Apuntes Personales y de Derecho de las Universidades Bernardo O Higgins y Santo Tomas.


1).-APUNTES SOBRE NUMISMÁTICA.

2).- ORDEN DEL TOISÓN DE ORO.

3).-LA ORATORIA.

4).-APUNTES DE DERECHO POLÍTICO.

5).-HERÁLDICA.

6).-LA VEXILOLOGÍA.

7).-EDUCACIÓN SUPERIOR.

8).-DEMÁS MATERIAS DE DERECHO.

9).-MISCELÁNEO


miércoles, 20 de junio de 2018

322.-Valle de Villaverde. (Enclave); Condes de Haro. a

  Esteban Aguilar Orellana ; Giovani Barbatos Epple.; Ismael Barrenechea Samaniego ; Jorge Catalán Nuñez; Boris Díaz Carrasco; -Rafael Díaz del Río Martí ; Alfredo Francisco Eloy Barra ; Rodrigo Farias Picon; -Franco González Fortunatti ; Patricio Hernández Jara; Walter Imilan Ojeda; Jaime Jamet Rojas ; Gustavo Morales Guajardo ; Francisco Moreno Gallardo ; Boris Ormeño Rojas; José Oyarzún Villa ; Rodrigo Palacios Marambio; Demetrio Protopsaltis Palma ; Cristian Quezada Moreno ; Edison Reyes Aramburu ; Rodrigo Rivera Hernández; Jorge Rojas Bustos ; Alejandro Suau Figueroa; Cristian Vergara Torrealba ; Rodrigo Villela Díaz; Nicolas Wasiliew Sala ; Marcelo Yañez Garin; Katherine Alejandra Del Carmen  Lafoy Guzmán

Escudo

Valle de Villaverde es un municipio español de la comunidad autónoma de Cantabria. Debido a su situación geográfica, conforma un enclave cántabro en el País Vasco, estando rodeado por los municipios vizcaínos de Carranza, Arcentales y Trucíos, todos ellos pertenecientes a la comarca de Las Encartaciones. Anteriormente fue llamado Villaverde de Trucíos, hasta que en 2005 recuperó el nombre original con el que figuraba en la documentación hasta principios del siglo XIX, evitándose así, además, confusiones con el nombre del vecino municipio vizcaíno de Trucios.

Geografía

En el sur del municipio está situado el nacimiento del río Agüera, cuyo valle cuenta con altitudes de más de 400 metros. El municipio es atravesado de oeste a este por la línea de ferrocarril Santander-Bilbao de la compañía FEVE, y dispone de una estación denominada "Villaverde de Trucíos".
El municipio ha vivido varias polémicas en cuanto a su pertenencia administrativa, ya que el nacionalismo vasco lo considera como territorio de Vizcaya. En varias elecciones municipales y autonómicas los partidos que apoyaban la anexión a Vizcaya han sido los más votados en el municipio, probablemente debido a que gran parte de la población que actualmente reside en él es originaria del País Vasco.
 Aun así y a pesar de las peticiones del consistorio, Cantabria se ha negado en varias ocasiones a permitir la anexión a la Comunidad vecina lo que llevó a que en los años 1980 y 1990 Cantabria y Vizcaya se enfrentasen en los tribunales por esta cuestión; no obstante todas las resoluciones judiciales, incluidas dos del Tribunal Supremo, han dado la razón a la parte cántabra y han apoyado la pertenencia histórica del municipio a Cantabria. En la actualidad la polémica sobre la pertenencia territorial parece haberse relajado y Cantabria y Vizcaya han llegado incluso a acuerdos para facilitar la vida a los vecinos, por ejemplo permitiendo que reciban atención sanitaria en el País Vasco o que los niños del municipio sean escolarizados en Vizcaya.
Debido a la especial situación geográfica del Valle de Villaverde se dan situaciones curiosas como que los teléfonos del municipio utilizan el prefijo de la provincia de Vizcaya, pero por ejemplo el Código Postal se corresponde con el de Cantabria. Y por ejemplo en el plano religioso las parroquias del municipio no dependen de la diócesis de Santander sino de la de Bilbao.

 



Historia.

El área de Las Encartaciones, en donde se enclava Valle de Villaverde, estuvo habitada en tiempos prerromanos bien por los cántabros, bien por los autrigones; los límites orientales cántabros podían haber llegado hasta los montes al oriente del río Agüera.

El poderoso linaje de los Avellaneda se hizo con este valle por gracia de los Señores de Vizcaya que se lo dieron como premio a la participación de Lope de Ochoa de Avellaneda en la batalla de Aljubarrota (Portugal) librada en 1385. En aquellos tiempos en que los señores eran dueños de tierras y cultivos, ferrerías, molinos y animales y moradores, los Avellaneda lo vendieron por una simple falta de liquidez. Así que nada de anacronismo histórico, una operación mercantil como esta encajaba perfectamente en los usos y costumbres de aquella época aunque difícilmente se pueda entender hoy. El 13 de Septiembre de 1440, y ante Fernán Sánchez, escribano y notario público de Valladolid, Diego de Avellaneda, hijo bastardo de Lope de Ochoa, le vendió el valle por 500.000 maravedíes a Pedro Fernández de Velasco, Conde de Haro. Esta venta supuso el comienzo de la pérdida de la vizcaína de Villaverde, un hecho que se consolidaría definitivamente años más tarde, cuando Pedro Fernández de Velasco, al repartir el patrimonio entre sus hijos, concedió a Antonio de Velasco el valle de Villaverde. Pocos años después, Antonio de Velasco entraba en la Orden Franciscana y renunció a la propiedad del valle traspasando ésta a su hermano Pedro de Velasco. Tras esta operación, Villaverde se vinculó definitivamente a la familia Velasco, Duques de Frías y al tiempo Condes de Haro. El valle pasó a pertenecer al Señorío del Condestable de Castilla, se incluyó en el Corregimiento de Soba y fue apartado de Las Encartaciones del Señorío de Bizkaia. Pero a pesar de no tener voz y voto en las Juntas de Avellaneda, Villaverde siguió acudiendo a éstas y conservó ciertas libertades y derechos del periodo anterior a su venta, como la exención de contribuir a la conservación de puentes, muelles o calzadas o su participación en asuntos de guerra en la Junta de Avellaneda, entre otros. Y durante estos siglos son muchas las referencias históricas que demuestran que los villaverdanos han reclamado sus derechos y han puesto en evidencia su deseo de seguir formando parte de Las Encartaciones de Bizkaia. Sirva como ejemplo el suceso del año 1584, por el cual el Condestable de Castilla demandó al alcalde del valle por negarse a pagar 135.000 maravedíes anuales en concepto de tributos por contratos de compraventa y permuta. Los villaverdanos adujeron estar exentos de dicha alcabala porque “ellos y sus antecesores habían sido bizcaínos originarios” y, como tales, “habían gozado de todas las exenciones, prerrogativas y privilegios que disfrutaban los demás de la tierra encartada”. Junto a ello, los habitantes de Villaverde añadieron que las apelaciones o recursos judiciales que se interpusiesen deberían elevarse “ante el juez mayor de Bizcaya, el cual residía en la Chancillería de Valladolid”.

Finalmente, la resolución del conflicto se saldó con una sentencia que eximía a los villaverdanos de pagar los mencionados tributos al Condestable de Castilla. Años más tarde, en la primera mitad del siglo XVII y durante el reinado de Felipe III, ocurrió que los administradores de las Salinas de Añana y Rosio quisieron que los vecinos de Villaverde se abastecieran de su producción de sal. Los villaverdanos recurrieron directamente al monarca, quien les dio licencia para abastecerse donde quisieran en un documento en el que también se mencionaba la pertenencia del valle a Bizkaia, el goce de sus fueros y “la puntualidad y el cuidado” con el que siempre habían acudido sus vecinos a servir al rey. Hay más ejemplos hasta mediados del XIX, fechas en las que el fuero encartado y vizcaíno comienza a perder sus derechos hasta quedar totalmente mermado. Cuando en 1832, Javier de Burgos presentó su reforma para la ordenación del territorio español en provincias y la posterior división provincial en partidos judiciales, los diputados villaverdanos trataron por todos los medios que su valle quedara integrado en territorio vizcaíno. A través de los síndicos de las Cortes españolas, los villaverdanos expusieron a Fernando VII su oposición a que el valle quedara incluido en territorio de Santander y, por el contrario, solicitaban que se declarara comprendido en Las Encartaciones de Bizkaia con la consiguiente “restitución del goce y posesión de todos sus fueros, derechos y privilegios como lo disfrutaron sus antepasados”. Una vez que el expediente llegó a manos del monarca, éste, alegando su total desconocimiento sobre la situación del valle, exigió a los diputados que presentaran documentos que probaran la histórica vinculación de Villaverde con Las Encartaciones. Para ello, los síndicos villaverdanos solicitaron a la Diputación vizcaína que reconociera los antecedentes que existiesen en los archivos de Avellaneda, donde se hallaban todos los documentos y papeles de los pueblos pertenecientes a Las Encartaciones del Señorío de Bizkaia.

La Diputación vizcaína concluyó que “tanto por los datos referidos -que aludían a la participación del valle en las Juntas de Avellaneda desde 1662 en adelante- como por la situación geográfica, límites naturales, analogía de usos, costumbres y denominaciones locales y de familias, puede deducirse que el valle de Villaverde estuvo reunido a Las Encartaciones”.

El informe de la Diputación fue enviado a la real Chancillería de Valladolid, donde fue desestimado a causa de la muerte de Fernando VII. La defunción del monarca desencadenó la primera guerra carlista y, este hecho, unido al gran poder de la familia Velasco de Santander, provocó que la petición de Villaverde fuera desatendida y el valle quedara incluido dentro de la hoy provincia cántabra. Lo peculiar de la historia del enclave de Villaverde no sólo está en la operación mercantil de 1440, si no en las múltiples tentativas, a modo de amores frustrados, que llegan hasta nuestros días, y donde los villaverdanos reivindicaron sus orígenes y su carácter encartados, manteniendo, durante siglos, una particular relación con Bizkaia.


En 1822, durante el Trienio Liberal y la creación de los ayuntamientos constitucionales, el territorio recibió el nombre de Villaverde de Trucíos (en 2005 recuperó su nombre tradicional, Valle de Villaverde). Al producirse la división provincial en 1833, Villaverde, como antiguo señorío, fue unido a la provincia de régimen común más próxima (Santander) aunque los diputados villaverdanos trataron por todos los medios que su valle quedara integrado en territorio vizcaíno.

El vallEscudo e fue devastado durante la Tercera Guerra Carlista. El 11 de agosto de 1875 Villaverde fue el escenario de una batalla entre el ejército alfonsino que pretendía tomar Valmaseda, comandado por los Generales Juan José Villegas y Morales de los Ríos y compuesto por 10 000 hombres, 450 caballos y 16 piezas de artillería, y 7 batallones mermados de las milicias carlistas comandados por Fulgencio de Carasa. A pesar de encontrarse en inferioridad numérica, la victoria fue para el bando carlista. Los alfonsinos perdieron 205 hombres frente a los 85 de los carlistas, y a punto estuvo el General Villegas de ser capturado. 

El pretendiente al trono Carlos VII concedió a Fulgencio de Carasa el título de "Conde de Villaverde de Trucíos" como recompensa por la victoria.​ Pocos edificios sobrevivieron a la batalla.

  Condes de Haro.


Escudo Jaquelado; ocho escaques o jaqueles de
 oro y siete escaques con veros de plata y azur.


El condado de Haro es un título nobiliario español creado en 1430 por Juan II de Castilla​ al donar la villa de Haro a Pedro Fernández de Velasco durante las Cortes de Medina del Campo, por la ayuda recibida en su lucha contra Juan II de Aragón. En 1458, el I conde de Haro fundó un mayorazgo agnaticio, que excluía a las hembras de la sucesión razón por la cual todos sus poseedores serán varones. Con Íñigo Fernández de Velasco y Mendoza el título pasó a ser el que recibían al nacer los primogénitos de los Fernández de Velasco. Tiene carácter vitalicio y hereditario.

Diego Fernández de Velasco y su esposa Francisca Paula Benavides, fueron los últimos condes de Haro que tuvieron el señorío de la villa, debido a la abolición de los señoríos el mismo año del fallecimiento de Diego. Sus sucesores hicieron reclamaciones para seguir manteniendo el título honorífico por razón de alcabalas.

Hasta 1776 estuvo siempre en posesión del linaje de los Velasco, después pasó a los Pacheco Téllez-Girón, duques de Escalona, en cuya descendencia permanece hasta la fecha. Algunos de los condes de Haro, contarían también entre otros con los títulos de condestables de Castilla, duques de Frías, duques de Uceda, marqueses de Berlanga. marqués de Caracena, condes de Pinto, etc.



Haro es una ciudad y municipio español, situado al noroeste de la comunidad autónoma de La Rioja, de cuya comarca homónima es cabecera así como también es la localidad más importante de la Rioja Alta. Linda con la provincia de Burgos por los Montes Obarenes al norte y con Álava por el Ebro al este. Su población asciende a 11 634 habitantes según el censo del INE de 2022.
TitularPeriodo
Creación por Juan II de Castilla
IPedro Fernández de Velasco1430-1470
IIPedro Fernández de Velasco1470-1492
IIIBernardino Fernández de Velasco y Mendoza1492-1512
IVÍñigo Fernández de Velasco y Mendoza1512-1528
VPedro Fernández de Velasco y Tovar1528-1559
VIÍñigo Fernández de Velasco y Tovar1559-1585
VIIJuan Fernández de Velasco y Tovar1585-1607
VIIIÍñigo Fernández de Velasco y Girón1607
IXJuan Fernández de Velasco y Fernández de Córdoba1607-1611
XBernardino Fernández de Velasco y Tovar1611-1652
XIÍñigo Melchor Fernández de Velasco y Guzmán1652-1696
XIIJosé Manuel Fernández de Velasco y Tovar1696-1713
XIIIBernardino Fernández de Velasco y Tovar1713-1727
XIVAgustín Fernández de Velasco y Bracamonte1727-1741
XVBernardino Fernández de Velasco y Pimentel1741-1771
XVIMartín Fernández de Velasco y Pimentel1771-1776
XVIIDiego Fernández de Velasco1776-1811
XVIIIBernardino Fernández de Velasco1811-¿?
XIXBernardino Fernández de Velasco y Roca de Togores¿?
XXJosé María Bernardino Silverio Fernández de Velasco y Jaspe¿?-1888
XXIBernardino Fernández de Velasco y Balfe Jaspe y Roser1888-1916
XXIIJosé Fernández de Velasco y Sforza1937-1986
XXIIIFrancisco de Borja de Soto y Moreno-Santamaría1999-actual titular

 
La Casa de Velasco.

La Casa de Velasco es un linaje nobiliario español cuyos miembros más destacados ocuparon algunos de los cargos más altos de la administración del Reino de Castilla y del Imperio Español. Originado en la edad media, su rama más encumbrada ostentó el cargo hereditario de condestable de Castilla, así como el posterior ducado de Frías, uno de los primeros en recibir la grandeza de España del emperador Carlos V en 1520. En América ocuparon también los cargos de virrey de la Nueva España y del Perú, así como la presidencia del Consejo de Indias.

Escudo de Armas

Jaquelado; ocho escaques o jaqueles de oro y siete escaques con veros de plata y azur.


En su versión original: jaquelado de quince piezas de oro y veros (al uso de la casa de Nava, por ascendencia astur-leonesa).

Rama de los condestables: jaquelado de quince piezas de oro y veros, y bordura componada de Castilla y León. En la capilla del Condestable de la catedral de Burgos hay un ejemplo de estas armas, donde la bordura ocupa casi la mitad de la superficie del escudo, y los compones se reducen a ocho, los compones de Castilla en cruz, los de León en aspa.

Origen legendario

Los cronistas que narraban las mitologías genealógicas, hacían a los Velasco descender de un caballero visigodo apodado «el Velasco» por su destreza domando de las velas de navegación. Este mismo caballero, según la leyenda, estaría presente en el legendario desembarco de Laredo y establecería su casa solar en el Valle de Mena, o según otras fuentes en Carasa (en el barrio de Angustina, donde se encuentra la Casa del Pico de Velasco). Sin embargo, la mayoría de las crónicas de los siglos xiii y xiv aseguraban que los Velasco eran descendientes de Fernán González, primer conde de Castilla, lo que justificaría el posterior uso del patronímico «Fernández».

Origen documentado

El mote «Velasco» existe desde la alta edad media como nombre propio, creando gran confusión al encontrarlo en fuentes documentales no relacionadas con el linaje. Sin embargo, es desde el año 976, cuando aparece la primera referencia documental que hace mención al mote de Velasco como apellido o indicación de linaje, en el Codex Emilianensis del monasterio de San Millán. En dicho codex (año 976) aparece un Velascvs, claramente relacionado con unas escrituras de donaciones al mismo monasterio correspondientes al año 1096, cuando se documenta a su nieto Diego Díaz de Velasco junto a su mujer Anderquina. El documento se refiere a la donación de los Palacios de Tripiano, una iglesia, varias casas, y una hacienda en Alvín. Diego Díaz, aparece mencionado junto a sus hermanas Ticla Díaz, mujer de Lope Íñiguez, II señor de Vizcaya, a Elvira Díaz, mujer del conde Gonzalo Salvadórez, así como sus padres, Sancha Díaz, sucesora de su padre Diego Ruiz (de Velasco), y Diego Álvarez, señor de Oca (hijo segundo de Álvaro Rodríguez, señor de la Casa de Nava, ricohombre del rey Fernando IV de León, y de María Peláez), perteneciente al linaje de los astures, como descendientes por línea recta del rey Ramiro III de León.

Los Velasco bajo la Dinastía de Borgoña

La ascendencia de los Velasco hizo que se vincularan inicialmente a la Corona de León, donde establecieron sus primeros señoríos.​ Un hijo de Diego Díaz llamado Sancho Díaz de Velasco, contrajo matrimonio con su prima, Inés Pérez de Asturias, hija de Pedro Rodríguez de Asturias. Su hijo Díaz Sánchez de Velasco, luchó en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, y el hijo de este, Sancho Díaz de Velasco, fue ricohombre y merino mayor de Castilla en torno al 1242, en el reinado de Fernando III. El mismo se documenta junto a otros ricoshombres que se rebelan contra Alfonso X el Sabio, encabezados por el infante Felipe, y cuya gesta es conocida como la Rebelión Nobiliaria de 1272. Del matrimonio de este último con Guiomar de Castro, descendiente del rey Alfonso VII de Castilla, nacería otro Sancho Sánchez de Velasco, adelantado mayor del Reino de Castilla y justicia mayor de la Casa del Rey, quien recibiría el señorío de Medina de Pomar, cabeza de su extenso estado que incluía ya los señoríos del Valle de Soba, el Valle de Ruesga, la Puebla de Arganzón, y otros en las Asturias de Santillana.​ Junto a su mujer Sancha Carrillo Osorio fundó el Monasterio de Santa Clara en Medina de Pomar, primer enterramiento de su linaje​.
Hijo de Sancho, fue Fernán Sánchez de Velasco, quien sucedió a su padre en el cargo de adelantado mayor de Castilla, lo que consolidó su posición en la corte, además, contrajo matrimonio con Mayor de Castañeda, señora de los Palacios y Casa de los Siete Infantes, como descendiente del rey Alfonso IX de León y de la reina Berenguela de Castilla, siendo su padre, Diego Gómez de Castañeda, primo segundo de Alfonso XI de Castilla. Fernán Sánchez luchó en el Sitio de Algeciras, donde encontró la muerte.

Los Velasco bajo la Dinastía de Trastámara

Fue bajo la dinastía de Trastámara que el linaje de Velasco encontró su mayor cuota de poder, tras haber apoyado al bando del rey Enrique II de Castilla en la guerra civil contra su hermano Pedro I. Fue Pedro Fernández de Velasco, hijo de Fernán Sánchez de Velasco y Mayor de Castañeda, quien consiguió el cargo palaciego hereditario de camarero mayor del rey, cargo que ejercería en el reinado de Enrique II y en el de Juan I, y que su hijo Juan Fernández de Velasco ocuparía en el reinado de Enrique III, además de la ricohombría de la que habían gozado ya varios de sus antecesores. Hijo del anterior con María de Solier fue Pedro Fernández de Velasco, heredero y sucesor de su padre en todos sus señoríos y cargos palaciegos, y primer agraciado con el título de conde de Haro en 1430 por parte del rey Enrique II de Castilla, dando lugar a la famosa línea de los condestables de Castilla y duques de Frías que perduró hasta el siglo xviii (pasando luego a los linajes de Pacheco, Téllez-Girón y finalmente Soto, con excepción del condestablado que fue abolido por el rey Felipe V).

Biografía

Fernández de Velasco, Pedro. Conde de Haro (I). ?, 1390 – Medina de Pomar (Burgos), 1470. Noble, camarero mayor, mecenas.
Miembro de uno de los más importantes linajes nobiliarios de la Baja Edad Media castellana, era hijo de Juan Fernández de Velasco, señor de Medina de Pomar y de Briviesca, y de María Solier, señora de Villalpando.
Los Velasco, cuyo punto de arranque se hallaba en los límites entre Castilla la Vieja y La Rioja, habían conseguido alcanzar uno de los más destacados puestos, tanto a nivel social como político, a raíz del establecimiento en Castilla de la dinastía de los Trastámara. Pedro Fernández de Velasco contrajo matrimonio con una dama de la alta nobleza castellana, Beatriz Manrique de Lara. Su participación en la vida política se inició en el año 1418, inmediatamente después del fallecimiento de su padre. Aunque tuvo unos comienzos francamente dudosos, finalmente Pedro Fernández de Velasco decidió apoyar al rey Juan II, que le nombró camarero mayor, y a su favorito Álvaro de Luna. Dos años más tarde, en 1420, Pedro Fernández de Velasco recibió otra nueva merced, en esta ocasión el cargo de merino mayor de Castilla. Al final de la década de los veinte, con motivo de la disputa abierta entre el rey de Castilla y los infantes de Aragón, apoyados por su hermano el monarca aragonés Alfonso V el Magnánimo, Fernández de Velasco se encargó de vigilar, desde el punto de vista militar, las fronteras con el vecino reino de Navarra.
Como premio a su colaboración con la causa regia, en el año 1429 recibió las villas de Haro y de Belorado. Un año después, en 1430, se le concedió el título de conde de Haro. De ahí deriva la expresión “buen conde de Haro”, con que habitualmente se le conoce.
En los años siguientes tuvo Fernández de Velasco alguna disputa con Álvaro de Luna, lo que explica que llegara a ser hecho prisionero, aunque al poco tiempo se le liberó. Restablecidas las paces con la Corte, el de Haro estuvo presente en la boda del príncipe Enrique, futuro rey de Castilla (Enrique IV), con la infanta Blanca de Navarra. Pero su actuación más significativa tuvo lugar unos años después, cuando se enfrentaron en la villa de Olmedo las tropas de Juan II de Castilla contra las de los infantes de Aragón, a los que apoyaban algunos magnates nobiliarios castellanos.
Pedro Fernández de Velasco estuvo del lado del rey de Castilla, por lo que salió vencedor de la contienda. Pero en los años siguientes el conde de Haro volvió a pugnar contra Álvaro de Luna, que, como es sabido, fue finalmente degollado. Tras la muerte de Juan II de Castilla, acaecida en el año 1454, Fernández de Velasco estuvo al servicio de Enrique IV. En el año 1462 se otorgó a los Velasco el título de condestable de Castilla. Pero unos años después su actitud fue un tanto ambigua, ya que llegó a mantener contactos con ciertos sectores de la nobleza que se oponían al rey castellano.
Al año siguiente del éxito militar obtenido en Olmedo por las tropas realistas, Fernández de Velasco fue premiado con la villa de Frías. Los dominios que controlaba en aquellas fechas el linaje de los Velasco eran excepcionales, pues incluían las localidades de Haro, Arnedo, Frías, Herrera de Pisuerga, Medina de Pomar, Briviesca, Salas de los Infantes, Santo Domingo de Silos, Villalpando, Cuenca de Campos y Tamarite. Por lo demás, todo parece indicar que Fernández de Velasco ejercía, asimismo, una notable influencia en la ciudad de Burgos.
El conde de Haro era hombre caracterizado por su piedad religiosa, lo que explica que llegara a fundar diversos monasterios. A él se debe también la creación, en la villa de Medina de Pomar, del Hospital de la Vera Cruz, que fue el lugar en el que falleció. Pero tampoco se debe olvidar que fue él quien elaboró un curioso y amplio texto, conocido como el Seguro de Tordesillas. Se trata de una especie de crónica, sumamente detallada, en la que da cuenta de las conversaciones mantenidas en los años finales de la década de los treinta del siglo xv por los partidos que se hallaban en interminables contiendas, y particularmente en el verano de 1439, en la villa de Tordesillas. Dicha obra, según ha puesto de relieve la profesora norteamericana Nancy F. Marino, editora del citado texto, nos ofrece una auténtica galería de los más importantes “ricoshombres” de la época de Juan II de Castilla.
Pero también se puede considerar el Seguro de Tordesillas, como un auténtico “manual de la política ceremonial de la época”, es decir, de la primera mitad del siglo xv. El sucesor de Pedro Fernández de Velasco fue su hijo primogénito, también llamado Pedro.

Obras de ~: Seguro de Tordesillas, Milán, Marco Tvlio Malatesta, 1611 [ed. de N. F. Marino, con el tít. El “Seguro de Tordesillas” del conde de Haro, don Pedro Fernández de Velasco, Valladolid, Universidad, Secretariado de Publicaciones, 1992 (col. Estudios de Historia Medieval, 2)].

Bibl.: L. Suárez Fernández, Castilla, 1350-1406, en R. Menéndez Pidal (dir.), Historia de España, t. XIV, Madrid, Espasa Calpe, 1966; N. Marino, El “Seguro de Tordesillas” del conde de Haro don Pedro Fernández de Velasco, op. cit.

Fernández de Velasco y Manrique, Pedro. Conde de Haro (II). ?, p. t. s. xv – Burgos, I.1492. Primer condestable de Castilla del linaje de los Haro.

Hijo del primer conde de Haro y de su esposa Beatriz Manrique. La primera vez que se le menciona en las Crónicas de su época es en el año 1461, en unos momentos muy delicados en que Enrique IV trataba de negociar con la liga nobiliaria que, desde un año antes, estaba dando pruebas más que evidentes de querer iniciar una revuelta abierta contra el Monarca.

El Rey intentaba desde hacía algún tiempo entablar negociaciones con la liga nobiliaria, al menos de diciembre a marzo de 1461, pero sin conseguir resultado alguno. En el mes de mayo de ese año decidió dar plenos poderes a Juan Pacheco y a su hermano Pedro Girón, a fin de que llegasen a un acuerdo con los nobles. Una primera entrevista, que tuvo lugar entre Sepúlveda y Buitrago, terminó en fracaso. La novedad de esta reunión radicaba en que, por vez primera, aparecía en la escena política del reino Pedro de Velasco, primogénito del conde de Haro. Debió de ser, por tanto, en ese año cuando el conde decidió tomar los hábitos e ingresar en el hospital de la Veracruz de Medina de Pomar. La grave crisis política que se inicia a mediados del año 1464, y los acontecimientos posteriores que desembocaron en la revuelta nobiliaria y la deposición de Enrique IV en Ávila, tuvieron como uno de sus grandes protagonistas al hijo de Haro. En efecto, Pedro Fernández de Velasco formó parte de la comisión que se creó, por imposición de la nobleza, a fines de 1464, y que tenía como finalidad única y exclusiva la reforma de la estructura de la Monarquía.

Del trabajo de esa comisión salió en 1465 la sentencia de Medina del Campo que los nobles trataron de imponer a Enrique IV y que éste se negó a aceptar. El rechazo inicial a la sentencia de Medina del Campo fue el detonante principal que llevó al destronamiento del Monarca y a la guerra civil. El primogénito del conde de Haro, que dudaba entre seguir al pretendiente Alfonso o permanecer fiel al Rey Legitimo, dejó la decisión en manos del concejo de Burgos, que se pronunció por el primero.

Desde entonces, Fernández de Velasco siguió su propia trayectoria política, primero como partidario del príncipe Alfonso, después se pasó al bando de Enrique IV para, finalmente, apoyar las pretensiones al trono de la futura Isabel la Católica. A partir de 1467, por presiones de sus parientes los Mendoza, Pedro de Velasco abandonó al príncipe don Alfonso y se inclinó decididamente por Enrique IV. En ese mismo año peleó con denuedo en el bando real en la batalla de Olmedo.

Tras la muerte de don Alfonso, Pedro de Velasco continuó siendo fiel al Monarca y éste, a su vez, le otorgó su confianza, hasta el punto de que muy poco después, cuando el Soberano emprendió, a instancias de su privado Juan Pacheco, un viaje por la región andaluza, le nombró en 1469 nada menos que virrey en Valladolid, junto con el conde de Benavente, y con plenos poderes para tomar decisiones en los territorios del norte de la Península. Más aún, antes también de partir para Andalucía, Enrique IV le había hecho a Velasco merced de una de las rentas más valiosas de la Corona de Castilla: los diezmos de la mar de la cornisa cantábrica, una magnífica fuente de ingresos, ya que todas las mercancías que, procedentes de Flandes, Inglaterra y en general del ámbito geográfico del Atlántico Norte, entraban por esos puertos, se hallaban gravadas con el diez por ciento de su valor y de igual manera las que salían del reino. Al año siguiente, 1470, por muerte de su padre, se convirtió en el titular de la casa de Velasco. Al hacerse cargo personalmente de la jefatura de la familia, el nuevo conde de Haro, decidido a vender caros sus servicios, se presentó ante el Monarca y le exigió, a cambio de su apoyo, el gobierno de Vizcaya y Guipúzcoa con plenos poderes y el título de virrey. Era un primer paso para hacerse en el futuro, cuando la coyuntura se lo permitiese, con el señorío de estas provincias que consideraba como una prolongación natural de sus propios dominios. Hasta entonces, la expansión de los señoríos familiares por Vizcaya y Guipúzcoa había sido un sueño inalcanzable para los titulares de la casa de Velasco, su meta final siempre posible. Ahora Pedro de Velasco pensaba que ese sueño podía hacerse realidad, y para ello nada mejor que aprovechar la delicada coyuntura política del reino castellano, jugando hábilmente entre los dos bandos enfrentados —el de Enrique IV y el de su hermana Isabel, casada con el príncipe Fernando de Aragón—, para así apoderarse de la codiciada presa. Por lo pronto, Enrique IV, aconsejado por Juan Pacheco, que necesitaba a Velasco como aliado frente a Isabel y Fernando, le confió la gobernación de las provincias de Vizcaya y Guipúzcoa en calidad de virrey. Desde el principio, las intenciones de Haro en el territorio vasco no estuvieron muy claras, y aunque pudo conseguir pacificar las luchas de bandos, pronto se enfrentó a una cruenta guerra con el conde de Treviño, interesado también por ese señorío, y que estaba apoyado por los vizcaínos.

En mayo de 1471, entre Bilucio y Munguía, cerca de Bermeo, hubo un enfrentamiento entre las huestes de ambos magnates. Del encuentro salió derrotado el conde de Haro: sus ilusiones acabaron en aquel combate.

En 1473, un año antes de morir Enrique IV, Pedro de Velasco recibió del Monarca el oficio de condestable de Castilla, vacante desde el asesinato en Jaén de Miguel Lucas de Iranzo. Ya por entonces, el nuevo condestable, siguiendo el criterio de sus parientes los Mendoza, se estaba inclinando por la causa de los príncipes Isabel y Fernando. La muerte en 1474 de Enrique IV facilitó su decisión. El conde de Haro participó muy activamente en la guerra de sucesión castellana apoyando como Soberanos a los futuros Reyes Católicos. También intervino con sus huestes en la guerra de Granada, sobre todo en la campaña de 1485 que finalizó con la toma de Ronda.

Fernández de Velasco había contraído matrimonio a comienzos de la década de los años cincuenta del siglo xv con Mencía de Mendoza, hija del I marqués de Santillana, Íñigo López de Mendoza. Del matrimonio nacieron siete hijos, dos varones y cinco mujeres: Bernardino, Íñigo, Catalina, María, Leonor, Isabel y Mencía. De los dos varones, el primogénito, Bernardino, sucedió a su padre al frente de la casa de Velasco.

El menor, Íñigo, casaría con María de Tovar, única heredera de ese rico linaje, y sucedió a su vez a su hermano cuando éste falleció en 1512 sin dejar herederos varones legítimos. El II Conde de Haro murió en enero de 1492 en Burgos, tras su regreso de la guerra de Granada. Unos años antes de morir había decidido construir una fastuosa capilla funeraria en la catedral de Burgos. Poco antes de acudir a la llamada de Isabel y Fernando para emprender la fase final de la guerra de Granada, mandó edificar un palacio en Burgos para que le sirviese de residencia principal y fuera lo suficientemente suntuoso como para manifestar, tanto en la fachada como en el interior, la riqueza y el poder que su linaje había acumulado al servicio de la Monarquía a lo largo de varias generaciones.

Este edificio fue y es aún conocido como la Casa del Cordón, llamada así por un original cordón esculpido que enmarca la portada principal. Finalmente, también mandó construir una casa de recreo llamada “de la Vega”, en las afueras de Burgos.

Bibl.: L. Suárez Fernández, Nobleza y Monarquía: puntos de vista sobre la historia política castellana del siglo xv, Valladolid, Universidad, Departamento de Historia Medieval, 1975 (2.ª ed. corr. y aum.); J. Yarza Luaces, Los Reyes Católicos. Paisaje artístico de una monarquía, Madrid, Nerea, 1993; L. Suárez Fernández, Enrique IV de Castilla, la difamación como arma política, Barcelona, Ariel, 2001 (2.ª ed.).



Ancestros

  
Enrique II de Trastámara, Rey de Castilla. (Sevilla, 13 de enero de 1334-Santo Domingo de la Calzada, 29 de mayo de 1379), fue rey de Castilla, el primero de la Casa de Trastámara.
Fadrique de Castilla y Ponce de León, I Duque de Benavente. (1360 - Castillo de Almodóvar del Río, 1394) fue un hijo natural del rey Enrique II de Castilla y de su amante Beatriz Ponce de León. Fue I duque de Benavente, título otorgado por su padre en 1378.


Leonor de Castilla y Albuquerque.- (1393 - Monasterio de la Consolación de Calabazanos, 7 de septiembre de 1470).​ Dama castellana, hija ilegítima de Fadrique de Castilla, I duque de Benavente, y de su prima hermana Leonor Sánchez de Castilla.

Beatriz Manrique de Lara y Castilla, condesa.



VIII CENTENARIO CATEDRAL

La heráldica en la capilla del Condestable

Escudo de don Pedro Fernández de Velasco.
Escudo de don Pedro Fernández de Velasco (i.) y el aspa de San Andrés


1. La Capilla del Condestable

En 1482 las obras de la Cartuja iban a buen ritmo. Los Condestables de Castilla, don Pedro Fernández de Velasco y doña Mencía de Mendoza y Figueroa, en un intento de rivalizar con el edificio real de Miraflores, deciden llevar a cabo la construcción de su propio panteón, al margen del de la familia que se encontraba en el convento de Santa Clara de Medina de Pomar. Posiblemente el panteón familiar les parecía demasiado modesto para albergar sus restos y perpetuar su memoria a lo largo de los siglos. La capilla del Condestable, obra de Simón de Colonia, aparte de su carácter funerario, rinde un importante culto a la personalidad de los condestables.

La heráldica no deja la menor duda acerca de la identificación de los dueños de la capilla. En las paredes tenemos los escudos de D. Pedro Fernández de Velasco y Dª Mencía de Mendoza y Figueroa, no faltando, incluso, sus divisas, concretamente el Sol Eucarístico y la Cruz Potenzada. Los heraldos, presentes en la capilla, certifican todo esto y nos dicen que quienes reposan en el sepulcro renacentista de la capilla son Grandes de España, concretamente los condestables de Castilla. Los condestables esperan desde su tumba la purificación y redención de sus pecados para poder acceder a la bóveda celeste en donde triunfa la luz y se nos muestra la purificación de María.

2. Don Pedro Fernández de Velasco: su escudo

Las inscripciones de la capilla dicen quién es el condestable. En 1467 lucha contra las tropas del infante Alfonso al lado de Enrique IV, quien le nombra condestable en 1473. Después se pasará al lado de Isabel dirigiendo el cerco del Castillo de Burgos contra los partidarios de la Beltraneja. Su carácter bélico le termina llevando a la guerra de Granada ante los musulmanes.

Los orígenes de los Velasco son un tanto oscuros. Se dice que en el 709 pasan a formar parte de la baja nobleza goda gracias al rey Witiza. Dos años después, tras el desastre de la batalla de Guadalete en el 711, se refugian en Asturias y desde aquí, por mar, van a Santoña, llegando en un barco que llevaba un estandarte con un cuervo en paño blanco.

En relación con el nombre Velasco hay dos teorías un tanto fantásticas. Por un lado se nos dice que vendrá dado porque desde un barco el noble caballero Vela guiaba a la flota por la noche con una vela, por lo que la familia del conde don Vela traerá como armas un candelabro de oro con una vela encendida y la leyenda ‘Quien bien vela’. Por otro lado la palabra Velasco vendría de su homónima ‘Belasko’, pues ‘asco’ significa «lugar de» y Bela se identifica con cuervos, lo que estaría en relación con el estandarte anteriormente mencionado. Los Velasco desde Cantabria penetrarán por el interior de las Merindades y, entre otros sitios, se asentarán en Bisjueces, tomando como armas unas suelas de zapato en relación con el lugar de Fuenzapata. 

Veros
Probablemente los veros vinieron a finales del siglo XII al casarse Gonzalo Sánchez de Velasco con doña Inés de Noreña, de la familia de los Álvarez de Asturias, familia que posiblemente tendría los veros por concesión de Alfonso VII el Emperador. 

En realidad sólo podemos seguir la evolución de la familia Velasco a partir de principios del siglo XIV con Sancho Sánchez de Velasco, privado de Fernando IV, consolidándose entonces las armas de los Velasco, concretamente los veros. Si los príncipes usaban pieles de armiño en sus vestiduras, muchos nobles utilizaban pieles de ardilla, un animal con el vientre blanco y el lomo azulado. Su paso a la heráldica, bajo el nombre de veros, se hace en forma de pequeñas campanas, sucediéndose alternativamente una campana azur y otra de plata invertida.

Bordura de castillos y leones
En la segunda mitad del siglo XV los descendientes de Pedro Fernández de Velasco, el Buen Conde de Haro, y doña Beatriz Manrique, entre ellos nuestro condestable, incorporan la bordura con las armas reales. Es un gesto de homenaje al rey, del que se considera su vasallo, y a la vez un signo de prestigio para él mismo.

En los escudos de don Pedro Fernández de Velasco, en la capilla catedralicia, aparece la bordura. Las armas reales le pertenecen porque señalan su patria, las tiene por concesión real al ser Condestable de Castilla y porque su madre es biznieta de Enrique II. 

El aspa de San Andrés    
Argote de Molina afirma que la primera bordura que llevaron los Velasco en su escudo tenía las aspas de san Andrés. Fernando III el Santo se las habría concedido por su participación en la conquista de Baeza en 1227, pasando san Andrés a ser un santo protector de la familia. La reconquista de Baeza tuvo lugar el día de san Andrés. Ese día las tropas cristianas estaban dirigidas por don Lope Díaz de Haro, conde y señor de Vizcaya, y en recuerdo de esa batalla muchos caballeros que estaban con el conde tomaron por orla ocho aspas en campo de sangre.

La verdad es que no hay documentos acerca de esta bordura. Admitamos que la bordura de las aspas puede ser una invención; ahora bien, en la capilla sí está presente el aspa y, por cierto, en lugares destacados, como el exterior de la capilla o en el remate que corona la reja de entrada de Cristóbal Andino. Una vez más hemos de hacer alusión al Buen Conde de Haro, quien asoció el hospital de la Vera Cruz de Medina de Pomar a san Andrés. El emblema de este hospital era una estola negra con una cruz aspada en uno de sus extremos.

El león
Sobre los escudos podemos ver unas celadas de las que parte, a modo de lambrequines, una decoración vegetal con cascabeles. Como cimeras el león para don Pedro y el Pegaso para doña Mencía.

Son muchas las citas bíblicas que nos presentan el león como símbolo de poder, vigor y fuerza. Ya en la Antigüedad Clásica la figura del león aparece en las armas de los guerreros más valerosos: de Aquiles se decía que tenía la fuerza de un león; Hércules vestía con su piel en la idea de que derrotar a un animal tan fuerte como el león de Nemea es algo propio de un héroe. La figura del león terminó por formar parte de seres híbridos, símbolos de fuerza y fiereza, como la Quimera o la Esfinge.

En los bestiarios medievales vuelve a recogerse todo esto, es más, el león no sólo se asocia con héroes sino con Cristo mismo, león de Judá.

La cimera del león en el escudo del Condestable es sinónimo de la fuerza y energía con la que don Pedro se enfrenta a los infieles en la guerra de Granada. Simboliza la vida activa.


Escudo de doña Mencía de Mendoza y Figueroa.

Arriba: Escudo de doña Mencía de Mendoza y Figueroa. Abajo izquierda: Armas paternas. Abajo derecho: Armas maternas.


I. DOÑA MENCÍA DE MENDOZA Y FIGUEROA

Hija del marqués de Santillana, Íñigo López de Mendoza, heredó de su familia el amor por las letras, llegando a ser una persona muy culta. Mientras su marido luchaba ella administraba el patrimonio familiar, acrecentándolo con nuevas construcciones: la Casa del Cordón para morar, la quinta de la Vega para holgar y la capilla del Condestable en la que orar y ser enterrados ambos esposos.

1.- Cuarteles 1 y 4: armas paternas

+ Banda

La casa de los Mendoza proviene de Álava y dice descender del Cid por la banda roja, perfilada de oro, que lleva sobre campo verde en su escudo. Esta leyenda surge a mediados del siglo XV, cuando la familia Mendoza está en alza. El cardenal don Pedro González de Mendoza pondrá a su hijo por nombre Rodrigo de Bivar y obtendrá de los Reyes Católicos para él el título de conde del Cid. Aunque en la época del Cid no existía la heráldica, por todos es sabido que hoy en día en sus efigies le colocan el escudo de la banda.

Lógicamente, todo esto es leyenda difundida sobre todo a lo largo de la Edad Moderna. Así, Argote de Molina en el siglo XVI, a la hora de hacer referencia a la banda del Cid, llega a decir que la heráldica es anterior a las fechas que hoy en día aceptamos. Así, Diego Hernández de Mendoza en el siglo XVI, el jesuita Hernando Pecha en el XVII y Gutiérrez Coronel en el XVIII defienden que los Mendoza descienden del Cid, llegando Hernando Pecha a poner el origen de esta genealogía en los ilergetes Indibil y Mardonio y posteriormente en los Jueces de Castilla. 

Hay dos formas de interpretar la banda roja en campo verde: mientras Diego Hernández de Mendoza nos habla de la sangre derramada de los moros a la tierra, los otros dos dicen que el campo verde son las tierras conquistadas por el Cid, siendo la banda roja heráldica la banda carmesí   que el Cid llevaba cruzada en el pecho con un orillón a modo de insignia. Aquí estaríamos en algo semejante al estandarte del Cid que se conserva en Vivar del Cid (Burgos), eso sí, el que vemos hoy en día es una obra de Albarellos de 1921, año en el que el Cid fue enterrado en la catedral. En él hay tres escudos, uno de ellos el de la banda, y aparece el Cid sobre un caballo en corveta, con la banda carmesí sobre su armadura y el bastón de mando en la mano derecha.

+ Cadenas

?Tienen que ver con la batalla de las Navas de Tolosa (1212), dado que los Mendoza fueron una de las familias que rompió las cadenas que cercaban la tienda del sultán Miramamolín. Su forma recordaba a los refuerzos de un escudo que, partiendo de la bloca o umbro, iban hasta los bordes. En dicha bloca debe aparecer una esmeralda verde, alusión al turbante de Miramamolín, con lo que se nos quiere dar a entender que ha sido sometido por las tropas cristianas, no un carbunclo de oro. Íñigo de Mendoza fue de los primeros que rompieron las cadenas que protegían al sultán.

+ ‘AVE MARIA…’

Son las armas de la casa de la Vega que Garcilaso de la Vega gana en la batalla del Salado. Se cuenta que viendo a un moro que arrastraba un pergamino con las letras AVE MARIA sujeto a la cola de su caballo, Garcilaso al considerarlo indigno le mató, presentándose ante Alfonso XI con la cola del caballo y el pergamino. El rey entonces le concede por armas el AVE MARIA GRATIA PLENA en letras azules sobre campo de oro.

Los Mendoza incorporan estas armas a su escudo por el matrimonio del Almirante de Castilla don Diego Hurtado de Mendoza con Leonor de la Vega.

2.- Cuarteles 2 y 3: armas maternas 

+ Hojas de higuera.

Las armas de los Figueroa, cinco hojas de higuera, son parlantes, pero también, en un intento de dar prestigio a la familia, surge en torno al motivo heráldico toda una leyenda que tiene que ver con el llamado tributo de las cien doncellas. Se cuenta que en el 783 Mauregato, al haber llegado al trono con la ayuda de Abderramán I, se vió obligado al tributo de entregar cien doncellas vírgenes al musulmán. Muchas familias cristianas intentaban evadirse alegando falsos embarazos de sus hijas, pérdida forzosa de la virginidad, ingreso en un convento, amputación de miembros, etc.

Ramiro I, al derrotar a Abderramán II en la batalla del Clavijo, terminó con este agravio y para dar las gracias al apóstol Santiago, que le había ayudado a vencer al infiel, estableció el voto de Santiago, una especie de donativo a la iglesia del mismo nombre.  En realidad no está demostrado que existiese la batalla del Clavijo realmente, no así la batalla de Simancas, en el 929,  en donde Ramiro II de León, García Sánchez de Navarra y Fernán González derrotaron al cruel Abderramán III.

Al margen de la verdad histórica, nos interesa destacar el carácter legendario que rodea a todo esto, de suerte que reyes y nobles, en su lucha contra el infiel, se convierten en héroes. Entre los nobles que supuestamente no aceptan el tributo de las cien doncellas están, entre otros, los Figueroa, que consiguen liberar a un grupo de doncellas matando a muchos infieles con troncos de higuera, ya que sus lanzas estaban inutilizadas. Otra versión menos fantasiosa es que derrotan al infiel junto a una higuera. 

3.- Timbre 

+ Pegaso

Los mitos nos hablan de este caballo alado como medio de transporte del héroe Belerofonte en su lucha contra la Quimera o de Perseo cuando derrota al dragón y libera a Andrómeda. Sin embargo  me interesa destacar más otra faceta, concretamente su relación con Apolo y las Musas.

En este caso el mito nos dice que las Piérides entraron en competición con las musas y que estas cantaron tan bien que el monte Helicón, en donde se ubica el mito, empezó a elevarse y que a punto de alcanzar el cielo descendió el pegaso y al posar una de sus patas en él surgió la fuente Hipocrene. Por su relación con el dios y con las musas ha llegado a simbolizar la vida contemplativa, aparte de que la fuente Hipocrene sirvió de inspiración a poetas, filósofos y artistas.

Si la cimera del león representa la vida activa de don Pedro, el pegaso simboliza la vida contemplativa de doña Mencía y el poder de los Mendoza para vencer sobre el mal sin necesidad de demostraciones físicas. Doña Mencía era un persona muy culta, siendo ella quien dirigió el programa iconográfico de la capilla. Los Condestables de Castilla se complementan pues, viniendo a significar su matrimonio la unión de la vida activa con la vida contemplativa

Heraldos, divisas y tenantes.

Leones con el aspa de San Andrés y la cruz potenzada de Jerusalén y ángeles con el sol de San Bernardino. - Foto: Alberto Rodrigo

I.- HERALDOS

Los heraldos ya existen desde el siglo XII. Sus precedentes son los ‘keerduz’ griegos y los ‘praecos’ romanos, una especie de pregoneros y embajadores. Se encargaban de organizar los torneos, de suerte que los anunciaban, precedían y acompañaban a los contendientes al torneo, anunciaban su nombre y sus hazañas cuando llegaba el momento de competir y aclamaban al vencedor. Al principio su trabajo no estaba muy reconocido, buscando torneos en los que emplearse. Los textos medievales a veces los asociaban con juglares, tahúres, bufones, etc.

A mediados del siglo XIV los heraldos ya eran personas reconocidas al servicio del rey y de los nobles, encargándose de las ceremonias de los torneos, bodas, coronaciones, funerales, investiduras de caballeros, etc. En las guerras, conocedores de los emblemas heráldicos, identificaban al enemigo oculto bajo su armadura y actuaban como embajadores para tratar treguas, rendiciones, etc. Ahora sirven a un señor, recibiendo de él un salario fijo y abandonando su vida errante. Un rey o un noble podía tener un buen número de heraldos, entre los que destacaba el rey de armas. A finales del siglo XV, con el declive de la caballería, no desaparecerá la figura del heraldo, pero perderá importancia.

En la parte superior de la capilla del Condestable los heraldos, con sus jorneas o paletoques cortos y sus mazas, certifican ante los escudos sostenidos por los salvajes que los yacentes que esperan su purificación en la tumba, son Grandes de España, concretamente los Condestables de Castilla.

II.- DIVISAS


+ Sol de San Bernardino.

Se trata de la representación del sol con el IHS, es decir, el anagrama de Cristo, en el contexto de la gran devoción de los Velasco a los franciscanos. Aunque el viaje de san Bernardino de Siena a España y su acogida por los condestables en su palacio de Herrera de Pisuerga es leyenda, se podría admitir que doña Mencía, que sólo tenía niñas, invocó a san Bernardino, consiguiendo un niño al que le puso el nombre del santo. Los condestables adoptarán entonces la divisa del sol de san Bernardino.

La divisa, en realidad, no sólo es propia de don Pedro, sino también de su esposa doña Mencía, estando presente por todo el interior de la capilla. Esta es un canto a la luz purificadora que esperan los condestables desde sus tumbas y, en este contexto, el sol de san Bernardino tiene grandes connotaciones con la luz y las teorías franciscanas sobre esta. 

+ Cruz potenzada de Jerusalén

Doña Mencía la adopta por su hermano don Pedro González de Mendoza al ser nombrado cardenal de la Santa Cruz de Jerusalén, colocándola este, en gran número, en los edificios promovidos por él, como, por ejemplo, el colegio de Santa Cruz de Valladolid o el hospital de Santa Cruz de Toledo.

Sin embargo, una vez más, podemos ver aquí la cruz potenzada como divisa del matrimonio, pues los Velasco tuvieron una especial devoción a la Vera Cruz. Recordemos que el Buen Conde de Haro fundó en Medina de Pomar el hospital de la Vera Cruz. 

Se trata de una cruz griega potenzada, es decir, cuatro brazos iguales cuyos extremos terminan en forma de ‘T’, acompañada, a veces, por cuatro cruces menores, sencillas o potenzadas. Es, sin duda, la divisa por excelencia del cardenal don Pedro González de Mendoza que la puso, aparte de en todos los edificios financiados por él, en los estandartes de sus tropas en un intento de identificarse con un nuevo ‘miles Christi’.

Se ha dicho que el cardenal adopta la cruz potenzada porque nació el 3 de mayo, fecha dedicada hasta 1969 a la Invención de la Santa Cruz; que la adoptó porque este es el tipo de cruz que se apareció a las tropas cristianas en la batalla de las Navas de Tolosa, adoptándola porque en dicha batalla participó su ascendiente don Diego López de Haro, señor de Vizcaya… En realidad la cruz potenzada de Jerusalén ya aparece como divisa en manos de su padre, a partir de 1440, don Íñigo López de Mendoza. 

III.- TENANTES

+ Salvajes

El salvaje es un ser fantástico cuya iconografía se fragua en los siglos XII y XIII, apareciendo ya en el XIV, hasta triunfar en el siglo XV, prolongándose su presencia en el XVI. 

Se concibe como un ser, a medio camino entre el hombre y la bestia, que vive al margen del mundo civilizado en el bosque. Este es visto como un lugar peligroso habitado por gente proscrita. 

Su cuerpo peludo y fuerte, con largos mechones y barba, le dan un aspecto de fiera y representa las pasiones que el hombre tiene que dominar o el enemigo al que el caballero tiene que derrotar en defensa de la dama y ponerle a su servicio como tenante de escudos o guardián de puertas, dada su fortaleza.

En los desfiles que precedían a los torneos era costumbre que personas disfrazadas de salvajes desfilaran con los escudos de los caballeros que iban a competir y que los llevaran hasta los heraldos y farautes encargados de examinar los blasones de los contendientes. Esto nos explica la presencia de salvajes como tenantes de escudos.

En la capilla del Condestable los salvajes aparecen flanqueando los escudos de los condestables, hombres en el caso de don Pedro y mujeres en el de doña Mencía. Sus cuerpos no están desnudos, sino que llevan prendas de vestir, a base de cueros de toro o buey recientemente curtidos. Buena prueba de que no se trata de cuerpos velludos, sino de trajes, es la presencia de cintos y el hecho de que manos y pies estén limpias de pelo.

Los hombres salvajes aparecen con armas como la porra, muy típica en ellos, y un alfanje, aunque en realidad la espada les está vedada. Las mujeres salvajes, por el contrario, tienen un aspecto un tanto delicado y nada horroroso, bastante lejos de las grotescas representaciones medievales. Aquellos vuelven a señalar al hombre de armas don Pedro Fernández de Velasco, cuyo escudo flanquean, y estas a la mujer de letras, doña Mencía de Mendoza. ¿Asistimos a una nueva representación simbólica de la vida activa y la contemplativa?

+ El león

Los leones suelen ser tenantes de escudos o, como en este caso, en el exterior de la capilla del Condestable, de divisas, concretamente del aspa de san Andrés y la cruz potenzada de Jerusalén. Aparecen con una importante función apotropaica, es decir, como guardianes y protectores de las puertas de ciudades y de templos, de tronos, escudos, divisas, etc. Aquí protegen la capilla del Condestable y el eterno descanso de sus moradores, don Pedro y doña Mencía.

Mi hipótesis va un poco más allá. Aparecen flanqueando una ventana por donde entra la auténtica luz, la de Cristo, razón por la cual sobre ella tenemos dos ángeles como tenantes del Sol de San Bernardino, cuyo sermón sobre la fiesta de la Purificación tiene mucho que ver con el significado de la capilla y justifica la presencia del sol eucarístico en este testero este del exterior de la capilla.

En el antiguo Egipto el dios Ra, el Sol, a veces era representado por medio de un león y un disco solar sobre él. He aquí la vinculación del león con el sol de san Bernardino. Partimos de la idea de que el león es un símbolo solar, por el color pardo dorado de su piel y su vistosa melena de macho, a modo de rayos solares.

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