La belleza de San Sebastián está tan fuera de toda duda, que llegó a enamorar a la reina regente María Cristina de Austria, madre de Alfonso XIII, que eligió la ciudad como su destino vacacional en verano. Esta decisión acarreó la necesidad de construir un edificio de nivel para acoger a la monarca. Las posibilidades que ofrecía San Sebastián eran muchas, como por ejemplo el monte Urgull, uno de los principales parajes naturales de la urbe, auténtico pulmón verde que la ayuda a respirar. Tras valorar varias opciones, finalmente se proyecta la residencia en la finca del conde de Moriana. Este terreno se sitúa sobre una pequeña elevación entre el centro y el barrio del Antiguo, frente a la exquisita bahía de la Concha. Abrimos las puertas del palacio de Miramar para descubrir lo que nos aguarda en su interior. Entre las playas de La Concha y Ondarreta, en el mismo lugar en el que se encontraba la primitiva iglesia que dio nombre a la ciudad, el Palacio Miramar, mandado construir por la reina regente María Cristina, vigila la bahía donostiarra desde hace mas de 125 años. Un palacio inglés entre las playas de Ondarreta y la Concha La estrecha relación entre la monarquía española y San Sebastián se inició con Isabel II, que adoraba pasar aquí sus veranos para bañarse en las aguas del Cantábrico. El idilio con esta bella ciudad se hizo aún más intenso cuando la reina regente María Cristina adquiere los terrenos del conde de Moriana para construir una casa-palacio de campo, donde pasará sus jornadas estivales. El Palacio de Miramar, también denominado Palacio Municipal de Miramar o Palacio Real, es un palacio de estilo inglés situado en la ciudad guipuzcoana de San Sebastián en el País vasco (España). Fue construido en 1893 por encargo de la Casa Real española, con base en un proyecto de 1889 del arquitecto inglés Selden Wornum. Situado frente a la Bahía de La Concha, dispone de una de las más espectaculares vistas de la ciudad.
Historia construccion. La estrecha relación entre la monarquía española y San Sebastián se remontaba a tiempos de Isabel II, quien, hacia mediados del siglo XIX, comenzó a veranear en la ciudad con el fin de poder bañarse en las aguas del mar Cantábrico. Desde esta época se estableció un vínculo con la ciudad que sería fortalecido por la reina María Cristina, esposa de Alfonso XII, cuando, tras enviudar, trasladó los veraneos de la Corte a San Sebastián, decisión que condicionó de forma definitiva el futuro turístico de la ciudad. Las visitas veraniegas de la Familia Real requerían de una Real Casa de Campo, que la reina María Cristina encargó al arquitecto inglés Selden Wornum. El emplazamiento escogido para el Palacio fue una extensa finca situada frente a la Bahía de La Concha en la que antiguamente había estado ubicado el Monasterio de San Sebastián El Antiguo, y que fue adquirida por la reina al Conde de Moriana. A esta superficie se le unió otra de propiedad estatal en la que se encontraba la iglesia de El Antiguo, que tuvo que ser trasladada, completándose la extensión de la finca con otras pequeñas propiedades adquiridas.
Más de 34.000 metros cuadrados que están ocupados por un edificio principal, un parque, diversas construcciones anexas y amplios jardines. Su emplazamiento convierten al palacio de Miramar en un verdadero punto central de dominio sobre San Sebastián, siendo visible desde muchas partes de la ciudad. El Palacio fue finalizado en 1893, aunque en 1920 se le añadiría un nuevo edificio denominado Pabellón del Príncipe.
La construcción del Palacio exigió la realización de un falso túnel que posibilitará el paso de los tranvías de la Compañía del Tranvía de San Sebastián y de la carretera, sobre el cual se extienden los jardines del Palacio. Ralph Selden Wornum (1847-1910) fue un arquitecto británico. Nacido en 1847, era hijo de Ralph Nicholson Wornum. Tuvo actividad, entre otros lugares, en el norte de España, donde llevó a cabo diversos proyectos, entre ellos los del Palacio Real de Miramar y el Palacio de los Hornillos. Aficionado a la música, le gustaba tocar el violín. Falleció en 1910, en concreto el día 14 de noviembre, en North Deal. |
La ubicación de la Real Casa de Campo de Miramar, sobre el llamado "Pico del Loro", señalando el centro de la bahía donostiarra, marca, tanto el origen de la población de San Sebastián, como la evolución urbanística de una parte significativa de ella. Fue proyectado en 1888 por el arquitecto inglés Selden Wornun, pero lo llevó a cabo Benito Olasagasti bajo la dirección del arquitecto José Goicoa. El trazado del parque y la jardinería fueron proyectados por Pierre Ducasse, quien murió sin verlos terminados. Su tipo corresponde a un cottage inglés Reina Ana, nombre con el que los ingleses designan a una construcción rural -generalmente con dos plantas y destinada a una sola familia-, y cuyas características de construcción, netamente nórdicas, deben ser de una sobria elegancia unida a un evidente sentido del confort, de acuerdo con el ambiente campestre que debe rodearle. Aunque, sin olvidar, por otro lado, el gusto revivalista y eclecticista, propio de la época en que selevantó, que se observa en la molduración de gusto goticista, de los sillares de sus puertas y ventanas.
El Abrazo de Chillida. La huella inconfundible del escultor vasco se funde con la ciudad que lo vio nacer. Chillida deja muestras del amor que siente por su tierra en diferentes lugares de San Sebastián, como el insigne Peine del Viento.
El Pico del Loro. El final de los jardines de Miramar termina en una colina que actúa como separador entre las playas de la Concha y Ondarreta, conocida popularmente como Pico del Loro. Desde aquí obtendrás unas fantásticas vistas de la isla de Santa Clara. Seguro que estás deseando sacar la cámara para inmortalizar este momento. El Túnel del Antiguo. Otra manera de cruzar entre ambas playas es a través de este túnel restaurado que pasa por debajo del Pico del Loro. Este antiguo túnel se ha rehabilitado y ahora al entrar parece que estés bajo el mar. Ese efecto se consigue gracias a las pinturas de Víctor Goikoetxea, que decoran la bóveda con formas abstractas. |
Edificio. El Palacio de Miramar es de estilo puramente inglés y presenta ciertos elementos decorativos neogóticos. En su interior dispone de ciertas zonas nobles que se mantienen fieles a su configuración original, como el Salón Blanco, el Salón de Música, el Salón de Madera, el Petit Salón, la Biblioteca y el Comedor Real. El resto del palacio ha sido reformado sucesivamente desde su compra por parte del Ayuntamiento, convirtiéndolo en un recinto más funcional aunque algo desvirtuado.
En cuanto al interior de la vivienda, la decoración era muy diferente entre unas plantas y otras. Algunas zonas siguen conservando sus elementos originales hoy en día, con los suelos de madera y los artesonados de algunos salones. El resto de espacios ha adquirido un carácter mucho más funcional desde que el Ayuntamiento adquirió el palacio de Miramar en 1972.
El palacio consta de sótano y tres plantas, contando con más de nueve salones. Las dos primeras son las de uso privado y la última, abuhardillada, se reserva para la servidumbre. Presenta su acceso principal por uno de los lados estrechos, el que mira hacia la iglesia nueva de San Sebastián. Este acceso, de amplio arco Tudor ricamente moldurado y con relieves tallados, está protegido por un amplio pórtico perforado por un gran acceso en arco tudor por cada lado. En el frente destacan: un escudo con las armas de los Habsburgo y la fecha MDCCCXCII y la torre octogonal. La Casa de los Oficios es la contigua a la entrada de Miraconcha y ocupa 950 metros cuadrados. Consta de dos cuerpos unidos entre sí y respeta las características del palacio. Se comunica con él a través de una galería de la planta baja. La Portería y el Cuerpo de Guardia están en la parte principal del recinto, en la calle Matía, y ocupan una superficie de 200 metros cuadrados.
El Pabellón del Príncipe, de cerca de 350 metros cuadrados, data de 1920. Se ubica entre la Casa de Oficios y la fachada este del Palacio, comunicada con éste por un corredor de la planta principal. El conjunto de Miramar, integrado por un palacio con su parque, y diversos edificios, jardines y dependencias, se ha convertido, debido a su ubicación, en un punto de perspectivas estéticas y urbanísticas de extraordinario valor, tanto artístico como histórico. Las últimas obras acometidas en el mismo, en 2001, tuvieron como objeto la construcción de aulas para Musikene. Posteriormente, en 2007, se restauró la torre del edificio. |
"las señoras se bañan en la parte del mar más cercana a la ciudad; los hombres en la que está más lejos. Guardias Civiles muy vigilantes están encargados del cumplimiento de esta ley que pudiéramos llamar del pudor. Las que conducen al agua a las señoras no son hombres como en Deva, sino robustas muchachas, de tez curtida, que sólo en el traje revelan su sexo".
Hoy daremos un paseo por la bahía donostiarra y recordaremos como eran los denominados baños reales de la época y la caseta real. Hacia 1840 se intararon en la playa de la Concha las primeras casetas de carácter privado y la caseta real. Esta se deslizaba sobre un par de railes para poder desplazarla hasta la orilla movida por un motor de vapor. Mas rudimentarias eran las otras que sobre ruedas iban arrastradas por bueyes. Lo que hacían es, meterse en la caseta, el bañero o bañera que era una personas a sueldo que les llevaba a la orilla les bajaba de la caseta, se bañaban y a continuación volvían a la caseta se daban un baño de agua caliente y otro de agua tibia se volvían a vestir y se iban. En aquel tiempo cuando se usaban las casetas de baño solo se podían dar 9 baños en todo el verano porque consideraban que además de terapéuticos el agua de mar desgastaba mucho y podía ser contraproducente.
Los de mar eran beneficiosos pero no los de sol que pensaban perjudiciales para la piel además de dar estatus y belleza a la mujer ya que el estar moreno significaba trabajar expuesto al sol. Los trajes de baño eran de lana y colores oscuros compuestos de dos piezas, blusa y pantalón, con el paso de los años y de los cambios de mentalidad los trajes de baño se fueron recortando. Para cambiarse se instalaron unas pintorescas casetas de madera, en propiedad o en alquiler de las distinta familias. Otra curiosidad que hoy en día sería impensable era que se regulaban el vestuario, la zona de hombre y mujeres y los horarios de playa. Las altas clases sociales se bañaban a primera hora de 7 a 9 de la mañana que era hora elegante. Había servicio de cuidadores que vigilaban el baño de las personas que por aquella época no sabían nadar. Como había veces que se juntaba mucha gente en el agua y los bañeros no daban a vasto se colocaron unos postes de madera con unas cuerdas a los que los bañistas se agarraban. Un palacio sobre el mar: la futurista casa de baños con raíles de Alfonso XIII en San Sebastián. Fue su abuela quien realizó esta insólita construcción en 1845, para los chapuzones de Isabel II en playa de La Concha, donde se mantuvo hasta 1911 La amante secreta de Alfonso XIII, en la doble vida que el Rey de España llevó durante una década.
Israel Viana 17/07/2024 Una nave espacial. Eso es lo que debía parecerle al pequeño Alfonso XIII aquel palacete que se desplazaba por raíles hasta el mar y se quedaba flotando sobre las aguas de La Concha. El joven Monarca alucinaba con aquella construcción cuando llegaba a San Sebastián, cada verano, junto a su madre, la Reina María Cristina. Era como viajar al futuro, aunque el lujoso e insólito habitáculo hubiera sido fabricado a mediados del siglo XIX. Y esta es su historia... En su forma más primitiva, la conocida Caseta Real de Baños era un sencillo y pequeño cajón con ruedas que se fabricó en 1830 para que el Infante Don Francisco de Paula se diera sus chapuzones lejos de las miradas de los vecinos. «Un carrito», lo describía la prensa, pero la cosa se desmadró y la intimidad dio paso a la ostentación. Así llegó el primer modelo con raíles, erigido en 1845 para Isabel II. ¡Aquello era otra cosa! Un gran pabellón con un elegante tejado, diez ventanas, varias habitaciones, un despacho y una terraza con vistas al mar remolcado con sogas. La Reina solía bañarse a la una del mediodía a la vista de un público numeroso, vigilada por ocho socorristas y tres mujeres de su confianza. Todas las piezas se traían cada año desde El Ferrol, salvo los raíles, proporcionados por la Compañía de Ferrocarriles del Norte. Los trabajos de montaje eran dignos de ver y los observaba con placer la propia Soberana, que descendía a conversar con operarios y vecinos sin ninguna seguridad. Cosas de otra época. Gracias a ella, San Sebastián se puso de moda como destino turístico de la burguesía. Aparecieron los primeros sombreros canotier, los bigotes afilados y los trajes de baño sobrados de tela que dejaban todo a la imaginación. También los bailes y los vendedores ambulantes, que gritaban en la arena: «¡Barquillos de canela y miel, que son ricos para la piel». Y más casetas, muchas más, con sus toldos a rayas. En 1887, la Reina María Cristina ordenó construir una más grande, más bonita, más moderna… faltaría más. El edificio estaba rodeado por una amplia terraza sobre el mar, montada sobre raíles deslizantes de 60 metros de longitud que subían y bajaban el palacete con una máquina de vapor según el nivel de la marea. En 1891, 'La Iberia' informaba de un accidente: «Después del baño, vestida ya Su Majestad, se quiso subir la caseta, pero una rueda de la máquina enganchó al maquinista y le destrozó la pierna en sus partes blandas. Es decir, se la mondó». Tres años después, cuando Alfonso XIII tenía ocho años, la Reina Regente estrenó una nueva caseta. La última antes de que, en 1911, el Rey de España la sustituyera por un lujoso edificio de mármol. Y con él se fueron para siempre los motores, los raíles, el futuro y la infancia. |
![]() Tras la muerte de la reina María Cristina en 1929, la finca fue heredada por el rey Alfonso XIII y posteriormente expropiada por el Estado en 1931 con el advenimiento de la II República, pasando a manos del Ayuntamiento de San Sebastián en 1933 con la condición de que sirviera de residencia de verano para el Presidente de la República y que parte de sus dependencias fueran empleadas con fines educativos y culturales. Durante el Franquismo, y tras ser devuelto a la Casa Real española, el Palacio quedó en manos de los hijos de Alfonso XIII, y principalmente en manos de Juan de Borbón. El condominio sobre el palacio se disolvió en 1958. De esta forma, Don Juan conservó el Palacio y su entorno inmediato, separándose una parcela de 1000 m², que fue vendida en 1963. El resto de la finca, separado en dos parcelas de 10.000 y 37.000 m², fue vendido en 1963 a beneficio de los hermanos de Don Juan para la construcción de viviendas. Tras el proceso de disolución del condominio, la extensión inicial de más de 80.000 m² de la finca quedó reducida a 34.136 m², siendo adquirida a Don Juan en 1972 por el Ayuntamiento de San Sebastián. De esta forma, el Palacio Real de Miramar pasó a denominarse Palacio Municipal de Miramar. Actualmente el palacio y sus jardines están abiertos a la ciudadanía en un horario determinado. El Palacio de Miramar es la sede oficial de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco. Hasta el curso académico 2015-2016, fue la sede del Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene. En cualquier caso, el Palacio mantiene su aspecto externo original y es habitual la celebración de ciertas fiestas en sus jardines y zonas nobles, principalmente las del Festival de Cine de San Sebastián. |
Es todo un icono de San Sebastián y su contrucción comenzó con cierta polémica entre los donostiarras. El Paseo Nuevo cumple este viernes 104 años. La Reina Maria Cristina fue la encargada de inaugurar el primer tramo el 10 de julio 1916. Una construcción que se sufragó con las ganancias de Casino, en plena Belle Époque, cuando San Sebastián comenzó a recibir a la realeza española y a la aristocracia internacional. La polémica obra se ejecutó en tres tramos. Primero, se realizó la conocida zona como El Rompeolas, localizada en la confluencia con la calle Aldamar. En primera instancia se le bautizó como Paseo del Príncipe de Asturias, aunque con la llegada de la República se le cambió el nombre a Paseo de la República, y finalmente, por el de Primo de Rivera. Sin embargo, tanto cambio no iba con los donostiarras que lo seguían conociendo como Paseo Nuevo. Hubo que esperar hasta el 9 de julio de 1979 para que se le otorgará este nombre de manera oficial. En 1917, y con Gabriel María Laffitte como regidor de la ciudad, se abrió el segundo tramo del paseo. Dos años más tarde, se abrió el último tramo al público, que conectaba la zona de Urgull con la calle Mari. Un paseo nuevo centenario que continuará haciendo las delicias de donostiarras y turistas. |
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