía lo que estaba sucediendo así que esperó en el lugar hasta que llegaron los detectives de la Brigada de Homicidios de la PDI. Al arribo de estos fue inmediatamente detenida sin entender cuál era el motivo.
Pasaron primero a la casa de su mamá ubicada en la calle Nido de Águilas 13885 de la misma comuna, insistiendo que necesitaban ropa de Delfín para posteriormente informarle a Brígida que debía acompañarlos para tomarle su declaración con Carabineros, a lo que ella accedió sin cuestionar nada.
Sin embargo, el viaje hacía Carabineros nunca se llevó a cabo ya que el paradero escogido por los funcionarios de la PDI fue el cuartel de Investigaciones de General Mackenna.
Ya en el lugar se le presionó insistentemente para que firmara un papel en el aseguraba haber visto a su hermano usar un reloj Swatch durante 15 días. Ella sin embargo, no sabía de qué le estaban hablando y nunca antes había visto el reloj del cual tanto se le pedía que aceptara tener algún conocimiento. Aunque estaba asustada y acongojada que se opuso rotundamente a estampar su firma en aquel documento.
Brígida pasó todo el día en aquel lugar privada de libertad y pudo ver cómo a medida que pasaban las horas iban llegando distintos miembros de su familia también detenidos, con la única intención de que alguno firmara el papel que acreditaba que Delfín Díaz Méndez efectivamente había portado por varios días aquel reloj.
Fue en ese momento y por conversaciones que escuchó al interior de aquellas oficinas que Brígida Méndez comprendió que aquel Swatch que tanto problema estaba causando pertenecía a aquella mujer que semanas antes había fallecido, aunque fue recién al día siguiente que la familia Díaz se enteraba que Delfín era sindicado como el único culpable del asesinato de Alice Meyer Abel
Algo no estaba calzando en la opinión pública, el día miércoles 18 de diciembre los medios de comunicación daban a conocer que el móvil del homicidio no había sido el robo puesto que el cuerpo de Alice era hallado con sus documentos, reloj y algunas joyas, por supuesto nadie tuvo la deferencia de entregar una explicación de cómo aquel reloj encontrado por Carabineros el día martes 17 del mismo mes había llegado hasta la muñeca del aquel joven indigente que ahora yacía muerto, supuestamente debido al suicidio.
Tanto para la opinión pública como para las partes involucradas tal tesis parecía no tener asidero y ya empezaban los resquemores hacia Investigaciones quienes daban por concluido el caso.
Para Brígida, en tanto, no había fundamento que la llevara a creer en la hipótesis del suicidio y menos podía creer que su hermano fuese capaz de asesinar a alguien. No dejaba de recordar que tan solo días antes habían compartido normalmente la cena navideña junto a su familia y había pasado la noche con ellos sin que nada hiciera pensar que se encontraba tan abrumado como para tomar aquella terrible decisión.
Tampoco podía sacar de su mente aquella imagen macabra del cuerpo de Delfín amarrado a aquel árbol con su propio chaleco y como el cadáver colgaba a ras de la tierra, como si estuviese rogando piedad, con sus rodillas tocando aquel suelo polvoriento.
Pudo también darse cuenta que el cuerpo de Delfín tenía señales de haber sido severamente golpeado y notó cómo su sangre se asomaba tímida pero acusadoramente desde su área púbica.
Brígida conjeturó secretamente la idea que Delfín, su hermano menor había sido brutalmente golpeado y que aquel rotundo suicidio que forzosamente se configuraba no era otra cosa que un asesinato cuidadosamente planeado para tapar algo aún mayor.
El círculo más cercano de Alice Meyer, padres, familiares y amigos, tampoco se conformaban con la teoría de que el móvil hubiera sido el robo, menos podían creer que quien cometió el macabro asesinato haya sido ese escuálido individuo.
Para ellos no era una posibilidad real que una joven vigorosa, con una fortaleza física moldeada por los deportes fuese a caer tan fácilmente en las manos de un pequeño de baja estatura, visiblemente mal alimentado de tan solo 19 años de edad y encontrar su fatídico destino con feroces golpes a manos de este mismo.

2.7 Las pericias judiciales

Para el magistrado encargado de llevar la causa, el juez Fernando Soto Arenas del 12 Juzgado del Crimen de Santiago, la situación no era muy distinta, le resultaba poco confiable y mal elaborada la teoría que Investigaciones hacía pública y paralelamente el abogado de la familia Díaz Méndez, José Galiano, se empeñaba en demostrar la falsedad del suicidio del joven Delfín.
Fue así como tras muchos esfuerzos infructíferos, el abogado logró conseguir permiso para exhumar el cuerpo del supuesto suicida, realizándose exitosamente el peritaje el 16 de enero del 86´.
En esta segunda autopsia se estableció, contradiciendo a la primera, que no calzaba el perfil de suicidio y que las causas de muerte de Delfín Díaz Méndez había sido el asesinato, constatando que había sido golpeado y torturado, encontrándose incluso quemaduras de cigarrillos en sus genitales.
Tal pericia se mantuvo en el más absoluto ámbito privado debido a las implicaciones públicas que este era capaz de tornar si se diera a conocer, pero no dejó indiferente al juez de la causa, Fernando Soto Arenas, que inmediatamente vio la necesidad de continuar con la investigación pero esta vez a manos de otra institución.
De esta manera fue que citó a su despacho al teniente coronel de Carabineros Emilio Zambrano, jefe del OS7 de Carabineros y le pidió que su unidad continuara la investigación, infiriendo así un fuerte golpe a la credibilidad de Policía de Investigaciones respecto a este caso.
De este punto en adelante sería Carabineros de Chile el organismo encargado de develar los más sórdidos detalles que ya se empezaban a asomar y demostrar que era mucho más que un simple asesinato en manos de un delincuente común.
Ni siquiera el juez a cargo se podría haber imaginado que tal decisión marcaría un giro radical en la historia.




CAPÍTULO 3
EL VUELCO

No pasó mucho tiempo para que la OS7 pudiera corroborar un sinfín de irregularidades cometidas por sus predecesores y tras continuar las pesquisas durante casi cuatro meses en el más estricto secreto, la policía uniformada sindicó como principal sospechoso de ser el autor del crimen de Alice Meyer a un hombre que hasta ese entonces era un personaje nuevo dentro del acertijo policial que se configuraba, se trataba del próspero empresario de 30 años Mario Santander Infante, quien compartía el mismo círculo social de Alice Meyer y era cliente regular del München.
La discrepancia entre la versión entregada por Policía de Investigaciones y la de Carabineros se hizo evidente, mientras que paralelamente la opinión pública tuvo acceso a la filtración de la autopsia de Delfín Díaz que descartaba su participación en el hecho.
La conmoción era generalizada, el caso tomaba otros ribetes impensados y por primera vez los protagonistas involucrados parecían ser de las más altas esferas y no, como era de esperar, delincuentes marginales.
Los rumores no tardaron y se llegó incluso a especular que el mismo Mario Santander ya había sido interrogado pocos días después de la muerte de Alice por Policía de
Investigaciones pero por razones que se desconocían habría pasado inadvertido, siendo recién la OS7 la que llegó con sus pericias hasta él sindicándolo como el único sospechoso del asesinato de la joven de ascendencia alemana.
El juez Fernando Soto Arenas era notificado de las pericias que realizaba Carabineros y se le pedía la autorización para detener al empresario, autorización que fue otorgada inmediatamente por el magistrado. De esta manera, el 16 de abril de 1986, se presentó junto con la OS7 en el domicilio de Mario Santander Infante ubicado en Raúl Labbé 1400, comuna de Lo Barnechea, para ponerlo bajo arresto como único sospechoso del crimen.
La noticia se hizo pública dos días más tarde causando gran revuelo, casi el mismo que había causado la muerte de Alice meses atrás. Empezaron de inmediato los interrogatorios y reconocimientos. Uno de los primeros fue el realizado por Ruth Molina. Le presentaron a varios hombres parecidos entre sí y sin titubear Ruth pudo identificar al compañero de la joven, se trataba de Mario Santander Infante, nombre que arrebataría la tranquilidad en su casa durante décadas.

3.1 Mario Santander Infante.



El único sindicado como sospechoso de haber asesinado a la joven Alice Meyer no parecía encajar con los prototipos y el paradigma del asesino o violador común, se trataba de un hombre de 30 años, casado y con dos hijos, perteneciente a una familia acomodada.
Su formación académica fue en la prestigiosa escuela Craighouse, donde sólo accedían algunas familias de la clase alta del país. De holgada situación económica, destacaba por ser un deportista que practicaba rugby y golf; este último junto a su padre en el Club de Golf de La Dehesa.

Hijo de Mario Santander García, un alto ejecutivo de la empresa Sigdo Koppers, mismo negocio que el futuro presidente Eduardo Freí Ruiz-Tagle tuviera una importante participación, pero que el 18 de octubre del 1988 renunciara, vendiendo sus derechos a otros socios, quedando totalmente desligado de Sigdo- Koppers Comercial Limitada, Ingeniería Sigdo-Koppers Limitada y Sigdo-Koppers Forestal Limitada.
Mario Santander Infante era un cliente asiduo del München desde el año 1982 cuando empezó a frecuentar el lugar junto a un amigo de los Meyer, Patrick Hurley. Al principio iban los dos juntos, pero luego empezó a ir solo, siempre esperando que Alice se desocupara para conversar con ella, pero según sus amigos, ella lo veía sólo como un conocido y le complicaba que él la estuviera cortejando, puesto que era un hombre casado.

El empresario, en cierta ocasión invitó a Alice a bailar e hizo extensiva la propuesta a su amiga Denise ofreciendo llevar a un amigo para que la acompañara, a lo que Alice se negó rotundamente; para ella Mario Santander no estaba dentro de las opciones debido a su estado civil, y frecuentemente se lo hacía notar.
Sus cercanos cuentan que se lo demostraba de todas las formas posibles, se lo decía en serio y otras veces en broma. Constantemente Alice le insistía en que no se comportara de esa forma y que ya era hora que llevara a su esposa al restaurante. Ante esto, él se reía y daba alguna excusa, pero siempre siguió yendo solo.
Denise Ahrens, amiga de Alice, también sabía que el empresario de 30 años tenía otras intenciones y que iba al restaurante solo para ver a la joven, cosa que le hacía saber explícitamente. Incluso en las ocasiones en que no había mucha gente en el restaurante y aparecía Mario Santander ella inmediatamente se ponía incomoda y recurría a cualquier conocido para no estar ahí con el sujeto.
Fue así como nunca llegaron a puerto las intenciones amorosas del empresario hacia la joven.

3.2 Observador o partícipe

Las sospechas sobre Santander, que culminaron en su arresto, fueron el resultado de una extensa ronda de interrogatorios que realizó el OS7 entre los vecinos de Lo Barnechea, entre ellos se hallaban Rosa Jara y Ruth Molina que prácticamente vieron la misma escena pero cada una en el sentido contrario de aquella calle.
Sin embargo, no eran las únicas, de a poco un centenar de personas empezó a relatar lo que ese domingo fatídico habían presenciado, algunas la vieron en el trayecto, y otras aseguraban haberla visto en el mismo sitio del suceso. A muchos les llamó la atención que una joven como ella conduciera una motocicleta de las características de la Kawasaki, mientras que otros recordaban su vestimenta blanca. Pero todos coincidían en una cosa; la descripción física de aquel misterioso acompañante, un hombre alto, moreno, fornido, crespo, vestido con camisa azul, jeans con bastillas blancas vueltas hacia arriba y botas café.
Entre los testigos, se encontraban Jorge Rabié, Mikel Ugarte y Patricio Santelices. Coincidentemente Patricio había pololeado con Alice y una hija de Mikel fue compañera de ella en el Incacea. Ellos iban paseando en un jeep Toyota cuando vieron aquella escena; a unos 25 metros, un hombre corpulento encima de una mujer. Pensaron inmediatamente que se trataba de enamorados que en lo recóndito de aquel lugar buscaba un poco de intimidad, lo cual no era raro en las parejas de jóvenes que por ahí circulaban. Sin embargo más tarde, también mediante la prensa, pudieron darse cuenta que lo que presenciaron no fue una escena romántica sino estuvieron a punto de haber presenciado el más brutal asesinato y violación que marcarían a toda una generación.

3.3 Aparece otra pieza clave

Cuando parecía que no podría haber más testigos relevantes en el caso, aparece a la palestra José Méndez Araya, más conocido como “Topo Gigio”, aportando antecedentes que serían determinantes en el proceso. El sujeto era amigo de Delfín, hombre sin oficio ni trabajo fijo que pasaba su tiempo cazando conejos y aspirando neoprén, cuando aquel domingo 15 de diciembre sería testigo ocular de un suceso que cambiaría su vida para siempre.
Como todos los domingos, se encontraba en compañía de Delfín con quien había decidido dar un paseo hacia los faldeos precordilleranos de la comuna, como lo hacían de costumbre. Al emprender el viaje a pie por avenida Lo Barnechea sintieron un fuerte ruido de motor, se dieron vuelta y vieron pasar una esbelta mujer vestida de blanco manejando una motocicleta roja, junto a ella un hombre fornido de bigotes frondoso y pelo oscuro.

Al parecer llevaban rumbo parecido, ya que se dirigían en la misma dirección, fue en ese instante cuando Delfín le comenta a su amigo que conocía al sujeto, dato que no parecía relevante hasta el momento, pero que luego marcaría el curso de los sucesos.
Al llegar a los cerros que se dirigían, se encontraron con la misma pareja que habían visto hace por lo menos una media hora, cuando se dirigían a camino El Sol.
Vieron que entre lo frondoso del lugar algo extraño estaba sucediendo y decidieron esconderse entre los matorrales para poder apreciar, desde unos 30 metros, aquel extraño encuentro.
A esa distancia, sin premeditarlo, se encontraban en primera fila de un brutal hecho que estaba por ocurrir y se convertirían en los silenciosos observadores de cómo aquel fornido hombre forcejeaba con la bella joven, golpeándola duramente hasta derribarla, para subirse encima de ella y tener relaciones sexuales.
La joven ya no se movía, se veía algo de sangre, pero los metros de distancia y el nerviosismo de los observadores no dejaba apreciar cada detalle.
Con asombro y espanto “Topo Gigio”, junto a su amigo Delfín, vieron cómo se acababa el terrible espectáculo, cuando aquel fornido hombre la toma con fuerza entre sus brazos para trasladarla en dirección al canal de regadío. La muchacha se veía completamente inerte, con piernas y brazos flácidos y la cabeza caída.
El par de jóvenes observaba impávidos aquella la monstruosa secuencia y presa del miedo decidieron esperar a que el agresor no estuviera en el lugar para acercarse a ver a la mujer herida. Al retirarse el hombre, ellos se acercaron al cuerpo, Delfín habría sacó del agua a Alice y, en una actitud que “Topo Gigio” calificaba de compasiva, su amigo la acarició, para terminar por dejándola nuevamente donde la habían encontrado.
El miedo e ignorancia pudo más, y debido al temor de ser acusados injustamente de asesinos, decidieron no dar aviso a las autoridades huyendo del lugar con el compromiso de guardar el más absoluto silencio.
Ninguno de los dos amigos podía haber presagiado que aquel pacto quedaría truncado cuando el 26 de diciembre de 1985 uno de los dos testigos oculares apareció pendiendo de un árbol en lo que hoy es el Cerro 18.
Delfín Díaz Méndez ya no podría ratificar o desmentir lo que su amigo “Topo Gigio” decía haber visto junto a él aquella tarde de domingo. Y ahora, era un solitario José Méndez Araya quien acusaba pública y tajantemente al empresario Mario Santander Infante de haber sido aquel misterioso hombre que puso fin a la vida de Alice Meyer y que probablemente estaría involucrado en la muerte de su amigo.

3.4 La confusa muerte de Delfín

Delfín Díaz Méndez encuentra su final en un entorno lleno de preguntas y extrañas situaciones. Una de estas situaciones fue la que se vivió la noche anterior cuando Delfín llega como de costumbre al bar El Pollo Chico ubicado en el centro del pueblo de Lo Barnechea.
Aparece con un grupo de amigos y con claros indicios de estar en estado de ebriedad, nada fuera de lo común para Delfín. Lo realmente extraño de aquel panorama era que portaba mucho dinero, cosa que no era frecuente en el joven que se las rebuscaba para conseguir algo con que subsistir. Ahí también se encontraban Mariano Hermosilla y Lorenzo Gutiérrez, pobladores asiduos a tal lugar. Transcurría la velada, con un Delfín totalmente borracho y pidiendo a destajo más licor.
Pasada la medianoche, según Mariano Hermosilla, tres individuos irrumpen sorpresivamente, tomando a Delfín sin que éste opusiera mayor resistencia, probablemente por el estado etílico en el que se encontraba y   lo subieron a una camioneta celeste, retirándose del lugar.
Lorenzo Gutiérrez en tanto, en el mismo lugar pero desde otra perspectiva, puso mucha atención a los individuos que ahí se hicieron caer, asegurando que se identificaron como detectives, mostrando sus placas. Reconoció a uno de aquellos supuestos funcionarios, se trataba de Luis Opazo Quiroz, funcionario de Investigaciones de la PDI a cargo de llevar el caso de la muerte de Alice Meyer.
Muy cerca del lugar, se encontraba Juan Tolentino Vásquez, cumpliendo sus funciones de rondín de los cerros aledaños cuando ve la camioneta celeste transitando a alta velocidad por aquel lugar, le llamó la atención, pero no le dio mayor importancia hasta que en los minutos posteriores escuchó un ruido que definió como gritos de pavor que no cesaban, hasta que repentinamente la noche quedó de nuevo en silencio solo empañada por los ruidos de grillos y aves noctámbulas.
Lo anterior llamó su atención y paró en el silencio de la noche a fijar su vista en dirección al camino donde se había perdido la camioneta. Transcurrida una hora, aproximadamente, volvía el mismo vehículo con ramas en la parte trasera que borraban las huellas dejadas en aquel camino de tierra. En el contexto militarizado que se vivía, lo mejor era obviar lo que escuchaba, pensó.
A la mañana siguiente y al salir a sus labores habituales Juan Tolentino Vásquez, notó que algo había pasado, donde mirara había gente con su vista fija en aquel cerro que la noche anterior había sido el objeto de su interés. Al observar cuidadosamente pudo ver lo que todos ya miraban con espanto, un hombre pendiendo de un árbol que podía apreciarse casi de cualquier lugar de Lo Barnechea.
Al pasar las horas, y por voz de los mismos habitantes de la comuna, se enteró que aquella persona era Delfín Díaz Méndez, el mismo joven que tantas veces vio caminando por los alrededores y que él conoció desde pequeño.



3.5 Las nuevas pericias del OS7

El OS7, ya con plenas facultades y encabezando las pericias del caso bajo órdenes del juez Fernando Soto Arenas brindó todo su apoyo a “Topo Gigio”, descartando rápidamente la autoría de Delfín en el asesinato y enfocando toda las investigaciones hacia el empresario. Esta vez, las sospecha iba tomando forma, más aún al realizar peritajes a aquel reloj Swatch que misteriosamente desapareció del cadáver de Alice, para posteriormente reaparecer en la muñeca inerte de Delfín Díaz mientras colgaba, ya fallecido, de la copa de un árbol, con signos que en primera instancia apuntaban al suicidio. Gracias a tales análisis se pudo concluir certeramente que el reloj tenía los mismos microorganismos acuáticos que se hallaban en el cuerpo de Alice, lo que indicaba que había estado sumergido con ella en el canal de regadío y dejando al descubierto que el asesino no pudo habérselo robado.
Con la detención de Santander, el caso tomó ribetes tan públicos que se tornaba difícil el accionar policial en busca de más pruebas que dieran con el asesino. En varias ocasiones el juez Soto Arenas se vio obligado a decretar prohibición de informar, pero la prensa, con ansias de datos que revolucionaran a la opinión pública, se las arreglaba para encontrar alguna filtración que mantuviera el hilo conductor de las pericias y por ende a una generación pendiente de las nuevas diligencias. Todo daba claras señales que se vendría una feroz lucha en tribunales.
José Meyer, en tanto, decidió contratar a Marcelo Cibié Paolinelli, prestigioso abogado criminalista, en reemplazo de su amigo Iván Skolnik, quien llevó la causa desde un principio de forma gratuita por el cariño que los unía. Pero el rumbo de la causa ya se llenaba de obstáculos e Iván, aunque era muy cercano a la familia, prefirió recomendar a un abogado que fuera especialista en el área criminalista, como lo era Cibié.
Los Santander, por su parte, también se alistaban para dar una férrea pelea con el abogado Sergio Miranda Carrington, quien inmediatamente al tomar el caso realizaba un anuncio público en que manifestaba su confianza en la inocencia de su representado y amenazaba con comprobarlo por medio de sus testigos.
Miranda Carrington era conocido mediáticamente debido a su representación desde el año 1978 del ex jefe de la Dina, Manuel Contreras, en el marco del proceso de extradición por el crimen de Orlando Letelier.



ANEXO.


Peter Stuyvesant (1612, Peperga-1672, Nueva York) fue un oficial colonial neerlandés que se desempeñó como el último director general neerlandés de la colonia de Nuevos Países Bajos desde 1647 hasta que fue cedida provisionalmente a los ingleses en 1664, después de lo cual se dividió en Nueva York y Nueva Jersey con un territorio menor que se convierte en parte de otras colonias y, después, en estados de los actuales Estados Unidos. Fue una figura importante en la historia temprana de la ciudad de Nueva York y su nombre se ha dado a varios monumentos y puntos de interés en toda la ciudad (por ejemplo, Stuyvesant High School, Stuyvesant Town, Bedford-Stuyvesant, etc.).